31 de enero de 2022

AVIADORES ARGENTINOS VOLANDO EN EL NORTE DE ÁFRICA - FAUSTO ARTURO IGLESIAS, LA LLAMADA DE LA SANGRE

 

Por Santiago Guillén González; Antonio Montero Roncero

 

“Yo no vivo si no vuelo, sea en la paz o en la guerra”

 

Una Familia Numerosa

 

Fausto Arturo Iglesias nació en el pueblo de Balcarce (Buenos Aires, Argentina) en 1898. De sus antecedentes familiares poco se sabe, salvo que su padre, Darío Iglesias, había servido en el Ejército español y luego emigró a la Argentina. Cuando Fausto Arturo comenzó su formación como aviador, reunió en un cuaderno todos los recortes de periódico que daban cuenta de sus progresos. En el dorso de la portada de dicho cuaderno, fechado en Balcarce en octubre de 1921 puede leerse un texto escrito a lápiz que ayudaría a identificar a los numerosos miembros de la familia del aviador:

 

“Recuerdo de la aviación Balcarceña de nuestro Ilmo. Fausto Arturo Iglesias. La familia de Iglesias. Darío Iglesias, Justa B. de Iglesias, Julia Iglesias, José Iglesias, Milagros Iglesias, Arturo Iglesias, Ricardo Iglesias, Abelardo Iglesias, María Iglesias, Leonor (¿) Iglesias, Sigfriedo Iglesias, Rodolfo Iglesias, Nélida (¿) Iglesias, Alfredo Iglesias, Angélica Iglesias”.

 

Es decir, de acuerdo con estos datos, Fausto Arturo sería el cuarto de los trece hijos de Darío Iglesias y su esposa Justa.

 

El Aeroclub de Balcarce

 

Fausto aprendió a volar en un Caudron G.3 de la escuela de vuelo “René Caudron” en el Aeroclub de Balcarce (aeródromo de la Tablada), fundado por Francisco Labit Miramón el 4 de enero de 1921.

 

En los mencionados recortes de prensa, muchos de ellos sin fecha, queda fielmente reflejada la atmósfera que reinaba en los primeros tiempos de la aviación argentina:

 

Aviación local. Exámenes de dos pilotos (febrero de 1921): 

“Mañana a las 15 horas han de rendir el examen para optar al título de pilotos los señores Arturo Iglesias y Claudio Echarte. Estos exámenes serán tomados por el señor Intendente Municipal don Diego T. Otamendi y el piloto señor Elissamburu, nombrados por el Aero Club Argentino en fecha 14 del corriente".

 

Iglesias a bordo del biplano Caudron G.3 con motor de 80 CV que utilizó en la escuela “René Caudron” de Balcarce, durante su formación como piloto aviador. (S. Guillén).

 

Imagen de las pruebas de vuelo de Iglesias y Echarte, tomada muy probablemente en la tarde del jueves 17 de febrero de 1921. (S. Guillén).

 

“Ayer regresó de Buenos Aires el señor Juan Labit Miramón, donde se trasladara días pasados para pedir la comisión examinadora del Aero Club y hallándose enfermo el secretario del mismo, señor M. Ramos Vivot ha sido nombrada la comisión arriba mencionada, por el presidente Ingeniero Alberto R. Mascias. 

Con estos dos nuevos pilotos suman ya cuatro los patentados en Balcarce, en la escuela “René Caudron”, dirigida por el piloto Labit Miramón. La escuela espera que el entusiasmo seguirá siendo siempre grande. 

Balcarce da una nota sumamente bella al resto de las provincias de Buenos Aires, siendo el único pueblo que cuenta con cuatro pilotos ya y su aeroclub regional, además de su pequeña escuela de aviación, que esperamos sea ella tan grandiosa como merece, y que el esfuerzo de los dos conocidos vecinos de la localidad sea colmado por el más lisonjero de los éxitos. Que los nombres de los señores Elissamburu y Errecaborde ocupen una bella página en la historia de la aviación argentina”.

 

Francisco Labit Miramón, director de la escuela “René Caudron”, se incorporó como aviador voluntario al Ejército francés en abril de 1915. En la escuela Blériot de Le Buc obtuvo su título de piloto militar. El examen consistía en dos viajes aéreos de 700 km y una prueba de altura de una hora de observación a 2.000 m. Fue destinado a la Escuadrilla C.47 en la Champagne, e intervino en el Oise y en la batalla del Somme.

 

Un problema de corazón le obligó a hospitalizarse en Virz–Cratillon, regresando al frente de Belfort en octubre de 1916. Permaneció allí hasta enero de 1917, fecha en que fue nombrado profesor en la escuela de aviación de Chateauroux, donde sirvió hasta febrero de 1919. Fue condecorado con la Cruz de Guerra, y al regresar a la Argentina organizó el aeródromo de Balcarce.

 

Los cuatro pilotos formados en Balcarce a que hace referencia el artículo son, además de Iglesias y Claudio Echarte Moreno, Francisco Elissamburu y Juan Scala.

 

De Balcarce (F. C. S.): “Con un éxito brillante rindieron examen de pilotos voladores los jóvenes Arturo Iglesias y Claudio Echarte Moreno, prueba que se llevó a cabo el jueves pasado ante una numerosa concurrencia de familias invitadas a tal objeto, las cuales fueron obsequiadas por la dirección de la escuela con un té. Los alumnos mencionados fueron examinados por los señores Diego F. Otamendi y piloto Francisco Elissamburu en representación del Aeroclub Argentino”.

 

Examen del aspirante Iglesias: “A las 17 el joven Arturo Iglesias decoló con fuertísimo viento. Inició la primera serie de ochos para luego aterrizar a muy pocos metros del punto fijado. Se elevó nuevamente a las 17:30 para cumplir la segunda serie. Aterriza esta vez en el mismo punto. Por tercera vez decoló y después de un largo vuelo, en el que alcanzó una altura de 1.800 metros, inicia una espléndida espiral hasta los 900 metros, donde detiene el motor y desciende en correcto planeo y aterriza magistralmente en el centro del aeródromo. 

