25 de febrero de 2021

AVIONES PROTOTIPOS ITALIANOS - CAPRONI CA.60

 


 

El Caproni Ca.60 Transaereo, también conocido como Noviplano (nueve alas) o Capronissimo, fue el prototipo de un gran hidrocanoa de nueve alas creado con la intención de convertirse en un avión de transporte de pasajeros transatlántico con capacidad para 100 pasajeros. ​ El avión estaba propulsado por ocho motores y tenía tres conjuntos de alas triples. Contaba con dos pontones, situados a ambos lados de la aeronave, con la finalidad de dar mayor estabilidad a la aeronave.

 

La Caproni sólo construyó un único ejemplar de este avión, diseñado por el pionero de la aviación Giovanni Battista Caproni. Fue probado en el lago Maggiore en 1921: su breve primer vuelo tuvo lugar el 12 de febrero o el 2 de marzo.​ Su segundo vuelo fue el 4 de marzo; poco después de despegar, el avión se estrelló en el agua y se rompió debido al impacto. El Ca.60 sufrió más daños al ser remolcado a la orilla y, a pesar de la intención de Giovanni Caproni por reconstruir el avión, el proyecto fue rápidamente abandonado debido a su excesivo costo. Las pocas piezas sobrevivientes están expuestas en el Museo Aeronáutico Gianni Caproni y el museo aéreo Volandia en Italia.

 

Desarrollo

 

Giovanni Battista Caproni ganó fama como diseñador y fabricante de aviones durante la I Guerra Mundial; su empresa aeronáutica, la Caproni, fue un gran éxito, especialmente en el área de bombarderos pesados polimotores, construyendo aviones tales como el Caproni Ca.32, el Ca.33, el Ca.36 y el Ca.40. Sin embargo, el fin del conflicto produjo un importante declive en la demanda de bombarderos por parte de las Fuerzas Armadas italianas. En consecuencia, Caproni dirigió su atención al mercado de la aviación civil al igual que otros empresarios de la época.

 

Giovanni Caproni (izquierda), a bordo de un bombardero Caproni Ca.32 durante la Primera Guerra Mundial.

 

En 1913 Giovanni Caproni tenía 27 años y dijo en una entrevista para la revista deportiva italiana La Gazzetta dello Sport que "aviones con una capacidad de cien y más pasajeros" pronto serían una realidad. Sin embargo, fue después de la guerra que Giovanni Caproni empezó a diseñar un enorme y ambicioso hidrocanoa de pasajeros (además de transformar a algunos de sus grandes bombarderos en aviones de pasajeros); se le otorgó una patente a su diseño el 6 de febrero de 1919.

 

En aquel entonces, la idea de un gran hidrocanoa plurimotor diseñado para transportar pasajeros en vuelos de larga distancia era considerada bastante excéntrica. Sin embargo, Giovanni Caproni opinaba, que un avión de este tipo permitiría viajar a zonas remotas más rápido que el transporte terrestre o marítimo, y que invertir en innovadoras aeronaves sería una estrategia menos costosa que mejorar los medios de transporte tradicionales. Él afirmó que su gran hidrocanoa podía ser empleado en cualquier ruta, dentro de un país o internacionalmente, habiendo considerado emplearlo en países con grandes territorios y deficiente infraestructura de transporte, como China. ​

 

Giovanni Caproni creía que, para lograr estos objetivos, la modificación de aviones militares no sería suficiente. Al contrario, él pensó que una nueva generación de aviones de pasajeros (con gran autonomía y capacidad de carga incrementada, esta última a su vez permitiría una reducción del costo por pasajero) tenía que superar a los bombarderos sobrantes modificados.

 

A pesar de las críticas por parte de algunas importantes figuras de la aviación italiana, especialmente el teórico de la guerra aérea Giulio Douhet, Giovanni Caproni empezó a diseñar un avión muy innovador y pronto, en 1919, obtuvo una patente de éste.

 

Giovanni Caproni estaba al tanto de los problemas de seguridad aérea relacionados con los vuelos de pasajeros, siendo estos la base de la crítica de Douhet. En consecuencia, él se concentró en mejorar la fiabilidad del avión y minimizar los daños que podían producirse en accidentes. En primer lugar, él concibió a su gran hidrocanoa como un avión polimotor con suficientes motores para permitirle mantenerse en vuelo, incluso en caso que uno o más de estos fallasen. También consideró (aunque después lo descartó) proveer al avión con "motores de apoyo" que serían apagados una vez que se alcance la altitud de crucero y solamente se encenderían en caso de emergencia. La configuración de hidrocanoa aseguraba la capacidad de efectuar acuatizajes de emergencia relativamente seguros y simples sobre casi cualquier superficie de agua lo suficientemente grande y en calma. Además, planeó mejorar el confort de los pasajeros incrementando la altitud de crucero, lo cual se lograría mediante turbocargadores y hélices de paso variable (estos aparatos podían compensar la pérdida de potencia de los motores a gran altitud).

 

El Transaereo en construcción en Sesto Calende. Giovanni Caproni está sentado en el pontón izquierdo.

 

La construcción del Modelo 3000 o Transaereo, empezó en la segunda mitad de 1919. La referencia más temprana sobre este hecho se encuentra en un periódico francés del 10 de agosto de 1919, y tal vez las primeras piezas fueron construidas en la fábrica Caproni de Vizzola Ticino. En septiembre tuvo lugar una feria aérea en la fábrica Caproni de Taliedo, cerca de Milán, durante la cual el nuevo y ambicioso proyecto fue ampliamente publicitado. A fines de septiembre, Giovanni Caproni estuvo experimentando con un hidroavión Caproni Ca.4 para mejorar sus cálculos para el Transaereo. En 1920, se construyó en la orilla del Lago Maggiore el enorme hangar donde se llevaría a cabo la construcción del Transaereo. Las múltiples piezas construidas por subcontratistas de la Caproni, muchos de ellos habiendo colaborado con la empresa durante la I Guerra Mundial, fueron ensambladas aquí.

 

A fines de aquel año, el hangar fue visitado por el embajador de los Estados Unidos en Italia Robert Underwood Johnson, que admiró el excepcional avión de Giovanni Caproni. La prensa afirmó que el avión sería capaz de iniciar sus vuelos de prueba en enero de 1921, añadiendo que, si las pruebas eran exitosas, Italia ganaría rápidamente supremacía internacional en el campo del transporte aéreo civil.

 

El 10 de enero de 1921 fueron probados los motores delanteros y sus góndolas, sin registrarse vibraciones peligrosas. El 12 de enero se probaron con éxito dos motores de cola. El 15 de enero, Giovanni Caproni envió su solicitud para obtener permiso de vuelos de prueba al Inspector General de Aeronáutica, General Omodeo De Siebert.

 

Diseño

 

El Transaereo era un gran hidrocanoa, cuyo casco, en el cual iba la cabina, colgaba de tres conjuntos de alas con configuración triplana: un conjunto estaba ubicado cerca de la proa del casco, otro en la popa y uno en el centro (un poco más bajo que los demás). La envergadura de cada una de las nueve alas era de 30 m, con una superficie alar de 750 m²; el fuselaje tenía una longitud de 23,45 m y toda la estructura, desde la quilla del casco hasta la parte superior de las alas, tenía una altura de 9,15 m. Su peso vacío era de 14.000 kg y su peso máximo al despegar era de 26.000 kg.

 

Uno de los ocho motores Liberty L-12 del Transeaereo (el único sobreviviente), está expuesto en el Museo Aeronáutico Gianni Caproni en Trento, Italia.

 

Cada conjunto de alas fue obtenido al reciclar las superficies portantes del bombardero triplano Caproni Ca.4; después del final de la guerra se canibalizaron varios aviones de este modelo a fin de construir el Transaereo.

 

El sistema de control de vuelo estaba compuesto por alerones (equipados en cada ala) y timones, incluso si el avión no tenía una cola en el sentido tradicional y, en particular, no tenía un estabilizador horizontal. El giro (la rotación del avión a lo largo de su eje longitudinal) era controlado de forma convencional mediante la acción diferencial de los alerones de babor y estribor; la elevación (la rotación del avión a lo largo de su eje transversal) era controlada mediante la acción diferencial de los alerones de las alas de proa y las alas de popa, ya que el avión no tenía timones de profundidad; cuatro superficies verticales articulas situadas entre las alas del conjunto de popa actuaban como estabilizadores verticales y timones, controlando la guiñada (la rotación del avión a lo largo de su eje vertical). Las alas tenían un ángulo diedro positivo, que contribuía a estabilizar el avión al girar; Giovanni Caproni también esperaba que el Transaereo sea muy estable en su elevación debido a su configuración de triplano tándem, con el conjunto de alas de popa supuestamente actuando como un enorme y eficaz estabilizador; él dijo que el enorme avión podía "ser piloteado con una sola mano en los controles". Giovanni Caproni patentó su particular sistema de control el 25 de septiembre de 1918.

 

El panel de control de los motores del Transaereo, expuesto en el Museo Aeronáutico Gianni Caproni. Los interruptores y las luces eran empleados por los pilotos para transmitir órdenes a los ingenieros de vuelo, que iban sentados o de pie dentro las góndolas de los motores, controlando directamente su potencia.

 

El avión era propulsado por ocho motores V12 Liberty L-12 de producción estadounidense. Capaces de producir 294 kW cada uno, fueron los motores más potentes producidos durante la I Guerra Mundial. Estos fueron dispuestos en dos conjuntos de cuatro: uno en el conjunto de alas de proa (dos motores tenían hélices tractoras de dos palas, mientras que los otros dos estaban situados dentro de una góndola y tenían hélices impulsoras y tractoras de cuatro palas) y el otro en el conjunto de alas de popa (dos motores tenían hélices impulsoras de dos palas, mientras que los otros dos estaban situados dentro de una góndola y tenían hélices impulsoras y tractoras de cuatro palas). Todos los motores laterales y ambas góndolas estaban equipadas con radiadores para el refrigerante. Las dos góndolas también tenían una cabina para un ingeniero, que controlaba la potencia de los motores según las órdenes dadas por los pilotos a través de un complejo sistema de luces e indicadores ubicados en paneles eléctricos.13​ Cada uno de los dos motores laterales de proa estaban conectados al conjunto de alas central y a los correspondientes motores de popa mediante un larguero de sección triangular.

 

Los depósitos de combustible estaban ubicados en el techo de la cabina, cerca del conjunto de alas central. El combustible llegaba a los motores gracias a bombas accionadas mediante turbinas de aire de impacto.

 

Además del casco principal, el avión estaba equipado con dos flotadores laterales ubicados bajo el conjunto de alas central, que actuaban como batangas que estabilizaban al avión mientras estaba a flote, en el despegue y en el acuatizaje. Giovanni Caproni tenía en su equipo a Alessandro Guidoni, uno de los más importantes diseñadores de hidroaviones de la época, quien creó el casco y los flotadores, las superficies hidrodinámicas que los conectaban y las dos pequeñas hidroalas situadas cerca del morro del avión. Guidoni diseñó nuevos flotadores para el Transaereo, a fin de reducir su tamaño y peso.

 

Esta maqueta del Transaereo, expuesta en el museo aeronáutico Volandia, muestra con relativa claridad la compleja disposición de los motores y las hélices. También son visibles las cabinas abietas para los pilotos (sobre el fuselaje) y para los ingenieros de vuelo (en las góndolas).

 

La cabina de pasajeros era cerrada y tenía amplias ventanas panorámicas. Los viajeros irían sentados en parejas sobre bancas de madera que los situaban cara a cara. En la cabina abierta iban sentados el piloto al mando y el copiloto uno al lado del otro. Su piso estaba elevado sobre el piso de la cabina de pasajeros, por lo cual los hombros y cabezas de los pilotos sobresalían a través del techo. Se podía acceder a la cubierta de vuelo desde el interior del fuselaje mediante una escalera.

 

El Transaereo tenía un baño en la parte posterior del fuselaje.

 

Vuelos de prueba

 

El Transaereo fue sacado de su hangar por primera vez el 20 de enero de 1921, siendo muy fotografiado. El 21 de enero, se programó que el avión fuese puesto en el agua por primera vez y se contrató a un camarógrafo para que filmara algunas escenas del avión flotando en el agua. Debido al bajo nivel del lago y a algunas dificultades con la rampa de botadura que conectaba al hangar con la superficie del lago, el hidroavión no pudo alcanzar el agua. Después de recibir la autorización de De Siebert, la rampa de botadura fue alargada el 24 de enero y nuevamente el 28. Las operaciones se llevaron a cabo entre problemas y obstáculos hasta el 6 de febrero, cuando se le informó a Giovanni Caproni que 30 nervaduras de las alas se habían roto y precisaban ser reparadas antes de iniciar los vuelos de prueba. Enfurecido, mantuvo a sus empleados trabajando toda la noche a fin de que los vuelos de prueba empezarán el 7 de febrero. Las nervaduras fueron reparadas, pero entonces se descubrió que un motor de arranque se había malogrado, por lo cual los vuelos de prueba fueron postpuestos de nuevo.

 

Finalmente, el 9 de febrero el Transaereo fue puesto en el agua y sus motores operaban adecuadamente, por lo cual empezó a navegar en la superficie del lago. Su piloto fue Federico Semprini, un exinstructor militar de vuelo que era conocido por haber efectuado un rizo con un bombardero pesado Caproni Ca.3. Él habría sido el piloto de pruebas en todos los demás vuelos de prueba del Transaereo; ningún vuelo de prueba se llevaría a cabo con más de un piloto a bordo.

 

El Transaereo en el lago Maggiore.

 

Siempre sobre la superficie del agua, el avión hizo algunas vueltas, luego aceleró simulando una carrera de despegue y después efectuó otras maniobras delante de Giovanni Caproni y otros importantes representantes de la aviación italiana de la década de 1920: Giulio Macchi y Alessandro Tonini de la Nieuport-Macchi, y Raffaele Conflenti de la SIAI. Las pruebas fueron interrumpidas rápidamente debido al empeoramiento del clima, pero sus resultados fueron positivos. El avión demostró responder bien a los controles, ser maniobrable y estable; parecía ser demasiado ligero hacia la proa y al final del día se halló que se había filtrado un poco de agua dentro del fuselaje, pero Giovanni Caproni estaba satisfecho.

 

Maqueta del Transaereo de la época, expuesta en el Museo Aeronáutico Gianni Caproni. La posición del flotador izquierdo es claramente visible, así como la forma de la proa.

 

Al día siguiente, después de reconsiderar algunos de sus cálculos, Giovanni Caproni decidió cargar la proa del Transaereo con lastre antes de efectuar más pruebas, a fin de evitar que el avión se eleve excesivamente.

 

El 11 de febrero se llevaron a cabo más pruebas de navegación con éxito. El 12 de febrero o el 2 de marzo de 1921,2​ la proa del avión estaba cargada con 300 kg de lastre y el Transaereo alcanzó una velocidad de 80 km/h, despegando por primera vez. Durante su breve vuelo demostró ser estable y maniobrable, a pesar de su persistente tendencia a elevarse.

 

El segundo vuelo tuvo lugar el 4 de marzo. Semprini (según lo que contó posteriormente) aceleró el avión a 100 o 110 km/h, jalando la palanca de mando hacia él; súbitamente el Transaereo despegó y empezó a elevarse en un ángulo agudo; el piloto soltó el acelerador, pero entonces la cola del avión empezó a caer y el avión perdió altitud estando fuera de control. La cola rápidamente impactó en el agua, siendo seguida por el morro del avión, que golpeó la superficie, rompiendo la proa del casco. El conjunto de alas de proa colapsó en el agua junto con el morro del avión, mientras que los conjuntos de alas central y de popa, junto a la cola del avión, se mantuvieron a flote. El piloto y los ingenieros de vuelo escaparon ilesos de entre los restos.

 

Los restos del Transaereo son remolcados a la orilla después del accidente, el 4 de marzo de 1921. El barco pudo haber sido el mismo que interfirió con el despegue del avión, posiblemente causando que se estrelle.

 

Giovanni Caproni, que venía en automóvil desde Vizzola Ticino, iba con retraso y solo llegó a la orilla del Lago Maggiore después que el Transaereo se estrelló. Más tarde comentó, "Por ende el fruto de años de trabajo, un avión que formaría la base de la futura aviación, se perdió en un momento. Pero uno no debe impresionarse si es que desea progresar. El sendero del progreso está cubierto de sufrimiento".

 

En aquel entonces, se mencionaban dos causas conjuntas del accidente. La primera, se pensó que la estela de un barco de vapor que navegaba en el lago cerca del área donde el Transaereo estaba acelerando interfirió con el despegue. La segunda, se acusó al piloto de pruebas Semprini de haber mantenido jalada la palanca de mando e intentar ganar altitud en lugar de haber efectuado maniobras correctivas, como por ejemplo bajar el morro para que el enorme avión ganase velocidad. Otra teoría sugiere que el mencionado barco era un ferribote lleno de pasajeros y Semprini (que solamente efectuaba pruebas de navegación y no deseaba despegar antes de la llegada de Giovanni Caproni) se vio obligado a despegar, a pesar de no tener la suficiente velocidad, a fin de evitar una colisión. Según teorías más recientes, la causa del accidente fueron probablemente los sacos de arena que habían sido ubicados dentro del avión para simular el peso de los pasajeros: al no estar atados a los asientos, pueden haberse deslizado a la parte posterior del fuselaje cuando, al despegar, el Transaereo repentinamente se elevó. Con la cola sobrecargada con este peso adicional, el avión se volvió incontrolable y su morro se elevó más y más, hasta que el Transaereo entró en pérdida e impactó violentamente el agua desde la cola.

 

Los fragmentos sobrevivientes de los flotadores y la sección inferior de la proa, expuestos en el Museo Aeronáutico Gianni Caproni.


Otros fragmentos sobrevivientes (la sección de uno de los largueros y una de las hidroalas) están expuestas en Volandia.

 

Como el fotógrafo iba junto a Gianni Caproni a bordo del mismo automóvil, no existen fotografías del despegue, vuelo o del accidente, pero se tomaron muchas fotografías de los restos del Ca.60.

 

El hidrocanoa resultó gravemente dañado, pero los dos tercios posteriores del fuselaje y los conjuntos de alas central y de popa estaban casi intactos. Sin embargo, el Transaereo tuvo que ser remolcado a la orilla. El cruce del lago, efectuado por un barco que pudo ser el mismo que interfirió con el despegue, dañó aún más al avión: una considerable cantidad de agua se filtró en el casco y el fuselaje estuvo parcialmente sumergido, mientras que los conjuntos de alas central y de popa se dañaron y colapsaron parcialmente en el agua.

