9 de diciembre de 2023

LA NAVEGACIÓN AÉREA

 


En abril de 1915 el Capitán J. M. Furnival, en Inglaterra, escuchó la voz del Mayor Prince desde su avión: “Si me oyes ahora, será la primera vez que unas palabras se han comunicado a un avión en vuelo”. Furnival las escuchó y los aviones empezaron a recibir señales desde tierra gracias a la radio.

 

Después de la I Guerra Mundial los aviones solían transportar correo y se orientaban con las líneas de ferrocarril, carreteras y la orografía. Muy pronto se empezaron a dibujar marcas en las terrazas o sobre los tejados de algunas casas con flechas que indicaban la dirección y distancia a determinados lugares o el nombre del emplazamiento. En los Estados Unidos, en 1926, el Congreso encargó a varias organizaciones el despliegue de marcas para ayudar a los navegantes aéreos de todo el país, con el objetivo de que, al menos, cada quince millas hubiera alguna señalización. Cuando estalló la II Guerra Mundial la nación contaba con unas trece mil marcas.

 

El correo aéreo se transportaba de día y de noche. En marzo de 1926, cuatro aviones D.H.4 del servicio postal cruzaron los Estados Unidos de Nueva York a San Francisco en 33 horas y 20 minutos. Para facilitar los vuelos nocturnos los aeródromos se señalizaban con hogueras alineadas en los lados de la pista de aterrizaje y las rutas se marcaban con fuegos espaciados cierta distancia a lo largo del trayecto. Estos fuegos se sustituirían por faros rotatorios, separados unas diez millas, más próximos en zonas de montaña y más alejados en las llanuras. Las pistas de aterrizaje se iluminaron con luces. Sin embargo, la lluvia y las nubes impedían que los pilotos pudieran orientarse con las luces y la falta de visibilidad dejaba con demasiada frecuencia las sacas de correo en tierra.

 

A finales de los años 1920 empezaron a utilizarse radiobalizas omnidireccionales: simples estaciones de radio que emitían señales de baja o media frecuencia en todas las direcciones, en inglés estaciones NDB (Non directional beacon). Desde el avión podían detectarse con un receptor de radio sencillo y mediante un instrumento relativamente simple, ADF (Automatic Directional Finder), era posible determinar la dirección de la que procedían. Con un poco de viento lateral, navegar exclusivamente con estas ayudas era peligroso porque, aunque el morro del avión apuntara siempre a la radiobaliza, la aeronave describía una trayectoria curva con el consiguiente peligro de entrar en una zona montañosa o en la que hubiera otros obstáculos.

 

En Gran Bretaña, el Gobierno estableció en 1922 los procedimientos para determinar la posición de las aeronaves, desde tierra, con el empleo de radiogoniómetros. Consiguieron hacerlo con una exactitud de un par de millas, tardaban menos de dos minutos y el Gobierno decidió, a partir de esa fecha, organizar el control del tráfico aéreo de esta forma.

 

Con los radiofaros resultaba difícil seguir una trayectoria y cuando la empresa automovilística Ford decidió fabricar aviones y lanzó al mercado su legendario trimotor metálico, en 1927, empezó a utilizar un revolucionario sistema de guiado para las aeronaves. El invento era originalmente alemán, pero el ingeniero de Ford, Eugene S. Donovan, lo perfeccionó. En un principio funcionaba con dos antenas girada una, noventa grados con respecto a la otra, ambas con diagramas de radiación en forma de ocho. Una antena transmitía en morse la letra A (punto y raya) y la otra la letra N (raya y punto). Cuando la aeronave volaba hacia las antenas por un radial equidistante a las dos, el piloto recibía ambas señales a la vez de forma que escuchaba una raya continua: un tono. Si se desviaba a un lado solamente escuchaba una letra, la A o la N. El piloto, con un simple receptor y unos auriculares, era capaz de mantenerse en la ruta corrigiendo el rumbo del avión para oír el tono; las letras le indicaban el sentido de la rectificación. Si el volumen de la señal aumentaba el piloto sabía que iba hacia la estación, de lo contrario, se alejaba. Los dos primeros equipos se instalaron en los aeropuertos de Lansing en Chicago y Dearborn en Michigan.

 

La Ford efectuó numerosos vuelos cargueros entre los dos aeródromos y el sistema funcionó bien. En los Estados Unidos, el Bureau of Air Commerce perfeccionó el invento con cuatro antenas, que transmitían haces frontales de unos 90 grados de apertura, situadas en los vértices de un cuadrado y llegó a desplegar unas 400 instalaciones denominadas Radio Range, o Four Course Radio Ranges, en todo el país. Las estaciones transmitían en código morse, cada 30 segundos, dos letras a modo de identificador. Cada estación definía cuatro aerovías que podían enlazarse con otras estaciones para formar así los caminos por los que circulaban las aeronaves.

 

Durante el periodo de entre guerras los cielos se cubrieron de aerovías invisibles señalizadas con equipos radioeléctricos que facilitaron el desarrollo del transporte aéreo comercial. El uso de estos sistemas se extendió por todo el mundo y no empezó a decaer hasta después de la II Guerra Mundial y desaparecieron por completo en 1970. Con el Radio Range nació el vuelo instrumental que, a diferencia del vuelo visual, se caracteriza porque la navegación se hace gracias al uso de un conjunto de dispositivos que permiten volar sin visibilidad.

 

Además de las radioayudas terrestres para el trazado de aerovías, el vuelo instrumental requiere de un equipamiento a bordo capaz de indicarle al piloto cual es la actitud del avión en todo momento. Sin referencias visuales fijas en tierra, el piloto no puede discernir si la aeronave está inclinada hacia un lado, desciende o sube, con el morro apuntando a tierra o al cielo. Los instrumentos giroscópicos, con sus discos que giran a unas siete mil revoluciones por minuto y tienden a mantener fijo el plano de rotación, permiten establecer una referencia con respecto a la cual es posible medir las desviaciones.

