miércoles, 25 de febrero de 2009

EL VUELO DEL INTRÉPIDO, INICIO DEL CORREO AÉREO EN LATINOAMÉRICA

Por Douglas Hernández

Esta historia tiene como telón de fondo a la hermosa ciudad de Barranquilla, “puerta de oro de Colombia”, llamada también afectuosamente “la arenosa”, esta población está ubicada en la costa caribe colombiana, junto al imponente río Magdalena y muy cerca de su desembocadura. Por su posición estratégica y carácter portuario ha sido escenario de trascendentales eventos de la historia patria y uno de sus más importantes polos de desarrollo. Hoy día esta ciudad cuenta, entre muchas cosas dignas de mencionarse, con unos carnavales que en Latinoamérica sólo son superados por los de Río de Janeiro.

Cuentan algunos historiadores al referirse a los inicios del correo aéreo en Colombia, que el primer vuelo civil en el país que llevó correo ocurrió en 1920 y que se debió al primer vuelo oficial de la Sociedad Colombo-Alemana de Transporte Aéreo (SCADTA), empresa comercial fundada el 5 de diciembre de 1919 precisamente en Barranquilla por el empresario Ernesto Cortizzos quien fue su primer presidente y pereció posteriormente en un accidente aéreo a bordo de uno de los aviones de la empresa (el aeropuerto internacional de Barranquilla lleva hoy su nombre a modo de homenaje póstumo). Este vuelo habría sido efectuado por un avión Junker F-13 al mando del piloto alemán Helmuth Von Krohn, quien llevando un saco con 57 cartas se habría desplazado entre Barranquilla y la población de Puerto Colombia. Valga decir que SCADTA es la empresa de la que surge eventualmente AVIANCA, la aerolínea bandera de la República de Colombia, la más antigua fundada en América y segunda en el mundo, pero ese es otro tema que abordaremos en una próxima oportunidad.

Los historiadores que atribuyen a SCADTA el inicio del correo aéreo en Colombia, están desconociendo un vuelo anterior, efectuado el 18 de julio de 1919 en un avión biplano de dos plazas modelo Curtiss Standard JN-4D3 “JENNY” y sobre la misma ruta Barranquilla—Puerto Colombia, por el norteamericano William Knox Martín, mejor conocido como “El Intrépido Americano”, llevando consigo una carga consistente en un saco con 60 cartas y como copiloto al empresario colombiano Mario Santodomingo, quien fuese eventualmente fundador de uno de los emporios económicos más importantes del país.

Este vuelo pretendía de hecho, demostrar las bondades del uso de los aviones para el transporte postal, reduciendo en gran medida los tiempos de entrega de la correspondencia. William Knox Martín estaba en tratos con agentes del gobierno colombiano, pero para su mala fortuna y a pesar del éxito de esa primera entrega que se hizo a modo de demostración, el negocio no se cristalizó, como sí se hizo un año después con SCADTA, empresa a la que dieron la concesión exclusiva de los correos aéreos nacionales como subsidio que permitiese dar mayor solvencia económica e impulso a esta incipiente pero prometedora actividad.

Esta no fue para nada ni la primera ni la última aventura de “El Intrépido”, ni siquiera la más significativa, en esta oportunidad y a manera de desagravio, contaremos algunos de sus espectaculares logros en tres continentes como pionero de la aviación, mismos que sin duda le hacen merecedor de tan magnífico apodo.

William Knox Martín, el protagonista de esta historia, nació en 1894 en Salem, Virginia, desde muy joven destacó por su carácter aventurero y su valentía personal. Tanto era su afán de vivir las más grandes aventuras que por supuesto, y en el contexto de su época, no podía dejar de ser uno de los pioneros de la aviación. En una fecha tan temprana como 1913 y a la edad de 19 años participó en una expedición por Suramérica que pretendía explorar el majestuoso río Orinoco (mismo que en gran parte de su trayecto sirve de límite internacional entre Colombia y Venezuela), él acompañaba esta expedición volando un biplano Curtis con flotadores y motor Rosenberger de 60 Hp, lamentablemente la expedición sólo alcanzó a recorrer 200 millas de la vía fluvial, pues las enfermedades tropicales, indígenas excesivamente inamistosos y un número inusual de agresivos cocodrilos les hicieron desistir de su intento. Para alguien normal esta accidentada y peligrosa aventura habría sido suficiente, pero no para Knox, llamado por el destino a llenar muchas páginas de historia y leyenda.