 

La posibilidad de reparar al Transaereo era remota. Después del accidente, solo las piezas metálicas y los motores aún podían utilizarse. Casi todas las piezas de madera tenían que ser reconstruidas. El costo de las reparaciones, según las estimaciones del propio Giovanni Caproni, serían un tercio del costo total de la construcción del prototipo, pero él dudaba que los recursos de su empresa fuesen suficientes para sostener tal esfuerzo financiero. Sin embargo, después de un inicial desánimo, el 6 de marzo Giovanni Caproni ya estaba considerando modificaciones de diseño para llevar a cabo el proyecto de un hidrocanoa transatlántico para 100 pasajeros. Él estaba seguro que el Transaereo era una máquina prometedora, por lo cual decidió construir un modelo a escala 1/4 para continuar probando su idea.

 

Después de discutir con De Siebert e Ivanoe Bonomi (que había sido el Ministro de Guerra hasta poco tiempo antes), Giovanni Caproni fue convencido que podía construir un modelo a escala 1/3 y Bonomi le prometió que, en caso de ganar las elecciones, su gabinete le podría ofrecer todo el apoyo financiero que necesitaba. Sin embargo, aún con Bonomi llegando a ser Primer Ministro en julio, las prioridades políticas más urgentes finalmente causaron el abandono del proyecto del Transaereo.




Incluso si en general no fue exitoso, el Caproni Ca.60 continúa siendo considerado como "uno de los más extraordinarios aviones jamás construidos".

 

Fragmentos en exhibición

 

La mayor parte de las estructuras dañadas del avión se perdieron después del abandono del proyecto del Transaereo. Sin embargo, Giovanni Caproni estaba convencido de la importancia de conservar y honrar el legado histórico relacionado con el nacimiento y desarrollo temprano de la aviación italiana en general, y con el de su empresa en particular; su sensibilidad histórica significó que varias piezas del Transaereo, retrospectivamente conocido como el Caproni Ca.60, sobrevivieron: los dos flotadores, la sección inferior de la proa, un panel de control y comunicación, y uno de los motores Liberty fueron conservados y, después de seguir al Museo Aeronáutico Gianni Caproni en todas sus direcciones entre su fundación en 1927 y su mudanza a su actual ubicación en Trento en 1992, fueron expuestos juntos con la colección permanente en la sala principal de exhibiciones del museo en 2010. ​

 

También sobrevivió una sección de uno de los largueros triangulares, así como una de las hidroalas que conectaban el casco con los flotadores. ​ Estos fragmentos están expuestos en el museo Volandia, en la Provincia de Varese, ubicado en la antigua fábrica Caproni de Vizzola Ticino.

 

Especificaciones técnicas


 

Tipo: Avión comercial experimental

Fabricante: Caproni

Diseñado por: Giovanni Battista Caproni

Primer vuelo: 12 de febrero o 2 de marzo de 1921

Estado: Destruido en el segundo vuelo

Nº construidos: 1 prototipo

Tripulación: 8

Capacidad: 100 pasajeros

Longitud: 23,45 m

Envergadura: 30 m

Altura: 9,15 m

Superficie alar: 750 m²

Peso vacío: 14.000 kg

Peso cargado: 26.000 kg

Planta motriz: 8 motores Liberty L-12, V12 a 45° refrigerados por líquido. Potencia: 449 hp (334.8 kW) a 2.000 rpm (despegue) cada uno.

Velocidad crucero (Vc): 130 km/h

Alcance: 660 km

 

Fuente: https://es.wikipedia.org

18 de febrero de 2021

ASES DE LA AVIACIÓN SOVIÉTICA - LIDIA LITVIAK

 

 

Nació: El 18 de agosto de 1921 en Moscú

Murió: El 1 de agosto de 1943, probablemente cerca de Dmitrievka (Donetsk, Ucrania). Desaparecida en acción.

Causa de muerte: muerto en combate

Años de servicio: 1942 - 1943

Apodo: La Rosa Blanca de Stalingrado

Lealtad: Unión Soviética

Grado: Teniente primera

Rama militar: Fuerza Aérea Soviética

Unidades:

586 IAP

437 IAP

9 GvIAP

73 GvIAP

Condecoraciones:

Orden de la Bandera Roja

Orden de la Estrella Roja

Orden de la Guerra Patriótica

Heroína de la Unión Soviética

Mandos:

Comandante del 3er escuadrón

Comandante de la 73ª IAP de la Guardia

Conflictos     

II Guerra Mundial

Batalla de Stalingrado

Batalla de Kursk

Ocupaciones:

Piloto de guerra

Militar

As de la aviación

Cónyuge: Aleksey Frolovich Solomatin

 

 

Lidia Vladímirovna Litviak, también conocida como Lilia Litviak o la Rosa Blanca de Stalingrado, fue una piloto de caza de la Fuerza Aérea Soviética durante la II Guerra Mundial. Resultaron notorias sus acciones durante la batalla de Stalingrado, dando así pie al apodo con el que pasó a la historia. Su nombre a veces es transliterado como Lidiya Litvyak, Lydia Litvak, Lilya Litvyak o Lily Litvak.

 

A los 21 años de edad, con doce victorias en solitario y de dos a cuatro compartidas,1​2​3​ se convirtió en una de las dos ases de combate femeninos de la historia militar mundial —siendo la otra su camarada Katia Budánova—. Litviak mantiene actualmente el récord de derribos en combate real a manos de una sola mujer. Por todo ello, y habiendo desaparecido en acción durante la batalla de Kursk, fue finalmente reconocida como Heroína de la Unión Soviética.


 

 

Formación

 

Nacida en Moscú, a Lídiya le gustaba la aviación desde niña. Con 14 años se apuntó a un aeroclub popular soviético y a los 15 pilotó un avión por primera vez. Obtuvo un carné de piloto deportivo a los 16, y a finales de los años 1930 recibió la licencia de instructora de vuelo.

 

II Guerra Mundial


Un avión de caza soviético Lavochkin La 5, el tipo con el que Lídiya obtuvo sus primeras victorias.

 

Al comenzar la invasión nazi de la Unión Soviética en junio de 1941, quiso unirse voluntariamente a una unidad de aviación militar, pero fue rechazada por su falta de experiencia. Tras exagerar su historial de vuelo de preguerra en 100 horas de vuelo, logró que la admitieran en el 586º Regimiento de Cazas (586 IAP) creado por Marina Raskova y compuesto únicamente por mujeres. Allí, Lídiya se entrenó a los mandos de un avión de caza Yakovlev Yak-1.

 

"Una vez, en Engels, hicieron salir a Lídiya de la formación matutina. Llevábamos el uniforme de invierno, y ella había cortado los bordes superiores de sus botas altas de piel a fin de hacerse un fular para su traje de vuelo. Marina Raskova, nuestra comandante, le preguntó cuándo había hecho eso. Lídiya contestó: "Durante la noche". Lídiya quería vestir a su manera. Raskova le dijo que, durante la noche siguiente, en vez de dormir, volviera a coser la piel en su sitio. [...] Era muy extraño: había una guerra en marcha y esta rubia, esta chiquilla, estaba pensando en adornos para su traje. Me pregunté: ¿qué clase de piloto va a ser esta, si no le preocupa nada más que su fular y su aspecto?"

Inna Pasportnikova, mecánica de Lídiya, en A. Noggle y C. White: Un Baile con la Muerte: aviadoras soviéticas en la Segunda Guerra Mundial

 

Victoriosa en el regimiento de los hombres

 

Lídiya llevó a cabo sus primeras misiones de combate durante el verano de 1942, sobre Sarátov. En septiembre la asignaron —junto a Katia Budánova, otras seis mujeres piloto y personal de tierra femenino— al 437 IAP, un regimiento masculino corriente que luchaba en Stalingrado, donde estaban sufriendo pérdidas cuantiosas. Allí pilotó un caza Lavochkin La-5 y el 13 de septiembre de 1942 logró derribar sus dos primeras aeronaves enemigas sobre Stalingrado. Su primera caza, conseguida en la segunda misión que realizaba, fue un bombardero Junkers Ju 88 o quizás un Heinkel He 111 en cooperación con el comandante del regimiento.



 

Pero minutos después alcanzaba su primera victoria en solitario, haciendo caer un caza Messerschmitt Bf 109 G-2 "Gustav" pilotado por un as alemán que tenía once victorias a sus espaldas y estaba condecorado tres veces con la Cruz de Hierro: el Sargento Erwin Maier de la 2ª Staffel, Jagdgeschwader 53. Maier pudo saltar en paracaídas y fue capturado por las tropas soviéticas. Entonces pidió que le permitiesen conocer al as ruso que había sido capaz de derribarle. Cuando le presentaron a Lídiya, una muchacha menuda de aspecto aniñado que acababa de cumplir 21 años, Meier creía que sus captores le estaban gastando una broma.

 

"Algunas veces, los hombres pilotaban el mismo avión que Lídiya, porque había pocos aparatos disponibles. Lídiya era muy pequeña y bajita y cada vez que los chicos volaban en su avión, yo tenía que ajustar los pedales del timón, y luego ajustarlos de nuevo cuando Lídiya iba a pilotar. Mis amigos me decían que yo siempre estaba con las piernas en alto, porque tenía que meterme de cabeza a la cabina para corregir los pedales".

Inna Pasportnikova, mecánica de Lídiya, en A. Noggle y C. White: Un Baile con la Muerte: aviadoras soviéticas en la Segunda Guerra Mundial


Bombardero alemán Junkers Ju 88. Lídiya derribó al menos dos de estas unidades y probablemente tres.

 

El 27 de septiembre Lídiya comenzó a llamar la atención de sus superiores al derribar otro bombardero Junkers Ju 88 en solitario y un Messerschmitt Bf 109 junto a Raisa Belyayeva. Entonces Lídiya, a la que todos llamaban Lily o Lilya, (lirio o azucena), se hizo pintar un lirio blanco en su avión como elemento distintivo. Pero desde la distancia, aquel lirio parecía más bien una rosa. Nacía la leyenda de la Rosa Blanca de Stalingrado, la muchacha de 21 años que hacía huir a los pilotos alemanes en cuanto distinguían aquella flor mortífera pintada en su fuselaje. Hacia finales de 1942, Lídiya fue trasladada al 9º Regimiento de Cazas de la Guardia (9 GvIAP), una unidad de élite.

 

La cazadora por libre

 

El 11 de febrero de 1943, poco después de la victoria soviética en Stalingrado, Lídiya hizo caer otros dos aviones alemanes: un Junkers Ju 87 Stuka en solitario y un Focke-Wulf Fw 190 compartido con Alexei Solomatin. Así alcanzó los cinco derribos y se convirtió en uno de los dos únicos ases femeninos de la historia de la aviación militar mundial (la otra es su camarada Katia Budánova). Apenas doce días después fue condecorada con la Orden de la Estrella Roja, ascendida a Subteniente y seleccionada para formar parte en un grupo de táctica aérea de élite llamado okhotniki, o cazadores por libre. Esto consistía en que dos pilotos de gran capacidad se elevaban para buscar blancos enemigos siguiendo su propio criterio e iniciativa, en vez de hacerlo como parte de una operación más grande y más controlada.

 

"Cuando Lídiya se aproximaba al aeródromo después de una victoria, era imposible verla: llegaba volando a muy baja altitud y se ponía a hacer acrobacias de repente sobre el campo de aviación. El comandante del regimiento bramaba: "¡La voy a destrozar por esto! ¡Le voy a dar una lección!" Después de aterrizar y corretear hasta nuestra posición, Lídiya preguntaba: "¿Me ha gritado mucho papá?" Y él le gritaba, pero después se admiraba de lo que había hecho. En estas ocasiones volaba tan bajo que las cubiertas de los aviones se sacudían y se las llevaba el viento que Lídiya producía al pasar".

Inna Pasportnikova, mecánica de Lídiya, en A. Noggle y C. White: Un Baile con la Muerte: aviadoras soviéticas en la Segunda Guerra Mundial

 

El 23 de marzo resultó herida en combate y tuvo que practicar un aterrizaje forzoso debido a los daños sufridos por su aparato, pero se recuperaría pronto. Entre marzo y mayo derribó, sin ayuda, cuatro cazas Messerschmitt más, así como otro bombardero Junkers Ju 88. Estas hazañas la convirtieron también en un as en solitario, la máxima categoría entre los combatientes del cielo.

 

Pieza de artillería antiaérea Flak de 88 mm como las que protegían por decenas los globos de observación alemanes.

 

El 21 de mayo su compañero e igualmente as soviético Alexei Solomatin murió a la vista de todo el regimiento, mientras instruía a un piloto novato en un Po-2. Lídiya quedaría muy afectada, y escribió una carta a su madre contándole que había estado enamorada de él. La mecánica de Lídiya, Sargento Mayor Inna Pasportnikova, relató en 1990 que a partir de este momento la joven ya no quería volar más que en misiones de combate, y que ahora luchaba con furia y "desesperación".

 

El 31 de mayo Lídiya se presentó voluntaria para derribar un blanco extremadamente difícil y peligroso: un globo de observación artillera manejado por un oficial alemán. Usando estos globos, el enemigo podía asignar blancos precisos para la artillería desde grandes distancias, causando grave devastación. Muchos pilotos ya lo habían intentado destruir antes que ella, pero todos ellos fueron rechazados por los densos cinturones de fuego antiaéreo que lo protegían. En el primer intento Lídiya tuvo que darse la vuelta también, pues resultaba imposible superar aquellas barreras de flak. Después, propuso a su comandante un plan diferente: lo atacaría desde atrás, volando en un amplio círculo de decenas de kilómetros sobre territorio controlado por los alemanes.

 

"Tras elevarse, Lídiya no voló hacia la línea del frente, sino paralela a la misma, hacia el área donde los alemanes no tenían ni tropas ni artillería. Por allí atravesó la línea del frente sin que la vieran, para volar hacia su retaguardia, escogiendo la hora del día en que podría acercarse al globo desde la dirección del sol. Nadie se esperaba que Lídiya apareciese por ese lado. Abrió fuego con munición trazadora, el hidrógeno del dirigible se incendió y cayó a tierra..."

Inna Pasportnikova, mecánica de Lídiya, en A. Noggle y C. White: Un Baile con la Muerte: aviadoras soviéticas en la Segunda Guerra Mundial

 

El 13 de junio de 1943 la nombraron comandante del 296º IAP, que pronto pasó a denominarse 3er escuadrón del 73º Regimiento de Cazas de la Guardia. Ahí resultó herida y tuvo que realizar un aterrizaje forzoso de nuevo, el 16 de julio, en una batalla aérea donde derribó un caza Messerschmitt que según algunas fuentes llevaba un As de Picas pintado en el fuselaje, emblema del JG 53;

 

El mítico caza alemán Messerschmitt Bf 109 (unidad reconstruida en la actualidad). Lídiya derribó nueve o diez de estos peligrosos aviones, al menos uno de ellos pilotado por un as alemán.

 

Pero el 19 de julio, Lídiya ya estaba volando de nuevo, y al terminar el mes había logrado destruir tres cazas Messerschmitt enemigos más. Su último derribo confirmado se produjo el 31 de julio.

 

"Después de que la derribasen por primera vez, le dieron un avión Yak-1 nuevo. Los chicos querían impedir que siguiera volando porque querían salvarla, pero les resultó imposible: Lídiya era una comandante de vuelo".

Inna Pasportnikova, mecánica de Lídiya, en A. Noggle y C. White: Un Baile con la Muerte: aviadoras soviéticas en la Segunda Guerra Mundial

 

La última misión

 

Al día siguiente, el 1 de agosto de 1943, la Batalla de Kursk (sector sur) proseguía con toda su intensidad. Lídiya salió a combatir cuatro veces en ese día, y se cree que pudo conseguir otro derribo durante la mañana, aunque no se ha podido confirmar.

 

Finalmente, durante la cuarta misión de la jornada, escoltando un vuelo de aviones de ataque Ilyushin Il-2 Sturmovik a través del río Mius y la carretera que controlaba la cuenca industrial del Donbass, varios cazas Messerschmitt Bf 109 les atacaron por sorpresa desde lo alto contra el sol. El Yakovlev Yak-1 de Lídiya resultó alcanzado por fuego vertical de ametralladora. Sus acompañantes la vieron caer a tierra bajando hacia las nubes. El piloto soviético Ivan Borisenko descendió para tratar de encontrarla, aunque no se avistaba ningún paracaídas, ni ninguna explosión, ni humo; no tuvo éxito. Pero Lídiya nunca regresó. Faltaban 17 días para que cumpliera 22 años.

 

Memoria

 

Como no se pudo recuperar su cadáver, las autoridades soviéticas sospecharon que podía haber caído prisionera y de acuerdo a las draconianas directivas de Stalin fue considerada como presunta prisionera y por ende posible traidora, lo que bloqueaba su reconocimiento como Heroína de la Unión Soviética. Aunque, naturalmente, mantuvo su Orden de la Bandera Roja, la Orden de la Estrella Roja y su doble Orden de la Guerra Patriótica.



 

Entonces, su mecánica Inna Pasportnikova se embarcó en una búsqueda de 36 años de duración para encontrar los restos del Yakovlev Yak-1 donde Lídiya fue vista por última vez. Familiares de la aviadora, el público y los medios de comunicación soviéticos la apoyaron en su tarea. Inna y sus ayudantes utilizaban un detector de metales para localizar lugares donde un avión pudiera haber sido derribado durante la guerra. En 1979, después de descubrir más de 90 lugares donde otros pilotos habían caído, se enteraron de que una aviadora no identificada fue enterrada por aquellas fechas bajo el ala de su aparato cerca de la localidad de Dmitrievka (Donetsk), con una herida mortal en la cabeza; un análisis forense determinó que se trataba de los restos de Lydia Litviak.​ Este lugar se encuentra muy próximo al lugar donde fue abatida en combate.

 

En tiempos recientes, algunos autores han planteado dudas sobre su destino final, sin aportar ninguna prueba al respecto. Yekaterina V. Vaschenko, conservadora del Museo Litvyak, asegura que el cuerpo fue desenterrado y examinado por especialistas forenses, determinando que pertenecía a la aviadora.

 

El 6 de mayo de 1990, el presidente de la URSS Mijaíl Gorbachov condecoró finalmente a la Teniente Primera Lídiya Litviak con la Estrella de Oro de Heroína de la Unión Soviética, como as de la aviación desaparecida en combate.

 

Lídiya da nombre a una calle de Moscú, tiene un museo y un monumento a su memoria en Krasnyi Luch (Ucrania) y aparece en el Libro Guinness de récords mundiales como la mujer con más derribos conseguidos en toda la historia de la aviación. Se le ha incluido también como personaje en diversas series de anime.

