6 de junio de 2019

LOS BOMBARDEOS AÉREOS SOBRE CIUDADES DURANTE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA




Por Ramón Arnabat Mata

La Guerra Civil Española (1936-1939) fue utilizada como un campo de pruebas por la Alemania nazi y la Italia fascista, especialmente por lo que hace a los bombardeos aéreos sobre ciudades. La consecuencia de ello fue que durante el citado conflicto bélico diversas ciudades de la retaguardia fueron salvajemente bombardeadas, siendo los casos de Guernica y Durango una buena muestra de ello. No era la primera vez que esto sucedía, ni fue la última, de hecho, esta “estrategia” de guerra ha continuado hasta nuestros días. Lo que sí era nuevo era su importancia estratégica y su sistematización, aspectos que condicionaron las guerras futuras.

Los bombardeos de las ciudades de retaguardia durante la Guerra Civil Española (GCE) espoleó el desarrollo de los sistemas de defensa pasiva y de defensa activa, en el marco de las nuevas estrategias de guerra total y de guerra aérea que no diferenciaban el frente de la retaguardia, ni los soldados de los civiles. Aún hoy disponemos de un importante legado patrimonial relacionado con todo ello: los refugios antiaéreos.

Gernika-Lumo (Bizkaia). Bombardeo del 26 de abril de 1937
Gernika-Lumo (Bizkaia). Bombardeo del 26 de abril de 1937.

Guerra aérea y guerra total

Los bombardeos aéreos como táctica militar, se iniciaron a finales de 1911 cuando los italianos bombardearon las afueras de Trípoli para hacer frente a las revueltas anticoloniales. Una práctica que siguieron Francia (1912) y España (1913) en el norte de África; Bulgaria y Grecia durante la primera Guerra Balcánica (1912) y los norteamericanos contra las tropas de Pancho Villa en Méjico (1916). Fue, pero, durante la I Guerra Mundial (1914-1919) cuando las bombas empezaron a caer sobre algunas ciudades europeas occidentales, lanzadas por aviones alemanes, franceses, ingleses, italianos y rusos[1]. También fue en este momento, cuando aparecieron las primeras teorías sobre los bombardeos de saturación formuladas por el matemático inglés Frederick W. Lanchester[2].

El salto cualitativo se produjo durante el período de entreguerras, cuando coincidieron el desarrollo de la teoría de la “Guerra Total” planteada por el General alemán Erich Ludendorff, y la de la “Guerra Aérea” presentada por el General italiano Giulio Douhet y compartida por el militar inglés Hugh Trenchard, padre de las RAF[3], y por el primer jefe de la arma de Aviación del Servicio de Aeronáutica Militar y posterior Jefe del Aire del ejército franquista, Alfredo Kindelán: “una aviación bien dotada de elementos técnicos y animada de gran espíritu ofensivo, puede ejercer acción a una distancia bien grande en el corazón mismo de los países enemigos, debilitar la retaguardia, atacar las capitalidades, los centros industriales”[4].

El desarrollo de la aeronáutica militar permitió la construcción de aviones bombarderos que podían transportar grandes cargas de bombas, a largas distancias y en un tiempo relativamente corto, posibilitando los bombardeos estratégicos. La “guerra aérea” hacía posible la “guerra total” y eliminaba la división entre el frente y la retaguardia, establecida hasta ese momento en los conflictos bélicos. A partir de este momento, cuando un estado entrase en guerra, debía ser consciente que implicaba a todo el país en el conflicto bélico y, por tanto, su contingente humano y económico se convertía en un objetivo militar del enemigo.

En la GCE se aplicaron por primera vez de forma sistemática las nuevas estrategias bélicas, normalizándose los ataques aéreos contra objetivos situados en las ciudades de retaguardia: puertos, estaciones de ferrocarril, fábricas, centrales eléctricas, nudos de comunicación, edificios gubernamentales; y contra la población civil para hundir la moral ciudadana. Ya no se trataba de ataques puntuales y aislados, sino sistemáticos, integrados plenamente en la estrategia de guerra total. Lo mismo que ocurría en la coetánea Segunda guerra chino-japonesa.