El 5 de diciembre de 1919, en la ciudad de Barranquilla, Colombia, fue fundada la Sociedad Colombo Alemana de Transporte Aéreo—SCADTA. El primer vuelo se efectuó entre Barranquilla y la población de Puerto Colombia a bordo de un avión Junker-13 piloteado por el alemán Helmuth Von Krohn transportando un saco con 57 cartas. Nace de esta forma el correo aéreo en el mundo, pues no hay antecedentes, antes de esta fecha, sobre prestación de servicios aeropostales.

En 1915 es contratado, junto con otros aviadores estadounidenses, por los generales del ejército revolucionario de México, Pancho Villa y Emiliano Zapata, para prestar apoyo aéreo a sus tropas. Compromiso que asume gustoso, no tanto porque simpatizara con la causa rebelde como por su afán de aventura, era pues un mercenario en su primera aventura bélica. Bajo las órdenes de los rebeldes Knox transportó diversas cargas cruciales para el esfuerzo bélico y cumplió misiones de bombardeo sobre las fuerzas enemigas y sus fortificaciones. La técnica consistía en arrojar desde la cabina bombas Schneider de 75 mm que pesaban entre seis y siete kilogramos cada una, pero en ocasiones debían recurrir a simples cargas de dinamita con mecha larga, misma que era encendida con un cigarrillo que El Intrépido llevaba consigo a tales efectos. Incluso bajo esta modalidad de ataque prestó apoyo aéreo a algunas cargas de caballería del famoso y temido Pancho Villa, a modo de incipiente Blitzkrieg, quedando así registrado en las primeras páginas de la historia de la Fuerza Aérea Mexicana.

Por supuesto que la reputación internacional de El Intrépido creció grandemente luego de esta aventura. Si bien para la época se registraba en Europa la terrible Primera Guerra Mundial que producía en profusión héroes y villanos cuyas crónicas y noticias llenaban páginas enteras de los periódicos y consumían mucho del tiempo al aire de las emisoras radiales, a pesar de ello mucha gente había oído hablar de este joven y osado aviador, así como de los otros mercenarios que combatían en México.

Así fue luego contratado por el movimiento revolucionario chino del Doctor Sun Yat-Sen (1866–1925) para entrenar pilotos. Estando en el lejano oriente tuvo la oportunidad de efectuar una demostración aérea frente al mismísimo emperador de Japón Taisho, el príncipe heredero Hirohito6 (1901–1989) y los civiles y militares de su comitiva, quienes quedaron maravillados con estos aparatos voladores. Quizá desde allí surgieron en la mente de la dirigencia japonesa algunas ideas para el futuro . . .

Luego de su gran aventura asiática el joven Knox regresó a los Estados Unidos y fue a vivir a Seattle, Washington en donde trabajó como piloto de pruebas de la empresa Boeing. Pero eso no era todo, el destino le tenía reservados todavía algunos momentos de gloria y mucha más adrenalina.

En vista de que la Primera Guerra Mundial continuaba, Knox se fue a Inglaterra en donde se enroló en la RAF con la clara intención de participar en el conflicto, eventualmente fue transferido a los EE.UU. cuando este país entró en dicha guerra. Durante este periodo bélico el Teniente Knox, debido a su gran experiencia en el vuelo, fungió como instructor en el Canadian Royal Flying Corps, así como también en el Cuerpo Aéreo de la Infantería de Marina de los Estados Unidos. En las fuentes consultadas no hay claridad sobre la actuación de El Intrépido en esta guerra ni se especifica si entró en combate, aunque suponemos que así debió ser pues resultó herido y que fue condecorado, luego pasó a retiro al final del conflicto y la consecuente desmovilización. Ni siquiera las heridas recibidas le detendrían en su afán de aventura.