 

Resumen de victorias de la as soviética Lídiya Litviak

        

 

Lídiya también derribó uno de los famosos bombarderos de ataque en picado Junkers Ju 87 Stuka como los de la foto, que ya se habían utilizado al servicio del bando nacional durante la Guerra Civil Española.




 

Fuente: https://es.wikipedia.org

17 de febrero de 2021

100 AÑOS DE TRANSPORTE AÉREO EN LA ARGENTINA


 


 

ANTES DE PERÓN

 

Por Pablo Luciano Potenze 


El primer vuelo regular de la historia argentina se hizo en un Farman 50, piloteado por Gustave Grillon, cuya firma se ve en esta foto, fechada en enero de 1920.

 

El martes 9 de diciembre de 1919 cuatro pasajeros, que habían pagado por su boleto, subieron a un avión Farman 50 que los transportó a Montevideo según un horario predeterminado y publicado. A pesar de que hubo un retraso de veinticuatro horas por meteorología, no puede dudarse de que el transporte aéreo argentino nació en ese momento.

 

Pero no fue un logro argentino, sino la consecuencia del esfuerzo comercial francés posterior a la I Guerra Mundial. Los vuelos que comentamos estuvieron enmarcados en la visita de una misión gala que buscaba hacer negocios con un país que parecía ideal para desarrollar la aviación y que disponía de buenos excedentes financieros.

 

La Misión Francesa trajo varios Bréguet 14, un avión diseñado al comienzo de la guerra que podía ser usado para observación, bombardeo o transportar tres pasajeros en una pequeña e incómoda cabina (Archivo General de la Nación).

 

El primer servicio despegó de la pista de El Palomar a las 6:42 para aterrizar sin novedad en la Escuela de Volación de Montevideo a las 8:37. Allí se descubrió una falla en la máquina, por lo que se pidió telegráficamente un repuesto a Buenos Aires, para transportar el cual salió a las 10:30 un Bréguet de 300 HP. No se pudo hacer la reparación en el día, por lo que el regreso lo hizo el segundo avión, con un solo pasajero. El Farman 50 volvió a El Palomar el 12 de diciembre.

 

Pasajeros y tripulantes de un servicio de la Misión Francesa en la Argentina. Atrás un Farman 50. El gallo que se ve pintado en la máquina era el símbolo de la Misión (foto Caras y Caretas).

 

Ni en la Argentina ni en el Uruguay había ninguna legislación para el transporte aéreo. Para subsanar el problema, en una jugada muy audaz pero explicable dentro de la búsqueda de poder del Aero Club Argentino en ese momento, las autoridades de éste se reunieron en Montevideo con el Aero Club Uruguayo para formalizar la prestación del servicio mediante la intervención de los dos aeroclubes, de donde resulta que el primer documento bilateral relacionado con el transporte aéreo de la historia argentina fue fruto de una iniciativa privada con prescindencia del Estado, que recién encaró la cuestión en 1922 (Factores de poder en la aviación argentina (I): Aeroclubes y militares).

 

La cronología de los vuelos siguientes fue ésta: 


  • Jueves 11 de diciembre de 1919, Buenos Aires – Montevideo, con cuatro pasajeros, entre los que estaba Alfredo Palacios. Regreso en el día.
  • Viernes 12. Vuelo de ida y vuelta.
  • Lunes 15. Vuelo de ida. La vuelta se suspendió por rotura de una válvula, emprendiendo el regreso el miércoles 17 hasta Colonia, donde se detuvo por encontrar tormenta. Llegó a El Palomar el 18.
  • Miércoles 17. El servicio se suspendió por meteorología.
  • Viernes 19. Viaje de ida y vuelta con cuatro periodistas como pasajeros.
  • Lunes 22. Vuelo de ida y vuelta.
 

La Misión dejó entonces de volar a Montevideo y se abocó a preparar la ruta Buenos Aires – Mendoza. Dada la inexistencia de infraestructura esto significaba construir campos aptos para el aterrizaje, reconocer ayudas visuales a la navegación, etcétera, tarea que hizo viajando en ferrocarril. Se posicionó un Farman 50 en Pergamino y sendos Bréguet 14 Limousine en La Carlota y San Luis. El único servicio que se operó fue cambiando de avión en cada una de esas escalas. El 12 de enero de 1920, a las 6:55, despegó un Farman 50 de El Palomar, con cuatro pasajeros y 30 kilos de ejemplares del diario La Prensa. Llegó a Pergamino a las 8:50, de donde salió un avión similar a las 9:20, que llegó a La Carlota a las 12:15. De allí partió, a las 14:30, un Bréguet, ahora con tres pasajeros, que llegó a San Luis a las 16:30. El último tramo partió a las 17:40 y aterrizó en Mendoza a las 19:30. Además de las máquinas, en las escalas cambiaron los pilotos. El viaje de vuelta se hizo el 14 con el mismo esquema. Para la Argentina de 1920, parecía algo sensacional, pero, en el fondo, fue una operación muy precaria, que no admitía ser establecida de modo regular sin inversiones importantísimas.

 

El 17 comenzó otro servicio regular a Mar del Plata. Se cobraban $ 150.- por el viaje de ida y $ 300.- por la ida y vuelta, estando la recaudación destinada al hospital Francés de Buenos Aires y el hospital de Mar del Plata.

 

Otro grupo de pasajeros y curiosos, aquí frente a un Bréguet 14 (foto Caras y Caretas).


La cronología de esta serie fue:

 

  • 17 de enero, Bréguet Limousine con dos pasajeros y diez kilos de ejemplares del diario La Prensa. El viaje se hizo a 700 m de altura, siguiendo visualmente la vía férrea que en ocasiones cubría la neblina. Ese día por primera vez los diarios de Buenos Aires se distribuyeron en Mar del Plata a las 10 de la mañana.
  • 19 de enero, regreso con pasajeros.
  • 20 de enero, ida en Bréguet 14 Limousine con tres pasajeros.
  • 21 de enero, regreso con dos pasajeros.
  • 23 de enero, ida con 2 pasajeros. Debió aterrizar en la estancia La Armonía por encontrar una tormenta. llegó a Mar del Plata en el día.
  • 24 de enero, regreso con dos pasajeros.
  • 24 de enero, ida en Farman 50 con cinco pasajeros. Hubo una escala en Dolores para cargar nafta. La máquina quedó en Mar del Plata para hacer demostraciones.
  • 28 de enero, viaje de ida en un Bréguet militar con 30 kilos de ejemplares del diario La Prensa.
  • 29 de enero, regreso del Bréguet militar sin pasajeros.
  • 29 de enero, viaje de ida en un Farman 50 con cuatro pasajeros.

 

El 31 de enero se dio por terminada la Misión, realizándose los últimos vuelos sobre Buenos Aires, arrojando volantes que agradecían las atenciones recibidas. Entre el 4 de noviembre de 1919 y el 31 de enero de 1920 había completado más de 650 vuelos, recorriendo unos 73.000 kilómetros y transportando un total de 745 pasajeros de los que gran parte fueron invitados. Los que pagaron lo hicieron como beneficio, totalizando $ 2850.-, de los que se entregó la mitad a la sociedad de Beneficencia el 15 de marzo de 1920. La otra mitad se destinó a los huérfanos de militares franceses.

 

Un proyecto como éste requería grandes inversiones estatales, y esto no estaba dentro de los planes del gobierno de Yrigoyen, y la Misión Francesa sólo dio lugar a un par de empresas que hoy llamaríamos taxi aéreo, que nunca fueron fuertes.

 

El paso siguiente para establecer un transporte aéreo regular lo dio la firma inglesa Airco (luego De Havilland) que estableció una representación entre nosotros en 1919, que realizó muchos vuelos de demostración, tratando de llevar pasajeros notables, lo que le dio mucha prensa.

 

El 1° de septiembre de 1921 este grupo, con varios socios locales, formó la Compañía Rioplatense de Aviación que, el 17 de diciembre de 1921, inauguró un servicio regular entre Buenos Aires y Montevideo. Eran dos vuelos semanales (sábados y lunes), que se realizaban con biplanos Airco DH-4. Sin recibir subsidios, la línea se canceló en marzo (Compañía Río Platense de Aviación: La gran novedad).

 

Airco DH-4 con el que la Compañía Rioplatense de Aviación inauguró sus servicios regulares en 1921 (foto Archivo General de la Nación).

 

En los dos años siguientes la empresa realizó vuelos a demanda y buscó subsidios para nuevos servicios, chocando siempre con el desinterés general del gobierno y el hecho de que el transporte aéreo no existía para la ley argentina, razón por la cual no había ninguna dependencia a cargo para entablar negociaciones.

 

El 1° de enero de 1924 se reanudaron los vuelos a Montevideo, ahora con aviones anfibios Vickers Viking, que partían de Dársena Norte. Se había conseguido el pago de $ 9000.- mensuales para hacer seis viajes redondos semanales, cuyos fondos provenían, por partes iguales, de los presupuestos del Correo y el Ministerio de Guerra.

 

Vickers Viking con motor Rolls Royce de 170 HP de la Compañía Rioplatense en el puerto de Buenos Aires (foto Archivo General de la Nación).

 

Pero tres meses después se dejó de pagar el subsidio y el servicio se suspendió de modo definitivo. Para la anécdota, los pasajeros podían solicitar un servicio de lunch a bordo, que se entregaba antes de despegar en canastas.

 

Misión Junkers

 

El 1º de abril de 1924 desembarcó en Buenos Aires la Misión Junkers, versión alemana de los grupos comerciales aeronáuticos, que traía un avión radicalmente nuevo, el monoplano metálico Junkers F-13, con motor BMW de 185 HP, y diversos refinamientos que lo ponían muy por delante de los biplanos conocidos por entonces en la Argentina. Con ellos realizó algunos vuelos de demostración y analizó las rutas nacionales posibles, llegando a la conclusión de que no se podrían operar sin subsidios, que aparentemente no había.

 

Se buscó entonces el dinero provincial, llegándose a un acuerdo con la provincia de Córdoba, que destinó una partida para la operación entre Córdoba y Villa Dolores, una ruta sobre las Sierras Grandes, que se inauguró el 7 de enero de 1925, con tres frecuencias semanales. El pasaje costaba cuarenta pesos.

 

Los alemanes exploraron la ruta a Río Cuarto, que resultó más rentable que la de Traslasierra, pero no consiguieron un nuevo subsidio, por lo que debieron prorratear el existente en dos frecuencias semanales a Río Cuarto y una a Villa Dolores. Los pobladores protestaron y en esta discusión se produjo el primer sabotaje a un avión de pasajeros denunciado policialmente: la empresa adujo que durante una escala en Villa Dolores alguien había colocado una piedra en el piso de un avión, que dificultaba el control del mismo. La autoridad la desestimó.

 

Un Junkers F-13 en Villa Dolores (foto Córdoba de Antaño).

 

Al mismo tiempo, la Misión ofrecía vuelos recreativos en Buenos Aires, y continuaba haciendo demostraciones en las provincias, siempre buscando abrir nuevas rutas, para lo que requería subsidios que no conseguía.

 

Finalmente logró un acuerdo con el Correo, que aceptó establecer una sobretasa para el transporte de correspondencia entre Buenos Aires y Montevideo, que comenzó a operarse el 1° de marzo de 1926. Para este menester los aviones se reequiparon con flotadores.

 

La gran apuesta de los alemanes era conseguir algún tipo de acuerdo para el transporte de correspondencia a Europa, pero el gobierno no mostró ningún interés en la operación, a pesar de que se realizaron muchas gestiones diplomáticas. Finalmente, los subsidios se cortaron en 1927 y la empresa optó por retirarse del país. Los aviones pasaron a las flotas de Varig y el Lloyd Aéreo Boliviano.

 

Los tres grupos reseñados, a pesar de que los dos últimos formaron empresas locales, eran claramente extranjeros y pensaban que ningún negocio aeronáutico era posible sin aportes estatales. No había registro de aeronaves ni matrículas en esos años, pero es evidente que los aviones no eran argentinos, y los socios locales que hubo en los emprendimientos nunca tuvieron poder decisorio. La primera legislación argentina en la materia se dictó en 1925 y se reglamentó dos años después.

 

Hubo algunos diminutos emprendimientos locales, pero ninguno prosperó, fundamentalmente por la misma falta de interés del Estado.

 

Aeroposta Argentina

 

Cuando terminó la Gran Guerra, un grupo industrial propuso al gobierno francés establecer una línea aeropostal que enlazara Francia con Santiago de Chile. Consiguió grandes subsidios y así inauguró el primer tramo, de Tolulouse a Barcelona, el 25 de diciembre de 1918. Competía en su empeño con alemanes y españoles, que tenían proyectos parecidos (La trastienda del Graf Zeppelin).

 

La ruta se fue extendiendo y, en 1924, una delegación estuvo en Buenos Aires tanteando el ambiente. En enero de 1925 se hizo un vuelo demostrativo entre Río y Buenos Aires, pero se avanzó muy poco más, porque la empresa estaba en bancarrota y prácticamente paralizada.

 

Pero en abril de 1926 el control de la empresa pasó a un grupo financiero francés del Brasil, que le inyectó fondos y logró subsidios franceses. A partir de ese momento se llamó Compagnie Générale Aéropostale.

 

A principios de 1927 el gobierno argentino, casi sin trámites previos y sin licitación ni concurso, dio a los franceses lo que les había negado a los alemanes: un contrato de subsidios postales con el correo oficial, y a partir de ahí comenzó la preparación de la línea postal a Europa, que se inauguró de modo experimental el 22 de noviembre desde el flamante aeropuerto de Pacheco, construido por los franceses.

 

Símbolo de Aeroposta Argentina.

 

Para atender sus asuntos locales la empresa creó una filial que se llamó Aeroposta Argentina, que luego de establecido el servicio a Europa buscó en convertirse en línea aérea de alimentación, que aportara correspondencia al tramo principal, para lo que inauguró el 1° de enero de 1929 un servicio bisemanal a Asunción, con escala en Monte Caseros.

 

Aeroposta siguió con los preparativos del servicio postal a Santiago de Chile, una de las rutas más difíciles del mundo, que inauguró experimentalmente el 15 de junio de 1919.

 

La ruta siguiente fue a la Patagonia, que se inauguró el 1° de noviembre, entre Bahía Blanca y Comodoro Rivadavia y se extendió luego hasta Río Gallegos, llevando siempre pasajeros y correo. Todos los horarios de estos servicios estaban diseñados para aportar correo a la ruta a Europa, que salía los sábados.

 

El último servicio de este ciclo se inauguró el 6 de enero de 1930, como vuelos de temporada a Mar del Plata.

 

Laté 25 utilizado por Aeroposta Argentina en sus primeros servicios (foto Archivo General de la Nación).

 

La crisis de 1930 golpeó a la matriz francesa, que vio cortado el flujo de fondos de su gobierno, lo que afectó directamente a los servicios de ultramar, que se fueron reduciendo. Aeroposta Argentina pidió subsidios al gobierno argentino, pero no logró todo lo que necesitaba. Después de todo tipo de gestiones, en las que fue importante la presión de las poblaciones patagónicas, se logró finalmente que el estado alquilara a la empresa su material y explotara el servicio por su cuenta, hasta el 1° de junio de 1932. Este período fue conocido como la Aeroposta Nacional.

 

En esa fecha los inversores franceses retomaron el control de la compañía y continuaron volando la línea entre Bahía Blanca y Río Gallegos, pero sin hacer nuevas inversiones, con aviones Laté 28, que se fueron desactualizando con el correr de los años.

 

Un Laté 28 de Aeroposta Argentina repostando en Río Gallegos. Obsérvese lo precario de la operación y los operarios sosteniendo los cables que sujetan las alas (foto Mi Río Gallegos).

 

Las empresas norteamericanas

 

Cuando terminó la I Guerra Mundial el gobierno norteamericano fomentó la creación de líneas aéreas de alcance mundial, a las que dio abundantes subsidios y contratos para transporte de correspondencia con un criterio y una planificación que demostraron su efectividad para lograr una industria sólida.

 

Así fue que en 1929 se anunció en Buenos Aires la NYRBA Line, con intenciones de volar a los Estados Unidos por el Atlántico y el Pacífico. Se realizaron algunos vuelos de prueba, y el 19 de agosto se inauguró un servicio entre Buenos Aires y Montevideo operado con anfibios Sikorsky S-38. Tenía un convenio con los correos de Uruguay y la Argentina para transportar correspondencia y los horarios preveían dos salidas diarias de Buenos Aires a las 8:00 y a las 15:00, y desde Montevideo a las 9:45 y 16:45. El tiempo de vuelo era de 1:15 horas. El 27 de noviembre se inauguró un servicio a Yacuiba, en Bolivia, que hacía escalas en Córdoba, Tucumán y Salta, operado con trimotores Ford.

 

Publicidad de los vuelos de NYRBA a Montevideo en los diarios porteños.

 

Pero NYRBA fue víctima de la crisis de 1930 y otros manejos políticos que la llevaron a la quiebra, y sus activos fueron comprados por Pan American, que voló las rutas del Atlántico a través de su subsidiaria Panair do Brasil y por el Pacífico por medio de Panagra. Esta última estableció una verdadera red doméstica argentina en el noroeste, ya que sus vuelos hacían escala en Córdoba, Mendoza, Tucumán y Salta. Primero con trimotores Ford y luego con Douglas DC-2 y DC-3.

 

Un Ford trimotor de Panagra.

 

El panorama de las líneas internacionales se completa con el Sindicato Cóndor (que era Lufthansa) que empezó a transportar correspondencia a Europa en 1934, con una frecuencia quincenal, que luego fue semanal. y que extendió sus vuelos a Chile en 1935.

 

Publicidad anunciando la iniciación de los servicios del Sindicato Cóndor, en La Prensa del 23 de julio de 1934.

 

Cambios políticos

 

En 1930 un golpe militar derrocó al presidente Hipólito Yrigoyen. La consecuencia más notable desde el punto de vista aeronáutico fue la creación, en 1931, de la Dirección de Aviación Civil, dentro del Ministerio del Interior, sacando en consecuencia el control de esta actividad de la órbita del Ejército.

 

El primer año de esta repartición fue caótico, ya que, como consecuencia de la crisis mundial y local, tuvo presupuestos muy pequeños y poco pudo hacer. No obstante, en 1934 propuso un proyecto de líneas aéreas que cubrirían todo el país que, tras el dictado de una ley, se adjudicarían por licitación. No se hizo nada.

 

En 1937 se realizó un nuevo proyecto para el transporte aéreo en el país que, en un libro completísimo de 650 páginas, marcó tres conclusiones absolutas:

 

“Es previo a toda realización u organización en lo que respecta a comunicaciones aéreas que el Estado fije la política que ha de seguir en materia de aviación civil y comercial”.