Una gran ovación premia el esfuerzo del joven piloto”. [...] “El éxito alcanzado por los alumnos en el examen corresponde en parte a su instructor y director, señor Labit Miramón, quien con su eficaz sistema de enseñanza ha logrado en poco tiempo hacer cuatro aviadores que honran al pueblo de Balcarce.

No son ajenos a ello tampoco los señores José Domingo Errecaborde y Francisco C. Elissamburu, a cuyo espíritu progresista se debe la implantación de las escuelas regionales en este pueblo”. (Corresponsal)

 

Iglesias durante el examen para la obtención del título de piloto aviador. (S.Guillén).


De izquierda a derecha, Claudio Echarte Moreno, Francisco Labit Miramón y Fausto Arturo Iglesias, a comienzos de 1921. (S. Guillén).

 

Iglesias, ya convertido en piloto, con un pasajero a bordo del Caudron G.3. (S. Guillén).

 

De los datos anteriores se deduce que, si los examinadores fueron nombrados el 14 de febrero de 1921, que era lunes, y el examen tuvo lugar un jueves, muy probablemente el artículo “Exámenes de dos pilotos” apareció el miércoles 16 de febrero e Iglesias pasó las pruebas en la tarde del jueves 17 de febrero de ese año.

 

Su madurez como aviador

 

Más tarde, Iglesias se trasladó a Longchamps, en la provincia de Buenos Aires y cerca de la capital, donde realizó un curso de transformación y de acrobacia en la escuela Bremner, bajo la dirección de J. F. Bremner, piloto de origen británico adscrito a la “Sociedad Anglo–Argentina de aviación”.

 

El aviador F. Arturo Iglesias ha terminado con buen éxito sus estudios en el aeródromo de Longchamps: “Procedente de esa ciudad de Balcarce ha sido nuestro huésped el señor F. Arturo Iglesias. Espíritu noble y franco, conquistó de inmediato las simpatías de cuantos hoy le cuentan entre los buenos amigos. El señor Iglesias ha venido a Longchamps a perfeccionar sus estudios iniciados en Balcarce y lo ha conseguido en un tiempo relativamente breve, demostrando poseer envidiable aptitudes para la aviación, que lo cuenta entre sus más fervorosos cultores. Pero hay algo que distingue al nuevo aviador argentino, en forma inconfundible; algo que no poseen muchos, cuya conducta suele inspirarse en el triunfo y mareados por él, llegan a creerse semidioses; ese algo a que hago alusión es la modestia.

 

El señor F. Arturo Iglesias es un hombre modesto, en la aceptación más amplia de la palabra, a pesar de los sanos que ha sabido alcanzar con su esfuerzo y su singular perseverancia. Como alumno del profesor Bremner ha demostrado poseer inestimables condiciones para la aviación, dando pruebas evidentes en los exámenes a que fue sometido ante técnicos del aeroplano, ya consagrados. Enemigo de esa popularidad que dan las noticias de los periodistas asalariados, los ha impedido con una altivez que le hace honor. Iglesias es un convencido de que la aviación está aún en sus comienzos y que es necesario andar mucho, para conquistar ese grado de perfección que buscan anhelantes los temerarios conquistadores del espacio. Si tuviéramos que señalar las cualidades que distinguen al nuevo piloto aviador argentino, las sintetizaríamos en estas palabras: serenidad de espíritu, firmeza, carácter, voluntad. En muchas conversaciones ha manifestado que no teme a la muerte.

 

Es arriesgado, sabe vencer dificultades con una tranquilidad e indiferencia que asombran. Al verlo remontarse hacia el espacio su aparato parece como si se sintiese impulsado por una fuerza extraña. Asciende lentamente, luego, como si algún peligro lo amenazase, vuelve hacia la tierra en movimientos de alta acrobacia, parece levantarse de nuevo en un vuelo soberbio que envidiarían las aves mismas, y en especial aquellas que están predestinadas para dominar en la altura soberana y única. 

 

Aeródromo de Longchamps, 29 de mayo de 1921. Iglesias el día de su suelta con Avro, durante el curso de perfeccionamiento que realizó de la mano del piloto de origen británico J.F. Bremner. (S. Guillén).

 

Guadalajara, octubre de 1921. Los tres aviadores argentinos, aun vistiendo ropa de paisano, se incorporan a la escuela para iniciar sus prácticas con aviones militares españoles. (S. Guillén).

 

Guadalajara, 5 de noviembre de 1921. Los pilotos, una vez superadas las pruebas, posan ante dos biplanos Avro 504 de la escuela. (S. Guillén).

 

Hace apenas unos días fue objeto de una calurosa felicitación, con motivo de un simulacro de examen. Llevaba como pasajero al director del aeródromo de Longchamps. Al llegar a una altura de 700 metros el piloto Iglesias observó que el motor no funcionaba... Con una rara serenidad hizo una caída de ala explorando desde lo alto el terreno y logró hacer un aterrizaje notable. La sorpresa había sido preparada por el distinguido maestro y el alumno supo salir airoso de la difícil prueba.

 

"La aviación argentina tiene en el señor F. Arturo Iglesias un elemento de valía. Lo dirán sus futuras hazañas; y lo confirmarán nuestro vaticinio sus futuras proezas.Así opinan, además, aquellos que conocen las dificultades que aún ofrece la conquista del espacio”. (José D. Forgione)

 

El nuevo piloto aviador F. Arturo Iglesias: 


“Ha terminado sus estudios en Longchamps el aviador F. A. Iglesias. Se inició en el aeródromo de Balcarce, establecido entonces en la estancia Santa Rafaela, propiedad del conocido filántropo José Daniel Errecaborde”. [...]

 

“Iglesias es uno de esos hombres que prefieren a una vida larga e ignoma, la otra que, aunque breve, deja un nombre poderosamente cimentado en el esfuerzo promisor y en la obra grandiosa. Afronta el peligro; tiene fe en sus fuerzas y en su estrella. En aquellos momentos en que su espíritu se explaya en rueda de amigos, hace entrever su aspiración dominante; la proeza que asombre; el vuelo temerario sobre las crestas soberbias y altas o a través de los mares. Triunfará como han triunfado también los que como él saben poner sus juveniles energías al servicio de un ideal... “Y si la muerte, esa mala compañera de los Ícaros modernos le detuviera... ¡Que equivale a no morir, porque es inmortalizarse!” (José D. Forgione, director literario de la revista “Provincias y Territorios”)

 

Sevilla, 10 de diciembre de 1921. Esteguy junto a dos mecánicos delante de un Breguet XIV. (S. Guillén).

