5 de noviembre de 2018
PRIMER VUELO ARGENTINO AL POLO SUR - 1961-1962
Detalles de la operación
En la Campaña Antártica de verano 1961/62, la
Armada Argentina dispuso además del material aéreo embarcado, la intervención
de la Unidad de Tareas 7-8, compuesta por dos aviones, el bimotor Douglas DC-3,
matrículas CTA-12 y el Douglas C-47, matrícula CTA-15 y además como apoyo
meteorológico durante el cruce del pasaje de Drake el avión cuatrimotor Douglas
DC-4, matrícula CTA-2.
Las actividades se iniciaron en el mes de octubre
de 1961 con un vuelo de reconocimiento glaciológico sobre la isla Decepción,
mar de la Flota y mar de Weddell con el avión Douglas DC-4, matrícula CTA-5.
El 18 de diciembre de 1961 despegaron desde Río
Gallegos las tres aeronaves integrantes de la UT 8 y volaron hasta una pista
semipreparada en la barrera de hielos Larsen -denominada aeródromo Jorge A.
Campbell- que se encontraba entre la isla Robertson y el nunatak Larsen, asiento
de la entonces Base Aérea Teniente Matienzo, actualmente Base Matienzo - transitoria.
En el lugar que se realizó esta operación,
actualmente es mar abierto, debido a que esta zona de la barrera de hielo de
Larsen, que tenía un espesor superior a los 250 m, se ha desintegrado.
Los dos aviones bimotor Douglas C-47, comandados
por el Capitán de Fragata Hermes QUIJADA anevizaron en ese lugar, luego de
haber recorrido 1500 km en 08:17 hs de vuelo, en tanto que el avión cuatrimotor
Douglas DC-4 retornó a Río Gallegos.
La Unidad de Tareas UT 7-8, fue apoyada mientras
permaneció en Campbell por los helicópteros embarcados, matriculas 2-H-11 y
2-H-14, el avión DHC-2 Beaver, matrícula 3-G-6, como así también personal y
material de la Base Aérea Teniente Matienzo, que se encontraba muy cerca del
lugar.
El 26 de diciembre de 1961, en 09:00 hs de vuelo
cubrieron los 1700 km previstos de la segunda etapa, hasta la Estación
Científica Ellsworth.
El 6 de enero de 1962 a las 13:00 hs despegaron de
Ellsworth los dos aviones Douglas C-47 y volaron los 1350 km que los separaban
de la base norteamericana (Amundsen-Scott, South Pole Station), donde
anevizaron a las 21:10 hs.
Fue el primer vuelo hasta el Polo Sur Geográfico,
con descenso, realizado desde el Continente Americano.
Al día siguiente, las dos aeronaves iniciaron el
regreso.
Despegaron del Polo a las 6:30 horas y anevizaron
en Ellsworth luego de 05:53 hs de vuelo.
El 18 de enero de 1962 continuaron hasta la pista
Campbell, situada en la barrera de hielos Larsen.
Dos días más tarde abandonaron la antártida
finalizando exitosamente el operativo.
El CTA-15 había sido bautizado: "¿Total para
qué?" y el CTA-12: "¿Te vas a preocupar?"
Las tripulaciones de los dos aviones bimotores
Douglas C-47, eran los entonces:
AVIÓN CTA-15
Capitán de Fragata Hermes
José QUIJADA (*)
Capitán de Corbeta Pedro
Francisco MARGALOT
Teniente de Fragata Miguel
Ángel GRONDONA
Teniente de Corbeta José
Luis PÉREZ
Suboficial Segundo Eduardo
Carlos FRANZONI
Cabo Primero Gabino Rufino ELÍAS
AVIÓN CTA-12
Capitán de Fragata Rafael
Mario CHECCHI
Teniente de Navío Jorge
Aníbal PITTALUGA
Teniente de Fragata Héctor
Albino MARTINI
Teniente de Fragata Enrique
Juan Ángel DIONISI
Cabo Principal Ricardo Miguel RODRÍGUEZ
Cabo Primero Raúl IBASCA
Había ingresado a la Armada Argentina,
desempeñándose como aviador naval y fue el Comandante del primer vuelo
Argentino que aterrizó en el Polo Sur y al ser asesinado tenía el grado de
Contraalmirante y fue promovido post mortem al grado inmediato superior.
En 1972 fue el encargado de leer por televisión la
versión oficial sobre los sucesos del 22 de agosto en la base aeronaval
Almirante Zar de Trelew, cuando resultaron muertos 16 guerrilleros detenidos.
Hermes Quijada fue atacado el 30-ABR-1973 cuando
viajaba en su automóvil en el cruce de las calles Junín y Cangallo (actualmente
llamada Tte. Gral. Perón) en el barrio Congreso de la ciudad de Buenos Aires;
recibió seis disparos a quemarropa, uno de ellos en la cabeza, que le
produjeron la muerte poco después de ingresar al Hospital Naval.
En la oportunidad resultó muerto también uno de los
atacantes, Víctor José Fernández Palmeiro, miembro del Ejército Revolucionario
del Pueblo.
Fuente: http://www.marambio.aq
HAZAÑAS ANTÁRTICAS
Por Exequiel MARTÍNEZ
En el año 1968, la Base Aérea Militar Matienzo, en
el Sector Antártico argentino, es declarada en emergencia. Su situación era crítica ya
que el rompehielos no había podido llegar, por dos años consecutivos, con los
abastecimientos.
La única Base de la FAA en la Antártida estaba en
situación crítica con alimentos agotados y casi sin combustible para hacer
funcionar los equipos de radio y calefacción. Lejos de la barrera y con
profundas grietas era imposible el abastecimiento normal.

El alto mando buscaba afanosamente la forma de solucionar este grave problema. Hasta que a alguien se le ocurrió el empleo del helicóptero. Los conocidos hasta entonces Sikorsky S-55 no podían hacerlo, afortunadamente dos de los modernos helicópteros a reacción Bell UH-1H habían sido recientemente adquiridos por la FAA.
El buque demoró siete días más de lo previsto en
llegar y las fechas de regreso eran inamovibles. De los diez días otorgados para
una operación normal solo quedaban tres. Solo quedaba el tiempo para levantar
la Base trayendo a la gente.
El Comandante Olezza tenía solo dos pilotos
experimentados y dos novatos que todavía no habían hecho el vuelo solo y dos
helicópteros. Lo normal era que volaran un piloto de comandante con un alumno
de copiloto, por turno. Para ello se necesitaban cuatro comandantes y cuatro
copilotos para poder rotarse en dos turnos en cada uno de los dos helicópteros,
pero esa cifra no existía en la FAA cuando Matienzo entró en emergencia. ¡No había
4 tripulaciones!, solo había dos comandantes y dos alumnos que habían recibido
muy poca instrucción en vuelo y ni siquiera habían hecho el vuelo solo. Conformaban
dos tripulaciones, una sola tripulación por helicóptero y no permitía relevos. Las
opciones para cumplir las tareas eran: cuatro comandantes con cuatro copilotos,
o cuatro comandantes volando sin copilotos en dos turnos en los dos
helicópteros.
