13 de julio de 2021

VALLADOLID BAJO LAS BOMBAS: ASÍ FUE EL ATAQUE AÉREO QUE ASOLÓ LA CIUDAD


 

Consecuencias del bombardeo que sufrió Valladolid durante la mañana del 8 de abril de 1937 / Biblioteca Digital Hispánica

 

Las calles de Valladolid se convirtieron en un infierno la mañana del 8 de abril de 1937. La tragedia la desató un avión republicano -solo uno- al lanzar setecientos kilos de bombas sobre la ciudad. En el ataque contra la población civil murieron más de treinta personas, entre ellas doce niños. Un dramático capítulo histórico que tuvo lugar solo unos días antes del bombardeo franquista sobre Guernica, pero que ha pasado desapercibido para la mayoría de los investigadores de la Guerra Civil.

 

El ataque republicano sobre Valladolid coincidió casi en el tiempo con el inicio de la ofensiva sublevada sobre Vizcaya. Era una época medianamente dulce para el Frente Popular, pues había conseguido contener a los nacionales en el Jarama y les había dado un duro golpe a las tropas italianas en Guadalajara provocando una auténtica carnicería en el Corpo di Truppe Volontarie. Por estas fechas, las incursiones aéreas sobre la retaguardia enemiga se estaban empezando a normalizar por parte de los dos bandos. Sin ir más lejos, el 1 de abril se había producido un duro bombardeo republicano sobre Córdoba, que fue respondido de manera muy violenta sobre Jaén por parte de la aviación franquista. Un día antes, aviones sublevados bombardearon Durango dejando decenas de muertos, la mayoría civiles.

 

Informe de aviación del bando franquista emitido durante la tarde del 08 de abril de 1937 / Archivo Ejército del Aire

 

Pero centrémonos en aquel 8 de abril de 1937, una fecha que ha permanecido guardada durante años en la cabeza de cientos de vallisoletanos, especialmente aquellos que eran niños durante la Guerra Civil. Según consta en un informe de la Jefatura del Aire franquista, el ataque “enemigo” se produjo a las 12:05 h de la mañana. Lo protagonizó “un avión de bombardeo que, con dirección sur y altura de 3.000 metros, arrojó cinco bombas causando graves desperfectos en la población”. El bombardero al que se refiere el informe era un Tupolev SB 2 Katiuska, un aparato de fabricación soviética que pertenecía casi con toda seguridad al Grupo 12 de las Fuerzas Aéreas Republicanas.

 

Unos minutos después de que se produjera el ataque, el gobernador militar de Valladolid informó por telegrama urgente al Cuartel General de Franco de lo que había pasado. Ese telegrama indicaba que había “varios muertos y heridos”, así como graves desperfectos en “viviendas cercanas a la Academia de Caballería”.

 

Una polémica nota de prensa

 

Lo que parece claro es que el bombardeo sobre Valladolid se produjo en una mañana soleada, con cientos de personas en la calle y un elevado número de niños que acaban de salir del colegio. Según dijo la prensa franquista de la época, el aparato republicano llevaba “los colores nacionales” para no llamar la atención de las baterías antiaéreas que protegían la ciudad. Leamos un fragmento de una nota de prensa que emitió la recién creada Delegación de Prensa y Propaganda del bando franquista dos días después del ataque y que se distribuyó entre los periódicos locales:

 

“En la mañana del 8 de abril, se presentó un avión sobre la ciudad de Valladolid. Llevaba la bandera nacional y volaba a escasa altura, evolucionando sobre la población, lo que pudo hacer a raíz de esa infame estratagema…Cuando los transeúntes y el público lo contemplaba sin cuidado alguno, el avión, que resultó ser enemigo, lanzó en un brevísimo espacio siete bombas las cuales produjeron graves desperfectos, treinta muertos y más de cien heridos…De los muertos aproximadamente la mitad eran niños que salían de la escuela”.