Pero, fue durante la II Guerra Mundial cuando estas estrategias militares se llevaron hasta sus últimas consecuencias, por lo que muchas ciudades europeas y asiáticas, alejadas del frente, sufrieron intensos bombardeos aéreos que las destruyeron total o parcialmente. Sirvan de ejemplo, los bombardeos alemanes sobre Londres y otras ciudades inglesas y francesas; los bombardeos aliados sobre 131 ciudades y pueblos alemanes, desde Dresde a Berlín, que causaron la muerte de 600.000 personas, la inmensa mayoría civiles, y dejaron sin hogar a 7.500.000 personas[5]; o el primer bombardeo atómico sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki[6].

Gernika-Lumo (Bizkaia). Bombardeo del 26 de abril de 1937 
Bombardeo de la ciudad de Barcelona por la Aviazione Legionaria italiana el 17 de marzo de 1938 (Ufficio Storico dell’Aeronautica Militare).

Bombardeos de ciudades durante la Guerra Civil Española

Durante la GCE la aviación se convirtió en un arma clave que condicionó el desarrollo del conflicto bélico y contribuyó decisivamente a la victoria franquista. Y, en este sentido, debemos destacar la importancia de los bombardeos estratégicos sobre ciudades republicanas de la retaguardia. Nos puede servir de ejemplo la provincia de Tarragona, donde la aviación fascista realizó 1353 ataques aéreos sobre las ciudades de la retaguardia republicana causando la muerte a 1135 personas y heridas a otras 1346, además de la destrucción parcial de las ciudades de Tarragona, Reus, Flix, Amposta, Tortosa, El Perelló, L’Ampolla y Sant Vicenç de Calders[7]. Otras poblaciones catalanas sufrieron también intensos bombardeos franquistas: Barcelona, Vilanova y la Geltrú, Sitges, Sant Adrià del Besós, Badalona, Manresa, Granollers, Sant Feliu de Guíxols, Palamós, Figueras, Port-bou y Port de la Selva. La ciudad de Barcelona padeció un verdadero asedio aéreo entre el 13 de marzo de 1937 y el 26 de enero de 1939. Durante este período se registraron unas 400 alarmas y unos 200 ataques aéreos que destruyeron, total o parcialmente, unos 6000 edificios y causaron la muerte directa de más de 2750 personas y heridas a más de 7000. El número de víctimas superaría las 4000 si se contabilizasen las personas que murieron posteriormente a causa de las heridas padecidas durante los bombardeos[8].

También fueron bombardeadas sistemáticamente las ciudades de Madrid, Durango, Santander, Almería, Castelló, Sagunto, Valencia, Águilas, Alacant, Alcoy, Cartagena, Albacete, Almería y Guernica que se convirtió en un verdadero símbolo popular y en el caso más estudiado[9]. No debemos olvidar, pero, que la aviación republicana también bombardeó, aunque con mucha menor intensidad, algunas ciudades de la retaguardia franquista como Córdoba, Cabra, Valladolid, Salamanca, Toledo o Burgos. Los bombardeos aéreos sobre ciudades de la retaguardia y sus objetivos y efectos durante la GCE provocaron un amplio debate europeo y ambos bandos realizaron a su alrededor una intensa campaña propagandística.

Bombardeo de la ciudad de Tarragona por la Aviazione Legionaria italiana el 25 de noviembre de 1938
Bombardeo de la ciudad de Tarragona por la Aviazione Legionaria italiana el 25 de noviembre de 1938 (Ufficio Storico dell’Aeronautica Militare).

La defensa de las ciudades

Las ciudades republicanas reaccionaron contra los ataques aéreos con la defensa activa y la defensa pasiva. La defensa activa republicana estaba constituida fundamentalmente por la aviación de caza, los cañones y ametralladoras antiaéreas y los sistemas de observación, y estaba en manos del ejército. Su objetivo era la detección y neutralización de los aviones atacantes, es decir, evitar que bombardearan o que lo hicieran el mínimo posible. La defensa pasiva tenía como objetivo proteger a la población civil y reducir el número de víctimas causadas por los bombardeos, mediante la previsión (información, alarmas, formación), la protección (camuflaje, refugios, servicios organizados) y el salvamento (servicios de desescombro y sanitarios)[10].

El 8 de agosto de 1935 el Ministerio de Guerra español aprobó un Decreto sobre defensa pasiva, donde se establecía la organización de un Comité Nacional, de comités provinciales y de comités locales en poblaciones de más de 8000 habitantes. Con todo, hubo que esperar al estallido de la guerra para que comenzasen a circular folletos informativos sobre la protección de la población civil ante los ataques aéreos y que el Gobierno central, la Generalitat de Catalunya y el Gobierno de Euskadi desplegaran la defensa pasiva y la defensa activa para proteger a sus ciudades de los bombardeos aéreos.