 

El Capitán Martín Prats, jefe de la Escuadrilla Breguet, junto a la madrina de su aparato. (S. Guillén).

 

Sevilla, 10 de diciembre de 1921. Iglesias junto al director del Banco Español en Manila y su esposa, padrinos de su Breguet XIV Nº 40 “Manila”, donado al Ejército español por la colonia española de la capital filipina. (S. Guillén).

 

Escuela de volación de Longchamps: 


“El señor Fausto Arturo Iglesias, piloto internacional de aviones, ingresó hace un mes y medio en la escuela de volación de Longchamps, con el fin de perfeccionarse en la acrobacia aérea. El señor Bremner le impartió las lecciones respectivas, utilizando un aparato Avro, habiendo obtenido un resultado brillante, pues el aventajado discípulo ha adquirido un dominio completo y una perfección admirable en las maniobras. El señor Iglesias seguirá volando unos días más en Longchamps para entrenarse, y luego se ausentará a Balcarce, donde vive”.


Hermanos en peligro

 

A continuación, Iglesias dedicó sus esfuerzos a fomentar la aviación en la Argentina, y realizó algunas exhibiciones trabajando como piloto para la casa Handley–Page.

 

Cuando tuvo conocimiento de los sucesos de Annual, no dudó un instante y ofreció sus servicios como aviador a la embajada española de su país:

 

Septiembre de 1921. Tres aviadores argentinos embarcarán mañana rumbo a España. Se incorporarán a la escuadra aérea que será enviada a Marruecos: 


“A la falange ya numerosa de argentinos que se aprestan a marchar a Marruecos, deseosos de contribuir con su esfuerzo al triunfo de las armas españolas, agréganse tres experimentados pilotos, todos de lúcida actuación en nuestro ambiente, y que para coadyuvar en la misión importantísima que cuadra al cuerpo militar español de aviación, embarcarán mañana en el “Infanta Isabel de Borbón”, rumbo a la madre patria. Son ellos Juan José Esteguy, Fausto Arturo Iglesias y Juan Scala. El mencionado en primer término, actuó durante dos años y medio en la contienda europea, militando en el ejército francés, y a su regreso al país se reintegró a las actividades aéreas, realizando importantes giras, y a sus acompañantes, recientemente habilitados para la volación, han tenido, empero, oportunidad de evidenciar apreciables cualidades. Esteguy fue graduado en la guerra; Scala posee el brevet del Aero Club Argentino número 158, y el 162 Iglesias. En conocimiento los mencionados aviadores de que otros pilotos argentinos seguirán su ejemplo, proyectan la constitución de una escuadrilla aérea de connacionales, y aseguran que, como un trasunto de nuestras costumbres típicas, en el vivac establecerá su nota pintoresca el fogón y el clásico mate, estableciendo para los arriesgados pilotos una reminiscencia de la patria lejana”.

 

Noticias sobre los voluntarios procedentes de la Argentina

 

Cádiz, septiembre 21 (Associated). 


“La llegada de los voluntarios para la legión extranjera, procedentes de la Argentina a bordo del Infanta Isabel, produjo gran entusiasmo en ésta, siendo recibidos por una enorme muchedumbre. El público arrojó flores sobre los voluntarios al desembarcar, haciéndoles toda clase de obsequios”. 

 

Sevilla, 15 de diciembre de 1921. Otra vista del “Manila”, con Iglesias junto a él. (S. Guillén).

 

Sevilla, 15 de enero de 1922. Tras la ceremonia de bautizo de los diecisiete Breguet, el Infante don Carlos saluda a los aviadores argentinos Iglesias y Esteguy. (S. Guillén).

 

Iglesias y Esteguy en Sevilla. Falta Scala, quien por enfermedad debió retrasar sus exámenes en Guadalajara y se uniría a sus compañeros ya en tierras africanas. (S. Guillén).

 

 

Madrid, septiembre 25 (Havas).


“Los voladores argentinos, señores Juan Scala, Fausto Iglesias y José Esteguy, visitaron al ministro de la Guerra, señor La Cierva”.

 

Madrid, septiembre 28 (United). 


“Los aviadores argentinos Esteguy, Scala e Iglesias se ofrecieron al ministro de Guerra para servir en África. En breve saldrán para Melilla”.


Madrid, septiembre 29 (Havas). 


“Los tres aviadores argentinos que se enrolaron voluntariamente en el Ejército español han realizado hoy algunos vuelos con todo éxito en el aeródromo de Getafe, siendo muy agasajados por el director y la oficialidad del establecimiento. Fueron además recibidos por el ministro de la Guerra, señor La Cierva, quien los atendió muy afectuosamente”.

 

Evocación desde Balcarce

 

Especialmente emotivo fue el texto aparecido el 29 de julio de 1922 en el diario EL PUEBLO de Balcarce:

 

Crónicas de España. "Los legionarios aviadores argentinos. Lo que, de Iglesias, Scala y Esteguy dice un colaborador de un importante colega madrileño: “Entre la rica variedad de psicologías que se agrupan bajo las banderas del Tercio, tal vez la de estos legionarios argentinos que se llaman Esteguy, Scala y Arturo Iglesias sea la de mayor pureza y desinterés en sus motivos y actuación. 

Al levantarse aquellas banderas, acudieron a ellas espíritus aventureros, fracasados sentimentales, desheredados de la fortuna, residuos sociales arrojados de la comunidad por la desgracia o el delito; todos esos vencidos por el infortunio económico, moral o social, para quienes la muerte es la única solución satisfactoria de su vida, que vieron en aquellas enseñas la esperanza de redención, de olvido de sus penas, de rehabilitación. Pero en todos ellos había un motivo egoísta que empañaba, siquiera tenuemente, la limpieza de sus intenciones. 