 

Semanario “La Metralleta” el 18 de abril de 1937 / http://www.memoriademadrid.es

 

No sabemos con exactitud si esta nota de prensa se ajusta a la realidad o hay cierta invención con fines propagandísticos. Aunque las cifras de muertos y heridos que facilitó la nota sí que eran verdaderas, hay otros aspectos que muestran numerosas contradicciones. Para empezar, tenemos que decir que el informe de la Jefatura del Aire de los sublevados hablaba de cinco bombas caídas sobre Valladolid y no siete. Podemos entender el error y lo achacamos a la tensión del momento. Lo que no entendemos demasiado bien es por qué el informe de la Jefatura del Aire no recoge el supuesto camuflaje del avión republicano con la “bandera nacional”, algo que por el contrario sí que menciona la Delegación de prensa y propaganda.

 

Según Michel Lozares, experto en aeronáutica militar durante la Guerra Civil, es “improbable” que el aparato republicano llevara la bandera rojigualda. En todo caso podría llevar otras marcas que solían lucir los aviones nacionales como un punto negro en el fuselaje, las bandas negras en las alas o la Cruz de San Andrés en el timón de cola. En la misma línea se encuentra Carlos Lázaro, de la Asociación de Aviadores de la República, que considera “poco probable” que el avión republicano llevara los colores de la “bandera rojigualda” para realizar su ataque ya que, en caso de regresar a su base, “podría ser objetivo de confusión por parte de la caza de alarma o de las baterías antiaéreas”. Aun así, Lázaro tampoco puede desmentir documentalmente que el ataque se produjera tal y como relató la propaganda franquista a pesar de que “no he conocido ningún caso de un avión republicano que efectuara una misión portando insignias del bando sublevado”.

 

Nosotros nos hemos detenido en una investigación que realizó recientemente el doctor en historia, Juan Boris Ruiz Núñez sobre los bombardeos republicanos en la Guerra Civil. En ella cita varios ataques sobre la retaguardia franquista, mencionando un Boletín de Información de Aviación de los sublevados con fecha del 24 de junio de 1937. En este boletín se decía que seis aparatos de la República atacaron por esas fechas la estación y las proximidades de Aranda del Duero arrojando 30 bombas. Aseguraba que los aviones llevaban “las flandas y círculos de nuestra aviación”. En esta ocasión, a efectos militares, los sublevados sí que hablaban abiertamente de la táctica de “false flag” puesta en marcha por la República, solo dos meses después del ataque a Valladolid.

 

Artículo publicado en el diario Ahora el 09.04.1937 (Hemeroteca Nacional)

 

Según los estudios de Juan Boris Ruiz, los servicios de información franquistas también alertaron de esta táctica por parte de la aviación republicana en octubre de 1937. El SIFNE denunció, tras recabar información de pilotos gubernamentales que viajaron a Francia, que varios aparatos republicanos en aeródromos de Cataluña tenían pintados “distintivos” sublevados en su fuselaje.

 

La prensa republicana recoge al ataque

 

Pero volvamos de nuevo al bombardeo de Valladolid del 8 de abril de 1937. Al igual que los franquistas, el parte de guerra republicano también reconoció que sus Fuerzas Aéreas habían realizado una incursión sobre la ciudad castellana durante la mañana del 8 de abril. Los periódicos del Frente Popular, ciñéndose al parte de guerra, recogieron en todo momento el éxito de la misión sin hacer mención a las víctimas civiles que había provocado el bombardeo. Leamos un fragmento de ese breve parte que recogió el periódico Ahora el 9 de abril de 1937:

 

“En el sector del centro, uno de nuestros aviones rápidos estuvo bombardeando desde las once de la mañana hasta la una de la tarde, la estación de ferrocarril de Valladolid y sus alrededores”.

 

Tras consultar un gran número de archivos, nacionales y locales, hemos conseguido reconstruir el ataque republicano sobre Valladolid. Para ello hemos tenido que estudiar los destrozos que causaron las bombas en una buena parte de la ciudad y las labores de reconstrucción que tuvo que realizar el Ayuntamiento de Valladolid en viviendas y locales afectados por las bombas. La principal fuente de información que hemos usado para realizar esta reconstrucción han sido las diligencias que realizó un juez de instrucción de la ciudad unas horas después del ataque. Unas diligencias muy relevantes que nos han cedido amablemente Francisco Redondo, de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Valladolid. También nos ha permitido investigar las consecuencias del ataque, las licencias de obra que solicitaron numerosos vecinos de la ciudad para poder reconstruir sus viviendas afectadas por las bombas. Unas licencias que están depositadas en el Archivo Municipal de Valladolid y que también nos han sido cedidas para llevar a cabo este artículo.