Dos comandantes había, pero el problema era que
Ciaschini y yo que aún no habíamos volado solos, debido a que en el apuro no
hubo tiempo de darnos la instrucción requerida y hacerlo durante esa operación
era peligroso.
Olezza tomó una medida original: “Que los veteranos
se turnen y los novatos salgan los dos juntos sin relevo hasta el final”. No
habría “vuelo solo normal”, habría “vuelo solo acompañado” e iba a durar mucho
tiempo. Como estábamos a la mitad de la experiencia cada uno, él consideró que entre
los dos hacíamos uno e iba a ser difícil que nos durmiéramos por cansancio los
dos juntos. Uno siempre iba a estar despierto
Uno de nosotros iba de piloto y el otro de
copiloto, al regreso cambiábamos de posición, el que había ido de piloto regresaba
de copiloto. Ese era el único cambio que nos permitíamos. Volamos todo el
tiempo, solo interrumpidos durante muy pocos minutos por las cargas de
combustible y suministros. No se detenía el motor. Se cargaba y despegábamos
juntos y en el traslado uno de nosotros dormitaba mientras el otro volaba.
Ciaschini dormía algunos minutos de ida, aterrizábamos juntos y yo dormía los
minutos de regreso.
El jefe del COCOANTAR, oficial de la Armada, máxima autoridad del Componente Antártico, daba por hecho que íbamos a evacuar la base y Olezza le había dicho que esos vuelos eran para dejar en el lugar un poco de carga y no traerla de regreso al continente.
Cuando pasaron cuatro horas de vuelo el COCOANTAR
le preguntó a Olezza cuando descansaríamos. Hizo la misma pregunta a las seis
horas y luego a las ocho horas, su preocupación era lógica, podía producirse un
accidente, con gente normal, pero nosotros no éramos normales. El marino no
podía ordenarle a Olezza detener la operación. La orden tenía que ser requerida
al Comando en Jefe de la FAA y , a su vez, este cursársela a Olezza, pero no
eso no ocurrió, es que si parábamos de volr perdíamos la Base Matienzo. ¡Eso
nunca!
A las diez horas ya había grandes discusiones.
Olezza siempre respondía que era nuestra responsabilidad.
…..“Y nos dieron las diez” y las veinte y las veinticinco…
increíble… las alas rotatorias no paraban y nos dieron las treinta …. Ciaschini
asegura que en total fueron treinta y siete horas, yo perdí la cuenta.
Cuando terminamos la operación, no recuerdo como
llegué desde la barrera a mi camarote, caminé y subí dormido como un sonámbulo.
Mi vuelo “solo” en el UH-1H duró treinta o treinta
y siete horas y fue acompañado.
Gran sorpresa, ¡la Misión había sida cumplida!, habíamos
abastecido Matienzo, la Fuerza Aérea Argentina no levantaba su Base. Con
Ciaschini habíamos probado nuestra resistencia en una operación ininterrumpida
durante más de treinta horas de vuelo y muchas más de operación, sumando los
tiempos de carga de víveres, personal y combustible, sin descanso. Pudimos
hacerlo antes de la fecha de partida. Había que terminar antes del día 25. El
24 llevamos casi toda la carga, 170 de 200 toneladas y terminamos la operación
haciendo el último vuelo con el relevo de la dotación de la Base Matienzo.
Cuando bajé de la cabina se me escapó un ¡¡¡Viva la
Patria... carajo¡¡¡
Pero esta operación solo era posible con jefes como
el Vicecomodoro Olezza, porque nos permitió operar fuera de límites, confiando
en nuestra capacidad de superar los enormes obstáculos. Pudimos operar fuera de
límites porque él era un fuera de límites nuestro; gozaba de gran prestigio no
solo por su experiencia antártica con los DC-3 sino por su extraordinaria
personalidad como conductor. Era uno de esos jefes a quien sus subalternos siguen
hasta el fin del mundo y justamente hacia allí nos habíamos dirigido.
Cuando regresamos se realizó una formación en la
Primera Brigada Aérea del Palomar donde el Comandante de Operaciones nos
felicitó, dándonos un apretón de mano a cada uno, por el éxito de la misión y particularmente
a Ciaschini y a mí por el inédito esfuerzo hecho en un vuelo solo de
helicóptero único en la historia de la FAA de más de treinta horas.
Nómina de tripulantes
Primer Teniente Enrique
PESSANA
Primer Teniente Alberto
ZEOLI
Teniente Exequiel MARTÍNEZ
Teniente Ricardo CIASCHINI
Suboficial Mayor César
ACEBAL
Cabo Principal Carlos Mario CUADRADO
Cabo Primero Juan DERIU
Cabo Primero Adolfo Germán HIDEN
Cabo Juan BALLESTEROS

Con este retrato, Comandante, te rindo mi homenaje y mi recuerdo tratando de reflejar tu inmenso carisma y tu nobleza sin par.
LOS HÉROES ARGENTINOS DESCONOCIDOS DE LA SEGUNDA GUERRA
Por Lucas GARABENTO
Combatieron como integrantes de las fuerzas aliadas
en la mayor conflagración de la historia contra el fascismo. Muchos de ellos
murieron sin ser reconocidos, otros cuentan su historia ahora por primera vez
Cuatro de julio de 1944. Las playas de Normandía
son escenario de una de las batallas más famosas de la historia. Por el cielo
cruzan dos aviones Spitfire de la RAF, la Real Fuerza Aérea británica. Del otro
lado, en el mismo cielo, cuarenta aviones alemanes. Dos contra cuarenta, así de
simple.
Los pilotos de la RAF no se acobardan. Al
contrario, enfrentan a la formación alemana de frente para dispersarlos y,
dados a la persecución, derriban dos aviones cada uno. La unidad alemana
Richthofen emprende la retirada. El cielo de Normandía se abre libre para los
vencedores, y cruzan rasantes las playas sin saber que ahí, ese mismísimo 4 de
julio 1944, un conjunto de periodistas visita el teatro de guerra. Serán esos
cronistas quienes escriban la hazaña que dejará a esos dos pilotos, Kenneth
Charney y Pierre Clostermann, en la historia grande del siglo XX.
Stanley Coggan, de 94 años, en su casa de Lomas de
Zamora
Pero esa misma historia grande olvidará un detalle:
ninguno de esos dos pilotos de la RAF era realmente británico. Clostermann,
famoso piloto francés y recordado por muchos por su emotiva carta a los
aviadores argentinos de las Malvinas, era en verdad brasileño. Y Kenneth
Charney, bautizado como el Caballero Negro de Malta, uno de los mejores y más
temibles pilotos de la Segunda Guerra, era un argentino nacido en Quilmes,
enrolado como voluntario para pelear contra el fascismo.