“Cualquiera sea la política general que en materia de comunicaciones aéreas adopte el Estado, debe existir una ley que fije los principios fundamentales de esa política…”

“Cualquiera sea la política aérea que el Estado adopte, y la ley y reglamentaciones que se dicten, se requiere la existencia de un organismo con autoridad suficiente para aplicarlas…”

 

La propuesta de rutas era implantar de inmediato servicios de Buenos Aires a Formosa, Jujuy y Esquel, y en un plazo de entre cinco y diez años ramales y líneas que cubrieran todo el país.

 

Realizaciones menores en la Argentina

 

Para completar el panorama de esos años, hay que sumar algunos microemprendimientos, ninguno de los cuales prosperó, pero que intentaron ofrecer algún tipo de servicio regular. Sus protagonistas fueron por lo general pilotos que buscaban vivir de su profesión en el campo civil.

 

  • Aero Club Tucumán. En 1925 prestó un servicio que quiso ser regular entre Tucumán y Tafí del Valle con un Curtiss Oriole para dos pasajeros. Es posible que también haya volado a Río Hondo. En 1927 voló a Catamarca y en 1928 se incorporó un monoplano Fairchild con motor Wright Wirlwind de 220 HP. En 1931 llegó un Bellanca de 220 HP. Todas las máquinas habían sido cedidas por el Estado, que también facilitó algunos pilotos. La operación concluyó en el otoño de 1932.
  • Compañía Franco Argentina de Aviación. Fue un emprendimiento privado auspiciado por el Aero Club Rosario, que voló entre Rosario y Victoria durante cuatro meses en 1929. Utilizó aviones Potez 32 y no pudo conseguir subsidios. 
  • Aero Club Dolores. En 1929 se inició un servicio entre Dolores, General Lavalle y General Conesa, impulsado por el aeroclub, pero muy probablemente operado por la Dirección de Aviación Civil, con un Curtiss Robin de 90HP. Luego hubo cambios de material y de pilotos, que eran de la Dirección. En 1931 la cabecera se trasladó a Morón y el servicio se canceló definitivamente en enero de 1932. Toda la operación estuvo plagada de sobresaltos. 
  • Mensajería Aérea Buenos Aires – Resistencia. (1931), a cargo de José Gatti y José Elverdin, operó con Laté 28 y consiguió una sobretasa postal para la correspondencia. Funcionó alrededor de tres meses. 
  • Hermanos Regúnega. (1931) a cargo de Carlos y Julio Regúnega. Volaron con un De Havilland 80 Puss Moth de 100 HP de Salta a Cafayate, Santa María y Amaichá del Valle haciendo un vuelo cada dos semanas. Se suspendió a los dos meses tras un accidente en el que murió Eduardo.

 

Detrás de muchos de estos emprendimientos estuvo la Dirección de Aviación Civil, que era el organismo a cargo de la aviación civil en el país, que por un lado no tenía claro qué era el transporte aéreo y, por el otro, carecía de los presupuestos necesarios para sostener emprendimientos mínimos.

 

SETA

 

Habría que hacer un estudio desapasionado de la aviación militar argentina.

 

La Fábrica Militar de Aviones fue inaugurada en octubre de 1927, en Córdoba, para producir material militar, pero en 1933 salió de su planta un avión de transporte civil, el AeT-1, Era una mala copia del Junkers F-13 de catorce años atrás, pero una muestra de las intenciones, no sabemos bien de quién, porque el Ejército, en ese momento, no tenía injerencia ni en el transporte ni en la aviación civil.

 

Lo concreto es que a principios de 1933 el Ministerio de Guerra autorizó la instalación de líneas internas de transporte de pasajeros y correo desde Córdoba a Buenos Aires, Villa Dolores y Río Cuarto.

 

Se construyeron tres ejemplares del avión, con los que se equipó el Servicio Experimental de Transporte Aéreo (SETA), una organización militar en la que hubo algunos pilotos civiles, que voló entre Córdoba y Buenos Aires con un subsidio de la provincia de Córdoba. Es de destacar que esa ruta estaba servida por Panagra, que utilizaba aviones Ford trimotores, lo que hace por lo menos discutible la intención de establecer un servicio competitivo.

 

El AE-T1 construido por la Fábrica Militar de Aviones (foto Archivo General de la Nación).

 

Se operó durante tres meses y luego otros dos meses. En total, SETA transportó 197 pasajeros.

 

El renacimiento de Aeroposta Argentina

 

Aeroposta Argentina, de propiedad francesa, era en 1936 la principal empresa argentina de transporte aéreo, que realizaba dos vuelos semanales entre Bahía Blanca y Comodoro Rivadavia, uno de los cuales se extendía a Río Gallegos, con una flota de Laté 28 que requerían una urgente renovación, pero el problema era más amplio, porque la incorporación de nuevas máquinas exigiría la actualización de los aeropuertos y los sistemas de comunicaciones. Los accionistas no tenían intenciones de invertir en una empresa que se sostenía vegetativamente con la venta de pasajes y pagos del Estado por transporte de correspondencia.

 

En este estado de cosas, en 1937, la sociedad fue comprada por un grupo inversor argentino, tras lo cual se firmó un contrato con el Estado por el que Aeroposta renovaría la flota y los aeródromos para establecer dos servicios semanales entre Buenos Aires y Comodoro Rivadavia, uno de los cuales se prolongaría a Río Grande, y se establecía un subsidio único de un peso con cincuenta por cada kilómetro volado en servicio comercial.

 

Los vuelos se inauguraron en octubre de 1937, con una flota de tres trimotores Junkers Ju52-3m para diecisiete pasajeros y la red de aeropuertos y comunicaciones totalmente renovada. El tiempo total de vuelo entre ambos extremos era de doce horas y cuarto, y se hacían ocho escalas intermedias.

 

La empresa estudió la expansión de sus rutas. La primera elegida fue Bariloche, realizándose algunos vuelos de estudio en diciembre de 1937, en Junkers, logrando un permiso provisorio para hacer servicios experimentales entre diciembre de 1938 y abril de 1939. Se hicieron unos pocos vuelos, y también se pidió autorización para volar a Bolivia y Asunción (una ruta explotada en 1929).

 

Un Junkers Ju52-3M de Aeroposta en Comodoro Rivadavia (foto Archivo Municipal de Comodoro Rivadavia).

 

Ninguna de estos pedidos fructificó, y la expansión de Aeroposta quedó limitada a su ruta a Río Gallegos, que llegaría a tres frecuencias semanales, y un servicio de Comodoro Rivadavia a Lago Buenos Aires, Cañadón León y Lago Argentino (hoy El Calafate), para seguir desde allí hasta Río Gallegos, que se hizo con un subsidio de 1,20 pesos por kilómetro. Por otro lado, estableció, en el verano de 1946, un servicio estacional a Mar del Plata.

 

Corporación Sudamericana de Servicios Aéreos

 

La Corporación sudamericana de Servicios Aéreos fue una empresa argentina fundada por inversores argentinos e italianos en 1935. Hay que verla como una parte del plan de Mussolini por tener una aviación comercial de alcance global. Solicitó autorizaciones muy amplias para volar, pero lo concreto es que en agosto de 1938 recibió un permiso para las rutas de Buenos Aires a Rosario y Montevideo, que empezó a operar el año siguiente con dos hidroaviones Macchi C-94 para doce pasajeros. Los servicios tuvieron varios sobresaltos por problemas administrativos, fundamentalmente, por tener pilotos italianos.

 

En 1941 el gobierno asignó las rutas a Paraguay fijando una subvención de $ 1,50 por kilómetro, con una reglamentación muy similar a la existente entonces para Aeroposta Argentina. Los servicios se inauguraron en marzo, saliendo del puerto de Buenos Aires a las 8 de la mañana para llegar a Asunción a las 15:30.

 

Macchi C-94 de la Corporación Sudamericana de Servicios Aéreos.

 

Sin una gran capitalización propia, y con problemas para explotar sus servicios, la Corporación no puedo hacer frente a las obligaciones contraídas para pagar los aviones, lo que hizo que debiera pasar las acciones a sus acreedores, que cedieron la administración de la compañía a Fiat Argentina. A mediados de 1941 la empresa era totalmente italiana, y en este momento debió enfrentar los rigores de la guerra, en particular los problemas para conseguir repuestos para aviones italianos, con lo que sus servicios terminaron suspendiéndose.

 

Sociedad Argentina de Navegación Aérea (SANA)


Símbolo de SANA.

 

La Sociedad Argentina de Navegación Aérea SA, SANA, fue constituida en agosto de 1939 por un grupo inversor argentino. La intención era volar entre Buenos Aires y Colonia, para seguir de allí a Montevideo en bus.

 

Se adquirieron a Panagra dos Consolidated Commodore y tres Sikosky S-38B, máquinas muy viejas, que estaban en pésimo estado. Los servicios se inauguraron el 5 de junio de 1940 y tuvieron buena acogida del público, pero la empresa no fue rentable, en parte por la obsolescencia de su material de vuelo.

 

Por otro lado, SANA logró autorizaciones para establecer una amplia red hacia el noroeste del país, donde volaba Panagra, pero no pudo comprar aviones para encararla. Los vuelos a Colonia se suspendieron en 1943 y la sociedad fue liquidada.

 

Consolidated Commodore con el que SANA voló a Colonia (foto Archivo General de la Nación).

 

Las Líneas Aéreas del Estado


Junkers Ju52-3m de LADE (foto Archivo General de la Nación).

 

Desde 1931, y hasta el golpe de 1943, la aviación civil, y por lo tanto el transporte aéreo, estuvieron en la órbita del Ministerio del Interior. Pero en 1938 comenzaron gestiones para la instalación de una línea aérea militar entre Buenos Aires y Bariloche, una ruta que, en ese momento, estaba pedida por Aeroposta Argentina.

 

Con esa intención el Ejército compró en Alemania cinco células de trimotores Junkers Ju52-3m, que se equiparon en la fábrica de Córdoba con motores norteamericanos (la guerra ya limitaba la llegada de insumos alemanes) y, aparentemente sin pedirle permiso a nadie, se comenzaron a hacer vuelos experimentales en 1939.

 

Símbolo de LASO, que con pocas diferencias luego fue el de LADE.

 

El 19 de julio de 1949 se firmó el Decreto 67.777/40, por el que se autorizó al Comando de Aviación de Ejército a establecer una línea aérea para transporte de pasajeros y correspondencia entre Buenos Aires, Santa Rosa, Neuquén, Bariloche y Esquel. Los fundamentos de la norma dicen que el servicio se prestaría en zonas que carecían en ese momento “de fáciles vías de comunicación, lo que evidenciaba una necesidad colectiva que requería el establecimiento de un servicio público era un deber o una función social del Estado… hasta tanto se establezca el régimen legal de la Aeronáutica Civil o llegue el momento de organizar definitivamente con carácter civil y comercial los servicios…” Si se considera que en ese momento había servicios ferroviarios entre Buenos Aires y todas las escalas propuestas, y que una empresa privada argentina había manifestado su interés por prestar ese servicio, el fundamento de la creación de esta línea es poco consistente.

 

El servicio se denominó Línea Aérea Sud Oeste (LASO), y el vuelo inaugural se realizó el 24 de enero de 1940, hasta Bariloche.

 

En 1941, por Decreto 9.235/43 se autorizó la Línea Aérea Noreste (LANE), en la ruta Buenos Aires – Colonia Yeruá – Monte Caseros – Posadas, que comenzó a operarse el 6 de enero de 1944, prolongándose luego a Asunción. La situación en este caso era distinta, porque no había ningún servicio de superficie coherente a las escalas argentinas, y los servicios a Asunción habían sido abandonados por la Corporación. En 1945 se añadió a la red el tramo Posadas – Resistencia – Clorinda.

 

Servicios Aéreos del Estado (SADE)

 

Por aquellos años la Mesopotamia argentina separada del resto del país por el río Paraná, carecía de vías rápidas de comunicación. Quizás sea cierto, quizás no, pero la tradición oral dice que para la estrategia argentina éste era el lugar donde debía detenerse cualquier invasión brasileña y, a juzgar por el desarrollo vial de la región, la idea es creíble. Lo concreto es que, hasta el 13 de diciembre de 1969, fecha en que se inauguró el túnel Hernandarias entre Santa Fe y Paraná, no hubo ninguna comunicación terrestre con la región. En los años cuarenta, sus caminos eran pésimos, anegadizos y con serios problemas de puentes para cruzar los infinitos ríos y arroyos de su geografía, lo que hacía que las comunicaciones fueran muy difíciles.

 

Para atender el movimiento de correspondencia en la región, en 1944 se crearon los Servicios Aéreos del Estado (SADE), una línea postal que cubrió rutas entre Buenos Aires y veintitrés escalas en la Mesopotamia con aviones Fleet y Waco. Originariamente dependió del Ejército, pero desde 1945 estuvo en la órbita de la Dirección de Aviación Civil, que por aquel entonces también dependía del Ministerio de Guerra.

 

PERÓN Y DESPUÉS

 

El General Perón conversando en la cabina de un Avro York de FAMA (Archivo General de la Nación).

 

El golpe de estado de 1947, que dio origen al peronismo, modificó la concepción de la aviación en la Argentina y dio lugar al transporte aéreo moderno, cuya nave insignia fue Aerolíneas Argentinas. Los años que vinieron después, a pesar de que hubo cambios importantes, siguieron manteniendo la impronta del peronismo.

 

La situación aerocomercial en 1945

 

El 4 de junio de 1943 operaban líneas domésticas: Aeroposta Argentina S.A., que volaba a la Patagonia y era de capitales privados argentinos; la Corporación Sudamericana de Servicios Aéreos, de capitales italianos, en el Litoral; las Líneas Aéreas del Estado, mantenidas por el Ejército, que volaban una vez por semana a Esquel, Asunción y Posadas y Pan American Grace Airways (Panagra), de capitales norteamericanos, que ofrecía cinco vuelos a Córdoba y Mendoza y tres a Tucumán y Salta, con conexión a los Estados Unidos. Además, existían los Servicios Aéreos del Estado (SADE) que transportaban correspondencia a la Mesopotamia.

 

Las líneas extranjeras que llegaban al país eran la citada Panagra, la Compañía Aeronáutica Uruguaya (CAUSA), Cruzeiro do Sul, Pan American World Airways y Panair do Brasil. El grupo norteamericano no ocultaba sus intenciones de ampliar sus actividades en la postguerra, y éste fue uno de los temas de conversación del embajador norteamericano Spruille Braden con Perón (ver Pan Am (I): Tiempos de guerra y La guerra ha terminado… Ahora vienen los cielos abiertos).

 

Pero también había empresarios locales con intenciones de incursionar en el negocio. El más notable era el grupo Dodero, que creó la Compañía Argentina de Aeronavegación Dodero y realizó gestiones para adquirir aviones Short Sandringham y DC-4.

 

Hidroavión Sandringham de la Compañía Argentina de Aeronavegación Dodero, que luego pasaría a ALFA y después a Aerolíneas Argentinas (foto Archivo General de la Nación).

 

Los cambios legales

 

El nuevo gobierno, el 4 de enero de 1945, creó la Secretaría de Aeronáutica, un organismo independiente, sin la tutela del Ejército, que entendió en todo lo que tuviera que ver con la aviación civil y militar, salvo la aviación naval.

 

El Decreto 9.358/45, que fue un minicódigo aeronáutico, fijó la política del estado en la materia, estableciendo, entre otras medidas, que las líneas aéreas domésticas serían operadas por empresas mixtas con participación del Estado y capital nacional, que los permisos a empresas extranjeras serían dados en reciprocidad y que la infraestructura sería totalmente estatal.

 

La actividad de Panagra no era compatible con esta legislación, pero tanto Aeroposta como Dodero se adaptaron a ella, formando sendas empresas mixtas.

 

En la ciudad de Buenos Aires funcionaban los aeropuertos de Morón, El Palomar, Pacheco y el Hidropuerto. Ezeiza se construyó entre 1945 y 1949 y la Fuerza Aérea inauguró en 1948 el Aeroparque de la ciudad de Buenos Aires. Las estaciones aéreas del interior por lo general eran modestas, pero en los años siguientes hubo inversiones para modernizar varios aeropuertos.

 

El aeropuerto de Córdoba fue una de las mayores construcciones aeronáuticas del gobierno peronista en el interior (foto Archivo General de la Nación).

 

Al mismo tiempo que esto sucedía, líneas aéreas extranjeras comenzaron a volar a Buenos Aires, siendo las primeras Braniff, Air France, British South American Airways, Iberia, KLM y LAN-Chile.

 

Las líneas aéreas mixtas

 

Para cubrir las rutas interiores se definieron zonas de influencia y se crearon tres empresas mixtas:

 

Aeroposta Argentina, formada por los antiguos socios de la anterior empresa homónima, que voló al sur con una flota de Douglas DC-3.

ALFA (Aviación del Litoral Fluvial Argentino), en cuya configuración estuvo el grupo Dodero y se hizo cargo de los servicios al litoral fluvial, usando hidroaviones Short Sandringham y Douglas DC-3 (ver LADAR (Dodero / ALFA): Imagen de la modernidad).

Zonda (Zonas Oeste y Norte de Aerolíneas Argentinas), que voló al noroeste con Douglas DC-3.


De izquierda a derecha: Prendedor con el símbolo de Aeroposta Argentina, prendedor con el logo de Alfa y logo de Zonda.

 

Como arrastre de la Guerra, los Estados Unidos habían establecido un embargo para la venta de aviones a la Argentina, por lo que los DC-3, que fueron la columna vertebral del sistema, provinieron de otras fuentes, fundamentalmente Canadá. Los hidroaviones eran ingleses.

 

Douglas DC-3 de Zonda, fotografiado en Canadá antes de su entrega (foto Canadair).

 

Estas tres empresas establecieron un moderno sistema de rutas que llegaba desde Buenos Aires a casi todo el país. Desde el punto de vista operativo lograron tener una eficiencia adecuada a las expectativas del momento, pero no lograron sostenerse económicamente, algo que estaba previsto, y debieron recurrir a los subsidios estatales, que se pagaron en tiempo y forma.

 

Rutas operadas por las sociedades mixtas y LADE a fines de los años cuarenta.


LADE


Símbolo de LADE.

 

Los servicios de LASO y LANE se unificaron en 1945, en la Secretaría de Aeronáutica, con el nombre de Líneas Aéreas del Estado (LADE), y en los veranos de 1946 a 1948 se operó además un servicio a Mar del Plata.

 

Cuando empezaron a operar las sociedades mixtas, LADE les cedió sus rutas, pero, al mismo tiempo, se le concedieron otras, excluidas de las otorgadas a las mixtas o consideradas auxiliares.