En estos argentinos no hay una leve sombra. No han sufrido quiebra económica, ni moral ni social. Eran unos buenos pilotos, espléndidamente retribuidos en su patria, donde ejercían su profesión en empresas aéreas; son reflexivos, ecuánimes; no han tenido serias contrariedades en la vida. Conocen nuestro desastre de julio, saben que se organiza una legión, e inmediatamente se alistan en ella, dejando intereses, comodidades, patria y familia para venir a pelear por España. Aquí logran sus deseos, que es combatir como aviadores, y una vez entrenados en nuestros aparatos, en Guadalajara, se les destina a las escuadrillas de Sevilla, desde donde pasan a Tetuán, realizando, en unión de nuestros pilotos militares, una labor meritísima, reconocida por los jefes de la Aeronáutica y elogiada por los compañeros de armas. 

Asisten a la defensa aérea en los momentos angustiosos en que la posición de Miskrela es atacada y Xauén está en peligro; realizan con los camaradas de escuadrilla los bombardeos sobre las costas del Peñón en medio de un terrible temporal, que pone a contribución el valor y la pericia de ellos y de nuestros aviadores; intervienen en la toma de Tazarut, bombardeando al enemigo durante la acción, y todos los días, siempre formando parte de las admirables escuadrillas de África –cuya labor se desconoce aún en España–, vuelan sobre aquellas bravías montañas, donde se ocultan los harqueños; castigan los aduares rebeldes y sufren las iras de aquellos vientos africanos, que parecen estar de acuerdo con el enemigo para dificultar nuestra acción". 

 

Sevilla, 17 de febrero de 1922. Momentos antes de partir hacia Tetuán, los aviadores de la Segunda Escuadrilla se fotografían ante uno de los Breguet (M–MBCE). (S. Guillén).

 

Sevilla, 10 de febrero de 1922. Pilotos de la Segunda Escuadrilla Breguet, con su jefe el Capitán Martín Prats en el centro. (S. Guillén).

 

Fausto Iglesias ante la cola de un Breguet XIV, en una imagen tomada probablemente en Sevilla en el invierno de 1921–1922, mientras su escuadrilla se preparaba para partir hacia Tetuán. (S. Guillén).

 

¿Qué móviles les impulsaron a trocar los plácidos vuelos de su país por estos duros y peligrosos de la inhóspita tierra, donde pudieron quedar para siempre o caer en manos de seres salvajes que no tendrían piedad para ellos? Es, sin duda, la voz de la sangre. Es un noble y delicado sentimiento filial que les ha empujado a acudir a la defensa de la agraviada España. 

Esta pureza y este desinterés de sentimientos no puede pasar inadvertido para los españoles, que han de ver no sólo la generosa ofrenda de las energías y vidas de estos valientes muchachos al servicio de nuestra causa, sino algo más hondo y consolador para nuestra patria, como es el pensar que aquellas repúblicas americanas, aquellas hijas a las que ella alumbró e incorporó a la civilización europea, no la olvidan en los momentos de dolor, cuando los reveses azotan furiosos su anciano y noble rostro, sino por el contrario, acuden a ampararla. 

Parece que en las altas esferas militares se trata de recompensar los méritos de estos bravos mozos argentinos. Esto, además de justo, sería como una prueba de gratitud a la nación que en ellos nos ha enviado el testimonio de su amor”. (L. Alonso)

 

Iglesias visto por su amigo Ernesto Navarro

 

La revista “Aérea” publicó en su número 18 de noviembre de 1924 un artículo dedicado a Iglesias con entrevista incluida. Estaba firmado por Ernesto Navarro Márquez, el cual procedente de paisano se había formado como piloto en Guadalajara coincidiendo en el curso con los argentinos, y posteriormente fue nombrado Alférez honorario:

 

“Vino Iglesias a España con sus compañeros en el mes de septiembre del 21. Es decir, inmediatamente de conocer el desastre de julio. Pidieron, puesto que eran pilotos, alistarse como voluntarios en nuestra Aviación. Les dijeron que debían hacerlo previamente en el Tercio de Extranjeros, y a Ceuta se fueron para conseguirlo. El 8 de octubre llegaron a Guadalajara, donde tuvimos el honor de conocerlos y de ser compañeros suyos. 

Desde aquella escuela provisional marcharon a las escuadrilla de África, donde habían de poner de manifiesto sus excelentes virtudes militares. 

[...] “Helo, pues, en Guadalajara, donde fue uno de los primeros, con Steguy, en obtener su título de piloto militar, necesario para formar parte de una escuadrilla, gracias a su excelente estado de entrenamiento y a sus más excelentes aún cualidades de piloto, que le hicieron destacar entre todos” 

 

Tetuán, 18 de febrero de 1922. Iglesias y Esteguy aparecen con algunos miembros de su personal de apoyo ante un biplaza A.300 de la Escuadrilla Ansaldo, la cual partió ese día de Tetuán hacia Madrid. (S. Guillén).

 

Tetuán, 10 de marzo de 1922. Los sesquiplanos de la Escuadrilla Breguet antes de efectuar su partida hacia Tazarut en misión de bombardeo. (S. Guillén).

 

Tetuán, 12 de marzo de 1922. Iglesias delante del “Manila”, antes de salir a bombardear el poblado de Jucan. (S. Guillén).

 

Instrucción en España

 

El expediente sobre Iglesias del Primer Negociado de la Sección de Aeronáutica confirma su incorporación a Guadalajara, pero fija la fecha el 22 de octubre de 1921. En cambio, en el certificado de sus servicios que se emitió en el Primer Regimiento de Aviación en septiembre de 1925 cambia el lugar de incorporación situándolo en Alcalá de Henares. Sea como fuere, con antigüedad de 8 de noviembre de 1921 le fue concedido el título de Piloto de Aeroplano de primera categoría, y seis días después pasó junto con Esteguy al aeródromo de Tablada donde siguió con su instrucción, esta vez pilotando aparatos de combate. En cuanto a Scala, no llegó a tiempo para el examen de piloto al encontrarse enfermo, por lo que permaneció en Guadalajara. Iglesias y Esteguy fueron encuadrados en la Segunda Escuadrilla Breguet, compuesta de siete aparatos y a cuyo frente se hallaba el Capitán Francisco Martín Prats. A Iglesias le fue asignado el Breguet XIV Nº 40 “Manila”, donado al ejército por la colonia española de la capital filipina. Mereció la concesión especial de llevar los colores argentinos junto al emblema de la escuadrilla, que era un Clavileño, y como mascota le acompañaba un lazo criollo que colgaba de un castado del aparato.