Fueron cerca de 4500 los argentinos que se
presentaron por propia voluntad para combatir junto con los Aliados en la
Segunda Guerra. Si bien la mayoría fueron hombres, también hubo muchas mujeres
que prestaron servicio. Durante años, nadie rescató sus historias. Ni siquiera
fueron olvidados. Simplemente, nadie los conoció, salvo un hombre, que luego
presentaremos. Pero el resto de la gente no. ¿O acaso escuchó alguien alguna
vez la historia de Stanley Coggan? ¿Conocen el nombre de Pedro Davreux? ¿Sabe
quiénes son Irma Weys, Ronnie Scott o Peter Harrison? La fama es un animal
tramposo tendido a la falda de dioses falsos. Pero qué importa la fama, dirían,
si al final se cumplió con la tarea. ¿Cierto? Qué importa la fama si el premio
fue vivir en un mundo en el que no existe Hitler.

Fueron 554 los pilotos argentinos que se unieron a
la RAF; arriba, algunos de ellos
De esos 4500 hombres y mujeres, algunos viven. A 17
de ellos, los que fueron ubicados y estaban en condiciones de asistir, todos
tienen más de 90 años, se los homenajeó en septiembre último en el Congreso de
la Nación. "El Estado argentino tardó en reconocerlos. Ellos no tuvieron
dudas, no fueron enviados por el gobierno, sino que fueron para defender la
libertad. Sabían muy bien qué debían hacer cuando el gobierno argentino no
tenía claro qué papel tomar. Han sido generosos al ofrecer su vida para un
mundo libre", dijo durante el acto la diputada Lucila Lehmann, de la
Coalición Cívica, una de las organizadoras del homenaje junto con las también
diputadas Marcela Campagnoli y Elisa Carrió. Además de entregarles un diploma,
se recordó la presentación de un proyecto de ley, aún sin resolución, que
propone nombrar al 8 de mayo como el Día del Voluntario Argentino de las
Fuerzas Aliadas en la Segunda Guerra Mundial.
Sigamos con nuestro piloto de Normandía. Hijo de un
inglés instalado en la Argentina, Kenneth Charney nació en 1929 en el conurbano
bonaerense, pero creció en Bahía Blanca. Tenía 19 años cuando estalló la
Segunda Guerra Mundial. Como tantos otros argentinos, se presentó como
voluntario para unirse a las fuerzas aliadas contra el nazismo. A fines de 1941
entró en combate por primera vez en la mítica defensa de Malta. Allí derribó a
su primer avión. A bordo de un Spitfire, se dice de él que en total derribó 12
aeronaves enemigas, número altísimo para cualquier piloto. Fue, sin duda, el
más temido de los aviadores argentinos en la gran conflagración del siglo XX.
Su táctica de atacar de frente a los escuadrones de
aviones alemanes para dispersarlos y perserguirlos de a uno le valieron el
apodo de Caballero Negro. Más adelante conoció y tuvo a sus órdenes al ya
mencionado Clostermann, uno de los pilotos más famosos del conflicto, ¡23
derribos!, con quien atacaron juntos Normandía, con la misma estrategia.
Ronald David Scott, tiene 101 años y fue uno de los
270 pilotos argentinos de la RAF
Tuvo incontables misiones. En diciembre de 1944 es
enviado a Sri Lanka para preparar un ataque en el Sudeste Asiático. Sin
embargo, la misión nunca sucede. El conflicto termina y él sigue su carrera en
la RAF hasta 1970, cuando se retira como Coronel y se avoca a una vida
completamente distinta. Se convierte en un hippie vagando en una van por
Europa. Muere de cirrosis en Andorra, afectado además por un cáncer provocado
por la exposición a material radioactivo en las Christmas Island, donde estuvo
en misión durante experimentos nucleares.
Hay una escena que pocos conocen: Charney es
recibido en el Palacio de Buckingham en 1944 por el rey Jorge VI. Lo acompaña
el embajador argentino Miguel Ángel Carcano. Allí, será condecorado por lo
hecho en Normandía. Pero la noticia no llegará a nuestro país ni a las orillas
de su casa en Quilmes. Nunca, acaso, hasta hoy.
Peter Harrison tiene 94 años y vive en el campo, en
Ameghino. Era alumno del colegio San Jorge cuando estalló el conflicto. El
director entró en su clase y se los anunció: Inglaterra le declaró la guerra a
Alemania. Apenas lo escuchó, supo que no bien terminara sus estudios, iba a
tener que participar de esa guerra. "Me pasó un escalofrío por el cuerpo.
Mi padre había sido oficial de carrera, así que había cierta tradición... Por
eso supe al instante que cuando cumpliera 18 años, me iba a tener que ir. Lo
supe y no pensé más en eso hasta que llegó el momento".

Charney, en la cabina, y Clostermann, luego del
épico combate sobre Normandia
Así fue, apenas terminó el colegio se alistó como
voluntario y, en abril de 1942, partió rumbo a Inglaterra. Se registró y lo
mandaron a Canadá para realizar su entrenamiento como soldado de artillería. Ya
formado volvió a Europa, donde comenzó su entrenamiento para ser oficial. Era
1944. "Ya se preveía que los Aliados iban a avanzar en Europa, pero se
necesitaban tropas para combatir a Japón, que no se rendía. Entonces, pidieron
voluntarios para ir a la India y me alisté. No dudé. No me daba miedo. Sabía lo
que podía ocurrir, pero. lo que será, será, ¿no? Si uno se asustaba, la vida se
volvía imposible. Así que partimos en barco. Me gustaba sentarme en la proa y
mirar las olas, a veces aparecían delfines que nadaban a nuestro lado. Como yo
era artillero, estaba encargado por las noches de hacer guardia, por si nos
cruzaba algún caza o un bombardero. Estaba seguro de que si aparecía un avión
alemán, lo iba a derribar, no tenía dudas", cuenta en la casa de su
familia en Martínez, donde viene de visita una vez cada tanto.
"¿Qué pensaba de Hitler? Era un asco. Había
que liquidarlo. Era todo lo que uno no quería que fuera un dirigente. Violento,
asesino. Un loco. ¿Se imagina vivir bajo el régimen de control nazi? Sin
justicia, sin derecho, sin libertad. Una vez, mucho tiempo después, viajaba en
un colectivo acá en la Argentina y tenía a un muchacho rubio al lado. Resultó
que era alemán y que había sido parte de la SS, una de las facciones más
violentas. No sé qué le dije y me respondió: "Es que yo no entré por voluntad
propia. Vinieron a la escuela secundaria cuando tenía 17 años pidiendo
voluntarios para la SS y los que no querían entrar, iban a ser enviados al
frente ruso sin entrenamiento". Y me dijo que antes de pelear con los rusos
prefirió entrar en la SS, qué sé yo. En todo caso, yo estoy muy contento de
haberme ofrecido para enfrentar esa atrocidad".