 

Los servicios internacionales

 

En diciembre de 1945, el Decreto N° 34.682, considerando que LADE era el organismo con que el gobierno podía prácticamente y de inmediato actuar en la implantación de servicios internacionales, la declaró órgano ejecutivo de la política aérea internacional, sin perjuicio de su actividad interna, y le encomendó a la Secretaría de Aeronáutica la constitución de la Flota Aérea Mercante Argentina (FAMA) como sociedad mixta.

 

Prendedores con los dos símbolos utilizados por FAMA.

 

El proceso de formación de la empresa fue bastante conflictivo. Uno de los principales problemas fue el embargo norteamericano, que llevó a integrar la flota con aviones ingleses, Avro York y Lancastrian, muy poco competitivos.

 

Los servicios empezaron el 4 de julio de 1946, con un hidroavión Sandringham alquilado a ALFA, que voló a Gran Bretaña en tres días.

 

Avro York de FAMA (foto tarjeta postal).

 

Después FAMA compró a Dodero algunos DC-4, con los que pudo ofrecer un servicio competitivo y, acabado el embargo, colocó órdenes por Douglas DC-6 y Convair 240. Promediando 1947. FAMA ofrecía vuelos a Santiago de Chile, Río de Janeiro, Madrid, Roma y Londres (ver Racing vuela por FAMA).

 

Douglas DC-6 con los colores de FAMA (foto Archivo General de la Nación).

 

En este momento, también, nació el sindicalismo aeronáutico. El primer conflicto con cancelación de vuelos fue con las empresas extranjeras del grupo Pan American, en enero de 1950.

 

Aerolíneas Argentinas


Primer símbolo de Aerolíneas Argentinas, producto de un concurso de diseño ganado por Rodolfo Peña.

La nueva constitución argentina de 1949 estableció que todos los servicios públicos debían ser explotados exclusivamente por el Estado. Como consecuencia, el 3 de mayo de 1949, los activos de las cuatro sociedades mixtas fueron nacionalizados, quedando su administración a cargo del Ministerio de Transportes. Los inversores recuperaron su dinero.

 

No hubo inicialmente una idea clara sobre qué hacer con cuatro empresas que tenían flotas y culturas diferentes. Recién en diciembre de 1950 se creó la empresa del Estado Aerolíneas Argentinas, que involucró todos los activos y el personal de las mixtas.

 

La nueva conducción redujo y racionalizó la flota, que quedó formada por los Douglas DC-3, C-47, DC-4 y DC-6, más los Short Sandringham. Los Convair 240 se recibieron después.

 

 

Convair 240 con el primer esquema de Aerolíneas Argentinas, casi idéntico al de Aeroposta Argentina (foto Archivo General de la Nación).

 

Las rutas se mantuvieron, con la novedad de que en marzo de 1950 se inauguraron vuelos a Nueva York (ver Aerolíneas Argentinas, cuando no era Aerolíneas Argentinas). Un año después de su fundación, la empresa tenía una flota de 42 aeronaves.

 

A partir de entonces, Aerolíneas Argentinas no pudo modernizar ni ampliar su flota, lo que la sumió en una suerte de estancamiento. Mantuvo las rutas, pero no mejoró.

 

Rutas internacionales de Aerolíneas Argentinas en 1951. La red doméstica era casi idéntica a la de las mixtas.

 

LADE y otras empresas menores


Símbolo de TAASA.

 

LADE continuó operando con sus DC-3, DC-4 y Vickers Viking, llegando a Bariloche, Córdoba, Mendoza, Bahía Blanca, Tandil, Santa Rosa, Catamarca, La Rioja, Mar del Plata y Resistencia, con pocas frecuencias.

 

Aunque el período peronista se caracterizó por el monopolio de Aerolíneas Argentinas, funcionaron algunas empresas privadas de transporte:

 

Taxis Aéreos Argentinos Sociedad Anónima (TAASA), constituida en 1946, realizó servicios a demanda y en 1948 se hizo cargo de los antiguos circuitos de SADE en la Mesopotamia, que ALFA había abandonado, subsidiada por el Correo. Funcionó hasta 1960.


Transportes Aéreos Inter Americanos (TAIA). Fue una empresa de cargas que operó entre 1948 y 1950 con un Curtiss C-46.


Operación de un Curtiss C-46 de TAIA (foto Oscar Luis Rodríguez).

 

La desregulación argentina

 

Perón fue derrocado en septiembre de 1955 y el gobierno militar que lo siguió cambió drásticamente la política aerocomercial, permitiendo la entrada de nuevos protagonistas, en una suerte de desregulación. El control de Aerolíneas pasó a manos de la Fuerza Aérea, que lo retendría hasta 1984.

 

Aerolíneas Argentinas recibía entonces importantes subsidios, y ninguna ecuación de empresas privadas era posible sin otros subsidios, pero el país no tenía capacidad económica para sostener a empresas estatales y privadas, por lo que ambos sectores necesitaban la desaparición del otro para subsistir, desatándose una guerra política, que nunca se resolvió, porque Aerolíneas Argentinas continuó siendo sostenida por las arcas públicas pero, al mismo tiempo, se crearon no menos de cuarenta nuevas empresas, que reclamaron el apoyo del estado, que fue muy escaso (ver Aerolíneas Argentinas: 20 millones de accionistas).

 

La aparición de los nuevos operadores se justificó por la baja calidad de los servicios de la empresa estatal, pero, sin grandes inversiones, no pudieron prosperar y la mayoría había quebrado en 1961.

 

A pesar de las limitaciones económicas, Aerolíneas Argentinas logró reequipar su flota internacional con la compra de seis Comet 4, que le permitieron ser la primera operadora de jets en el Atlántico sur (ver La llegada de los reactores). El reequipamiento de la flota doméstica llegaría en 1962, con la incorporación de Caravelle y Avro 748.

 

El Comet 4 fue el primer jet de la flota de Aerolíneas Argentinas (foto redes sociales).

 

En esta época, además, comenzaron los conflictos gremiales fuertes, muy mal manejados desde un principio por una patronal que trató de militarizar la empresa y, además, hubo una gran tasa de accidentes, tanto en Aerolíneas como en las empresas privadas.

 

Caravelle de Aerolíneas Argentinas (Adolfo Jorge Soto, Facebook).

 

Con respecto a LADE, durante estos años siguió volando con baja producción.

 

Las nuevas empresas

 

A partir de 1957 se crearon más de cuarenta empresas aerocomerciales en la Argentina (ver Negocios con dinero ajeno). Todas llegaron de un modo u otro a la bancarrota, y la única que subsiste, después de una historia de sobresaltos, es Austral, que ahora es estatal. Hubo algunas empresas de carga que lograron subsistir un tiempo, pero la cambiante política de esos años terminó con sus posibilidades.

 

Las flotas de estas empresas estuvieron formadas, casi exclusivamente, por aviones usados, la mayoría excedentes reciclados de la II Guerra Mundial.

 

Símbolo de Transcontinental.

 

Transcontinental fue la primera empresa constituida con el nuevo régimen, en 1956. Sus socios eran argentinos, pero uno de ellos tenía importantes negocios aeronáuticos en los Estados Unidos. Comenzó en marzo de 1957, volando servicios domésticos desde Aeroparque a Córdoba, Mendoza, Mar del Plata, Bariloche y Montevideo, a las que agregó luego otras escalas con Curtiss CW-20T. A principios del año siguiente agregó servicios a Nueva York en Lockheed 1049H, que operaba en pool con Real Aerovías Brasil, a precios inferiores a los de IATA. A fines de 1959 estos aviones fueron reemplazados por dos Bristol Britannia, con los que poco después, además, voló a Chile (ver La Preocupación de Güiraldes).

 

Este Curtiss CW-20T de Transcontinental fue el primer avión que llegó a la Argentina para las empresas creadas con el nuevo régimen (foto Archivo General de la Nación).

 

Recibió muy pocos subsidios, y ahogada económicamente, dejó de operar en 1961. Algunos de sus activos pasaron a Austral.

 

Aerolíneas Ini, propiedad de José Ini comenzó en 1958 a transportar ganado en pie a Miami, vía Pacífico, utilizando un Douglas DC-4. En abril de 1960 comenzó a llevar pasajeros, a tarifas reducidas, con un Douglas DC-6B, sin abandonar la carga. Dejó de volar en septiembre de 1963.

 

Transportes Aéreos Buenos Aires (TABA) fue fundada en 1957 con el objeto de vincular ciudades del interior de la provincia con la capital. Para ello contó con cinco Beechcraft 18 con capacidad de hasta ocho pasajeros. Si se considera que voló hasta 1969/70 resulta que fue una de las empresas más exitosas del período, pero su producción siempre fue pequeña.

 

De izquierda a derecha, logos de: Ini, TABA y el original de ALA.

 

Aerotransportes Litoral Argentino (ALA) fue fundada en Rosario a fines de 1956 y comenzó a volar a Buenos Aires en marzo de 1957 con Aerocommander 680S, para siete pasajeros. Luego unió Rosario con Bahía Blanca, Córdoba, Mar del Plata, Montevideo, Resistencia y Tucumán. En enero de 1958 se suspendieron los servicios, y tras un cambio en el paquete accionario se reanudaron en mayo, con aviones Douglas DC-3. A partir de entonces la base pasó a estar en Aeroparque.

 

Douglas DC-3 de ALA aterrizando en Aeroparque, circa 1959 (foto Pablo Luciano Potenze).

 

ALA recibió los magros subsidios que se daban en esa época, lo que le impidió pagar sus deudas para lo cual terminó entregando acciones a Pan American, pero no dejó de operar.

 

Símbolo original de Austral.

 

Austral, Compañía Argentina de Transportes Aéreos Sociedad Anónima Comercial e Industrial (CATASACI), creada a principios de 1957, voló desde enero de 1958 entre Aeroparque y Río Gallegos, haciendo escalas en la costa. En 1959 los servicios se extendieron a Colonia, Montevideo, Mar del Plata, Neuquén y Punta Arenas. También recibió subsidios.

 

Además de las citadas, en aquellos años hubo muchas aerolíneas de menor envergadura, las principales de las cuales fueron:

 

Esquema original de los Curtiss C-46 de Austral (foto C. Volpati vía J.C. Rodríguez).

 

  • Aerovías Monder. Creada en 1955, operó servicios de carga con un Lockheed Lodestar y un Curtiss C-46. Dejó de funcionar en 1957, pero sus socios y el Curtiss se integraron en Austral.
  • Aeronorte. Creada en 1955, operó inicialmente con un Cessna T50 y un Beechcraft Bonanza uniendo Iguazú, Eldorado, Posadas y Corrientes. Después agregó un DHC-2 Beaver. Los servicios se interrumpieron a fines de 1959.
  • Sociedad Argentina de Líneas de Transporte Aéreo (SALTA). Creada en 1956, no pasó de ser un taxi aéreo, aunque se propuso realizar vuelos regulares con un Cessna T-50 entre Salta, Jujuy, Chaco y Santa Fe.
  • Aerochaco. Creada en 1957 por el gobierno de su provincia, con una participación mínima del Aero Club Chaco. El plan original fue volar al interior chaqueño, en aquel entonces muy mal comunicado por vías de superficie, con dos DHC-2 Beaver nuevos. Recibió subsidios federales que le permitieron mantenerse en su particular mercado.
  • Aerounión. Creada en 1957 para prestar servicios de carga en el sur del país, con un capital de 20 millones de pesos y dos aviones Curtiss C-46.
  • Norsur. Fue fundada en 1957, operó servicios de pasajeros desde Buenos Aires a la Mesopotamia con nueve Lockheed Lodestar. Dejó de funcionar en 1960 (ver Un dibujo naïf y una historia muy densa).


De izquierda a derecha y de arriba a abajo, los logotipos de: LAC, Norsur, PLAS, TAA, Transaer y Transcarga.

 

  • Líneas Aéreas de Cuyo. Fue un proyecto de 1957, que se propuso volar por todo el país con base en Mendoza, pero no pasó de hacer algunos vuelos no regulares con Lockheed Lodestar.
  • Primeras Líneas aéreas Santafesinas (PLAS). Fundada en 1957, comenzó transportando pasajeros entre Santa Fe y Buenos Aires, pero por otro carril transportó carne congelada a Chile con aviones alquilados. Dejó de operar alrededor de 1960.
  • Trans Atlántica Argentina (TAA). Fue creada en 1957 con el objeto de hacer vuelos a Europa. Después de muchos cabildeos, en 1960 comenzó a operar entre Buenos Aires y Zurich con Lockheed 1649-A alquilados. A pesar de operar con tarifas cada vez más bajas, no pudo con la llegada de los jets y quebró en 1962.
  • Transporte Aéreo Costa Atlántica. Creada en 1957 para realizar vuelos entre los balnearios de la costa bonaerense. Dispuso de un Cessna 170 y un Norseman, pero no prosperó.
  • Transamerican Air Transport o Transamérica. Fue creada en 1958 para hacer transporte de cargas a los Estados Unidos. Operó con Curtiss C-46 hasta 1962.
  • Aerovías Halcón. Creada en 1958 para prestar servicios de carga internacionales. Tuvo dos Curtiss C-46, especializándose en el transporte de ganado en pie, dentro y fuera del país. Operó hasta 1969.
  • Servicios Aéreos Mediterráneos (SAM). Fue creada en Córdoba a principios de 1958 con la intención de unir la capital cordobesa con ciudades del noroeste. Dispuso de dos Beechcraft C-45H y algunos De Havilland Dragon. Dejó de volar en 1959.
  • Aerolíneas Carreras. Carguera pura, operó con Curtiss C-46 y Constellation en rutas americanas entre 1960 y 1969.
  • Aeromisiones. Operó con base en Eldorado servicios de pasajeros con un Beedchcraft 18.
  • Aerosantiago. Empresa provincial que operó entre 1960 y 1963 con dos Beechcraft C-45H dentro de la provincia.
  • Transaer. Creada en 1960, realizó servicios de carga a la Mesopotamia con Douglas DC-3 y DC-2, pero no tuvo éxito y desapareció poco después.
  • Transcarga. Creada en 1960, tuvo un Curtiss C-46 pero quebró en 1963.
  • Transportes Aéreos Mirleni. Realizó a partir de 1961 algunos vuelos de carga con un Curtiss C-46 y un Douglas C-54. Dejó de operar un año después.
  • Dirección Provincial de Aeronáutica de Tucumán. Operó servicios de alimentación a partir de 1961 entre Cafayate, Santa María, Catamarca y Tafí del Valle con Piper Azteca. Funcionó poco tiempo.
  • Líneas Aéreas Patagónicas Argentinas (LAPA). Creada en 1961, realizó servicios de carga domésticos e internacionales con Curtiss C-46 y Lockheed Constellation.
  • Asociación Argentina de Aeronavegantes. Creada en 1963, el plan era transportar carga en la Mesopotamia con los Short Sandringham que habían sido de Aerolíneas Argentinas. No prosperó.
  • Línea Aérea Regional del Noroeste Argentino (LARNOA). Fue creada en Catamarca en 1968, pero no llegó a funcionar.
  • Líneas Aéreas del Neuquén (LAN). Fue creada por la provincia del Neuquén y voló dentro de ésta con un Aerocommander 680S, pero los vuelos se suspendieron pronto.

 

ALA y Austral

 

ALA y Austral, en 1961, eran las únicas sobrevivientes y, además, tenían redes complementarias, una al norte y la otra al sur. Entonces crearon una nueva sociedad, denominada ALA y Austral, en la que Pan American (acreedora de ALA) participaba con algo más del 22%. Incorporaron tres Douglas DC-6B y, en conjunto, volaban a diecinueve escalas en el país y cuatro a países limítrofes. La participación de la empresa norteamericana generó gran inquietud en el ambiente de Aerolíneas y la Fuerza Aérea.

 

Un DC-6 de Austral, todavía con matrícula norteamericana. Obsérvese que en la tapa del tren de nariz dice “Equipado con Radar”, algo que los aviones homólogos de Aerolíneas no tenían (foto C. Volpati vía J.C. Rodríguez).

 

Pero cuando Transcontinental dejó de volar, en octubre, esta sociedad se deshizo. Austral compró aviones y rutas de la fallida, y Pan American mantuvo su participación en ambas empresas, que mantuvieron una asociación de hecho entre sí. Llegaron a incorporar diez Douglas DC-6, que estuvieron pintados con los colores de ambas, y compitieron fuertemente con Aerolíneas Argentinas, que a partir de 1962 voló con jets (ver ALA – Aerotransportes Litoral Argentino: El más vulgar de los aviones).

 

La continuidad de Aerolíneas Argentinas

 

Los años que siguieron a la caída de Frondizi fueron relativamente tranquilos para Aerolíneas Argentinas, cuyo mayor problema era la escasa competitividad de los Comet 4, lo que la llevó a decidir la compra de nuevos Boeing 707, que comenzaron a llegar a fines de 1967 (ver Un avión equivocado y una frase en clave). La incorporación de estos aviones fue un punto de inflexión en la historia de la compañía, no sólo por las posibilidades de las máquinas, sino porque también se incorporó una nueva filosofía de operación que permitió solucionar muchos vicios que se arrastraban desde tiempo atrás. Se inauguraron nuevas rutas a Miami y a varios destinos de América. No obstante, esto, continuó recibiendo importantes subsidios, aunque con la llegada del gobierno de Onganía se dijo que se buscaría la autosuficiencia.

 

Boeing 707 de Aerolíneas Argentinas (foto Aerolíneas Argentinas).

 

Para mejorar el rendimiento financiero, Aerolíneas Argentinas decidió, en 1969, incorporar Boeing 737 para reemplazar a los Avro y Caravelle. Esto significaba la intención de suprimir muchas rutas domésticas, que no se podrían operar con las nuevas máquinas, que comenzaron a llegar en 1970.

 

Boeing 737/200 de Aerolíneas Argentina con el esquema original de la flota (foto Vito Cedrini).

 

En los años siguientes la calidad general de los servicios mejoró, pero muchas rutas domésticas fueron suprimidas. Las de la Patagonia fueron transferidas a LADE, pero muchas localidades perdieron el servicio.

 

Red doméstica de Aerolíneas Argentinas en 1973. Han desaparecido muchos destinos de la Patagonia y varios de otras regiones.

 

En el ámbito internacional la situación fue distinta, porque aumentaron los destinos servidos, que llegaron hasta Sudáfrica. También creció el área de carga con la incorporación de aviones convertibles en cargueros.

 

Rutas internacionales de Aerolíneas Argentinas en 1973.