 

El estadounidense Lawrence Sperry desempeñó un papel fundamental como introductor de mecanismos de pilotaje automático en las aeronaves. Su padre, Elmer, fue junto con el alemán Anschütz Kaempfe el autor del compás giroscópico y está considerado como el principal inventor de los sistemas giroscópicos de navegación automática en vehículos móviles. Lawrence aplicó las ideas de su progenitor a los aviones y tan pronto como en 1914 ganó el Concours de la Securité en Aéroplane que se celebró en París, en el que demostró cómo sus aparatos controlaban un avión que volaba a baja altura sobre el río Sena delante de los jueces, mientras su ayudante, el mecánico francés Chacin, y él, se paseaban por las alas.

 

A finales de la década de los años 1920 la tecnología de instrumentación y ayudas a la navegación permitía que las aeronaves pudiesen volar razonablemente bien sin apenas visibilidad, aunque no todas las aeronaves de entonces estaban equipadas para hacerlo, ni sus pilotos poseían la cualificación necesaria y tanto los instrumentos de a bordo como los equipos terrestres adolecían de importantes deficiencias. En particular, las tormentas eléctricas afectaban mucho al Radio Range. Y había una gran disparidad de equipamiento a bordo de las aeronaves.

 

En 1929, la ciudad de St. Louis contrató a un piloto y mecánico, Archie W. League, para que controlara el creciente tráfico aéreo de su aeropuerto. Se instaló en el aeródromo con una silla y protegido con un parasol utilizaba dos banderas para informar a los aviones: una roja para que esperasen y otra a cuadros para que entraran. Al año siguiente, en 1930, el aeropuerto de Cleveland fue el primero en abrir una sala con equipos de radio para comunicarse con los aviones y en los cinco años siguientes unas veinte ciudades estadounidenses hicieron lo mismo.

 

A finales de 1935, un consorcio formado por las principales aerolíneas norteamericanas, para evitar que se produjeran colisiones entre aeronaves en vuelo, organizó el primer centro de control de tráfico, para las aerovías definidas por los Radio Range, que se instaló en Newark (Nueva Jersey). A este centro, donde se marcaba la posición de cada avión sobre un mapa o en una pizarra, se añadieron otros dos más, en Cleveland y Chicago. Desde los mismos, los controladores no se comunicaban directamente con las aeronaves, sino que pasaban, vía telefónica, a las torres de control o a las estaciones Radio Range, las instrucciones para que estas las transmitieran por radio a los aviones. En 1936, el Departamento de Comercio de Estados Unidos se hizo cargo de los tres centros de control.

 

En vuelos transoceánicos de larga duración las aeronaves no podían contar con estaciones radioeléctricas terrestres, a lo largo de la mayor parte de la ruta, y los pilotos se vieron obligados a utilizar otros recursos. El más simple era la navegación a la estima: a partir de una posición inicial conocida y manteniendo el rumbo se mide el tiempo, la velocidad y la deriva de la aeronave, para determinar la nueva posición.

 

Existían aparatos para evaluar la deriva, el ángulo que forma la velocidad real del avión con respecto al rumbo que sigue (derivómetros), y otros incluso para determinar la velocidad del avión con respecto a tierra, pero todos ellos eran difíciles de manejar y no excesivamente precisos. Los aviadores en sus vuelos oceánicos, a partir de la década de los años 1930 y hasta después de la II Guerra Mundial se situarían igual que los marinos, con los astros. Para ello utilizaban sextantes, denominados de precisión, porque desde una cierta elevación es difícil determinar la línea del horizonte, imprescindible para medir la altura de un astro con el sextante.

 

El portugués Gago Coutinho fue el inventor de este tipo de sextante de precisión, que utilizaba una burbuja como referente en vez de la línea del horizonte, y que probó con éxito en su vuelo a través del Atlántico Sur con Sacadura Cabral, en 1922. El piloto español, Ramón Franco fue el primero en cruzar este océano, en 1926, y también llevaba a bordo un sextante, aunque fue el radiogoniómetro la ayuda que le permitió culminar con éxito el vuelo.

 

Durante la II Guerra Mundial se desarrollaron los sistemas de navegación y radioayudas que permitieron a la aviación comercial extender una amplia red de aerovías a nivel global y navegar con seguridad por todos los cielos del planeta durante un largo periodo tiempo, hasta mediados de la década de 1990 cuando se inició la navegación por satélite.

 

La navegación inercial, las radioayudas para la navegación VOR y DME, los sistemas de ayuda al aterrizaje ILS, los sistemas de navegación hiperbólica como el LORAN, el RADAR primario y el radar secundario junto con nuevos equipos de comunicación de voz en las frecuencias VHF y HF, formaron el núcleo del equipamiento con el que se organizó la navegación aérea de los aviones comerciales desde el final de la II Guerra Mundial hasta el año 1994. A lo largo de esos años, la gestión global del tráfico aéreo se organizó mediante centros de control en tierra que asumieron la responsabilidad de garantizar la separación entre aeronaves y modular la secuencia de llegadas y salidas a los aeropuertos para evitar la congestión del espacio aéreo.

 

A partir de 1970, con la irrupción de la electrónica digital y los ordenadores, los sistemas de comunicaciones de datos con las aeronaves como el Aircraft Communications Addressing and Reporting System” (ACARS) y entre los centros de control a través de la red Aeronautical Fixed Telecommunication Network (AFTN), el proceso de la información de los planes de vuelo de las aeronaves y la facilidad de acceso a la información necesaria para el vuelo y su distribución, permitieron la implantación de un robusto sistema de apoyo a la aviación comercial, en la década de los años 1980, que se extendió por todo el mundo. El espacio aéreo global se parceló en pequeños sectores, con la salvedad de la navegación oceánica donde se mantuvo el concepto de rutas, a los que se le asignaron controladores para ordenar el tráfico y garantizar la separación entre aeronaves. La tecnología desarrollada durante la guerra, perfeccionada en la era digital, alumbró el sistema de comunicaciones, navegación y vigilancia (CNS) que hizo posible el espectacular crecimiento del tráfico aéreo durante la segunda mitad del siglo XX.