El avión de Ricardo Lindsell, que le pintó un
Patoruzú
Otro héroe desconocido. Hijo de padres belgas,
nació en 1912 en Buenos Aires. Después de completar sus estudios, el Ejército
Argentino lo convocó para el servicio militar obligatorio. Las armas no estaban
en los planes de Pedro, que para entonces ya se dedicaba a tratar con clientes
europeos en la empresa de su padre. Alegó que haría el entrenamiento militar en
el ejército belga y fue excusado. Al poco tiempo, fue justamente el ejército
belga el que lo convocó para dar servicio. Se negó, renunciando a su segunda
ciudadanía.
Poco después, sin embargo, terminó la paz en el
mundo. Sus clientes europeos comenzaron a contarle a Pedro el horror que
comenzaba a vivirse, las ocupaciones nazis, los destierros, los maltratos.
Entonces sí nació en él una vocación que venía esquivando: fue a la embajada de
Bélgica en Buenos Aires y se alistó como voluntario. No quería prestar servicio
obligatorio; quería pelear contra Hitler.
No fue el único en su familia. Su hermano Juan
también se alistó, y su madre y sus dos hermanas viajaron a su pueblo natal en
Bélgica para ofrecer asistencia y apoyar a los suyos. Años después, la historia
terminará con Pedro cayendo en un paracaídas mientras su avión en llamas se
estrellaba contra el firmamento. Entre medio sucedió la siguiente historia,
reconstruida aquí gracias al trabajo del escritor Claudio Meunier, aquel hombre
mencionado al principio, especialista en el tema y autor, entre otros, de
Volaron para vivir, donde cuenta historias de algunos de estos héroes. Él, con
su trabajo y dedicación, fue uno de los primeros en rendirles homenaje. Es
también quien encontró la tumba del Caballero Negro de Malta en Andorra y
recuperó su historia, la cual está escribiendo para su próximo libro. Antes,
además, logró que repatriaran los restos y los enterraran en Chacarita. Fue
vital para esta nota, quienes quieran contactarlo o conseguir su libro, él
ofreció comunicar su mail: claudio.meunier@gmail.com.
Peter Harrison tiene 94 años y vive en el campo, en
Ameghino
Volvamos a la historia de Pedro, entonces. Llega a
Canadá en mayo de 1941 para realizar su entrenamiento. Se forma como soldado
raso y en agosto de ese año, arriba a Gran Bretaña. En abril de 1942 es
reclutado para la sección belga de la RAF. No le reconocen su entrenamiento y
lo vuelven a mandar a Canadá. Estoico, realiza las mismas tareas otra vez, los
mismos cuerpo a tierra, los mismos rituales de disciplina. Tiene cerca de 28
años y está viejo para ser piloto. Le ofrecen ser lanzador de bombas y le
sugieren cambiarse el nombre por si cae prisionero de los alemanes. Se bautiza
entonces Louis Robert.
Vuelve a Europa, ahora sí, preparado para la
guerra, y es la guerra quien lo recibe: le informan que su madre y sus hermanas
fueron capturadas por los nazis por ayudar a unos pilotos aliados derribados, y
enviadas al campo de exterminio de Mauthausen.
La primera venganza la tendrá el 27 de agosto de
1944, a bordo de un Halifax, en una misión sobre la ciudad alemana de Hamburgo.
A partir de entonces, comienza a tener misiones, una tras otra, hasta el 23 de
septiembre. Luego de atacar un centro de formación ferroviaria, su avión es
alcanzado por un caza nocturno Messerchmitt y luego de varias maniobras, su
comandante ordena abandonar la aeronave. Se tira en paracaídas, junto con otro
compañero. La nave, con el piloto y otro soldado a bordo, estalla contra el suelo.
El paracaídas de quien se tira junto con él nunca se abre. El de Pedro sí,
sobre la hora, y aunque sobrevive se lastima la columna al caer. Lo salvarán
luego unos lugareños holandeses, que lo mantendrán oculto hasta que llegan a
rescatarlo. Será enviado a Inglaterra. Meses después, luego de ser internado y
recuperarse, se reencuentra con su hermano Juan y recibe la noticia de que su
madre ha sido asesinada en el campo de exterminio, pero sus hermanas fueron
rescatadas junto a una joven belga llamada Claire. Con ella se casará Pedro el
6 de agosto de 1946. Con ella volverá a la Argentina. Con ella descansa desde
el 17 de enero de 2003, en la bóveda de la familia Davreux en el cementerio de
Namur, Bélgica.
Coggan muestra algunas insignias que aún conserva;
su historia de leyenda no había sido narrada hasta ahora
Recuerda el día que tuvo que bajar su avión en el
agua. "Dejó de funcionar el motor, se plantó nomás. y tuve que amenizar.
No sé qué pensaba en ese momento, pero la marina te enseña que no estás muerto
hasta que lo estás. Entonces, planché al avión, puse la velocidad más adecuada
para poder controlarlo, le bajé la nariz y cuando vi que estaba llegando la ola
hice el planeo. Y así lo aterricé en el agua. Salió perfecto, pero me pegué un
golpe en la cabeza tremendo. Habré estado dos o tres segundos inconsciente,
pero si estamos acá sentados tomando un té es porque se ve que sobreviví,
¿no?". El que habla es acaso uno de los pilotos de su generación más reconocido.
Tiene 101 años, se llama Ronald David Scott, se lo conoce como Ronnie, y fue
uno de los 270 pilotos argentinos de la RAF.
"La comunidad británica acá era consciente de
lo que pasaba. Ya se había peleado contra los alemanes en el '14. Se sabía lo
que eran. No se podía perdonar lo que hacían. Era algo concreto e ineludible.
En nuestro país muchas veces pasan cosas y no se hace nada. Hay una frase que
he escuchado tantas veces que dice: "Y. bueno". Pero en ese momento no se podía
decir "y... bueno". Había que hacer algo y lo hicimos", dice.
La vida quiso que su relación con los conflictos
armados no terminara ahí: casi cuarenta años después sería su hijo quien fuera
piloto del Ejército. Con una diferencia: no volaría en defensa de la Corona
británica, sino en contra, como parte del ejército argentino.
"Había que hacer algo y lo hicimos", dice
Scott, que peleó por los británicos; su hijo, también piloto, combatió en las
Malvinas para el Ejército Argentino
John Gifford Stower nació el 15 de septiembre de
1916 en la provincia de Jujuy. Se alistó como voluntario y formó parte de la
RAF como piloto de un bombardero Wellington. Después de varias misiones, su
avión fue derribado y cayó al agua. Él sobrevivió junto con todos los
tripulantes, pero fueron capturados por el ejército alemán y enviados a Stalag
Luft III, un campo de prisioneros. De allí logró escapar y se dejó recapturar
para poner en marcha un plan mayor: organizar una fuga masiva.