 

Uno de los edificios afectado por las bombas del 8 de abril de 1937 / Biblioteca Digital Hispánica

 

Gracias a todos estos documentos, hemos podido confirmar que uno de los objetivos del ataque republicano era la estación de ferrocarril tal y como decía el parte de guerra gubernamental al que nos hemos referido antes. Hemos averiguado que una de las bombas cayó muy cerca de allí, pero golpeó de lleno a un edificio de viviendas situado en el número 21 de la calle Estación, a escasos 4 minutos del lugar donde se encontraban los trenes. Creemos que, tras alcanzar las inmediaciones de la estación, el Tupolev republicano sobrevoló la calle Joaquín Costa (actual calle Dos de Mayo) donde dejó caer otra bomba que destrozó un edificio situado en el número 4 provocando varios muertos, todos ellos civiles. La onda expansiva afectó a otros bloques cercanos y a la Delegación de Hacienda cuyos cristales saltaron por los aires.

 

El bombardero “enemigo” prosiguió su avance hacia la calle Miguel Iscar donde dejó caer una bomba que afectó enormemente a una casa denominada “La Mantilla” y que provocó el derrumbe de varias plantas. Varias familias quedaron sepultadas y durante días los bomberos de la ciudad tuvieron que trabajar para rescatar los cadáveres. Ese mismo artefacto también golpeó un garaje llamado Carrión donde varios vehículos quedarían enterrados de escombros. El avión se aproximó acto seguido hasta la Academia de Caballería donde se encontraba instalado el Cuartel General de Falange. Allí dejó caer una bomba que afectó de lleno a uno de los patios principales provocando un “gran hoyo” junto a la parte central, rompiendo todos los cristales de la academia. Un falangista murió y varios resultaron heridos.

 

La Academia de Caballería fue prácticamente el último objetivo del bombardeo republicano sobre el casco urbano de Valladolid. Sin embargo, antes de que el avión abandonase la ciudad, atacó la fábrica de harinas de La Magdalena que estaba situada en la carretera de Adanero a Gijón. Las consecuencias aquí no tuvieron que ser devastadoras solo quedó afectado un pabellón contiguo a la fábrica.

 

Madre e hijo se recuperan de las heridas en el Hospital Provincial de Valladolid / Biblioteca Digital Hispánica

 

Decenas de muertos y heridos

 

Las investigaciones para esclarecer las consecuencias del bombardeo fueron llevadas a cabo por el juez de instrucción del distrito de Audiencia cuyo nombre era Abelardo Sánchez. Junto a él, también participaron en las investigaciones, los médicos forenses Isaías Chillón Lozano y Gerardo de Dios Gil, así como el agente judicial Pedro González Ruiz. Tras hacer una primera inspección ocular por las calles bombardeadas, la comitiva judicial se trasladó posteriormente a los diferentes hospitales de Valladolid donde fueron llevados los muertos y heridos en el ataque.

 

El primer centro al que acudieron fue el Hospital Militar, situado en las instalaciones actuales de la Consejería de Sanidad de la Junta de Castilla y León. En su depósito de cadáveres se encontraron con los cuerpos de ocho personas que habían fallecido como consecuencias de las explosiones, dos de ellas niños de corta edad. Las identidades de las víctimas eran las siguientes: María Luisa García Muro (4 años); Ángel Gonzalco Carcedo (5); Fernando Rodas Gaya (17), falangista; Natividad Juárez Rodríguez (22); Antonia Martín (24); Manuel Valiente Aguilar (20), soldado; Luis Alonso Martínez (29) e Isabel Gómez Repiso (49). En este mismo sanatorio también fueron atendidas un total de 48 personas, la mayoría con cortes y heridas provocados por la rotura de cristales y la caída de cascotes.