Decidió trasladarse nuevamente a Suramérica, pero esta vez con una visión empresarial, esperaba poder convencer a las autoridades nacionales de los países de la región de las potencialidades del vuelo como medio de transporte que permitiría solventar los peligros y accidentes del terreno, básicamente pretendía vencer a Los Andes y poder acortar en buena medida los tiempo de viaje entre los diferentes destinos. Con esto en mente llega a Colombia, que es en donde comenzó nuestra historia.

William Knox Martín, llega a Barranquilla y se hace con un avión Curtiss, de inmediato inicia sus demostraciones aéreas para deleite de los barranquilleros, pues El Intrépido teniendo dominio pleno de su máquina era capaz de efectuar las más asombrosas maromas en el aire, y para incrementar la emoción de la población efectuaba vuelos razantes sobre ciudad, aterrorizando lamentablemente a uno que otro ancianito desprevenido y provocando en no pocas ocasiones que algunas señoras se persignaran perplejas, pero en general, el grueso de la población barranquillera gozaba con esta inusitada exhibición de tecnología y destreza. Knox estaba seguro de que podría llamar la atención de personalidades gubernamentales o empresariales para que apoyasen sus proyectos. Además de sus demostraciones aéreas daba charlas sobre aviación, relataba sus aventuras frente a fascinados auditorios y se reunía con potenciales inversionistas.

El Intrépido, como todo el mundo empezó a llamarle, hablaba de todas las cosas maravillosas que se podrían hacer con los aviones, decía que era posible reducir increíblemente el tiempo de viaje entre Barranquilla y Bogotá, pues hasta esa fecha el itinerario incluía un largo viaje en barco por el Río Magdalena hasta la población de Honda, desde donde era necesario iniciar un periplo haciendo uso de mulas o de un esforzado y pequeño ferrocarril para tramontar la región andina hasta llegar a la capital de la República. El transporte aéreo era la solución, explicaba Knox una y otra vez.

También habló de la ventaja del transporte aéreo del correo ordinario, haciendo una demostración entre Barranquilla y Puerto Colombia llevando consigo las 60 cartas de las que hablamos al comienzo y a uno de sus amigos locales y potencial inversionista el señor Mario Santodomingo, quien lamentablemente decidió al final, como muchos otros, no ayudar a Knox con capital para que pudiese concretar sus proyectos, este empresario decidió mejor invertir en una cervecería en Barranquilla, actividad que resultaría todo un éxito y constituiría posteriormente la base del emporio económico familiar del que hoy gozan sus descendientes, por lo menos para él no fue una mala decisión, pero es interesante imaginarse lo distinta que pudo ser la historia si hubiese decidido apoyar a El Intrépido. Suele sucederle a los visionarios que sus ideas parecen alocadas en un primer momento, aunque luego la historia ratifique el verdadero valor y pertinencia de las mismas.

Inmediatamente realizó su vuelo llevando correo aéreo, El Intrépido se dispuso a vencer Los Andes y llegar a Bogotá con su avión. Así un par de meses después concluida la planificación de la travesía despegó de Barranquilla siguiendo río arriba por el Magdalena, era agosto de 1919. Esta tentativa la realizó en varias etapas a lo largo del río, llegando hasta la población de Honda desde donde debía superar la cordillera andina si pretendía aterrizar en Bogotá, el punto idóneo para hacer esto era cruzando por Facatativa lugar que está a unos 18.000 pies sobre el nivel del mar. El 5 de agosto despegó en dirección a Bogotá llevando sólo los instrumentos de navegación indispensables para ahorrar peso y poder obtener así las mejores prestaciones de su máquina.