Así lo hicieron: 75 prisioneros británicos, muchos
de ellos de la RAF, se fugaron de aquella prisión. Sin embargo, fueron
recapturados. Por orden directa de Hitler, que sentía que su ejército había
sido avergonzado con la fuga, 50 de esos prisioneros fueron ejecutados, entre
ellos, el argentino John Gifford Stower, uno de los cerebros de esa gran fuga.
Fue fusilado en algún lugar de un bosque alemán.
Su historia sí fue inmortalizada: es uno de
personajes de la película El gran escape (1963), con Steve McQueen y James Garner.
Pero otra vez se omite un detalle: aquel hombre libre era también argentino.
Stanley me toma la mano. Gracias, dice. Gracias. En
sus ojos se forman dos medialunas de lágrimas. No caen, están ahí contenidas
debajo de sus ojos rojos. A pesar de sus 94 años, tiene la voz firme. Le cuesta
un poco caminar por una lesión que arrastra en la columna desde que su avión
tuvo que aterrizar de emergencia, el 1° de abril de 1945, en territorio alemán.
Pero tiene el carácter fuerte como un roble. El Roble Coggan, a bordo de un
Halifax, volando rasante para detener al fascismo. Alguien pudo escribir su
leyenda en las tantas crónicas de la gran guerra. Se escribirá ahora, en estas
líneas que llegan, en su caso, a tiempo. Aunque no todos los héroes pudieron
esperar, él sí.
Los ruidos de los autos entran por el balcón de su
casa, un primer piso en Lomas de Zamora. Hay insignias de distintos países
colgadas en la pared. Un escudo de armas original, una señal vikinga, carteles
en danés de bienvenida. Los colecciona su hijo, Danny, que nos recibe contando
historias de familia. En la habitación, conviven dos diplomas de honor: uno al
padre de Stanley de parte de la Corona británica, por haber peleado en la
Primera Guerra Mundial. Otro, al lado, del Congreso de la Nación Argentina, a
él, por haber peleado en la Segunda.
"En 1942 cumplí 18 años y le dije a mi padre
que quería irme de voluntario. Me dijo que él no me podía parar porque también
había sido voluntario en el '14. Y así es como zarpé el 10 de diciembre de ese
año, convencido. Yo siempre había sido un defensor de la democracia. Y antes de
que Hitler llegara a la Argentina, lo iba a ir a combatir sin importar dónde
fuera. Realmente era un hombre sin corazón. Le gustaba ser lo que fue: un
dictador", dice.
Realizó 14 misiones a bordo de un Halifax
cuatrimotor y 15 en un Lancaster. "¿Qué sentía mientras piloteaba?",
repite después de escuchar la pregunta. No tarda en responder: "Nada.
Nosotros tomábamos dos pastillas: una para no adormecernos, porque teníamos muchas
misiones de noche, y otra para tranquilidad emocional. Así que sentía
tranquilidad. Para ser piloto hay que tener un corazón de mármol y olvidarse de
todo el resto. Porque hay tanto que hacer que es imposible si no. Hay un
objetivo y hay que cumplirlo, y así es como ganamos la guerra", recuerda.
El 3 de abril de 1945 ya todo estaba terminando. Lo
mandaron bombardear un centro neurálgico de ferrocarriles en la zona de Ruhr,
Alemania. Fue el día en que las pastillas para la tranquilidad dejaron de
funcionar. En su Remedios de Escalada natal, zona sur del conurbano bonaerense,
Stanley había trabajado más de dos años en una central de ferrocarril. Y ahora
tenía que destruir una especie de maqueta de su hogar. Lo hizo, sin embargo.
"Estaba bombardeando y me sentí muy afectado.
¿Te imaginás lo que significó para mí? Era como bombardear mi casa. Y eso me
hizo mal. Me hizo mal. Tal es así que, al volver, estaba aturdido, y una
esquirla de cañones antiaéreos me llegó a destruir uno de los motores internos
del avión y me lesionó la pierna. Además, dejó averiado el motor de aterrizaje.
Avisé a la base y me dijeron que amenizara en el Canal de la Mancha, es decir,
que aterrizara en el agua. I've got juice, les respondí. ¡Tengo petróleo, tengo
jugo! Haga lo posible de llegar a Dover, me respondieron, al sur de Inglaterra.
Entonces, di la orden de eliminar material pesado, y entre todas las cosas que
descartaron tiraron mi paracaídas, que incluía mi almohadón del asiento. Así
que tuve que aterrizar forzosamente sin tren de aterrizaje y sentado en un
asiento metálico. Y lo logré, no le pasó nada a la tripulación, pero me lastimé
mucho la base de la columna y la pierna. Fue mi última misión. Pasé 30 días en
el hospital y a los cinco días de salir, el 8 de mayo de 1945, la pesadilla terminó".
Cuando se enteró, se arrodilló y miró al cielo. Era
mucha la gente que por entonces miraba al cielo para agradecer. "Yo había
elegido ser piloto porque, de todas las posibilidades que había, estar en el
cielo era la que te ponía más cerca de Dios", dice.
"Gracias, pensé. Mi granito de arena surtió
efecto, pensé. Dios me ayudó. Sí, eso pensé. Y hasta el día de hoy sigo
pensando igual: Dios me ayuda a tener 94 años y estar en pie".
Lo desmovilizaron el 25 de julio de 1946. El 27 se
subió al barco y el 29 salió de Londres. Al mes estaba en Buenos Aires, yendo
con otros camaradas a una parrilla en la avenida Corrientes.
¿Qué siente, Stanley? ¿Qué significa haber estado
ahí?
Pienso que forma parte de mi historia. He pasado
por cosas lindas, cosas feas. pero siempre proyectándome a algo mejor. No me
puedo quejar por lo que he vivido, y en especial en este momento, donde es
necesario que todos tiremos del mismo lado. La cinchada es a todo o nada, y yo
estuve muy cerca de nada. Por eso rezo a la mañana y a la noche para que haya
paz y tranquilidad, y que podamos ver las cosas lindas que hay en este mundo.
Guerra, no. No quiero saber más nada de guerras. Si hubiera otra guerra me
tiraría del balcón, porque las guerras no traen nada. Tenemos que tirar todos
juntos. Debemos hacerlo en la Argentina, carajo. Debemos tirar todos juntos.
Fuente: www.lanacion.com.ar
OPERACIÓN FIREDOG: LA RAF EN MALAYA -1948-1960
El Supermarine Spitfire fue sin duda el avión de
combate británico más emblemático de la Segunda Guerra Mundial. El solo nombre
evoca imágenes de brutales peleas de perros en el Canal de la Mancha durante la
batalla de Gran Bretaña.
Un escenario involucraba a un Spitfire que protegía
a un helicóptero que llevaba víctimas de una batalla en la jungla, mientras que
un caza a reacción lanzaba cohetes a posiciones insurgentes comunistas en las
selvas del lejano oriente. Esta imagen parece anacrónica en el mejor de los
casos, una ridícula combinación de la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de
Vietnam en el peor.