 

El equipo de Von Braun en Alemania, durante la II Guerra Mundial y en los Estados Unidos el Instrumentation Laboratory del MIT, Northrop, y Autonetics financiados por la Fuerza Aérea, a partir de 1940, desarrollaron dispositivos con giróscopos y acelerómetros para determinar la posición de misiles. Esta tecnología de navegación inercial, durante mucho tiempo se restringió al ámbito militar, pero a finales de los años 1960 se incorporó a la navegación espacial y a la aviación comercial: los aviones Boeing 747 y Vickers VC-10 fueron los primeros en utilizarla.

 

Las radioayudas con las que se ha construido la extensa red de aerovías por la que navegan los aviones en nuestro planeta son el VOR (Very High Frequency Omnidirectional Range, que empezó a desarrollarse en el Washington Institute of Technology en 1937) y el DME (Distance Measuring Equipment, inventado en Australia por James Gerrand de la Commonwealth Scientific and Industrial Research Organization).

 

El VOR permite volar hacia o desde el equipo por un radial y el DME facilita la distancia de la aeronave a la radioayuda. Con un VOR y un DME, juntos, en un conjunto de emplazamientos clave, se forman nodos que enlazan aerovías por las que los aviones circulan y siguiéndolas son capaces de volar instrumentalmente entre dos aeropuertos cualesquiera, siempre y cuando las distancias entre nodos no sean muy grandes ya que el alcance de éstas radioayudas está limitado en la práctica a unas 130 millas, lo que impide su uso en la navegación oceánica. Los VOR y los DME sustituyeron a los Radio Range.

 

Si el DME y el VOR desempeñaron un papel muy importante en el diseño de aerovías y la navegación aérea instrumental durante la segunda mitad del siglo XX y los radares en la organización del control de tráfico aéreo, la aproximación a los aeropuertos y el aterrizaje final, sin visibilidad, fue posible gracias a otra radio ayuda: el ILS (Instrumental Landing System). Esta radioayuda empezó a desarrollarse en 1929, pero la primera vez que un avión de pasajeros de un vuelo regular aterrizó auxiliado de un ILS fue el 26 de enero de 1938, en Pittsburgh, cuando un Boeing 247-D de Pennsylvania-Central Airlines tomó tierra con una impresionante nevada.

 

La OACI homologó los ILS en 1949. Del ILS existen tres categorías con subcategorías en la categoría III en función de la precisión del aparato, y si está certificado para la máxima (Categoría IIIc) el piloto puede aterrizar sin visibilidad, mientras que en las inferiores se requiere cierta visibilidad. Es habitual que la indicación del ILS de la trayectoria que debe seguir el piloto, durante la aproximación, se presente en el horizonte artificial: dos barras perpendiculares que se cruzan en el centro del instrumento cuando el avión sigue la senda de descenso.

 

También hubo otros sistemas radioeléctricos de navegación hiperbólica que permitían a la aeronave determinar su posición a partir de las diferencias de fase de la señal que recibía de, al menos, dos estaciones. Estos equipos, como el LORAN y el DECCA o el CHAYKA de la Unión Soviética, se introdujeron también después de la II Guerra Mundial. El LORAN se desarrolló durante la II Guerra Mundial en los Estados Unidos a partir del sistema británico GEE inventado por Robert Dippy, que trabajaba en el laboratorio de Robert Watson-Watts, para facilitar la navegación nocturna. Con la producción masiva de semiconductores a mediados de la década de 1970 los receptores del tipo LORAN se abarataron y el uso de esta ayuda se extendió mucho, sobre todo en las zonas donde no existía cobertura VOR/DME. A partir de los años 1990, con la introducción del GPS, la navegación hiperbólica dejó de utilizarse de forma progresiva, primero en 2010 en los Estados Unidos y en 2015 se cerraron las últimas estaciones que daban cobertura en Europa.

 

El RADAR primario (Radio Detection and Ranging) lo desarrolló con gran secreto en el Reino Unido Robert Watson-Watts a lo largo de 1935. En 1937 se montaron tres estaciones en Inglaterra, a las que se añadirían diecisiete más, en el sur y el este de la costa (Chain Home) para detectar aviones enemigos y dirigir a los propios en sus misiones. El radar primario determina la posición de un avión midiendo el tiempo que tarda la señal en alcanzarlo y regresar después de reflejarse en el blanco. El radar secundario inicialmente surgió para determinar si un avión era amigo o enemigo (IFF).

 

Las primeras patentes de este tipo de radar pertenecen también a Robert Watson-Watts. En 1940, otro ingeniero británico, Freddie Williams, sugirió que este radar secundario utilizara una frecuencia distinta al primario. Los sistemas de radar secundario que se emplean en el control de tráfico aéreo civil transmiten pulsos, en frecuencias distintas a las del radar primario (interrogaciones), y el avión responde con otros pulsos que contienen información útil para los controladores. Mientras que el radar primario indica la presencia de una aeronave en el espacio aéreo, en el lugar donde se encuentra y no necesita que el avión lleve ningún equipamiento especial, el radar secundario aporta, además de la posición, información específica transmitida por la aeronave y sí requiere que el avión esté dotado con un equipo denominado transpondedor.

 

En los Estados Unidos el uso de los radares secundarios para el control de tráfico aéreo civil se empezó a extender en 1960, poco después de que se creara la Federal Aviation Administration (FAA) y a raíz de un accidente sobre la ciudad de Nueva York, en 1960. Con el radar secundario los controladores podían identificar las aeronaves a las que se les asignaba un código. Se adoptaron códigos para situaciones de emergencia e incluso se reservó uno para que el piloto notificara un secuestro (3100 inicialmente); además el radar secundario también permite la transmisión de la altitud del avión (modo C) y posteriormente se definió el modo S, para que la comunicación del radar secundario se pudiese hacer selectiva (el equipo de tierra interroga a una aeronave) y el ADS-B, para que los aviones retransmitieran su posición (GPS).