 

El rediseño de LADE

 

Aerolíneas Argentinas tenía ambiciones de grandeza que no concordaban con la obligación de volar a muchas pequeñas ciudades del país con DC-3, sobre todo a la Patagonia. Los Avro 748 no habían podido reemplazar del todo a los DC-3, mucho más rudos para la infraestructura disponible, y la única alternativa era levantar esas escalas, algo difícil desde el punto de vista político. La solución fue “entregar” la red patagónica, con los DC-3 incluidos, a LADE, y seguir volando los tramos troncales.

 

Red de LADE en 1978.

 

Así fue que, en 1969, con presupuestos adecuados, la aerolínea militar empezó a desarrollar una nueva red, que se fue incrementando a medida que llegaban máquinas aptas para esos servicios, que fueron los DHC-6 Twin Otter y los Fokker F-27. En 1971 incluyó las Islas Malvinas en su red y en 1975 algunos servicios pasaron a operarse con Fokker F-28.

 

Operación patagónica de LADE con un Twin Otter de (Foto archivo).

 

Los servicios continuaron así hasta la Guerra de Malvinas, después de la cual se vivió un proceso de achicamiento.

 

Fokker F-27 de la Fuerza Aérea operando para LADE en San Martín de los Andes (foto Pablo Luciano Potenze).

Desde los años setenta la Fuerza Aérea, por medio de LADE, ingresó en algunos negocios de servicios aeronáuticos como los depósitos fiscales de Ezeiza y durante el gobierno de Alfonsín se autorizó el alquiler de las aeronaves militares para servicios civiles, algo que fue aprovechado por Austral para cubrir picos de demanda y por un incipiente grupo de agencias de viajes que empezaron a incursionar en los servicios chárter domésticos e internacionales.

 

Sobre el final del gobierno radical la Fuerza dio en concesión la administración de los depósitos fiscales a Villalonga Furlong, del grupo Yabrán, creándose la empresa Edcadassa para su operación. Poco después ambos socios formaron dos nuevas empresas, Intercargo, que accedió a la prestación monopólica de los servicios de rampa en los aeropuertos argentinos e Interbaires, que se hizo cargo de las tiendas libres de impuestos.

 

El progreso de ALA y Austral

 

Símbolo de Sol Jet.

 

ALA y Austral, que estaban vinculadas societariamente y funcionaban en conjunto, comenzaron a fines de los años sesenta a realizar inversiones turísticas por medio de las empresas controladas Lagos del Sur y Sol Jet. El paso siguiente fue hacer ofertas de vuelos todo comprendido, que incluían el traslado en sus aviones, el alojamiento en sus hoteles y el uso de sus servicios complementarios (ver El chárter en la Argentina).

 

En 1967 las empresas incorporaron jets BAC-111 y turbohélices YS-11, lo que las puso en un pie de igualdad competitiva con Aerolíneas Argentinas, que entonces operaba con Caravelle y Avro 748. No obstante, siguieron dependiendo de los subsidios.

 

Los BAC 111 con los esquemas originales de ALA y Austral (fotos Juan Carlos Rodríguez y C. Volpati).

 

La Ley 19.030, de 1971, fue una suerte de regla del juego posible para el funcionamiento de Aerolíneas Argentinas y Austral. Incluyó un sistema razonable de pago de subsidios, pero dio prioridad a la empresa estatal y dejó en manos del Estado muchas atribuciones adecuadas para liquidar a las empresas privadas en cualquier momento.

 

YS-11 de Austral (foto C. Volpati vía J.C. Rodríguez).

 

ALA y Austral se fusionaron entonces con el nombre de Austral Líneas Aéreas, y continuaron ofreciendo servicios de transporte y turísticos (ver Austral Líneas Aéreas: Un aviso que costó seis millones y medio de dólares).

 

Símbolo de Austral Líneas Aéreas.

 

En los años siguientes, los sectores nacionalistas de los gobiernos peronista y militar, apoyados por los sindicatos, libraron una verdadera guerra contra Austral. Se le cortaron los subsidios, no se le renovaron las concesiones y se le pusieron todo tipo de trabas, con lo que la empresa, en 1980, llegó a la bancarrota. Se esperaba una quiebra, pero el Ministerio de Economía, en una gestión muy discutida, procedió a nacionalizar la empresa, que siguió funcionando en su órbita (ver Austral: Parezco sana, pero me estoy muriendo).

 

La nacionalización permitió que la compañía siguiera operando e incorporara por leasing nuevos aviones DC-9/81.

 

Durante el gobierno militar hubo dos intentos de privatización, no habiéndose presentado nadie en los concursos, que fueron muy amañados y no garantizaban a los eventuales inversores la posibilidad de operar la empresa con libertad.

 

Rutas voladas por Austral en 1981.

 

Las empresas de carga


Símbolo de AER.

 

El mercado de carga aérea es muy distinto del de pasajeros. La experiencia posterior a 1955 de las cargueras puras no fue mala, y su fracaso hay que atribuirlo a problemas como la anulación de los contratos petroleros impulsados por Frondizi y la crisis que siguió. Lo concreto es que pocos años después aparecieron nuevos operadores para estos servicios.

 

Aerotransportes Entre Ríos nació en 1962 y se especializó en el transporte de ganado en pie en toda América con una flota en la que convivieron Curtiss C-46, diversos modelos de Constellation, Bristol Britannia y CL-44.

 

Aeroplan. Autorizada en 1963 hizo vuelos cargueros en la Patagonia desde 1965.

 

Distintos símbolos de TAR.

 

Transportes Aéreos Rioplatenses. Fundada en 1969, originalmente transportó material petrolero a los Estados Unidos con CL-44. Con el tiempo extendió sus rutas, realizando servicios a demanda en todo el mundo, incluso con jets Boeing 707. En julio de 1981 uno de sus aviones fue derribado en la Unión Soviética, en cuyo espacio aéreo penetró inadvertidamente o no. Dejó de operar alrededor de 1986.

 

Aeropalas. Fue creada en 1970 y autorizada en 1972. Realizó vuelos en América con dos DC-4 comprados a Aerolíneas. Dejó de operar en 1971.

 

Trafe. Se presentó como carguera en 1971, pero sólo tuvo aviones de pasajeros, un Convair y un DC-8, con el que hizo poquísimos vuelos a demanda y quedó tirado por años en Ezeiza.

 

El DC-8 de Trafe, que estuvo años abandonado en Ezeiza, fue un buen símbolo de las cuestiones irresueltas de nuestra aviación comercial. Se robaron todo lo que se podía robar, y una noche se incendió espontáneamente en la custodiada plataforma de Chivatos.

Karu Kinká. Nació en 1985 y voló entre Tierra del Fuego y Aeroparque con un Lockheed L-100 alquilado a la Fuerza Aérea y un Boeing 707.

 

Líneas Aéreas del Centro de la República (Lacer). Originariamente bautizada como Córdoba Air Cargo, nació en junio de 1989 para la operación de cargas fundamentalmente internacionales, para lo que contó con diversos Boeing 707 alquilados.

 

Servicios de Transportes Aéreos Fueguinos (STAF). Fue formada a fines de los años ochenta como consecuencia de la ley de promoción industrial de Tierra del Fuego, en virtud de la cual se instalaron en la isla muchas fábricas de productos electrónicos cuyo mercado estaba fundamentalmente en Buenos Aires.

 

Empresas pequeñas


Logo de ALFA.

 

A pesar de que el interés nacional estuvo centrado en Aerolíneas Argentinas y su red troncal, que llegaba a las capitales de provincia y a algunas ciudades de interés comercial o turístico, continuó la operación de pequeñas empresas, generalmente basadas en el interior.

 

Aerochaco. Cuando mejoraron las rutas del interior de su provincia, el proyecto dejó de tener sentido. Se buscó convertirla en un medio de unión del noreste con el noroeste, pero no hubo éxito. Lo lógico hubiera sido liquidarla, pero presiones laborales y políticas lo impidieron. Funcionó con muchos sobresaltos e interrumpió totalmente sus servicios el 1° de enero de 1982, pero los restauró, por unos meses, a mediados del año.

 

En octubre de 1984 la provincia, asociada con otras once provincias, creó la Aerolíneas Federal Argentina, ALFA, que empezó a volar un año después con los FH-227 chaqueños en diversas rutas norteñas, hasta marzo de 1988.

 

Símbolo de Aerotransportes Personal.

 

Aerotransportes Personal. En el entorno de 1970 voló de Buenos Aires a Marcos Juárez y otros destinos cordobeses con Cessna 320 y 402.

 

Dirección General de Aeronáutica de Corrientes. Fue una línea experimental que operó en la provincia en 1968 con Cessna 402.

 

Dirección Provincial de Aeronáutica de Catamarca. En 1962 comenzó a prestar diversos servicios en la provincia. En 1983 se compró un DINFIA G-II y se aumentó considerablemente la oferta, pero la provincia no pudo sostener ese avión.

 

Dirección Provincial de Aeronáutica de Córdoba. En 1972, después del cierre de la ruta Córdoba-Villa Dolores por parte de Aerolíneas, la operó con dos DINFIA G-II hasta 1980.

 

Línea Aérea Provincial de Entre Ríos. Fue creada en 1967 para suplir los servicios de las grandes líneas, limitados por el pésimo aeropuerto de Paraná. Operó con Cessna 337 y 402 hasta 1977.

 

Línea Aérea Misionera. Organizada por el gobierno provincial, operó de modo experimental en 1972 con un Islander y dos Arava, diversas rutas interiores.

 

Aero Servicios Transportes regionales del Oeste (Astro). Operó desde 1970 haciendo transporte a demanda. En 1977 estableció un servicio regular entre Aeroparque y Carmelo con Norman Britten Islander.

 

Símbolos de LAPA. El segundo se empezó a usar en 1985.

 

Líneas Aéreas Privadas Argentinas (LAPA). Fue creada en 1976 con buen respaldo económico, operando entre La Plata y algunas ciudades de la provincia de Buenos Aires con una flota de tres Fairchild Swearingen Metro II. En 1979 compró a Austral los YS-11 y trasladó su base a Aeroparque. En 1980 los reemplazó por Shorts SD-330.

 

En 1984 la empresa cambió de manos e inició un proceso de crecimiento. Dos años después incorporó dos SAAB SF-340, con los que voló de Aeroparque a Colonia, General Pico, Junín, La Plata, Mar del Plata, Necochea, Rosario, Santa Teresita, Tandil y Villa Gesell. En el invierno de 1987 agrandó la red con nuevas rutas, casi todas ellas basadas en Córdoba. La crisis del invierno de 1989 hizo que se suspendieran muchas rutas, quedando solo Aeroparque, Colonia, General Pico, Necochea y Tandil.

 

SAAB SF-340 de LAPA (foto Pablo Luciano Potenze).

 

Dirección Provincial de Aeronáutica de Formosa. En 1976 inauguró servicios de fomento en el interior de la provincia con Piper Cheyenne.

 

Dirección Provincial de Aviación Civil de Salta. A principios de los años setenta realizó servicios entre Salta, Orán y Tartagal, que no se mantuvieron mucho tiempo.

 

Línea Aérea Experimental Riojana. Organización provincial que voló dentro de la provincia con dos Piper Navajo y otras máquinas entre 1979 y 1981.

 

Transportes Aéreos Mendoza. También provincial, voló en la década de 1970 entre Mendoza y Malargüe.

 

Transportes Aéreos Neuquén (TAN). Fue formada por la provincia en 1972 para volar dentro de su territorio. Su flota evolucionó con Piper Navajo, Turbocommander 690B y Swearingen Metro III. En 1985 llegó a Chile y en 1987 incorporó un SAAB SF-340.

 

Línea Aérea Entre Ríos (LAER). A mediados de 1986 la provincia de Entre Ríos comenzó a operar vuelos entre Paraná y Buenos Aires con aviones DINFIA G-II. Después tomó en leasing un SAAB SF-340 que fue devuelto poco después, pero los vuelos continuaron con el material anterior.

 

De izquierda a derecha los logos usados por: TAN, LAS y Cata Línea Aérea.

 

Líneas Aéreas Santafesinas (LAS). Creada en 1985 por la provincia de Santa Fe, voló en el interior de la misma y a Aeroparque con una flota de dos Turbocommander 690B y un CASA 212 con los que también hizo vuelos a demanda. Dejó de funcionar en 1989.

 

Cata Línea Aérea. Empezó a volar de Aeroparque a Olavarría en 1985, agregando luego otras ciudades de la provincia.

 

Cuando en 1987 se implantó el sistema de bandas tarifarias Cata incorporó dos Fairchild F-27 y extendió sus rutas a Bariloche, Santa Rosa e Iguazú con tarifas reducidas.

 

Fairchild F-27 de Cata Línea Aérea (foto Pablo Luciano Potenze).

 

Seal. Entre 1981 y 1988 voló desde Salta a Orán, Tartagal y Tucumán con un CASA-212, un Piper PA-32 y un Mitsubishi Mu-2B/60.

 

Logo de SEAL.

 

Aeroposta. Voló en el entorno de 1988 con un Aerocommander 500 y otros aviones arrendados desde Río Gallegos a Santa Cruz, San Julián, Puerto Deseado, Comodoro Rivadavia, Lago Argentino y Río Turbio.

 

El devenir de Aerolíneas Argentinas

 

Durante el gobierno de Lanusse Aerolíneas Argentinas tomó un sendero claro de crecimiento, incorporando nuevos aviones grandes y abriendo nuevas rutas acordes con su flota. En el ejercicio de 1974, ya siendo presidente Perón, la empresa mostró por primera vez un balance con beneficios. En esos años cambió su imagen e incorporó los Fokker F-28, un avión más chico, pero jet, con el que por fin pudo desterrar los aviones de hélice de su red de baja densidad.

 

Fokker F-28. Con este avión Aerolíneas Argentinas pudo desterrar definitivamente a los Avro 748 (foto C. Volpati vía J.C. Rodríguez).

 

El 31 de diciembre de 1976 recibió su primer Jumbo, lo que le permitió seguir aumentando su oferta. Después vinieron los Boeing 727, el sistema de reservas automatizado y otras inversiones importantes, que generaron un importante endeudamiento. Las rutas llegaron a Montreal en 1978 y Auckland en 1980, por el Pacífico. También se creó Optar, una empresa de servicios turísticos controlada que, a diferencia de Sol Jet, funcionó como mayorista.

 

El Jumbo fue la columna vertebral de los servicios de Aerolíneas Argentinas durante alrededor de veinte años (foto Pablo Luciano Potenze).

 

El proceso de crecimiento siguió durante el gobierno militar, aunque con un gran endeudamiento. Durante la guerra de Malvinas se suprimieron varias rutas internacionales y luego se hizo evidente que la bonanza de esos años se había pagado con una deuda que no se podía cancelar (ver Aerolíneas Argentinas: Después de Malvinas).

 

Los años de Alfonsín

 

Cuando Alfonsín asumió en diciembre de 1983 el país vivía las consecuencias del fuerte endeudamiento contraído por el gobierno militar, del que no escapaban Aerolíneas Argentinas y, en menor medida, Austral.

 

El gobierno se propuso reprivatizar a esta última, pero el proceso fue muy tortuoso, que sufrió varias postergaciones, sin que nunca haya habido una idea única en el gobierno. Además, fue un proceso muy resistido desde el ambiente sindical tradicional.

 

Los DC-9 Súper 80 de Austral fueron por muchos años los aviones más avanzados y eficientes del mercado argentino (foto Carlos Ay).

 

Aerolíneas Argentinas no modificó significativamente su flota ni sus rutas, reinstalando algunas que habían sido suprimidas como consecuencia de la Guerra de Malvinas. Pero hubo una fuerte presión del mercado internacional por la liberación de las tarifas, algo que se instrumentó tarde y mal (ver Tarifas. El fin de una era). Al mismo tiempo los conflictos gremiales llegaron a ser muy fuertes, en parte por el tema salarial, y en parte como consecuencia del temor a la privatización de Austral (ver El día que Aerolíneas Argentinas despidió a todos sus pilotos).

 

Una de las medidas interesantes que se tomaron en 1987 fue la implantación de las bandas tarifarias, que no eran una liberación, pero daban cierta libertad a las empresas para jugar con la tarifa, que hasta ese entonces y desde los años treinta, era un valor fijado por el Estado.

 

En 1986 se tomó la decisión de privatizar Austral. La empresa tenía un razonable nivel de funcionamiento, la mayoría de su personal provenía de la gestión privada y no hubo resistencia por ese lado. Se actualizaron las concesiones, se condonó la deuda y se abrió una licitación que fue adjudicada en noviembre de 1987 a la empresa Cielos del Sur, controlada por el grupo Pescarmona. Los nuevos dueños, inmediatamente, anunciaron su intención de operar servicios internacionales, algo que tenían prohibido por el contrato de privatización y por la ley vigente.

 

En los últimos meses de 1987 empezó a gestarse en el gobierno un plan de privatización parcial de Aerolíneas Argentinas, que se hizo público el 8 de febrero de 1988, cuando ya se había firmado una carta de intención con la escandinava SAS para que ésta ingresara en el capital de la empresa estatal. Hubiera sido un buen momento para cambiar la legislación vigente, pero el gobierno tenía otras prioridades.

 

Y allí se desató una tempestad política y empresarial. El peronismo exigía que el acuerdo fuera por licitación, Austral se sentía discriminada e intentó ingresar en Aerolíneas asociada con Alitalia y Swissair y dentro del propio gobierno había muchos que no comulgaban con la idea. Los gremios estuvieron divididos, APA, APTA, UPSA y ATVLA se opusieron, APLA apoyó con cautela y la AAA se mantuvo en silencio.

 

Durante meses se trabajó en un proyecto de ley que se presentó en el Congreso, pero no fue aprobado, con lo que todo quedó en la nada.

 

MENEM Y DESPUÉS


El presidente Carlos Menem en la ceremonia de bautismo del Boeing 757 Anillaco, en agosto de 1997.

 

El presidente Menem asumió en 1989 con una situación económica compleja. Después de algunos tanteos, ideó un saneamiento mediante un achicamiento del Estado que incluía la privatización de empresas públicas, para lo que hubo una ley de reforma del Estado que, entre otras cosas, autorizaba la privatización de Aerolíneas Argentinas. Por otro lado, en abril de 1991, un plan económico fijó la paridad uno a uno entre el peso y el dólar.

 

En Aerolíneas había descontento salarial, lo que se negociaba sin lograr soluciones, matizado con paros y amenazas de paros. Las pocas empresas privadas que seguían de pie, sufrían.

 

Rutas domésticas operadas por Aerolíneas Argentinas en 1990, en el momento de su privatización.