El Supermarine Spitfire: un avión de combate de un
solo asiento británico utilizado por la Royal Air Force y otros países aliados
antes, durante y después de la Segunda Guerra Mundial.
Sin embargo, este tipo de evento habría sido
bastante común durante la Operación Firedog, la participación británica en la
emergencia malaya desde 1948-1960.
Durante los primeros años de la Guerra Fría con
toda la tecnología cambiante, los Spitfires de la RAF volaron junto a aviones
de combate y primeros helicópteros sobre las selvas de Malaya. La Operación
Firedog fue la contribución de las Fuerzas Aéreas Reales al conflicto que se
conoció como la Emergencia Malaya.
Preludio a la emergencia
El control colonial británico sobre Malaya había
estado plagado de dificultades mucho antes del estallido de las hostilidades en
1948. Los impuestos a las principales industrias y la afluencia de migrantes
chinos ayudaron a fomentar el malestar entre la población.

Los agentes de policía interrogan a un civil
durante la emergencia malaya.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno
británico suministró y equipó a los insurgentes malayos para ayudar a resistir
la invasión japonesa (Jackson, 1991).
Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, la
mayoría de los rebeldes malayos depusieron las armas y regresaron a sus vidas
anteriores a la guerra. Sin embargo, el grupo que no lo hizo llegó a ser
conocido como el Ejército de Liberación de Razas Malayas (MRLA), una
organización comunista que previamente había combatido a los japoneses.
Dos sospechosos de guerrilleros luego de ser
capturados por oficiales de Jungle Squad.
El MRLA vio el descontento social que la guerra
había producido como una oportunidad para instigar una toma comunista del país.
A medida que avanzaba el conflicto, estos insurgentes se hicieron conocidos
como terroristas comunistas, o "CTs".
El conflicto comenzó el 16 de julio de 1948, cuando
a las 8:30 de la mañana, tres funcionarios europeos fueron ejecutados por
miembros chinos del MRLA. Se declaró de inmediato un estado de emergencia (Van
Tonder, 2017).
Los hombres de la fuerza de campo de la policía
malaya caminan a lo largo de un río durante una patrulla de la selva en el área
de Temenggor, en el norte de Malaya.
La respuesta de la RAF
El conflicto en Malaya se convertiría
principalmente en un conflicto del Ejército que involucra a fuerzas terrestres
involucradas en la guerra en la jungla. Sin embargo, la Royal Airforce (RAF)
británica también desempeñó un papel fundamental en el conflicto.
Luego de la declaración del estado de emergencia,
Spitfires, Dakotas y, más tarde, Bristol Beaufighters fueron enviados a Kuala
Lumpur para brindar apoyo a las fuerzas de la Commonwealth involucradas en el
terreno (Yao, 2016).
El primer papel que asumieron estos aviones fue el
reconocimiento fotográfico con el objetivo de apoyar a las fuerzas terrestres.
El clima en la región demostró ser peligroso para este proyecto, pero la
inteligencia demostró ser invaluable, tanto para los militares que eliminan las
posiciones de CT como para producir mapas precisos de la región.
La Real Fuerza Aérea en la emergencia malaya,
1948-1960. Un avión bombardero Canberra B1 que aterrizó en la RAF Butterworth,
en la década de 1950.
Otro papel importante para la RAF era proporcionar
suministros para las fuerzas terrestres. A medida que avanzaba el conflicto,
las posiciones de CT fueron empujadas más y más hacia la jungla malaya. Como
resultado, las tropas de la Commonwealth necesitaban suministros por aire en
sus posiciones mientras se encontraban en la selva.
Dichas misiones se hicieron particularmente
difíciles debido al pequeño tamaño de los claros de la selva en los que se
esperaba que las Dakotas lanzaran aire, así como las condiciones climáticas
inhóspitas.
Un verdadero testimonio de la habilidad de los
Dakota Pilots fue que, a principios de 1949, las Dakotas caían en promedio 67
toneladas de suministros por mes. En septiembre, había alcanzado las 84
toneladas. Una hazaña impresionante teniendo en cuenta las condiciones (Napier,
2018).
Aviones Dakota
En 1949, el primer avión usado para llevar a cabo
combates en posiciones de CT era el Beaufighter, Hawker Tempest (un pilar de
las operaciones de Oriente Medio en ese momento) y el Spitfire FR18. Estos
aviones fueron aumentados por la llegada de Avro Lincoln.
En los siguientes tres meses, la RAF comenzó una
ofensiva importante contra los CT en la región directamente al sureste de Kuala
Lumpur. Entre el 15 y el 18 de abril de 1949, se llevaron a cabo 97 salidas
contra posiciones de CT por una fuerza compuesta que comprende Lincoln,
Brigands, Tempests e incluso Spitfires (Napier, 2018).
Un Avro Lincoln Bomber A73-33 del Escuadrón Nº 1 de
la RAAF en una misión de bombardeo sobre la jungla malaya.
Muchos de los ataques aéreos contra posiciones de
CT voladas durante este período fueron coordinados con las fuerzas del ejército
en el suelo que podían marcar objetivos con humo de colores.
Nueva tecnología
Para 1950, la intensa lucha de la jungla en el suelo
obligó a la RAF a establecer una nueva unidad para tratar con los heridos. Esto
se convirtió en el vuelo de evacuación de la RAF Casualty (que luego se
convertiría en el Escuadrón 194). Este vuelo fue de interés debido al hecho de
que estaba compuesto por los primeros helicópteros, el Westland Dragonfly, que
se introdujo en octubre de 1948 (Rafmuseum.org.uk, 2018).
Estos helicópteros debían permanecer en modo de
espera de 2 horas para que pudieran estar en vuelo en mucho menos tiempo.
Después del despegue, los helicópteros CASEVAC volarían a la pista de
aterrizaje del Ejército más cercana desde donde realizarían el reconocimiento
de la ubicación de la víctima para determinar la mejor ubicación para depositar
y recoger a los heridos.
Una libélula de Westland HR.3.
Las Libélulas volaban rutinariamente en pequeños
claros de selva en los que las puntas de sus rotores estaban a solo unos pies
de la línea de árboles.
Además, el ascenso vertical máximo del Dragonfly
era de solo 130 pies (unos 40 metros) cuando estaba completamente cargado de
bajas. El hecho de que muchos de los CASEVAC tuvieron lugar en un terreno
selvático donde la línea de árboles era 70 pies (21 metros) más alta que la
altura máxima de ascenso vertical del helicóptero es un verdadero testimonio de
la habilidad y los nervios de los pilotos (Napier, 2018).
Otro desarrollo tecnológico durante la Operación
Firedog fue la introducción de Vampiros de Havilland al Escuadrón 60 en 1950.
Estos aviones de combate vieron acción por primera vez en abril de ese año
cuando fueron autorizados a atacar una posición de CT. Los vampiros dispararon
explosivos no guiados de cohetes contra sus objetivos, destruyéndolos por
completo.