 

A Esteguy le correspondió el Breguet “Barcelona”, el cual había sido costeado por la ciudad condal. A mediados de enero de 1922 se procedió, según era costumbre, a la bendición de los aparatos.

 

Actuación en África

 

El 17 de febrero de 1922 Iglesias salió en vuelo para Tetuán, llegando el mismo día. Allí comenzó a intervenir en las operaciones de bombardeo y reconocimiento. Prosigue el mencionado artículo de la revista “Aérea”:

 

En el aeródromo de Tetuán, Iglesias posa junto al “Manila” con su observador, el artificiero y los mecánicos antes de volar hacia el peñón de Vélez, donde efectuaban arriesgadas misiones de bombardeo en sus inmediaciones. (S. Guillén).

 

Otra imagen de Iglesias y su fiel “Manila”, antes de ser cargado con bombas para una nueva misión. (S. Guillén).

 

Tercera misión de bombardeo de Iglesias en los alrededores del peñón de Vélez. Junto a Iglesias aparece su observador, probablemente Juan Quintana Ladrón de Guevara, con quien voló en numerosas ocasiones en 1922. (S. Guillén).

 

“Desde entonces empieza una serie de brillantes actuaciones, tomando parte en la toma de Tazarut, en los bombardeos de la Zahuia de Tilili y en las operaciones de la zona de Zumata. 

Asistió también a la brillante operación de Miscrella. En aquel entonces se verificaronlos bombardeos de los alrededores del Peñón de Vélez de la Gomera, que se han considerado como una de las empresas más arriesgadas llevadas a cabo por nuestra aviación en África, ya que durante días y días salían los aparatos de Tetuán y estaban dos y tres horas fuera de planeo a zona sometida. 

Iglesias, que además de excelente piloto es un buen mecánico, consiguió mantener continuamente su aparato en vuelo y día tras día asistió a dichos bombardeos. 

Por su intachable comportamiento como caballeros y por sus méritos militares verdaderamente sólidos, se comprendió en las altas esferas de la Aeronáutica Militar que unos hombres así merecían una consideración elevada e interpretando el deseo de todos los compañeros se les confirió a los tres pilotos argentinos el grado de oficial honorario”.

 

El trámite para la concesión del empleo de Alférez se inició el 31 de mayo de 1922, cuando se informó al ministro de la Guerra de los servicios que ha prestado y se solicita su aprobación. En su expediente se detalla:

 

“El 14 de junio, en expediente se propone a la Superioridad que, no dejando de recibir la Dirección informes laudatorios de los jefes que [lo] tienen a sus órdenes tanto en prácticas como en campaña y especialmente en la zona de Tetuán donde sin interrupción viene prestando sus servicios tomando parte en gran número de bombardeos, alguno de reconocido mérito y evidente riesgo que llegaron a merecer especial mención del Alto Mando y que dichos méritos son valorados por sólida ilustración y esmerada educación, podría concedérsele categoría de oficial que teniendo en cuenta su calidad de extranjero, sería la de Alférez honorario de Complemento del Servicio de Aeronáutica”.

 

Septiembre de 1922. El Alférez Iglesias y su observador el Teniente Quintana ante el “Manila”, en una foto dedicada por el segundo en recuerdo del tiempo que sirvieron juntos en el Protectorado: “A mi querido amigo Fausto A. Iglesias, en recuerdo de los malos y buenos ratos pasados durante nuestra campaña en África con nuestro noble “Manila”. (S. Guillén).

 

Tiguisas, 13 de diciembre de 1922. Iglesias y Quintana con un maltrecho “Manila”, tras efectuar un aterrizaje forzoso por avería del motor. (S. Guillén).

 

Finalmente, el 4 de julio fue promovido al empleo de Alférez. El 14 de febrero de 1923 se le concedió la Medalla Militar de Marruecos con el pasador “Larache” y dos días después el pasador “Tetuán”.

 

Continúa “Aérea” con el relato de sus actividades:

 

“Formando parte de una de las escuadrillas destacadas de Tetuán, asistió en la zona oriental a la operación de Tizzi–Aza, en la que, como se recordará, perdió la vida el Teniente Coronel Valenzuela”.

 

Esto sucedía a comienzos de junio de 1923. “Vuelto a Tetuán, y en uno de sus numerosos vuelos, tuvo un accidente que pudo ser grave y afortunadamente no tuvo consecuencias: la rotura en el aire del plano inferior izquierdo de su aparato. Durante su larga estancia en la zona de Tetuán fue un auxiliar entusiasta de los observadores que levantaron el plano fotográfico de la zona, haciendo innumerables itinerarios.

 

Volvió a la zona oriental destinado a petición propia, porque en aquel entonces había allí más trabajo y siguió como siempre actuando con gran entusiasmo.

 

“El 18 de diciembre de 1923, al volver de un acto de servicio [en el certificado de servicios expedido tras su muerte figura el vuelo como de entrenamiento], sufrió un accidente muy grave que estuvo a punto de costarle la vida a él y a su pasajero y que le obligó a permanecer hospitalizado durante varios meses. 

Pocos días antes, por derreglage de su aparato, dio con él un panzazo en tierra cargado con las bombas. Afortunadamente, éstas se rompieron, pero no explosionaron. 

Una vez repuesto, fue destinado a las escuadrillas de caza de Getafe, donde hemos logrado de él nos facilitara estos pocos datos biográficos y donde deseamos que continúe por bastante tiempo”.

El número de sus hechos de armas asciende a la considerable cifra de 155, y, entre otras condecoraciones, ostenta la medalla de Sufrimientos por la Patria, que le fue concedida recientemente.