 

El 16 de febrero de 1994, la FAA certificó el Garmin GPS 155 para su uso en vuelo sin visibilidad (IFR). Ese día la empresa de Gary Burrell y Min Kao (Garmin) marcó un importante hito en la historia de la navegación aérea. Los satélites del Global Positioning System (GPS) de los Estados Unidos se desplegaron con el objetivo prioritario de atender las necesidades de las Fuerzas Armadas del país y la señal civil se alteraba de forma intencionada, para reducir la precisión con la que los receptores comerciales se situaban mediante la triangulación de satélites de la constelación GPS. Además, el Gobierno de los Estados Unidos se reservaba el derecho de interrumpir el servicio, sin previo aviso y en cualquier momento.

 

Para facilitar el uso del GPS en aplicaciones de navegación aérea, se introdujo, en 1994, el Wide Area Augmentation System (WAAS). Este sistema de aumentación envía, también desde un satélite, señales de corrección para los receptores terrestres y de aviso de falta de disponibilidad del GPS, en caso necesario. En principio el ámbito geográfico de operación del WAAS se limitaba a los Estados Unidos, aunque posteriormente ha incrementado el área de cobertura a Canadá y México. Gracias al sistema de aumentación, a partir de 1994, los receptores baratos GPS permitieron, sobre todo a las pequeñas aeronaves comerciales, navegar y efectuar en los aeródromos aproximaciones, con un nivel de precisión similar al que ofrece el ILS de Categoria I, en los Estados Unidos.

 

La revolución que representó la navegación aérea por satélite se extendió por todo el mundo. En 2011 OACI certificó el sistema de aumentación por satélite europeo European Geostationary Navigation Overlay System (EGNOS) que, inicialmente a partir de la señal GPS, con satélites geoestacionarios cubre el continente europeo y proporciona servicios similares al WAAS en la región europea. EGNOS ha firmado acuerdos para extender sus servicios en otras áreas geográficas y en diferentes partes del planeta han aparecido y se están desplegando nuevos sistemas de aumentación.

 

Además del GPS estadounidense, las naciones han desplegado otros sistemas globales de navegación por satélite —Navigation Satellite System (GNSS). El ruso GLONASS, el europeo GALILEO y el chino BeiDou, estos tres con cobertura global y también hay otros que tan solo tienen cobertura regional (India y Japón). Existen acuerdos entre los propietarios de los sistemas, tanto de navegación por satélite como de aumentación, para facilitar la navegación aérea en las distintas partes del mundo con receptores compatibles.

 

El proyecto para la construcción de GALILEO se lanzó oficialmente en el año 2003, aunque las conversaciones entre los promotores empezaron en 1999, y la constelación inició las operaciones en 2016. Desde el principio la Unión Europea planteó que el sistema sería de libre acceso para el uso civil, con una señal de gran precisión y un servicio garantizado. Los Estados Unidos cambió la política con respecto a GPS, en el año 2000 se dejó de perturbar la señal civil y a partir de 2007 los nuevos satélites de la constelación ya no incluían esa capacidad. En el futuro, GPS III y GALILEO serán interoperables, facilitarán la redundancia y mejorarán la precisión.

 

En cualquier caso, el modo tradicional de navegación aérea por las aerovías, de un punto de la carta señalizado con la presencia de radioayudas, a otro análogo, se ha sustituido en muchos casos por una navegación directa entre dos puntos, lo que permite acortar distancias o agilizar el tráfico aéreo. Esto se conoce como Navegación de Área (RNAV). Hay varios tipos de navegación de área, en función de la precisión (RNAV-10, por ejemplo, implica una precisión de 10 millas en la posición de la aeronave, el 95% de las veces). Pero la precisión no es el único elemento importante, sino también la capacidad del sistema para advertir al navegante de si funciona correctamente o no el equipo, así como la fiabilidad, de modo que el concepto de navegación RNAV se revisó para incluir estos otros parámetros en lo que se denomina navegación de precisión RNP. Cualquier persona que se interese un poco por estos aspectos de la navegación aérea, debe disponerse a ingerir una auténtica ensalada de acrónimos que por lo general suelen añadir más confusión que claridad al asunto.

 

En realidad, lo que ocurre es que la navegación aérea, cada vez más, se apoya en instrumentos que toman señales de múltiples ayudas, espaciales o terrestres, que a su vez colaboran entre ellas y que permiten a la aeronave volar una trayectoria en cuatro dimensiones (posición y tiempo) con un nivel de precisión y fiabilidad prestablecido. Al navegante, la complejidad tecnológica le aporta una extraordinaria simplicidad para ejecutar el vuelo.

 

Vistas las cosas desde esta perspectiva, a lo largo del siglo XXI la navegación aérea por satélite podría desplazar por completo el viejo sistema cuya tecnología nació en la II Guerra Mundial, pero quizá no sea exactamente así. Las señales de los satélites son débiles, se pueden interferir fácilmente y son muy sensibles a cambios en las condiciones de la ionosfera, además la tecnología actual dispone de otras alternativas.

 

Fuente: https://elsecretodelospajaros.net

8 de diciembre de 2023

LOS DIRIGIBLES DEL ZAR

 


 

Por Jaime Noguera

 

Durante el siglo XIX los rusos se mantuvieron ajenos a la fiebre experimentada en el resto de Europa por los globos aerostáticos. La opinión en Occidente a este respecto era que Rusia estaba atrasada. Sin embargo, el gobierno ruso prefería esperar e invertir los fondos públicos cuando esta tecnología estuviese lo suficientemente desarrollada.