Un vampiro de la RAF NF.10 del escuadrón No. 25, alrededor
de 1954. Foto: RuthAS / CC BY-SA 3.0
Fue durante este período que los anacronismos del
conflicto fueron más evidentes. Los fuegos de asalto seguían siendo utilizados
para atacar posiciones de CT con ametralladoras, junto con aviones propulsados
por jets que disparaban explosivos propulsados por cohetes.
Esto, junto con el uso de helicópteros para
propósitos de CASEVAC, dio lugar a una extraña mezcla de tecnología que podría
parecer bastante extraña para un observador moderno.
Guerra de la selva
El conflicto malayo, así como la Operación Firedog,
continuaron a lo largo de los años cincuenta. Nuevas armas y equipos entraron
en servicio, y los más viejos fueron eliminados. El Spitfire, el icónico avión
de combate británico, realizó su última salida de combate en enero de 1951 y se
retiró oficialmente del servicio en 1954.
El Escuadrón "C", la unidad rodosa de
todo el sur del Servicio Aéreo Especial (SAS), en Malaya en 1953.
En octubre de 1953, tuvo lugar una fuerte ofensiva
en el norte de Malaya contra posiciones de CT. Durante la ofensiva, la RAF voló
hacia Lincoln, Hornets, Vampires y Sunderlands contra los campamentos de CT en
las selvas malayas.
También fue durante este mes que los Lincoln
lanzaron más de 14 millones de folletos, en varios idiomas, implorando a los
combatientes de la CT que se rindieran.

El folleto cayó sobre los insurgentes malayos,
instándolos a presentar una pistola Bren y recibir una recompensa de $ 1,000.
Los helicópteros también comenzaron a demostrar
verdaderamente su valía para la RAF. Las Libélulas, y más tarde el Sycamore
HR14, habían demostrado su utilidad en el papel de CASEVAC.
Posteriormente, se demostró que los HAR4 Whirlwind
son indispensables para mover tropas en combate. Los Whirlwinds también se
usaron para insertar equipos SAS en lugares estratégicos en la jungla con
paracaídas (Barber, 2004).
Helicóptero
Westland Whirlwind.
Para 1955, los primeros bombarderos a reacción
estaban siendo utilizados en el conflicto. Los Canberra B6 se usaron para
bombardear los campamentos de CT en el norte de Malaya, alrededor de la región
de Kedah. Estos aviones también se usaron en la Operación Unidad, que fue la
búsqueda del secretario general del partido comunista, Chin Peng (Yao, 2016).
La Operación Firedog continuó en menor medida hasta
el final de las hostilidades en 1960. Aunque las fuerzas británicas del Lejano
Oriente desempeñaron un papel decreciente a medida que el conflicto continuó
más tarde en la década, las fuerzas de la RAF estuvieron presentes en el país
hasta que se anunció el alto el fuego el 12 de julio. , 1960.

Vestido de servicio en la jungla del 1er Batallón
Somerset de Infantería Ligera utilizado en la Emergencia.
La emergencia malaya puede considerarse como una de
las pocas operaciones exitosas de contrainsurgencia de la Guerra Fría
(Nam.ac.uk, 2018). La Operación Firedog fue un punto crucial en la historia de
la Royal Air Force.
Las armas, el equipo y las tácticas utilizadas
durante el conflicto en Malaya representan un punto de enlace entre la RAF
durante la Segunda Guerra Mundial y el comienzo de la Guerra Fría.
Fuente: www.warhistoryonline.com
1 de noviembre de 2018
AVIONES FRANCESES - AMIOT 143
El Amiot 1943 fue uno de los
bombarderos estándar de Francia durante la Segunda Guerra Mundial. Al servicio
del Ejército del Aire, Armée de l’Air, este aparato demostró ser tan lento y
vulnerable a los cazas enemigos, que desde los mismos inicios del conflicto
comenzaría su declive hasta resultar la mayor parte de sus ejemplares
destruidos durante la “Guerra Relámpago” o “Blitzkrieg”.
A partir del bombardero Amiot 141
de la Compañía Avions Amiot, el director de esta empresa aeronáutica, Félix
Amiot, diseñó el bimotor Amiot 143 que voló por primera vez el 1 de agosto de
1943. Se trataba de un aparato de aspecto feo a ojo de los pilotos, nunca gustó
a los aviadores que lo consideraron antiestético, que tenía una estructura
totalmente metálica con dos niveles en el fuselaje separados por una serie de
ventanas acristaladas, así como unas alas con un grosor más amplio de lo normal
que facilitaba desde el interior el acceso del ingeniero de vuelo a las dos
plantas radiales Gnome-Rhome de 14 cilindros a 870 caballos de vapor, además de
un tren aterrizaje fijo recubierto de un carenado de 2,13 metros de longitud
que protegía las ruedas, y un armamento consistente 800 kilogramos de bombas y
cuatro ametralladoras MAC 1934 de 7,5 milímetros situadas en la torreta
frontal, la dorsal, la góndola ventral y la posición externa.

Tres bombarderos Amiot 143 en formación.
La Compañía Avions Amiot sólo
construyó 138 bombarderos Amiot 143 antes de que la producción se cancelara en
los comienzos de la Segunda Guerra Mundial. Respecto a sus diferentes
variantes, las más destacadas fueron el Amiot 141M con motores Lorraine, el Amiot
142 con Hispano-Suiza 12, el Amiot 144 con flaps extra en las alas, el Amiot
145 con una planta Hispano-Suiza 14AA, el Amiot 146 con Gnôme-Rhome 18, el
Amiot 147 con Hispano-Suiza 12Y y el Amiot 148 como versión aeronaval con una
bodega adaptada para transportar torpedos.
Al comenzar la Segunda Guerra
Mundial en 1939, existían un total de cinco escuadrones con Amiot 143 entre sus
filas que fueron utilizados para arrojar propaganda en forma de panfletos sobre
Alemania en un episodio conocido como la “Guerra de Broma, Drôle de Guerre”. Al
año siguiente, cuando se produjo la invasión de Bélgica y Francia por parte del
Tercer Reich, en mayo de 1940, los Amiot 143 del Ejército del Aire Francés y de
las Fuerzas Aérea Polacas Libres llevaron a cabo una serie de incursiones
nocturnas contra el Ejército Alemán que apenas tuvieron éxito porque los
aviones ya estaban anticuados para la época. De hecho, en una de las acciones a
plena luz del día que tuvo lugar el 14 de mayo sobre el Sedán, doce de los
trece Amiot 143 que tomaron parte fueron derribados por la Fuerza Aérea Alemana.
Luftwaffe.

Bombardero Amiot 143.