Este es Fausto Arturo Iglesias, el piloto hispano argentino cuyo nombre debe ser reconocido y pronunciado por todos con profundo agradecimiento. Al terminar nuestra entrevista me encarga con su gracioso deje argentino y con su sinceridad y emoción infantiles: “Di que estoy orgulloso de lo poco que he hecho por España y que hubiera querido hacer más todavía, todo lo humanamente posible”.

 

El accidente a que hace referencia el texto tuvo lugar en el aeródromo de Tauima, en Melilla, al entrar el avión en barrena y estrellarse contra el suelo. Tuvo muy serias consecuencias para Iglesias, quien sufrió importantes heridas en la cabeza y estuvo varios días sin conocimiento. Permaneció ingresado más de sesenta días en el hospital Docker de Melilla, pasando después al de Sevilla, donde estuvo dos meses, y finalmente al hospital militar de Carabanchel (Madrid), en el que continuó con su recuperación entre el 16 de mayo y finales de julio de 1924. El 3 de octubre de ese año se le concedió la medalla de Sufrimientos por la Patria, con su correspondiente pensión e indemnización. Por otra parte, el día 30 de ese mismo mes fue citado como distinguido en la Orden General del Ejército de España en África por el 6º periodo de operaciones.

 

El retorno a la Patria

 

Deseoso de regresar a su tierra, solicitó y obtuvo la baja en el Servicio, o más bien una “licencia ilimitada”. Era el último que quedaba del trío original de aviadores argentinos, puesto que Esteguy había caído cerca de Tánger el 22 de octubre de 1923, siendo enterrado en el cementerio de dicha ciudad, y Scala, convaleciente de paludismo, había regresado a la Argentina a mediados de 1924. El 5 de enero de 1925 le fue concedida una audiencia de despedida con el Rey Alfonso XIII, en la que el monarca le agradeció los servicios prestados a España.

 

Iglesias se embarcó en el vapor “Reina Victoria Eugenia” rumbo a la Argentina y tocó puerto en Montevideo antes de llegar a su destino. Allí le hicieron una entrevista para un periódico local en la que comentaba sus impresiones acerca de lo vivido en el Protectorado:

 

—“La aviación tiene trabajo constante y siempre expuestísimo. Todos los días teníamos bombardeos, reconocimientos o abastecimiento de posiciones avanzadas. Esto último es lo que resultaba más peligroso, porque para que cayesen los panes o

el hielo dentro de ellas, había que volar a dos metros del suelo, y los moros, escondidos tras sendas o en pequeñas cuevas, nos freían materialmente a balazos.

 

Junio de 1923. Abastecimiento desde el aire de la posición de Tizzi Azza, en la que Iglesias participó con su escuadrilla. (S. Guillén).

 

El trío de pilotos argentinos, Iglesias, Esteguy y Scala, manos a la obra rememorando costumbres culinarias de su lejana tierra. (IHCA vía Cecilio Yusta).

 

El piloto que regresa de estas excursiones lleva el aparato lleno de impactos, y es lo mejor que puede pasarle. Muchos han muerto y otros han caído con vida en el campo enemigo, lo que es tal vez peor. Es una guerra terrible, pero también es hermoso ver cómo se combate allí”.

 

—De lo que se desprende que usted ha salvado el pellejo milagrosamente.

—“Sin duda. No me han herido los moros, pero en cambio, sufrí un accidente que me costó dos fracturas del cráneo, una del parietal izquierdo, derrame sinovial en una pierna y once heridas repartidas por todo el cuerpo. Fue en Melilla, en diciembre de 1923. Iba volando con viento de cola, cuando se averió el motor. Quise aterrizar y una ráfaga me precipitó al suelo. Estuve cuatro o cinco días sin conocimiento”.

 

—¿Cuándo murió Esteguy? Aquí no se ha sabido exactamente.

—“El pobre Esteguy iba de Sevilla a Larache en una escuadrilla formada por catorce o quince aviones. A poco de comenzar el viaje se desencadenó un gran temporal, con mucha cerrazón, tanta que sólo cuatro aparatos llegaron a su destino. Cerca de Tánger, Esteguy, cegado por la niebla, chocó contra un picacho de la serranía, y cayó a tierra. Uno de los moros de la kábila de Anghera, amiga, lo recogió, y según dicen,al desdichado compañero solo le quedaba un poco de vida. Pidió agua angustiosamente y murió”.

 

—¿Y Scala?

—“Un día cayó al mar, pero pudo ser socorrido a tiempo. Luego enfermó de paludismo y regresó a Buenos Aires, hace seis meses”.

 

—¿Qué grado alcanzó usted?

—“El de Alférez de Aeronáutica, honorario. Además, he obtenido estas condecoraciones que usted ve: la medalla de Sufrimientos por la Patria, la Benemérita Militar, la de la Coronación del Rey y la de África, ésta última con los pasadores correspondientes a las tres zonas en que he combatido. Melilla, Tetuán y Larache”.

 

El Alférez Iglesias, convertido ya en un veterano piloto junto a su Breguet XIV Nº 40 “Manila”. (S. Guillén).

 

Febrero de 1925. Un orgulloso Alférez Iglesias pasea de uniforme ya de regreso en la Argentina, luciendo todas sus condecoraciones. Había obtenido una “licencia ilimitada” y pensaba dedicarse a la aviación en su país, pero las cosas no salieron como él esperaba y solicitó regresar a España y ser dado nuevamente de alta en el Servicio de Aviación. (S. Guillén).

 

—Y ahora, ¿se queda usted definitivamente en la Argentina?

—“Eso pienso. Seguiré volando. Y si no puedo hacer nada en mi país, en lo que toca a aviación, me vuelvo a Marruecos. Yo no vivo si no vuelo, sea en la paz o en la guerra”.

 

De nuevo en casa

 

A finales de enero de 1925 Iglesias pisó de nuevo el suelo argentino, dispuesto a continuar con su actividad como aviador civil. El 10 de febrero apareció un extenso artículo en un periódico bonaerense en el que declaró su intención de realizar las gestiones necesarias para que los restos de Esteguy fueran repatriados. También tuvo palabras para su viejo y fiel “Manila”, que había quedado en Sevilla y del que se despidió muy emocionado: “está ya viejo, pero aún alienta y podrá prestar buenos servicios”. En cuanto a sus intenciones en la Argentina, “el deseo del Alférez Iglesias es ofrecer sus conocimientos y práctica al Ejército Argentino, no dudamos le será factible conseguirlo, más ahora que piensan ampliarse los servicios de aviación creando unidades y centros técnicos de enseñanza para esta arma tan útil, el ministro de la Guerra, General Justo, ha de comprenderlo así dando al señor Iglesias cabida en donde tiene, sin duda, un puesto marcado”.