Sin embargo él planeo seguir una vía férrea que le llevaría directamente a Facatativa, carrilera que lógicamente iba de subida desde el valle del Magdalena hasta las cumbre andinas, a medida que ascendía Knox comenzó a sentir los síntomas de la Hipoxia, entre otras cosas, le perturbaban persistentes dolores de cabeza, pero eso no era nada para este hombre acostumbrado a grandes retos y las peores vicisitudes. Knox venció a Los Andes en su máquina voladora, que tan maltrecha como él logró por fin aterrizar el 19 de agosto de 1919 en la sabana bogotana, dejando perplejos a quienes no esperaban verle llegar.

Nuevamente William Knox Martín hacía historia, ahora era el primero en vencer la cordillera y por supuesto nuevamente fue ovacionado por las multitudes, un héroe visitaba Bogotá (y por poco pierde la vida en el intento), despertando la emoción de las multitudes. Allí se formó en poco tiempo una empresa que fue llamada Compañía Bogotana de Aviación de la que Knox era uno de sus socios y fundadores. Permaneció por cuatro años cubriendo la misma ruta que había inaugurado, arriesgando el pellejo en cada oportunidad. Eventualmente la Compañía Bogotana de Aviación fue absorbida por Avianca en 1940, pero ya Knox, aunque formaba parte indiscutible de la historia de la Aviación Colombiana, no se encontraba en el país.

El maltrecho Curtiss con el que El Intrépido irrumpió en los cielos capitalinos fue reparado y recibió el honroso nombre de “El Bolívar”, recordando a El Libertador y padre de la patria, quien también había vencido a Los Andes con El Ejército Libertador en una de sus increíbles campañas.

Knox y El Bolívar tuvieron también el dudoso honor de sufrir el primer accidente aéreo que se presentase en el país. En uno de sus vuelos sobre la capital y pasando por sobre los cerros de Monserrate y Guadalupe (hoy reconocidos lugares turísticos que poseen incluso un funicular) una ráfaga de viento sorpresiva rompió unos cables muy sensibles que unían los montantes delanteros de los planos y el avión se precipitó a tierra de forma aparatosa, pero no grave, El Intrépido pudo sumar esta nueva historia a su ya profuso currículo de aventuras.

No todo podía ser trabajo, El Intrépido también tuvo tiempo en Barranquilla para el romance, era apenas lógico, una encuesta habría revelado que al breve tiempo de su llegada y debido en gran parte a sus increíbles demostraciones aéreas, era quizá el hombre más conocido y admirado de la ciudad. Todas las jovencitas locales obviamente estaban muy interesadas en él, pero El Intrépido se tomó su tiempo y escogió a la señorita Isabel Vieco con quien se casó en 1923 y tuvo varios hijos, uno de los cuales, nacido en Barranquilla y que lleva el nombre de su padre, es hoy día un artista reconocido internacionalmente6. Hasta ahora no habíamos mencionado que entre las muchas habilidades de este polifacético personaje, El Intrépido gustaba también escribir poesía y pintar, cualidades artísticas que heredó a uno de sus hijos.

Cuentan que desde 1923 El Intrépido, enamorado como estaba de la belleza tropical que había conquistado y con la que se había casado, voló cada vez menos y se dedicó a su vida familiar, ejerciendo al mismo tiempo como periodista y artista con relativo éxito. En 1926, habiendo cumplido con la mayor parte de sus expectativas empresariales y aventureras regresó a su pueblo natal, Salem, en Virginia llevando consigo a su esposa y a sus ahora tres hijos, aun volaba aunque era más el tiempo que permanecía en tierra.

Curiosamente Knox sufrió en su vida un único accidente serio, que no fue aéreo sino automovilístico, este accidente ocurrió en Watertown, estado de Nueva York, y debido a él murió de las lesiones recibidas el 28 de julio de 1927 a la edad de 33 años, habiendo realizado en su corta vida lo que muchos sólo soñaron con poder llegar a vivir.

Entre las muchísimas cosas efectuadas por este héroe moderno, de las que sin duda sus allegados pueden sentirse muy orgullosos, puede atribuírsele el ser uno de los padres de la aviación en Colombia, quizá incluso el más significativo de entre todos los pioneros. A El Intrépido Americano le rendimos hoy un merecido homenaje.
Fuente: Air & Space Volumen XVIII, Tercer Trimestre 2006

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