El déficit armamentístico republicano afectó al frente, pero, sobre todo, a las ciudades de la retaguardia que quedaron insuficientemente defendidas ante las agresiones aéreas. La dificultad para organizar una defensa activa eficiente, llevaron a centrar los esfuerzos en la defensa pasiva con el objetivo de proteger a la población civil, siendo el caso más claro la construcción de refugios en todas las ciudades republicanas. A pesar de los pocos medios disponibles y del gran desconocimiento inicial sobre la cuestión, en dos años, del verano de 1936 al verano de 1938, la España republicana consiguió desarrollar un potente sistema de Defensa Pasiva. De ahí, que la experiencia de la defensa activa y pasiva de las ciudades republicanas fueran estudiadas y, en parte, trasladadas, a muchas ciudades europeas para enfrentarse a las nuevas tipologías de guerra[11].

¿Mártires o Resistentes?

La defensa de las ciudades bombardeadas fue un proyecto común, colaborativo, en el que participaron los ciudadanos y sus asociaciones, las administraciones y el ejército republicano, es decir, civiles y militares, el pueblo y las autoridades. Y sólo analizándolo y explicándolo conjuntamente podremos entenderlo, tal y como hemos hecho en el caso de Barcelona[12].

Madrid, Valencia, Barcelona, Durango o Guernica, podrían aprender de Londres como tratar sus historias de resistencia al fascismo; de la misma manera que, en los años treinta del siglo pasado, Londres aprendió de las ciudades republicanas españolas aspectos relacionados con la Defensa Pasiva[13]. Estas ciudades conservan un importante legado patrimonial de los bombardeos aéreos durante la GCE, que va de los refugios antiaéreos y los emplazamientos de artillería antiaérea a los aeródromos desde donde salían los aviones que las protegían, pasando por la documentación generada por las autoridades militares y civiles que defendieron las ciudades y por las que las atacaron; así como de un legado memorial colectivo ingente[14].

Refugio antia?reo en la plaza del Mercadal de la ciudad de Reus
Refugio antiaéreo en la plaza del Mercadal de la ciudad de Reus donde pueden observarse los efectos de los bombardeos alemanes e italianos en 1938 (Archivo Comarcal del Baix Camp).

Quizás hemos hecho girar excesivamente el discurso explicativo en torno a las víctimas y a su volumen, dejando de lado o prestando poca atención a las estrategias de defensa empleadas por la ciudadanía y la administración para resistir el asedio aéreo fascista. Porqué los estudios que hemos realizado de los bombardeos aéreos sobre Barcelona, Tarragona, Reus y Tortosa, demuestran que, a pesar de que la aviación fascista intensificó sus ataques y aumentó la cantidad de bombas y las toneladas de explosivos arrojadas sobre estas ciudades a medida que avanzaba la guerra, el número de víctimas disminuyó. Y ello se debió a la progresiva organización de la defensa activa y pasiva y, dentro de ella, a la construcción de centenares de refugios antiaéreos[15].

Las nuevas investigaciones históricas sobre el papel de la aviación y la defensa de las ciudades durante la Guerra Civil española, han aportado nuevos enfoques y nuevos datos sobre los bombardeos aéreos que sufrieron las ciudades republicanas de la retaguardia y sobre los sistemas de defensa activa y pasiva que adoptaron los ciudadanos y la administración civil y militar. Estos nuevos enfoques nos permiten superar interpretaciones excesivamente victimistas y reduccionistas, sectorializadas, centradas en los refugios y las víctimas; y avanzar en otras direcciones historiográficas más complejas y globales, que integren las nuevas estrategias de guerra y el ataque aéreo y la defensa de la ciudad, por una parte; y la defensa pasiva y la defensa activa, por otra. Analizadas como dos partes inseparables y dialécticamente relacionadas, sin olvidar el coste humano que comportó[16].

Será en este marco histórico donde las experiencias y testimonios individuales y colectivos, y los elementos patrimoniales aislados, adquirirán significado más allá de la anécdota. Donde los refugios, preservados, estudiados e interpretados científicamente desde el punto de vista histórico, arqueológico y arquitectónico, podrán cumplir la función de difusión social (mediante la intervención museológica y museográfica, así como pedagógica y didáctica), contribuyendo a mejorar el conocimiento histórico de las ciudades, a la reflexión sobre la barbarie de las guerras y a la necesidad de luchar por la paz. Ello permitirá a los ciudadanos identificarse con unos hombres y mujeres y con unas instituciones que, además de víctimas, fueron, sobretodo, resistentes al fascismo.