Ocupada Francia por el Tercer
Reich en Junio de 1940, los cincuenta Amiot 143 supervivientes fueron
entregados a otras naciones del Eje. Curiosamente la mayoría fueron a parar a
la Francia de Vichy que los empleó como transportes militares entre la
metrópoli y las colonias del África Occidental Francesa y Siria, mientras que
algunos sirvieron para Alemania en tareas logísticas, e incluso un ejemplar fue
adquirido por Croacia para llevar a cabo patrullas antipartisanas en los
Balcanes hasta su retirada del servicio en 1944.
Especificaciones técnicas
Tipo: Bombardero
Nacionalidad: Francia
Compañía: Avions Amiot
Motor: Dos motores radiales Gnome-Rhome de 14 cilindros a 870 CV
Dimensiones
Envergadura: 24,53 m.
Longitud= 18,26 m.
Altura: 5,68 m
Peso
Vacío: 6100 kg
Operativo: 9700 kg.
Velocidad
Máxima: 310 km/h.
Trepada inicial: 294 m/min
Alcance: 1200 km
Techo de servicio: 7900 m
Armamento: Cuatro ametralladoras MAC 1934 de 7,5 mm y 800 kg de bombas
Primer vuelo: mayo de 1922
Fuente: www.eurasia1945.com
UN DÍA EN LA HISTORIA: EL BOMBARDEO DE DRESDE

El bombardeo de Dresde, Alemania, tuvo lugar casi
al final de la Segunda Guerra Mundial. En este ataque se dejaron caer cerca de
4.000 toneladas de bombas.
Un día en la historia: el bombardeo de Dresde
Vista de la ciudad destruida desde la torre del
ayuntamiento.
Dresde es una ciudad situada al este de Alemania,
es la capital del estado federado de Sajonia. Para el siglo XIX era conocida
como "La Florencia del Elba" por su hermosa arquitectura y su vida
culta. Durante la Segunda Guerra Mundial fue objeto de un evento llamado: el
Bombardeo de Dresde, un día en la historia señalado por sus orquestadores como
"necesario" para dejar evidencia del poder de los Aliados y un
precedente para los enemigos, o posibles enemigos, de Estados unidos y el Reino
Unido.
Muchas cosas pueden sorprender de este ataque
realizado a mediados de febrero de 1945, es decir, sólo unos meses de la
capitulación de Alemania. Sobre todo el castigo desproporcionado a una ciudad
sin puntos militares o zonas estratégicas de avanzada. Lo cierto es que este
bombardeo respondía a la necesidad de castigar al país líder del Eje y causar
daño a la población más grande de Alemania que quedaba sin bombardear, además
de ser una de las dos ciudades del Imperio alemán intactas por la RAF (Real
Fuerza Aérea Británica); la otra era Breslau.
Las discusiones sobre si el bombardeo se trató o no
de un crimen de guerra siguen aún en pie. Además, el número de víctimas no se
ha podido cuantificar pues las cifras han variado desde los primeros momentos
del ataque. Algunos autores y fuentes han dicho que alcanzaron la cifra de los
350000, pero con el paso del tiempo han variado tanto que otras declaraciones
señalan 35000 muertes.
Bombardeos

Mosquito de la Real Fuerza Aérea Británica
Primera oleada
A las 21:51 del 13 de febrero de 1945 sonó la
alarma antiaérea en Dresde por 175ª vez durante la guerra. Pero en el cielo de
esta ciudad ya se encontraba la RAF, desplegando primero sus señales y
marcadores luminosos para indicar la zona a bombardear; minutos después cayó la
primera bomba: a las 22:14. Solo en esta primera oleada se lanzaron 525
toneladas de bombas explosivas y 350 toneladas de bombas incendiarias. Las
detonaciones tuvieron lugar al sudoeste de la ciudad y por la acción de las
bombas incendiarias el peligro apenas comenzaba para los habitantes.
Segunda oleada
El castigo a la ciudad no terminaría pronto. Solo
unas horas después del primer bombardeo, a la 1:05 de la mañana las alarmas
antiaéreas sonaron de nuevo. Al menos 529 Lancasters británicos lanzaron 650000
bombas incendiarias, 1500 toneladas, sobre la ciudad, tomando como guía el
incendio del anterior ataque. Las operaciones de extinción de incendios se
impidieron y fue atacada la zona a donde habitantes de la ciudad buscaban
refugio tras el primer ataque. Se sabe que la gran cantidad de incendios
provocó una tormenta de fuego que afectaría las principales arterias de la
ciudad.
Bombarderos B-17 estadounidenses
Ataques diurnos
El 14 de febrero de 1945 fue realizado el primer
ataque diurno a la ciudad de Dresde. Dicho bombardeo a cargo de la Fuerza Aérea
de los Estados Unidos consistió en 1800 bombas explosivas y 136800 bombas incendiarias.
Al menos 153 toneladas de bombas alcanzaron las ciudades de Brux, Plisen y
Praga.
El 15 de febrero de 11:51 a 12:10 se realizó otro
ataque aéreo por parte de las fuerzas estadounidenses. Alrededor de 460
toneladas fueron lanzadas a la ya destruida ciudad. No sería la última vez
durante la guerra que se atacaría a Dresde; el último ataque aéreo fue el 17 de
abril en el que se lanzaron 1526 toneladas de bombas explosivas y 164 toneladas
de bombas incendiarias. Para el 8 de mayo de ese mismo año el Ejército Rojo
tomaría totalmente a la ciudad.
Desde las ruinas
Trabajos de desescombro (1945)
Dresde, tal y como lo señala la frase con la que se
le distinguía: "La Florencia del Elba", albergaba una gran cantidad
de edificios del Renacimiento y del Barroco. La llamada Altstadt o ciudad vieja
se incendió casi en su totalidad. Sobra decir que muchos monumentos y edificios
irremplazables se perdieron para siempre. Aunque se erigieron de nueva cuenta
algunos como la Frauenkirche, una de las iglesias más destacadas de Europa y de
gran importancia para el luteranismo; así como la Semperoper, el majestuoso
edificio de la ópera de la ciudad que se ha reconstruido total y parcialmente
en tres ocasiones, la segunda a causa del bombardeo de Dresde.
Cómo se decía líneas arriba, el saldo humano ha
sido objeto de distintas investigaciones y se han señalado distintas cifras sin
que haya un consenso unánime. Periódicos de la época cuantificaban
"decenas de miles" de cuerpos rescatados y apilados en los lugares
públicos. Por otro lado, también se dice que el Reich hablaba de al menos 40000
víctimas, pues se asegura que el Führer quería matar el mismo número de pilotos
aliados en venganza por el cruento bombardeo a la ciudad. Investigaciones
recientes estiman las víctimas entre las 22700 aproximadamente.
Por este motivo, algunos de los edificios de la
Neustadt, "Ciudad Nueva", son en realidad más antiguos que muchos de
la Altstadt, "Ciudad Vieja", en la orilla del río Elba. En la
actualidad, Dresde es una ciudad importante por sus actividades económicas como
por sus expresiones culturales y que, como podemos observar, surgió desde las
ruinas después de este doloroso capítulo en su historia.
Fuente: hipertextual.com
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