 

Rusia había sido de las primeras naciones en explorar las posibilidades militares de los aerostatos. En 1812, Alexander I encargó al ingeniero alemán Franz Leppich, reclutado por el servicio secreto ruso, la creación de una aeronave con la idea de usarla para atacar a los ejércitos de Napoleón.

 


Primer dirigible ruso, diseño de Franz Leppich

 

Leppich diseñó, en un taller secreto y con la ayuda de 50 mecánicos germanoparlantes, un ingenio con forma de pez y propulsado por aletas.  Se llevó a cabo su construcción (finalizada justo después del incendio de Moscú) y el globo que debía sostenerlo llegó a inflarse, pero se rasgó o no pudo adquirir suficiente velocidad para volar en contra del viendo, haciendo imposible el despegue, por lo que se abandonó el proyecto.

 

En la novela “La Guerra y la Paz”, de Tolstói, el conde Pyótr Kiríllovich Bezúkhov viaja con la intención de ver este invento, aunque sin éxito. Tolstói incluía en la novela una misiva del zar Alejandro I al gobernador de Moscú, conde Rostopchin, interesándose por el dirigible.

 

En 1906, el Ingeniero Jefe de la Oficina de la Rusia Imperial se desplazó a Francia, junto a una numerosa delegación de ingenieros y otros profesionales, para interesarse por los avances en la construcción de aeronaves.

 

La geopolítica del momento, con Alemania como oponente de Rusia, hizo que se optase por Francia en detrimento del país germano, que había desarrollado con gran secretismo el dirigible más avanzado del momento: el Zeppelín.

 

Los rusos habían recibido noticias alarmantes. Esas misteriosas naves aéreas gigantescas podían “destruir de un plumazo un regimiento de cosacos o dañar seriamente el centro de San Petersburgo”.

 

Tan solo dos años después de este viaje los cielos de Rusia veían el perfil del nuevo señor de las nubes elevarse desde la tierra: el dirigible “Uchebniy”, con una longitud de 40 metros, un volumen de 2.000 metros cúbicos de hidrógeno y una velocidad máxima de 21 km/h. Este dirigible sería utilizado como plataforma de pruebas y experimentos, al igual que para el entrenamiento de futuras tripulaciones.

 

En 1909, Rusia adquirió un dirigible en Francia. Se le dio el nombre de “Lebed” y sus prestaciones superaban a las del “Uchebniy”. Medía 61 metros de largo, tenía 4.500 metros cúbicos de volumen y su velocidad punta era de 36 km/h. No obstante, los rusos dedujeron que dada la velocidad vertiginosa de los avances científicos de la época en cuestiones militares tales como defensa antiaérea, un dirigible así se convertiría  pronto en una simple diana para los disparos enemigos en el caso de un conflicto bélico. Los militares rusos solo veían posibilidades militares a este invento en el campo del reconocimiento fotográfico.

 

Los Imperios Centrales desplegaron algunos dirigibles en su frente oriental. Por ejemplo el SL2, una aeronave alemana transferida a las fuerzas austrohúngaras que realizaría seis misiones sobre territorio del Imperio ruso, entre ellas el bombardeo de Varsovia en 1914.

 

SL2 bombardeo de Varsovia

 

El SL 10, basado en Bulgaria, desapareció en vuelo durante una fuerte tormenta tras bombardear Sebastopol y los dirigibles SL9 y SL14 fueron utilizados ampliamente en el Báltico hasta 1917.

 

Los aeronautas militares rusos no sufrieron ningún accidente con pérdida de vidas a bordo de los dirigibles con los que contaban las fuerzas armadas imperiales en el momento del estallido de la I Guerra Mundial.

 

Durante el reinado de Nicolás II, Rusia construyó o adquirió los siguientes dirigibles.

 

Uchebniy (1908). Volumen: 2.000 metros cúbicos. Longitud: 40 m. Velocidad:21 km/h. 

 

Lebed (1909). Comprado a Francia. Volumen:  4.500 metros cúbicos. Longitud: 61 m. Velocidad: 36 km/h.

 

Chaika (1910). Comprado a Francia. Volumen: 2.140 metros cúbicos. Longitud: 47 m. Velocidad: 47 km/h

 

Krechet (1910).Volumen: 6.900 metros cúbicos. Longitud: 70 m. Velocidad: 43 km/h.

 

Berkut (1910). Comprado a Francia. Volumen: 3.500 metros cúbicos. Longitud: 56 m. Velocidad: 54km/h

 

Golub (1910). Volumen 2.270 metros cúbicos. Longitud 50 m, Velocidad: 50 km/h. - Durante la I Guerra Mundial el Golub realizó varias misiones de reconocimiento y espionaje, aunque nunca llegó a cruzar la línea del frente. En octubre de 1914 fue evacuado a Lida, donde se desmanteló. Se puso de nuevo en servicio en 1916, aunque permaneció simplemente aparcado hasta que se incendió tras ser impactado por un rayo durante una tormenta.

 

Yastreb (1910). Volumen:  2.800 metros cúbicos. Longitud: 50 m. Velocidad: 47 km/h.

 

Korshun (1910). Comprado a Francia.  Volumen:  2.140 metros cúbicos. Longitud: 47 m. Velocidad: 47 km/h.

 

Grif (1910). Comprado a la empresa alemana Luft-Fahrzeug-Gesellschaft. Volumen  7.600 m3. Longitud: 72 m. Velocidad: 59 km/h.

 

Sokol (1912). Construido en Rusia. Volumen: 2.500 metros cúbicos. Longitud: 50 m. Velocidad, 55 km/h. Dirigible "Sokol" ("Falcon").

 

Kobchik (1912). Volumen: 2.150 metros cúbicos. Longitud: 45 m. Velocidad: 50 km/h.