 

Realizó algunas exhibiciones aéreas, una de ellas patrocinada por la Federación Española de la Plata, la cual también le hizo objeto de una cena de homenaje en los salones del Club Español el día 14 de febrero. En ella declaró que pensaba instalarse en Balcarce y que iba a fundar una escuela de aviación civil bajo el amparo del Ministerio de la Guerra.

 

Pero el panorama que se presentó ante sus ojos no era el que esperaba, y a pesar   de sus esfuerzos no encontró ninguna ocupación que lograra satisfacerle.

 

El 28 de febrero escribió en Balcarce una carta dirigida al General Soriano, jefe de Aviación, que reflejaba su estado de ánimo:

 

“Mi muy respetable jefe:

 

“Con el mayor cariño y respeto me permito enviar estas líneas a V. E. para saludarle con la mayor consideración y respeto y ponerme a sus órdenes en mi tierra Argentina.

Mi muy estimado señor; un mes hace de mi llegada a Buenos Aires y lo encuentro sumamente triste respecto a la Aviación, aún no hice nada concreto y la primera impresión recibida ha sido mala y me marché por unos días fuera de la capital, porque

hacía mucho calor y estaba un poco cansado del viaje. Dentro de algunos días pienso ir a Buenos Aires para tratar algo del asunto; me encuentro un poco cohibido por la falta de actividad y ambiente al que estaba tan acostumbrado. En esta hay muy pocos y malos aparatos.

Le pido a V.E. me perdone por no haberme podido despedir como deseaba; esto fue debido a que el pasaje no lo habían extendido hasta el último día 6 y cuando acudí para despedirme de V.E. no lo encontré, teniéndome que marchar pues de lo contrario perdía el barco.

Aprovecho esta oportunidad para exteriorizar mi agradecimiento hacia V. E. por los favores recibidos durante mi estancia en esa mi querida Madre España.

Sin otro particular que saludarlo y desearle toda clase de felicidades se despide este su subordinado.

Que Dios guarde a V. E. muchos años”. 

 

Esta curiosa fotografía muestra a Iglesias ya de vuelta en España tras su fallido intento de dedicarse a la aviación en la Argentina. Está tomada en Barcelona y el protagonista posa ante uno de los tres A.M.E. VI que la aviación militar envió a la Ciudad Condal en mayo de 1925 para ser exhibidos en la VI Exposición del Automóvil y la Aeronáutica. El A.M.E. VI era básicamente una copia del Bristol F.2b modificada por los Capitanes Bada y González Gil, de la que se llegaron a fabricar veinte ejemplares en los talleres de Cuatro Vientos. (S. Guillén).

 

Iglesias y algunos familiares en su localidad natal. A su regreso fue objeto de diversos homenajes y realizó algunas exhibiciones aéreas. Desgraciadamente, las buenas expectativas iniciales no prosperaron, pero él tenía una firme convicción: “yo no vivo si no vuelo, sea en la paz o en la guerra”. África le llamaba desde el otro lado del Atlántico. (S. Guillén).

 

En España, su baja en el Servicio había sido publicada el 3 de marzo, e Iglesias continuó por algún tiempo intentando abrirse camino en la aeronáutica argentina, al parecer sin resultados. Se sentía decepcionado y añoraba las emociones vividas en los cielos africanos, por lo que realizó gestiones para volver a España.

 

El 1 de junio fue dado de alta en el Servicio y tres días después fue destinado a la Escuadra de Instrucción. A mediados de mes recibió órdenes de incorporarse a la escuadrilla expedicionaria que partía hacia Melilla, llegando a su destino el día 19. Tres días antes había sido condecorado con cuatro Cruces de primera clase del Mérito Militar con distintivo rojo, por los periodos de operaciones 5º, 6º, 7º y 8º.

 

“Yo no vivo si no vuelo…”

 

Iglesias quedó encuadrado en el Grupo Expedicionario Sesquiplano Breguet, cuyo jefe era el Capitán Felipe Díaz Sandino, figurando como Alférez piloto en la Segunda Escuadrilla bajo el mando del Capitán Alejandro Arias Salgado.

 

Durante el mes de agosto realizó cuatro vuelos de aeródromo, y el día 13 entró de nuevo en acción. Pilotaba su habitual Breguet Nº 9, llevando como observador al Teniente de Infantería José Vento Pearce. “Desempeñó de manera admirable la misión de proteger la marcha del convoy a Issen Lassen, descubriendo al enemigo, al que desde muy escasa altura y no obstante su intenso y certero fuego batió y bombardeó con mucha eficacia en sus desplazamientos, dando pruebas de gran valor, pericia y serenidad hasta llegar al objetivo que se le encomendó, siendo mortalmente herido, a pesar de lo cual conservó el dominio de su aparato, dirigiéndolo a Ben Tieb, donde llegó muerto a consecuencia de la pérdida de sangre, salvando la vida del observador, evitando que el aparato cayera en poder del enemigo”, según consta en los méritos reflejados en la R. O. de 9 de octubre de ese año, por la que se le concedía la Medalla Militar Individual.

 

La revista “Aérea” publicó el artículo “Crónicas cortas de agosto”, fechado en agosto de 1925 y firmado por J. Pérez–Seoane, en el que se aseguraba que Iglesias fue alcanzado por una bala enemiga que le rompió a la vez la femoral y la yugular y murió instantáneamente. El Teniente Vento se habría sobrepuesto a la impresión de ver morir a su compañero y, haciendo gala de una extraordinaria sangre fría, pilotó el aparato lo mejor que pudo en dirección a Tafersit, donde pensó aterrizar inicialmente, pero la dificultad del terreno le obligó a desistir y entonces se dirigió hacia Ben Tieb. Tras seis u ocho minutos de vuelo llegó por fin a su destino. Durante la toma de tierra, el exceso de velocidad hizo saltar al aparato en el momento en que las ruedas tocaron el suelo, y a continuación capotó. El valeroso observador salió despedido y logró sobrevivir, aunque con magulladuras por todo el cuerpo.