 

La privatización de Aerolíneas Argentinas

 

En octubre de 1989 se anunció la privatización de Aerolíneas Argentinas, para lo que se hizo un llamado a licitación por el 85% del capital. Un 5% quedaría en manos del Estado como acción de oro y el 10% pasaría al personal. El 51%, con este esquema, quedaría en manos argentinas.

 

Aunque se hablaba del tema desde tiempo atrás y se recordaba el fracaso de la asociación con SAS, el anuncio fue un shock, porque era evidente que esta vez iba en serio, y era un gobierno peronista el que lo llevaba adelante.

 

Rutas internacionales operadas por Aerolíneas Argentinas en 1990, en el momento de su privatización. El servicio a Londres, suprimido durante la Guerra de Malvinas fue reestablecido por el gobierno de Menem poco antes.

 

Los gremios, considerados peronistas, mostraron desorientación, y no tuvieron reacciones contundentes, ni a favor ni en contra. Tampoco hubo reacciones notables en el Congreso.

 

Hubo varios interesados en la licitación, pero sólo se presentó una oferta, de un consorcio formado por Iberia, Cielos del Sur y diversos inversores argentinos y españoles.

 

En julio de 1990 se firmó la adjudicación, y allí comenzó un sainete que duraría años, porque el consorcio adjudicatario no tenía capacidad para pagar, lo que produjo desavenencias entre los socios y demoras en la entrega. En este tira y afloje Iberia tomó el control de Austral, pero nunca se pudo formar una sociedad en la que el 51% del capital estuviera en manos argentinas. Lo que se pagó se hizo con créditos y la venta de activos de Aerolíneas, que se endeudó fuertemente con acreedores españoles y necesitó una fuerte capitalización que el Estado no quiso y los socios locales no pudieron hacer. Finalmente, a principios de 1994, el gobierno permitió que Iberia se quedara con la mayoría del capital (Decreto 52/94). La empresa española tomó el control total de la empresa sin cumplir las condiciones de la licitación ni pagar lo pactado. Todo fueron cruces contables sobre la deuda de Aerolíneas Argentinas con Iberia (ver Esta azafata es nuestra).

 

Además, el Estado renunció a su derecho de veto, se comprometió a defender a la empresa como aerolínea de bandera ante terceros países y ejercer más control sobre los vuelos no regulares; se suprimieron todas las obligaciones de inversión y Aerolíneas accedió al autohandling.

 

Durante este tiempo los gremios fueron pasando de la pasividad a la acción, tanto en materia salarial y convencional, que era una historia vieja, cuanto en lo político, donde adoptaron una posición cada vez más rupturista con la empresa y con el gobierno.

 

Los servicios después de la privatización


La Flota de BAC-111 de Austral fue reemplazada por Douglas DC-9/30, vendidos por Iberia, que tenían la misma antigüedad (foto Pablo Luciano Potenze).

 

La nueva gestión se limitó a mantener lo que había, sin hacer mayores inversiones y endeudando a la empresa con su propietaria. Se suspendieron algunas rutas, se integró la operación con Austral y, fundamentalmente, los balances siempre arrojaron pérdidas. La calidad del servicio decayó de modo notable, hubo cuestiones de seguridad operativa y hasta accidentes (ver Cachivaches seguros).

 

Logo de Inter Austral.

 

Con respecto a la flota, se incorporaron algunos MD-80 que habían sido encargados por Austral antes de la venta, y el resto fueron aviones usados, algunos dejados de lado por Iberia, como los DC-9/30 que reemplazaron a los BAC-111 en Austral.

 

El problema gremial escaló a partir de diciembre de 1992, cuando comenzó un plan de reducción de plantilla y en el año siguiente se vivió un estado de conflicto permanente.

 

La mejor idea que tuvo Iberia en la argentina fue la creación de una organización controlada que operó desde Córdoba a diversas ciudades del norte del país con el nombre de fantasía de Inter Austral.

 

Su flota estuvo formada por dos aviones CASA 235 que Iberia tenía ociosos en Europa. Empezó a volar en abril de 1993 y dejó de operar dos años después, después de un accidente en el que murió una TCP. Las máquinas, tiempo después, se basaron en Aeroparque para hacer otros servicios con títulos de Austral Express, otro nombre de fantasía.

 

CASA 235 de Inter Austral en Mendoza (foto Pablo Luciano Potenze).

 

La guerra de guerrillas

 

La privatización fue hecha con la intención de crear un monopolio, y lo logró. En 1991 Aerolíneas y Austral tenían el 95% del mercado argentino, y era muy difícil para cualquier competidor hacerles frente. Por este motivo el resto de las compañías optó por una singular “guerra de guerrillas”, pequeños enfrentamientos en lugares y situación elegidos, donde la gran competidora no podía desarrollar su capacidad.

 

Curiosamente, el primer golpe vino desde el interior del gobierno, porque el Ente Nacional Argentino de Turismo (Enatur), buscando abaratar los pasajes de los turistas extranjeros que venían al país, logró la autorización de charters generados en los Estados Unidos. Como estas cuestiones son recíprocas, quedó abierta la puerta para que empresas argentinas hicieran lo propio. Poco después el permiso se extendió a los servicios domésticos, algo que, entre otros, aprovechó una Empresa de viajes salteña llamada Dinar, que alquiló aviones de LADE para esto.

 

El paso siguiente fueron los charters a Miami, muy demandados por la clase media alta local. La primera oferta, con la marca Fiesta Top, estuvo realizada por un grupo de agencias de viajes que usó los servicios de Aeroposta (una empresa que volaba en la Patagonia) y alquiló un TriStar de Rich international para hacer los vuelos, que incluían, eventualmente, servicios turísticos en destino.

 

TriStar de Rich International, en Ezeiza, haciendo un chárter contratado por agencias de viaje argentinas (foto Pablo Luciano Potenze).

 

La siguiente oferta, con la marca Metrotur, utilizó los servicios de World Airways, que movilizó un DC-10, pero todo terminó en una gran estafa a los pasajeros, porque los vuelos se suspendieron abruptamente promediando la temporada (ver Metrotur: Una de estafadores).

 

Logo de la operadora Metrotur.

 

Luego se añadieron otras opciones, fundamentalmente a Brasil, propuestas por agencias de viajes que alquilaban aviones de la Fuerza Aérea y de la Marina. Austral también hizo charters, y la temporada 1991/92 fue buena para el turismo emisivo.

 

En el invierno Aeroposta se convirtió en una aerolínea internacional de hecho, porque vendía pasajes a Miami a precios reducidos que transportaba en vuelos no regulares realizados con un Boeing 747/100.

 

Jumbo de Aeroposta (foto Gustavo D’Antiocchia).

 

En el verano siguiente volvieron los charters turísticos, pero ahora se agregaron STAF, una empresa carguera que puso su nombre y licencia argentina para que Aerocancún hiciera servicios a México, LAPA y Aerosur.

 

Logo de la chartera Staf.

 

Pero el entusiasmo duró poco, porque los reclamos de Iberia movieron al gobierno argentino a limitar los charters internacionales a un mínimo. Aerosur y Aeroposta dejaron de operar y STAF volvió a las cargas. Las agencias de viajes no tuvieron más remedio que contratar a Aerolíneas.

 

La competencia interna

 

LAPA, que a mediados de 1992 operaba con dos aviones de hélice, llegó a la conclusión de que era posible competir de igual a igual con la decadente Aerolíneas Argentinas en sus rutas domésticas y, con el fuerte respaldo financiero de sus dueños, alquiló dos Boeing 737/200 para hacerlo. El gobierno, quizás preocupado por la situación de la antigua empresa estatal, no lo objetó. El 13 de marzo de 1993 comenzaron los vuelos de Aeroparque a Bariloche, Córdoba, Iguazú y Mendoza con tarifas un 35/40% por debajo de la de Aerolíneas Argentinas. El éxito fue fulminante.

 

Uno de los primeros Boeing 737/200 de LAPA (foto Pablo Luciano Potenze).

 

Detrás de LAPA vinieron otros, con distintos planes y resultados.

 

 

Logo de Aerosur.

 

Aerosur. Cuando abandonó los charters internacionales propuso un vuelo de Ezeiza a Comodoro Rivadavia y Río Gallegos en un Boeing 727 con dos clases. Fue bloqueada por las autoridades.

 

Dinar Líneas Aéreas. Originariamente fue una agencia de viajes y cambio salteña. Luego, como vimos, incursionó en el mercado de los charters y luego decidió volcarse al mercado grande. Su autorización se demoró en los vericuetos de la burocracia y, finalmente, comenzó a volar entre Buenos Aires y Salta (ver Partes de otra guerra (de tarifas)).

 

Las organizaciones pequeñas

 

Pero además de estas empresas, que operaron con jets en rutas troncales, hay que mencionar muchas otras, más pequeñas, que brotaron en diversos mercados cuando hubo algún indicio de posibilidades concretas.

 

Logotipo de SASA.

 

Sudamericana de Aviación (SASA). Formada por el personal de Gas del Estado, después de su privatización. La flota se consolidó en dos Turbocommander 690B y dos F-27. Realizó vuelos a demanda, a veces con operadores turísticos, en todo el país. Dejó de operar en 1995.

 

Transportes Aéreos Petroleros (TAPSA). Similar a la anterior en su formación, pero del personal de YPF. Hizo vuelos a demanda para la empresa petrolera y algunos otros servicios, a veces con apariencia de regulares. Su flota fue muy heterogénea (Turbocommander, DHC-6 Twin Otter, IAI-102 Arava, Pilatus PC-6, Learjet 25 y SAAB SF-340).

 

Cata Línea Aérea. Mantuvo su esquema anterior de servicios regulares de bajo costo (en rigor fue la primera low cost de la historia argentina) a diversos destinos domésticos, con aviones F-27 muy viejos, baratos en todo sentido. La aparición de LAPA, volando las mismas rutas con jets y precios similares la desplazó de ese mercado, dedicándose entonces a las cargas. Dejó de volar en octubre de 2003.

 

LADE. Durante el gobierno de Menem LADE redujo sus servicios y muchas veces estuvo a un paso de la desaparición, pero nunca hubo espacio político para cerrarla. El alquiler de aviones a terceros siguió.

 

Pero el achicamiento de LADE afectó las comunicaciones en la Patagonia, razón por la cual el gobierno federal ideó, en 1994, un sistema de subsidios que se llamó Programa Integral de Desarrollo Aéreo Patagónico (PIDAP), que permitió el funcionamiento de cuatro empresas locales (tres preexistentes, una nueva; dos estatales y dos privadas). Éstas fueron:

 

Transportes Aéreos Neuquén, propiedad de la provincia del Neuquén, la más antigua de todas, que terminó siendo privatizada. Comprada por la brasileña VASP, que no supo qué hacer con ella, cambió de manos y finalmente volvió a la provincia. Dejó de volar en 2000 (ver Cuando TAN fue brasileña).

 

Servicios Aéreos Patagónicos (SAPSE), Formada por la provincia de Río Negro en 1991, nunca tuvo un rumbo definido y en su devenir hubo varios conflictos judiciales y actos de corrupción. Llegó a tener tres Metro III y los servicios se suspendieron en 1997. Después fue privatizada, convirtiéndose en Servicios Aéreos Patagónicos SA (SAPSA) que voló entre 1998 y 2000 la ruta Viedma – General Roca – Bariloche.

 

De izquierda a derecha logos de: TAN-VASP, SAPSE y El Pingüino.

 

El Pingüino. Fue un desprendimiento de una empresa de transporte terrestre que operó poco tiempo con base en Río Gallegos, utilizando aviones CASA 212.

 

Kaikén Líneas Aéreas. Fue una empresa familiar que nació en 1989, como taxi aéreo. A fines de 1993 incorporó dos Swearingen Metro II, y a partir de allí realizó servicios de línea, al principio entre Río Gallegos, Río Grande, Ushuaia y Punta Arenas en Chile. El proyecto apuntaba al tráfico entre la isla y el continente, y al turismo extranjero. Con la financiación generosa del Banco de Tierra del Fuego, y luego con los beneficios del PIDAP Kaikén creció, y en 1994 incorporó dos DHC7 Dash7. con los que extendió sus rutas hasta Córdoba y Mendoza.

 

Logo de Kaiken Líneas Aéreas.

 

En 1997 incorporó dos SAAB SF-340, con los que mantuvo sus servicios patagónicos, pero sus problemas económicos crecían, dejando de volar a principios de 2000.

 

El PIDAP fue una experiencia interesante, que permitió el funcionamiento de las empresas, pero no su desarrollo y menos su integración en una red completa, por lo que todos terminaron compitiendo con todos. Cuando se acabaron los subsidios comenzaron los problemas y el resultado final fue que todas estas empresas, más tarde o más temprano y por caminos distintos, terminaron en la bancarrota (ver La señal de Batman (Kaikén y el humor patagónico)).

 

Rutas de TAN y Kaikén.

 

En otras geografías, también hubo empresas locales:

 

Aerochaco. ALFA, que era Aerochaco, dejó de volar en 1990 y la provincia intentó privatizarla sin éxito, mientras se acumulaban deudas y juicios laborales. En 1993 se intentó disolverla, pero la política lo impidió, por lo que siguió existiendo en estado latente hasta que, en noviembre de 1994, se privatizó, siendo adjudicada a la chilena Emprendimientos Aéreos SA, que usaría el nombre comercial de ALTA (Asociación Latinoamericana de Transportes Aéreos). Con una flota de seis Beechcraft 1900 puso en marcha una red muy amplia basada en Resistencia, pero no logró resultados comerciales, hubo graves conflictos gremiales y los vuelos se suspendieron en agosto de 1998. La provincia volvió a hacerse cargo de lo que quedó, que no servía para hacer una línea aérea.

 

LAER. En diciembre de 1991 LAER volaba entre Aeroparque, Paraná, Goya y Reconquista con sus DINFIA G-II, con buena regularidad. A mediados de 1992 se pensó que había llegado la hora de crecer y se incorporaron dos Jetstream 31.

 

Un año después, siguiendo la moda del momento, se decidió privatizarla. Hubo varios llamados, plagados de complicaciones que nunca llegaron a concretarse, pero continuó funcionando razonablemente con los Jetstream. En abril de 1998 incorporó un ATR-42/300.

 

Muy condicionada por la política, perdió el rumbo. Se habló de privatizar, pero en abril de 2001 se cancelaron todos los servicios. Después hubo alguna reiniciación esporádica, tercerizando la operación, pero la empresa entró en vida vegetativa.

 

Transportes Aéreos Catamarca. Fue un nombre de fantasía adoptado por la provincia homónima, en 1993, que incorporó dos Metro III y estableció un plan de rutas dentro de la provincia con extensión a Antofagasta, en Chile, suspendiéndose las operaciones en 1996. Posteriormente, con distintas máquinas, hubo reanudaciones y suspensiones de los servicios.

 

Además de las organizaciones citadas, que fueron las más notables, durante este período se formaron muchas otras, que realizaron vuelos no regulares, a veces organizados como regulares, tratando de hacer pie en un mercado que les resultó esquivo. Podemos mencionar a:

 

  • Aerocóndor. Subsidiaria de un grupo peruano, voló entre Córdoba y Villa Dolores e hizo servicios a demanda.
  • Aeromed. Voló en la segunda mitad de 1993 entre Aeroparque y Santa Fe con un CASA 212.
  • Air Tango. Hizo servicios a demanda con Metro, fundamentalmente de carga.
  • Aries del Sur. Hizo algunos fletamentos cargueros con Boeing 707 en 1992. Funcionó muy poco tiempo.
  • Hawk Air (Aero Patagonia). Hizo algunos servicios basada en Comodoro Rivadavia con Metro y Merlin.
  • Helyjet (Helijet). Comenzó haciendo traslados sanitarios y luego incursionó en los vuelos no regulares de pasajeros y carga.
  • LAWSA (Líneas Aéreas Williams). Realizó diversos servicios no regulares de pasajeros y carga desde 1993. En 1997 intentó una línea regular Buenos Aires-Venado Tuerto-Marcos Juárez con aviones Metro III.

 

El camino a ninguna parte

 

El proyecto de Iberia fue monopólico con tarifas altas, y la aparición de competidores con aspiraciones como LAPA y Dinar, que basaron su propuesta en el precio, estaba fuera de todos los cálculos, lo que explica la falta casi total de reacción de la empresa ante la irrupción de estas compañías que, muy rápidamente, captaron una porción interesante del mercado.

 

El proceso de vaciamiento de Aerolíneas Argentinas continuó. Se vendieron los simuladores, cerrando el centro de instrucción de pilotos y el edificio de Alsina y Paseo Colón, amén de casi todos los aviones, que sufrieron un sale and lease back. Las relaciones con los gremios siguieron mal, y se siguieron cerrando rutas. Para atender el servicio americano se incorporaron tres A-310.

 

Para autorizar la privatización de Iberia, la Unión Europea le exigió que se desprendiera de Aerolíneas Argentinas, lo que fue un proceso, basado en asientos contables, por los que la empresa pasó a ser controlada por una dependencia denominada Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), pero Iberia retuvo la gestión. En un segundo paso, American Airlines tomó una participación del 8% del capital de Aerolíneas en el otoño de 1998.

 

El servicio se siguió degradando, y los vuelos domésticos y regionales seguían siendo atendidos por una flota variopinta de viejos Boeing 737/200 de diversos orígenes, que ni siquiera estaban pintados uniformemente. En diciembre de 1997 dejó de volar a Los Ángeles.

 

Mientras tanto LAPA siguió creciendo, llegando a tener alrededor de un 30% del mercado doméstico en 1998. Incorporó Boeing 757, y 737/700 y en agosto de 1999 comenzó a volar a Atlanta, en los Estados Unidos.

 

Rutas de LAPA en 2000.

 

Dinar también se fue expandiendo, aunque en menor escala, volando con una flota bastante heterogénea, que se estabilizó en DC-8/40 y MD-80.

 

Rutas de Dinar en 1999.

 

Nuevas empresas


Logos de Southern Winds.

 

En la segunda mitad de la década aparecieron otras empresas, que buscaron nuevos nichos de mercado:

 

Southern Winds. Planteó una idea totalmente nueva: volar desde Córdoba a diversas localidades del interior con jets Canadair CRJ-200 de 50 asientos. Financiada por bancos canadienses, comenzó a operar en julio de 1996 y logró buena aceptación. Casi inmediatamente, agregó un convenio con Aerolíneas Argentinas para hacer vuelos de baja densidad, que no eran viables con su Boeing.

 

Se incorporaron más aviones similares y biturbos Dash8 para rutas de baja demanda, configurando una red bastante amplia.

 

Rutas de Southern Winds en 2001.

 

Andesmar. Fue formada por la empresa de autotransporte homónima en 1995 y voló desde el otoño de 1996 con base en Mendoza con dos SAAB SF-340. Los resultados no fueron favorables y, exactamente dos años después de haber comenzado a operar, canceló todos sus servicios.