 

Albatross (1912). Volumen: 9.600 metros cúbicos. Longitud: 77 m. Velocidad. 68 km/h - Construido en la fábrica Izhorsky, era propulsado por cuatro motores Laviator y tenía en su morro un emplazamiento para ametralladora. Debido a problemas con la estructura, tuvo que ser desmantelado y reconstruido, tras lo que fue bautizado como “Albatross-II”.  Esta gran nave aérea batió el récord de velocidad mundial para dirigibles semirígidos y fue empleado en la I Guerra Mundial.

 

Kondor (1913).Comprado a Francia. Volumen: 9.600 metros cúbicos. Longitud: 88 m Velocidad: 55 km/h.

 

Pársifal II (1913). Comprado a Alemania. Volumen: 9.600 metros cúbicos. Longitud: 90 m. Velocidad:  67 km/h. - Este dirigible era el que poseía, hasta 1915, las mejores cualidades de vuelo de todos los empleados en Rusia.

 

Chernomor (1915). Cuatro unidades compradas a Gran Bretaña. Volumen: 4.500 metros cúbicos. Velocidad: 80km/h. - Eran aparatos denominados “costeros” que tenían como función el apoyo a las fuerzas navales. El Chernomor 1 y el 2 realizaron diversos vuelos. El Chernomor 3 sufrió un incendio y no pudo realizar ninguna misión, mientras el Chernomor 4 no llegaría a ser montado.

 

Gigant (1915). Fue construido  en los hangares del pueblo de Salizi, cerca de la entonces ciudad de Petrogrado (hoy San Petersburgo) y sería el mayor dirigible de la Rusia Imperial. - Resultó gravemente dañado en su primer vuelo de prueba, al partirse prácticamente por la mitad por un fallo estructural. ¿Una metáfora de lo que sucedería en Rusia tan solo dos años después?

 

¿En qué zeppelín te gustaría volar?

 

Fuente: https://es.rbth.com

CUANDO RUSIA CREÓ UNA NAVE AÉREA PARA ATACAR A… NAPOLEÓN

 



Por Jakob Oréjov

 

Joseph y Étienne Montgolfier volaron por primera vez en un aerostato el 4 de junio de 1783 y, poco después, los rusos ya comenzaron a pensar en los usos militares de este sorprendente invento.

 

Rusia fue de las primeras naciones en explorar las posibilidades militares de los aerostatos. Y, ante los avances de Napoleón, el mismísimo zar impulsó los avances en esta tecnología (entonces de vanguardia) para atacar al invasor francés desde los cielos.

 

Alejandro I


En 1812, Alejandro I encargó al ingeniero alemán Franz Leppich, reclutado por el servicio secreto ruso, la creación de una aeronave con la idea de usarla para atacar a los ejércitos de Napoleón.

 

En el verano de 1812, una construcción extraordinaria apareció en Moscú. En la finca de Voróntsovo, a siete kilómetros de la ciudad, el ingeniero alemán Franz Leppich dirigía las 24 horas del día los trabajos para la creación de una aeronave sin precedentes. La guerra aérea estaba a punto de despegar

 

A las afueras de la capital rusa, Leppich, bajo la supervisión del conde Rostopchin, diseñó, con la ayuda de 50 mecánicos germanoparlantes, un enorme ingenio con forma de pez y propulsado por aletas.

 

El alemán, explican en Topwar, pensó en cargar la nave con cajas de pólvora y arrojarlas sobre los soldados enemigos a través de las escotillas de la parte inferior de la góndola. Evidentemente, estas “bombas” improvisadas deberían haber sido provistas de algún tipo de espoleta de percusión, pero no se sabe nada de su diseño. Además la aeronave debía ir armada con lanzacohetes, sin embargo, dado que el globo estaría de hidrógeno, no era muy buena idea.

 

Se llevó a cabo su construcción (finalizada justo después del incendio de Moscú) y el globo que debía sostenerlo llegó a inflarse, pero se rasgó o no pudo adquirir suficiente velocidad para volar en contra del viento, haciendo imposible el despegue, por lo que se abandonó el proyecto. 

 



En la novela “La Guerra y la Paz”, de Tolstói, el conde Piótr Kiríllovich Bezújov viaja con la intención de ver este invento, aunque sin éxito. Tolstói incluía en la novela una misiva del zar Alejandro I al gobernador de Moscú, conde Rostopchin, interesándose por el dirigible.

 

Rostopchin Fiódor Vasílievich


Fuente: https://es.rbth.com

TRES AVIONES ITALIANOS CONTRA LOS QUE LUCHARON LOS RUSOS EN LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA

 

Por Jaime Noguera

 

Dos Fiat C.R.32 ‘Cucaracha’ del XVI Grupo sobre los cielos de España.

 

No solo aparatos rusos y alemanes se enfrentaron en los cielos de España entre 1936 y 1939. La Italia de Mussolini envió a la península ibérica nada más empezar la guerra, la Aviación Legionaria (Aviazione Legionaria), que se enfrentaría con los aeroplanos y pilotos enviados por Stalin a la legítima República Española.

Recordamos a tres de estos aviones.

 

Savoia-Marchetti SM.81

 

El Savoia-Marchetti SM.81 “Pipistrello” (“Murciélago” en italiano) era un bombardero trimotor, demasiado lento para actuar como bombardero, pero unos  uno de los más flexibles, fiables e importantes aviones de la Regia Aeronautica, entre 1935 y 1944.

 

Savoia Marchetti SM.81sobrevolando España.

 

Como recuerda Mijaíl Máslov en su libro “Polikarpov I-15, I-16 y I-153 Aces”, un piloto soviético, Adam Kovalesvki, derribo uno de estos aparatos el 1 de febrero de 1937, pero fue fatalmente herido por fuego de ametralladora del avión en llamas. Los Pipistrello solían bombardear Barcelona desde sus bases en Mallorca.