 

Apoyando esta versión, el diario de operaciones del Grupo Expedicionario Breguet relata así los hechos: “El Nº 9, tripulado por el Alférez Iglesias y el Teniente Vento, efectúa un bombardeo sobre Isen–Lasen resultando muerto de dos disparos del enemigo el Alférez Iglesias, haciéndose cargo del avión el observador Teniente Vento, que toma tierra en Ben–Tieb capotando. El observador resulta con magullamiento en todo el cuerpo, quedando el aparato completamente destrozado”.

 

Al fallecer Iglesias, su amigo y compañero Ernesto Navarro se hizo cargo de algunas de sus pertenencias, entre ellas su cuaderno personal y un buen número de fotografías. Esta en concreto, que no tiene referencia alguna, se hallaba junto a las relacionadas con el malogrado aviador argentino y bien podría corresponder a su entierro. (S. Guillén).

 

Foto del Alférez honorario del Tercio de Extranjeros don Fausto Arturo Iglesias, realizada por el célebre fotógrafo Alfonso en su estudio de la madrileña calle Fuencarral. De humildes orígenes, este robusto hijo de la argentina villa de Balcarce no lo dudó un instante al oír las inquietantes noticias que llegaban desde España en aquel aciago verano de 1921, y cruzó el Atlántico para arriesgar su vida por la madre patria en las tierras africanas que finalmente le vieron morir de forma heroica. Si hubiera que poner rostro humano a la nobleza de espíritu, sería sin duda el que el sabio artista supo captar en esta imagen. (S. Guillén).

 

Foto de estudio del oficial aviador don José Vento Pearce, que viajaba como observador con el Alférez Iglesias cuando éste encontró la muerte sobre Issen Lassen. El Teniente Vento, mostrando un temple excepcional, logró hacerse con el control del aparato y tomó tierra accidentadamente en Ben Tieb, salvando la vida. Viste el elegante uniforme verde oscuro de paseo para diario, según el reglamento de uniformidad para la Aeronáutica Militar de 13 de julio de 1926. (José Vento Jiménez–Carlés, vía Juan Arráez).

 

Desgraciadamente, la relevante actuación de Vento quedó en un segundo plano y apenas fue reconocida.

 

Los restos del Alférez Fausto Arturo Iglesias recibieron sepultura en Melilla. Antes del entierro, el General Sanjurjo, Comandante General de la plaza, impuso al cadáver la Medalla Militar Individual, cuya concesión no se publicó en el Diario Oficial hasta el 10 de octubre.

 

Siete días después de su muerte, Sanjurjo comunicó mediante un telegrama enviado al Director de la Aeronáutica argentina y al Aeroclub de aquel país la noticia de la distinción otorgada al heroico aviador.

 

En el “Álbum Gráfico. Homenaje a los Héroes del Plus Ultra”, editado por la Cooperativa Fotográfica de Buenos Aires en 1926, se dedicó un espacio al padre de Iglesias, que había acudido a saludar al Comandante Franco y a sus compañeros.

 

Una de las fotos reprodujo el texto escrito a mano por don Darío Iglesias: 


“La hazaña del Comandante Franco y sus dignos compañeros estremece de orgullo el corazón de este viejo soldado español, padre del malogrado aviador argentino Fausto Arturo Iglesias. Buenos Aires 15 de febrero de 1926”.

 

Por su parte, el Capitán Ruiz de Alda visitó Balcarce e impuso al Teniente Juan Scala la Medalla del Mérito Militar que el Gobierno español le había concedido por su actuación en Marruecos.

 

Un valor añadido

 

Cuando Gran Bretaña, con el exclusivo fin de defender sus intereses, se implicó en las dos principales guerras que vio el siglo XX, muchos jóvenes de sus antiguas colonias acudieron en su ayuda sin dudarlo un instante. Buena parte de ellos no sobrevivió para contemplar el resultado de su generoso ofrecimiento, pero su contribución al esfuerzo bélico en común es recordada por el pueblo británico, con los representantes de las más altas instituciones de la nación a la cabeza, cada 11 de noviembre, fecha de la firma del armisticio que puso fin a la Gran Guerra europea.

 

Los cementerios en los que sus restos encontraron el merecido reposo son mantenidos cuidadosamente, como digna muestra de respeto y agradecimiento a quienes dieron lo mejor de sí mismos sin pedir nada a cambio.

 

Una de las obligaciones de todo español es honrar a aquellos que entregaron su vida por España. La gesta de aquellos tres aviadores argentinos, con el caso de Iglesias, Teniente a título póstumo como ejemplo más destacado, reviste un valor añadido por motivos que han sido expuestos en este trabajo. Salvando las distancias con respecto a lo mencionado en el anterior párrafo, y sin hacer demasiadas preguntas acerca del lugar y estado en que pudieran encontrarse las tumbas de Esteguy e Iglesias –si es que existen aún–, es nuestro deber mantener vivo el recuerdo de estos hombres que eligieron libremente hacer suya la causa española, luchando codo con codo con nuestros abuelos. Aunque no haya forma material de agradecer su sacrificio, al menos nos habremos hecho dignos de él.

 

NOTA: El texto de este trabajo está basado en los datos del expediente personal de Fausto Arturo Iglesias, depositado en el Archivo Histórico del Ejército del Aire (Villaviciosa de Odón, Madrid), así como en las anotaciones y recortes de prensa contenidos en el cuaderno personal del protagonista. Al fallecer Iglesias, tanto dicho Cuaderno como su álbum fotográfico quedaron en poder de su compañero Ernesto Navarro. Los autores agradecen la eficaz colaboración del personal del Archivo y la ayuda prestada por don Juan Arráez Cerdá, don José Vento Jiménez–Carlés, y don Cecilio Yusta, amigo y maestro.

 

Fuente: https://publicaciones.defensa.gob.es/Revista Aeroplano Nº 25. Año 2007.