 

Logos de Andesmar y Aerovip.


AeroVip. Fue fundada en 1995 para acceder a la privatización de LAER y en 1998 buscó convertirse en una línea de tercer nivel con bases en Córdoba y Buenos Aires. Hizo un convenio con Aerolíneas Argentinas para alimentar sus vuelos troncales, y en el invierno de 1999 comenzó a operar entre Córdoba y Rosario, en directa competencia con Southern Winds. Después se incorporaron más aviones similares y se amplió la red.

 

Hacia 2000 hacía vuelos por cuenta de terceros, para Aerolíneas primero y LAPA, después. Cambió varias veces de manos, incluyendo un tiempo que fue controlada por la uruguaya Pluna, que le arrendó un CRJ-900 en 2009 y, finalmente, quebró en 2013.

 

Air Plus. Fue una chartera de capitales españoles (grupo Marsans) que ofreció servicios turísticos a partir de enero de 1998, con dos Airbus A-310. Se mantuvo en este espacio hasta que sus titulares compraron Aerolíneas Argentinas en 2001.

 

American Jet. Comenzó a operar vuelos a demanda con aviones de 19 plazas en 1994, fundamentalmente para empresas mineras y petroleras, con cabecera en Neuquén y Mendoza. Desde 1999 realizó algunas incursiones en los vuelos regulares. Su flota estuvo formada por Dornier Do 228 y Swearingen Metro 23. En los últimos años creció con ATR-42 y ERJ-195.

 

Logo de Baires Fly.

 

Baires Fly. A partir de 1998 realizó diversos servicios en rutas patagónicas y la provincia de Buenos Aires, con Metro II y III y Turbo Commander 690A. Subsiste actualmente en el mercado no regular.

 

Otras empresas que tuvieron muy pequeña actividad transportando pasajeros y carga con aviones de hasta 19 plazas fueron AeroAndes, Airman, Alas del Sur, Orión Aviación, Patria Cargas Aéreas, Pilmaikén Servicios Aéreos, Senma Líneas Aéreas y Trader Air Line,

 

El largo camino a la privatización de los aeropuertos

 

Durante los años ochenta casi no se hicieron inversiones en infraestructura y esto se notó en la década siguiente, cuando comenzó un proceso de crecimiento. La necesidad de inversiones era evidente y, en ese momento, sólo podía pensarse en una solución: privatizar. Pero era un tema complejo, porque afectaba los intereses de concesionarios de servicios diversos, que actuaban en los aeropuertos desde mucho tiempo atrás.

 

En enero de 1993 Menem anunció la privatización de Ezeiza, a lo que siguió una discusión sobre la posibilidad de privatizar el resto de las estaciones, el cierre del Aeroparque y hasta la construcción de una aeroísla en el Río de la Plata.

 

El Poder Ejecutivo trató de lograr una ley, pero fue cajoneada en el Congreso, y la privatización se hizo por decreto. Después de un procedimiento muy tortuoso, la operación de la mayor parte de los aeropuertos argentinos fue adjudicada, a principios de 1998, a Aeropuertos Argentina 2000, un consorcio comandado por el grupo Eurnekian, que poco después pensó que, con una Aerolíneas Argentinas en franca decadencia, podía convertirse en el dueño del negocio aerocomercial argentino. Para ello, en 2000 tomó un 30% de Southern Winds y un año después, en medio de la crisis, compró LAPA, que estaba concursada, y la renombro ARG y luego AIRG (ver Aeropuertos Argentina 2000: Cumplimos con todos).

 

Símbolo de LAPA durante el tiempo que se llamó ARG.

 

El final de la experiencia menemista

 

El ingreso de American Airlines al control de Aerolíneas Argentinas se retrasó, al tiempo que seguía la conflictividad laboral y no se hacían inversiones (ver Acuerdo del bilateral con los Estados Unidos ¿El fin de la bandera argentina?).

 

Se siguieron incorporando Boeing 737/200 usados en Aerolíneas y Austral y en junio de 1999 llegó el primero de cuatro A340 usados que reemplazarían a los Jumbos. Las autoridades españolas y American seguían buscando algún interesado que quisiera comprar la compañía, sin éxito, y después de un año, American se retiró del consorcio.

 

La crisis de 2001

 

La crisis que se desató después de la caía de las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001, agravó la crisis que ya vivía la Argentina y se reflejó fuertemente en el sector aerocomercial, fundamentalmente por el fin de la convertibilidad, el aumento desmedido de la paridad cambiaria y una fuerte inflación.

 

La SEPI presentó un plan director para recuperar a una Aerolíneas en franca decadencia. Sus líneas generales eran capitalización, ahorros, achicamiento, despidos y beneficios fiscales. Para llevarlo a la práctica era necesaria la aprobación sindical, que fue un proceso difícil, con un conflicto permanente, mientras la empresa volaba cada vez menos. En ese momento se popularizó la frase “Salvemos a Aerolíneas Argentinas”.

 

El seleccionado argentino de fútbol salió a la cancha el 3 de junio de 2001 para enfrentar a Colombia con una camiseta con la leyenda “Salvemos Aerolíneas Argentinas”, y posó para la prensa con este cartel.

 

Al mismo tiempo, el resto de las empresas también se achicaban, y los servicios se redujeron a una mínima expresión.

 

En abril de 2001 Aerolíneas y Austral dejaron de operar por el agravamiento de su conflicto gremial, pero el mercado estaba tan deprimido que no hubo mayores complicaciones por la demanda insatisfecha. Los trabajadores hicieron un campamento en Aeroparque.

 

Campamento de los trabajadores de Aerolíneas Argentinas y Austral durante el invierno de 2001 (foto Pablo Luciano Potenze).

 

Los españoles se mantuvieron firmes en la posición de negociar solamente con el conjunto de los gremios, lo que no fue posible porque APTA nuca aprobó el plan director. Algunos servicios se reestablecieron, pero la situación era de naufragio, con algunos picos importantes de violencia en los aeropuertos.

 

Sin solución a la vista, el 23 de junio de 2001 Aerolíneas Argentinas presentó ante la Justicia su pedido de concurso preventivo de acreedores buscando evitar así la quiebra. Por otro lado, la SEPI buscaba un comprador y el gobierno argentino estaba ausente.

 

A principios de octubre, en España, se anunció que el grupo Aerolíneas Argentinas y Austral había sido vendido al grupo Air Comet, controlado por Viajes Marsans. No trascendieron entonces las condiciones del contrato, pero años después se supo que el precio de venta había sido un dólar y que la SEPI había acordado entregar al comprador alrededor de 700 millones de la misma moneda para sanear la empresa (ver Un claro entre las nubes).

 

Los nuevos dueños trataron de recuperar el mercado perdido mediante una oferta de pasajes baratísimos, entrando en una guerra de tarifas generalizada que fue ganada por el grupo Marsans, que tenía espaldas más anchas. LAPA fue vendida al grupo boliviano Aeroandina, propietario de Aerosur, que tampoco pudo encaminarla, cesando los vuelos en abril de 2003.

 

Dinar tampoco soportó la presión, y luego de una larga agonía dejó de volar el 20 de marzo.

 

Southern Winds pudo sobrevivir, pero redujo sus servicios, y cambió su flota por una serie de Boeing 737/200 que basó en Aeroparque. Pero la novedad fue que esta empresa, después de muchas postergaciones, comenzó servicios a Miami y Madrid con Boeing 737/300ER, en agosto de 2002 (ver La incoherencia es la madre de todos los vicios).

 

Logo de American Falcon.

 

Una última empresa de estos tiempos de crisis fue American Falcon, creada en 1995 como aerolínea no regular que, con Boeing 737 y F-28 hizo vuelos de fletamento para LAPA y Dinar cuando éstas no pudieron movilizar sus aviones. En 2002 intentó prestar algunos servicios regulares.

 

En Aerolíneas, los conflictos laborales se suavizaron algo en los primeros tiempos de Marsans, pero retornarían con gran virulencia a lo largo de toda la gestión. En cuanto a la flota, se incorporaron aviones usados, incluyendo tres Boeing 747/400, pero hubo serios problemas con el abastecimiento de repuestos, por lo que muchos aviones quedaron en tierra y no fueron recuperados.

 

El kirchnerismo

 

Néstor Kirchner asumió la presidencia en el otoño de 2003 y encontró un sector aerocomercial desolado. Aerolíneas Argentinas y Austral en franca decadencia, con serios conflictos laborales, una flota vetusta y ninguna inversión; Southern Winds al borde de la bancarrota, también sin capitalización y varios centenares de desempleados de las empresas fallidas desde 2001.

 

Símbolo original de LAFSA.

 

La primera decisión, que se arrastraba desde el gobierno anterior, fue crear una empresa estatal que se hiciera cargo de los desocupados, que se denominó Líneas Aéreas Federales SA (LAFSA). Como no tenía ninguna capacidad para operar, se optó por otorgarle un subsidio a Southern Winds, que a partir de entonces voló sus rutas domésticas como Southern Winds Federales (ver LAFSA – Líneas Aéreas Federales Sociedad Anónima).

 

Fuera de la asociación con LAFSA, los vuelos de largo radio de Southern Winds continuaron, con bastantes sobresaltos hasta que el 17 de septiembre de 2004 aparecieron en el aeropuerto de Madrid cuatro valijas con cocaína que habían viajado en un avión de la empresa. Cuando la noticia llegó aquí se desató el escándalo, el gobierno canceló el contrato de LAFSA y la compañía entró en una decadencia que la llevó a la desaparición (ver 647 Días – El último vuelo de Southern Winds).

 

En Aerolíneas y Austral la animosidad gremial siguió y creció, porque al conflicto gremios-empresas se agregaron varias cuestiones internas de los gremios.

 

Pero el gran tema de la administración Kirchner fueron las tarifas deprimidas y la negativa del gobierno a otorgar subsidios a los transportistas aéreos, algo que sí tenían los medios terrestres. Sin poder cuantificarse, es evidente que esta situación ayudó a la retracción de la oferta.

 

Por otro lado, en marzo de 2007, se firmó el Decreto 239/2007, que creó la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) una nueva autoridad aeronáutica civil, que desplazó a la Fuerza Aérea, que la tenía desde 1943. La transferencia culminó el 1º de julio de 2009.

 

LAN-Argentina

 

Cuando LAFSA dejó de funcionar surgió nuevamente el tema de los desocupados aeronáuticos, y la solución que encontró el gobierno fue permitir la creación de LAN-Argentina, una empresa controlada por el holding chileno que aceptó hacerse cargo de buena parte de la plantilla. El armado jurídico con que se hizo esto fue, por lo menos, discutible (ver Aerolíneas Argentinas y LAN Argentina: Un chiste de Mata Ramayo).

 

La nueva empresa, originariamente con Boeing 737/200 y luego con A-320, fue armando una red que llegó a los principales destinos del país y, poco después, extendió sus servicios a Chile, Brasil y Miami, éste en Boeing 767.

 

Rutas domésticas de LAN-Argentina a diciembre de 2012.

 

Las experiencias provinciales

 

Las provincias, en el marco de la decadencia del transporte aéreo de esos años, tenían necesidades insatisfechas que trataron de solucionar con herramientas diversas, que siempre tuvieron un costo para el fisco.

 

Andes Líneas Aéreas. Fue una empresa privada creada en Salta en 2005 para volar a Buenos Aires que operó con subsidios provinciales. Poco después consiguió otro subsidio de Chubut, para volar entre Aeroparque y Puerto Madryn y, más adelante, se añadió Tucumán.

 

Por otro carril, realizó charters de todo tipo, que fueron muy exitosos y llegaron hasta la República Dominicana. Su flota estuvo integrada con MD-80 y durante un breve lapso de 2010 también por CRJ-900.

 

Sol Líneas Aéreas. También privada, creada en Santa Fe para unir a Rosario, una ciudad históricamente postergada por la aviación, con Buenos Aires y otras localidades. Recibió subsidios provinciales y comenzó a volar en 2006 con turbohélices SAAB SF-340. Desarrolló una red muy amplia, cuya única lógica era tocar puntos de provincias que le daban subsidios por llegar allí.

 

Evolución de las rutas de Sol Líneas Aéreas.

 

Durante la primavera de 2015, sin cambiar el modelo, hubo un cambio de actores, porque se firmó un convenio con Aerolíneas Argentinas para hacer vuelos de alimentación, para lo que se incorporaron aviones CRJ-200.

 

LAER. Aunque dejó de volar en 2001, no desapareció. La provincia siguió soportando su estructura.

 

Aerochaco. Dejó de volar en 1990, pero no dejó de existir, aunque no tenía sentido que la provincia tuviera una aerolínea. Pero en enero de 2009 empezó a volar entre Resistencia y Aeroparque con un MD-87 alquilado y a Córdoba y Presidencia Roque Sáenz Peña en Jetstream. La operación estuvo a cargo de Macair, una empresa de servicios no regulares. La demanda fue pequeña, las pérdidas interesantes y lentamente las rutas se fueron clausurando, la última en 2013.

 

La estatización de Aerolíneas Argentinas

 

Néstor Kirchner pasó la presidencia a su esposa Cristina en diciembre de 2007. En ese momento, la situación de todas las empresas aéreas era desesperada, sin subsidios, tarifas deprimidas y costos en alza. Aerolíneas y Austral, además, vivían un conflicto interminable con los sindicatos.

 

Rutas domésticas de Aerolíneas Argentinas y Austral en 2007. Obsérvese que prácticamente todas son punto a punto desde Buenos Aires, y el resto son circulares.

 

Después del ingreso de Andes, Sol y LAN-Argentina no se autorizó la operación de nuevas empresas, aunque hubo varias solicitudes.

 

Rutas internacionales de Aerolíneas en 2007.

 

No obstante, en el otoño de 2008 se habló de que empresarios argentinos ingresaran al capital de Aerolíneas, pero no apareció ninguno dispuesto a hacerlo. Después se dijo que el estado aumentara su participación.

 

La empresa se degradaba día a día, lo que exigía que el gobierno pusiera dinero, por lo menos para pagar los salarios. En julio se supo que el Estado negociaba para hacerse cargo de las empresas y, después de muchísimas vueltas, el 17 de diciembre de 2008, se aprobó la ley de expropiación por la que Aerolíneas Argentinas y Austral, con sus activos y pasivos pasaron al Estado. Hubo diferencias por la tasación y sólo se pagó un peso como valor simbólico. Marsans reclamó ante el CIADI y, en mayo de 2019 el veredicto fue que el país debía pagar 320 millones de dólares.

 

La nueva organización estatal, que siempre funcionó como un único grupo, tuvo acceso a importantes subsidios que le permitieron iniciar un proceso de regeneración. Las flotas domésticas se renovaron completamente con ERJ-190, Boeing 737/700 y 800 y las internacionales con A-330. La red de rutas conoció un cambio fundamental, que fue la incorporación de tramos entre ciudades del interior (ver Qué hacer y qué no hacer con estos aviones y Aerolíneas Argentinas: ¿De qué estamos hablando?).

 

Las pérdidas fueron importantes, la conflictividad gremial siguió, pero atenuada, y se mejoró la muy degradada puntualidad (ver Aerolíneas Argentinas cuatro años después). Al mismo tiempo hubo una política general para apoyar a la empresa que, fundamentalmente, consistió en no autorizar nuevos operadores, aumentar las tarifas y entorpecer en todo lo posible la actividad de los competidores, sobre todo LAN-Argentina, que debió soportar todo tipo de arbitrariedades, pero que alcanzó a tener un 30/35% del mercado interno (ver Argentina: Acerca de los inconvenientes de ser trucho, improvisado e incompetente). En 2012 Aerolíneas se sumó a la alianza Skyteam (ver Los años K (I): Lo institucional y Los años K (II): El transporte aéreo).

 

La revolución de los aviones

 

Mauricio Macri asumió la presidencia el 10 de diciembre de 2015 y poco después anunció un plan de crecimiento del mercado aerocomercial con tres objetivos a cumplir en cuatro años: duplicar la cantidad de pasajeros, potenciar a Aerolíneas Argentinas y mejorar la infraestructura. Nuevamente obvió la indispensable modificación del Código Aeronáutico y la Ley 19.030.

 

Una de las primeras novedades de la nueva conducción fue la cancelación del contrato con Sol, considerado ruinoso, lo que significó el fin de la pequeña aerolínea (ver Sol Líneas Aéreas: La utopía de la aviación regional en la Argentina).

 

De la noche a la mañana los cielos argentinos se abrieron a la operación de empresas cualesquiera, sin exigirse la mínima capacidad técnica o financiera y, como sucede siempre, todos los aventureros del mundo se sintieron convocados, lo que disimuló la presencia de algunos proyectos medianamente serios (ver Una Audiencia Pública muy larga, Audiencia Pública Nº 219: aventureros, improvisados, matones, figurones, obsecuentes y algunos razonables disputan los cielos argentinos).

 

A la hora de los resultados, es evidente que ha mejorado mucho la infraestructura. La cantidad de pasajeros no se duplicó (superó un poco el crecimiento vegetativo esperable), y el fortalecimiento de Aerolíneas/Austral es discutible.

 

La apertura atrajo inmediatamente a Avianca, que formó una filial en la Argentina que tuvo poca vida (ver Avianca en Argentina), y alentó a Andes a crecer, (ver Andes Líneas Aéreas), pero el fenómeno más interesante fue la aparición de empresas claramente low cost (Flybondi, Norwegian y JetSmart), todas de capital extranjero, que han forzado una caída de las tarifas que, más allá de que esto sirva a sus propulsores, limita las posibilidades de Aerolíneas/Austral y está llevando a Andes a la bancarrota (ver Flybondi (I): La construcción, Flybondi (II): La realidad y Norwegian (I): Argentina).

 

También surgió una empresa llamada LASA, que voló apenas dos semanas antes de llegar a la bancarrota. (ver Revolución, empresas y estado).

 

Aerolíneas Argentinas, entretanto, sigue creciendo en el sector doméstico, pero su participación en el mercado cae. En el área internacional, no encuentra un lugar coherente y se achica. Si pensamos que no se encargaron nuevos aviones en todo el período, se abren dudas sobre lo que vendrá (ver Achicar Aerolíneas/Austral). Las pérdidas siguen.

 

Una realidad incontestable es que la cantidad de destinos servidos prácticamente no ha cambiado, y que todos los aviones que se han agregado a la flota local tienen más de 180 asientos, lo que deja de lado muchas posibilidades (ver Un mundo de muchos asientos).

 

Hoy, como durante los últimos cien años, el futuro del transporte aéreo argentino es una incógnita grande.

 

Fuente: https://www.gacetaeronautica.com