 

Según el mismo autor, el 25 de octubre de 1937, sobre la costa catalana, el piloto Evgueni Stepánov, derribó otro de estos aparatos, embistiendo la cola del bombardero italiano con su hélice. Stepánov, pese a la violencia del choque, consiguió llevar su Polikárpov I-15 sano y sano a su base.

 

Fiat C.R.32

 

Quizás tengas un coche con la misma marca que este avión. Sí, Fiat producía aviones de combate, entre ellos este caza biplano diseñado en 1933.  La Italia fascista envió en apoyo del golpe de Francisco Franco nada menos que 400 de estos aparatos, bautizados en España como “Chirri”, que fueron usados a partir de agosto de 1936.

 

Pareja de Fiat C.R.32 del X Grupo Baleari.

 

A pesar de ser biplanos, gracias a su alta maniobrabilidad, en numerosas ocasiones lograron salir airosos de sus encuentros con los Polikárpov soviéticos, más veloces y mejor armados.

 

Sin embargo, no siempre fue así, claro El as Pável Richagov (20 aparatos destruidos a los mandos de un Po-I 15), por ejemplo, derribó dos de estos aparatos en el cielo madrileño. De hecho, de los 376 Fiat C.R.32 enviados a España, 99 fueron derribados por los republicanos.

 

Como curiosidad, queremos recordar que Paraguay (5 ejemplares) y Venezuela (9 aparatos) compraron aviones de este modelo a finales de los años 30.

 

IMAM Ro.37

 

Empleado por primera vez en combate por primera vez en la Segunda Guerra Italo-Etíope (1935-1936), se estima que casi 60 de estos biplanos de reconocimiento fueron operados en España en distintas misiones.

 

IMAM Ro.37.


El soviético Gueorgui Zajárov, que se había presentado en el Distrito Militar de Bielorrusia como voluntario para luchar en España consiguió su primera victoria (de 6) en la guerra civil el 9 de noviembre de 1936, derribando uno de estos aparatos que se dirigía hacia Madrid.

 

Fuente: https://es.rbth.com

3 de diciembre de 2023

SAM-9 EL AVIÓN DE ESQUEMA “FLECHA” DE MOSKALEV QUE VOLÓ Y LUEGO FUE DESTRUIDO

 


 

Durante los años 30 del siglo pasado, Alexánder Moskalev se embarcó en una serie de proyectos que podrían haberse adelantado a su tiempo, pero fueron poco prácticos para ser producidos a gran escala.

 

El Moskalev Sam-9 “Strelá” fue un prototipo experimental concebido con el fin de investigar el comportamiento del esquema alar propuesto por Alexánder Moskalev en su llamado “Proyecto Sigma”. Se construyó un prototipo que fue volado con éxito, demostrando lo acertado del concepto del diseñador aeronáutico. Tras esto, el aparato de pruebas fue destruido.

 

 

El proyecto conceptual del nuevo avión fue desarrollado por Moskalev cuando este estaba en Moscú, en 1937. Como podemos leer en Airwar.ru, le fue prestada la oficina del profesor Cherémujin en el TsAGI y le asignaron dibujantes y copistas. Este proyecto estuvo listo en sólo tres días.

 

Primer modelo construido del Sam-9

 

 

Una vez realizado el diseño, se acordó crear una maqueta para el desarrollo de las pruebas en el TsAGI, y la construcción del avión en el Tecnológico de aviación de Vorónezh. Se adquirieron dos motores franceses Renault 4 pi de 140 hp para propulsarlo.

 

En los dos meses y medio acordados el nuevo avión se encontró terminado. En la numeración de la compañía pasó a ser conocido como SAM-9.

 

El prototipo estuvo listo para inicios del verano de 1937. Para ese momento se habían realizado los cálculos necesarios y las pruebas estáticas de resistencia. De manera paralela se realizaron las pruebas en el túnel aerodinámico del TsAGI. Los resultados obtenidos permitieron afinar los detalles del cálculo aerodinámico, la estabilidad, la definición del centro de gravedad y el tamaño idóneo para las superficies de control.

 

 

Hora de probarlo

 

Las pruebas en tierra comenzaron el 27 de julio. Una vez llegado al sitio. El piloto de pruebas Kudrin observó el avión durante un buen rato, revisando sus partes. Revisó los cálculos sobre prestaciones de vuelo y finalmente expresó a la comisión que él no sólo no volaría el avión, ni siquiera realizaría las pruebas de tierra en un aparato tan extraño. Según las palabras del propio Moskalev en sus memorias, el piloto Kudrin planteó que no volaría en un avión “… que no sólo no tenía cola, sino que carecía de alas”.

 

Después de varios debates, se decidió continuar las pruebas con el piloto A. N. Gusarov, que accedió gustoso a volar el prototipo. Los ensayos se desarrollaron con éxito si se descuenta un incidente en el que durante una carrera sobre la pista el piloto pisó los pedales y el avión de pronto realizó un giro y se volcó. Ni la aeronave ni su piloto, por cierto, recibieron daños dada la baja velocidad y la hierba de la pista.


 

 

El primer vuelo, fue ejecutado por Gusarov el 7 de agosto de 1937, alcanzando el avión unos 150 km/h, despegando a unos 20 metros de donde se encontraba la comisión de observadores, realizando un peligroso giro que casi situó los planos en posición vertical al suelo, para luego enderezar. Después de un vuelo de unos 1200 – 1500 metros, el avión tomó tierra.

 

Tras más pruebas, en agosto de 1938 el “Strelá” fue devuelto al OKB con un informe detallado de las conclusiones sobre su esquema y la solicitud de solucionar un pequeño problema de oscilaciones que aparecían a volar a bajas velocidades. Debido al secreto del proyecto el avión fue empaquetado en una gran caja y se trasladó por tren hasta la Fábrica Nº 18.


 

 

Tras realizar algunas pruebas, que arrojaron una velocidad máxima de 343 km/h, siguiendo órdenes desde Moscú, el avión SAM-9 “Strelá”, que ya había cumplido su cometido, fue destruido.