 

La comitiva judicial visitó posteriormente el Hospital Provincial, situado en lo que hoy conocemos como la Diputación de Valladolid. Allí se toparon con veintitrés cadáveres, diez de ellos menores de edad. Las identidades de estos niños: Ángeles García Muro (4 años), su hermana María Luisa también murió en el bombardeo, pero fue trasladada al hospital militar; Virgilio García Muro (6), hermano de la anterior; Dionisio Miguel Jover (2); Pascual Aguado Calvo (8); Antonio Aguado Calvo (2), hermano del anterior); Mauro Fernández Tamames (5); Emilia Sastre García (13); Encarnación Bello Blanco (12); Cesáreo González Martínez (5) y María Pérez Miguel (6).

 

Otro de los heridos en el bombardeo / Biblioteca Digital Hispánica

 

Además de estos niños, también fueron llevados hasta el depósito de este hospital los cuerpos de los siguientes adultos: Francisco Calleja Estrada (44); María Rubiales Barajas (24); Consuelo Juárez Rodríguez (18), hermana de otra fallecida; José Luis García Sanz (16); Emilia Blanco Gómez (18), Jaime Herrero Isla (43); Enriqueta González Caballero (60); Juan Fernández Cañada (43), miembro de la Guardia Civil; Francisco Pérez Sánchez (34), capitán de Ingenieros; Concepción Regadera Martínez (38); Damiana López Sabán (45) y Federico Enríquez Entrecanales (20). En este Hospital Provincial fueron tratados 56 heridos, según consta en la declaración del director de este centro.

 

La mayoría de las víctimas del bombardeo de Valladolid fueron enterradas en el cementerio del Carmen durante los días siguientes al ataque. La cifra exacta de fallecidos no la sabemos con total exactitud pues pudieron morir durante los días posteriores al ataque algunos de los muchos heridos que permanecían en los hospitales de la ciudad. Creemos, en cualquier caso, que la cifra de muertos tras la incursión republicana podría rondar los cuarenta.

 

Tras consultar con los responsables del cementerio del Carmen, hemos sabido que el 9 de abril de 1937 (el día después del bombardeo) fueron enterradas un total de 27 personas de “todas las edades” sin que conste en el libro de archivo el lugar ni la causa de la muerte. Entendemos que la mayoría de estos enterramientos están relacionados con la acción aérea del 8 de abril. El 10 de abril fueron enterradas 7 personas (sin datos sobre la causa de la muerte) y el día 13 dos fallecidos más “como consecuencia de las bombas del día 8”.

 

Reacciones al bombardeo

 

El ataque a Valladolid acaparó todas las portadas de los periódicos de la España nacional que recogían el comunicado difundido por la Delegación de Prensa y Propaganda. En ese comunicado se hacía una denuncia internacional para demostrar que la República había realizado un bombardeo contra la población civil. Suponemos que esa denuncia llegó a Alemania o Italia, pero no tenemos claro que se difundiera en Reino Unido o Francia. A través de la hemeroteca internacional francesa (Gallica) tan solo hemos encontrado una mención al bombardeo. El diario “Le Radical de Marselle” publicó el 16 de abril la noticia del ataque donde tan solo se reseña que una de las bombas había caído en la Academia de Caballería, sin mencionar a las víctimas mortales.

 

Parece claro que el bombardeo republicano paralizó la vida de Valladolid. A nivel político, el Ayuntamiento de la ciudad en su reunión ordinaria del 14 de abril, condenó el ataque según consta en el libro de actas que se encuentra depositado en el Archivo Municipal. Uno de los miembros de la junta gestora que manejaba el consistorio, cuyo apellido era Ruiz de Huidobro, pidió que esta condena apareciera oficialmente reflejada en el acta. También agradecía las disposiciones tomadas por el alcalde -Florentino Criado Sáenz- para “evitar” en el futuro desgracias y víctimas.

 

Listado de algunos enterramientos del 9 de abril de 1937, el día después de los bombardeos

 

A buen seguro que muchos de nuestros lectores se preguntan cuáles fueron los motivos por los que Valladolid fue atacada por la aviación republicana aquel 8 de abril de 1937. Comprendemos perfectamente las dudas pues la ciudad castellana estaba muy alejada de los frentes de batalla y no tendría que ser, a priori, un gran objetivo militar para el Gobierno del Frente Popular. Nosotros achacamos el bombardeo a dos posibles causas:

 

  • Un intento por parte de la República de cortar los suministros de las tropas sublevadas con su retaguardia. Atacar la estación de ferrocarril de Valladolid podía retrasar el envío de armas y soldados desde la ciudad castellana hasta los frentes madrileños.
  • Una represalia republicana a las incursiones aéreas franquistas en Durango (31 de marzo) y Jaén (1 de abril) donde se produjeron un elevado número de víctimas mortales. Un intento por parte de la República de cortar los suministros de las tropas sublevadas con su retaguardia. Atacar la estación de ferrocarril de Valladolid podía retrasar el envío de armas y soldados desde la ciudad castellana hasta los frentes madrileños.

 

Por desgracia no podemos inclinarnos hacia ninguna de estas dos teorías, porque no tenemos la suficiente información. Sí que creemos que el piloto de aquel Tupolev de la República actuó de manera desproporcionada dejando caer varias bombas en calles que estaban lo suficientemente alejadas de objetivos militares como podían ser la estación de ferrocarril o la Academia de Caballería. No se puede justificar bajo ningún concepto el lanzamiento de bombas sobre las calles Miguel Iscar o Joaquín Costa donde perderían la vida los más de diez niños que fueron víctimas del ataque. Tampoco descartamos que la tripulación del aparato errara a la hora de lanzar las bombas ya fuera por un fallo humano o por falta de cuidado.

 

Acta del Ayuntamiento de Valladolid del 14 de abril de 1937 que condena el ataque / Archivo Municipal de Valladolid

 

Conocer la identidad del piloto y la tripulación del bombardero republican, todavía hoy sigue siendo un misterio. Algunas fuentes apuntan directamente a Leocadio Mendiola que por esas fechas manejaba, casi mejor que los rusos, los Katiuska soviéticos. No tenemos que olvidar que el propio Mendiola llegó a ofrecer a Hidalgo de Cisneros en 1938, utilizar un bombardero alemán Heinkel (capturado al enemigo), sin cambiarle los emblemas, para atacar a las autoridades franquistas que presenciarían un desfile aéreo en Salamanca. No tenemos la certeza de que fuera realmente Mendiola quien atacó Valladolid, pero esta propuesta suya realizada un año después nos siembra de dudas.

 

Otros bombardeos sobre Valladolid

 

El ataque del 8 de abril no sería el único que sufrió Valladolid durante la sangrienta primavera de 1937. El 21 de abril la ciudad castellana volvió a ser atacada por la aviación republicana en una acción cuyo objetivo principal volvió a ser la estación de ferrocarril. El parte de guerra de la República aseguraba que el bombardeo fue perpetrado por “uno de nuestros aviones rápidos que bombardeó dos trenes (uno de 15 unidades y otro de 20) y el edificio de la estación”. Según este mismo parte, tres CR32 franquistas salieron al “encuentro” del aparato y uno de ellos fue “derribado”.

 

Las informaciones del bando franquista sobre este ataque fueron algo diferentes. La prensa de Valladolid aseguraba que el bombardeo sufrido ese 21 de abril lo habían perpetrado varios aviones “enemigos” y no uno como decía la prensa republicana. También reconocía que el taller de pintura de la estación de ferrocarril había sido golpeado por las bombas, así como el centro farmacéutico de la ciudad, situado en la plazuela de la Universidad y la fábrica de Membrillo. Al igual que todas estas infraestructuras, la población civil sufrió las consecuencias después de que fueran atacados algunos edificios de viviendas de las calles de la Cadena y de la Lora. Según el Archivo Militar de Ávila, un total de ocho personas perdieron la vida en aquella incursión aérea.

 

Búsqueda de supervivientes tras el bombardeo de 1937 / Biblioteca Digital Hispánica

 

Hasta el final de la Guerra Civil, la ciudad sería atacada otras cuatro veces por la aviación de la República. El 21 de mayo de 1937 un bombardeo enemigo dejó quince muertos y sesenta heridos. Otro bombardeo que se produjo al día siguiente, mató a siete personas e hirió a más de veinte. El 16 de agosto, otra incursión “enemiga” acabó con la vida de una mujer y provocó heridas de diversa consideración en otras cinco personas. El último ataque que sufrió Valladolid durante la contienda se produjo el 25 de enero de 1938 y causó la muerte de catorce personas.

 

Fuente: https://guerraenmadrid.net