 

Fuente: https://es.rbth.com

ANSALDO A.1 BALILLA, EL AVIÓN ITALIANO QUE USÓ LA UNIÓN SOVIÉTICA

 

 

El Ansaldo A.1, apodado “Balilla” por un héroe popular genovés, fue el único avión de combate italiano de la I Guerra Mundial que se fabricó en Italia. A pesar de sus muchos fallos, los bolcheviques lo compraron por su falta de aviones para luchar contra los “rusos blancos”.

 

Los italianos lucharon en el aire durante la I Guerra Mundial prácticamente con material extranjero. A.1 Balilla fue el primer intento serio (y casi logrado) de Roma de crear un caza “indígena”. Sin embargo, los A.1 se mantuvieron alejados del frente y se destinaron principalmente a tareas de defensa nacional.

 


 

Así, durante sus pruebas de vuelo, el A.1 Balilla fue reclasificado como avión de reconocimiento monoplaza de alta velocidad. De este modo, el avión entró en producción en serie y sirvió hasta el final de la guerra. Su velocidad le permitía evitar problemas con los cazas enemigos y su alto techo le permitía evitar los cañones antiaéreos.


 

 

Los primeros se entregaron en el frente en julio de 1918. Se utilizaron de forma bastante activa, realizando varias salidas de combate, principalmente para cubrir ciudades y objetivos militares, pero sus éxitos fueron más que modestos. Durante cuatro meses de operaciones de combate, el Ansaldo sólo derribó un avión de reconocimiento austriaco.


 

 

Durante la guerra ruso-polaca de principios de los años 20, el avión operó, con más pena que gloria, para las fuerzas aéreas polacas.


 

 

Como puede leerse en la web especializada Airwar.ru, el nuevo gobierno soviético continuó con un pedido de aviones Ansaldo a Italia realizado por el anterior gobierno imperial ruso, y se entregaron un total de 30 Ansaldo A.1 entre 1918 y 1920. En 1918 la 20ª Flota Aérea Militar de la Rusia Soviética estaba equipada principalmente con aviones extranjeros, entre ellos el Ansaldo A.1 equipado con un motor SPA 6A de 220 CV.


 

 

A principios de 1922 el A.1 era utilizado por el Distrito Militar Oeste de la región de Jarkiv (2º Escuadrón de Caza del 2º Regimiento); las Fuerzas Aéreas de la Flota del Mar Negro (2º Destacamento Aéreo de Caza de la Armada), y las Fuerzas Aéreas de la Flota del Mar Báltico (1º y 2º Destacamentos Aéreos de Caza). Los rusos, ansiosos por ahorrar dinero, planearon fabricar sus propias ametralladoras sincronizadas para los aviones, pero no consiguieron producirlas ellos mismos, y como consecuencia los A.1 volaron desarmados.



 

El Ansaldo A.1 fue popular entre los pilotos soviéticos por su maniobrabilidad y fácil manejo, aunque con el tiempo surgieron problemas con los motores y otros defectos.

 

A algunos aviones se les instalaron esquís para utilizarlos en invierno. Los últimos Ballis soviéticos estaban en el 48º Destacamento Aéreo Independiente de la Flota del Mar Negro. Funcionaron hasta mediados de 1928, aunque solo para enseñar a los pilotos soviéticos a elevarse del suelo.

 


A.1 Balilla de la Escuadrilla Independiente de Cazas Marítimos del Ejército Rojo

 

Fuente: https://es.rbth.com

CUANDO LA ESTACIÓN ESPACIAL SOVIÉTICA ‘SALIUT-7’ CAYÓ SOBRE ARGENTINA

 

Crédito https://www.clarin.com
 

 

Tras casi una década flotando en órbita alrededor de nuestro planeta, en 1990, una estación espacial soviética hizo su reentrada en la atmósfera terrestre. Sus restos se esparcieron sobre territorio argentino.

 

La Saliut-7 fue lanzada al espacio el 19 de abril de 1982 empleando un cohete Protón de tres etapas. Su tamaño era de entre 13 y 16 metros y estaba construida con una aleación especial de aluminio y acero, en forma similar a las cápsulas de exploración submarina, para mantener el mismo nivel de presión en el espacio que sobre la superficie terrestre.

 

Permitía una tripulación máxima de tres cosmonautas y estuvo habitada entre 1982 y 1986. En 1985 la estación, temporalmente deshabitada, permaneció inactiva y sin contacto con la Tierra durante cuatro meses debido a una cadena de fallos que se iniciaron en el sistema de baterías.


 

 

Su rescate y puesta en funcionamiento nuevamente por los cosmonautas Vladímir Dzhanibekov y Victor Sávinij está considerado uno de los hitos de la carrera espacial.

 

Caída contra la Tierra

 

En 1990, la estación Saliut-7 había agotado su margen de seguridad y comenzó a descender entre 6 y 8 km diarios. En la noche del 6 al 7 de febrero de 1991, Saliut-7 entró en la atmósfera superior a una velocidad de 30.000 km/h, donde se quemó casi por completo sobre Sudamérica.

 

Los restos de Saliut-7, recordó Guillermo Goldes en Unciencia se repartieron en su caída por una extensa franja de la Argentina, desde la Mesopotamia hasta la Cordillera de los Andes.


 



El fragmento mayor, del tamaño de una lavadora, cayó en el patio de una humilde vivienda en Capitán Bermúdez, en las afueras de Rosario. No produjo víctimas.

 

Depósito de combustible de la Saliut-7 (der.) - Steve Jurvetson (CC BY 2.0)


Otros despojos, como una escotilla completa, cayeron en Entre Ríos. Algunos se conservan en la localidad de Oro verde.


Restos de la Saliut-7 caídos en Entre Ríos - Carloszelayeta (CC BY-SA 4.0)

 

Fuente: https://es.rbth.com