[1] Lindqvist, S. (2002), Historia de los bombardeos, Madrid, Turner.
[2] Ludendorff, E. (1935). Der totale krieg, München, Verlag.
[3] Douhet, G. [1921], El dominio del Aire, Madrid, Instituto de Historia y Cultura Aeronáutica, 1987.
[4] Kindelan, A. (192?), Conferencias Teóricas: Primer curso para Jefes de unidades tácticas aéreas, Madrid, Talleres Tipográficas Stampa, vol.I, p.34
[5] Sebald, W. G. (2003). Sobre la historia natural de la destrucción, Barcelona, Anagrama.
[6] DDAA (1946). The Effects of the Atomic Bombs at Hiroshima and Nagasaki. Report of the British Mission to Japan, Londres, Home Office and the Air Ministry.
[7] DDAA (1946). The Effects of the Atomic Bombs at Hiroshima and Nagasaki. Report of the British Mission to Japan, Londres, Home Office and the Air Ministry.
[8] Albertí, S. y Albertí, E. (2004). Perill de bombardeig! Barcelona sota les bombes (1936–1939), Barcelona, Albertí Editor; Arnabat, R. Gesalí, D. e Íñiguez, D. (2009). “Barcelona sota les bombes franquistes”, L’Avenç, núm.344, pp.44-52; Villarroya, J. (1999). Els bombardeigs de Barcelona durant la Guerra Civil, Barcelona, PAM.
[9] Patterson, I. (2008). Guernica y la guerra total, Madrid. Turner; Bernecker, W. L. (1988). Cincuenta años de historiografía sobre el bombardeo de Gernika, San Sebastian, Universidad del País Vasco, 1988; Momoitio, I. y Núñez, A.T. (Coord.) (2012). El bombardeo de Gernika y su repercusión internacional, Gernika-Lumo: Fundación Museo De La Paz De Gernika; Cava, M. J. et al. (1996). Memoria colectiva del bombardeo de Gernika, Bilbao-Gernika-Lumo. Gernika Gogoratuz, Irujo, X. (2012). El Gernika de Richthofen: un ensayo de bombardeo de terror, Gernika-Lumo, Gernikako Bakearen Museoa Fundazioa; Southwort, H. (1977. La destrucción de Gernica: Periodismo, diplomacia, propaganda e historia, Barcelona, Iberica de ediciones y publicaciones; y Southwort, H. [1937 ?]. The crime of Guernica: we refuse to condone such atrocities by our silence, New York, Spanish Information Bureau.
[10] Arnabat, R. E. Íñiguez, D. (2013), pp.153-300; y Vera Deleito, A. y Vera Deleito, J. (2000). Defensa Antiérea Republicana (1936-1939, Artillería y Refugios (Algo de valor), Valencia, Jorge Vera De Leito.
[11] Langdon-Davies, J. (1938), Air Raid. The technique of silent approach, high explosive panic, Londres, George Routledge & Sons; Rougeron, C. (1939). Les enseignements aériens de la Guerre d’Espagne, París, Editions Berger-Levrault; Launoy, C. De (1938). Les bombardements de Barcelone?, Bruselas, Les Editions Action et Civilisation; (1938). Bombardements et agressions en Espagne: juillet 1936-juillet 1938, Paris, Comité Mondial contre le Guerre et le Fascisme; (1940). Como se defienden las ciudadades del ataque aéreo. Por el Jefe de Defensa Antiaerea de Barcelona, [Méjico?], Editorial Proteo; y Quero Morales, J. (1938). El Bombardeo de las ciudades abiertas, Madrid, Ediciones Españolas.
[12] Arnabat, R. (Coord.) (2009). Els refugis antiaeris de Barcelona: criteris d’intervenció patrimonial, Barcelona, MUHBA.
[13] Pons i Pujol, J. (2004). Lliçons de Barcelona: informe britànic sobre el bombardeigs de la ciutat, 1938, Barcelona, Fundació Carles Pi i Sunyer.
[14] Buena muestra de este potencial lo hallamos en los documentales de Armengou, M. y Belis, R. (2006). Ramon Parera: l’home que va salvar Barcelona, Barcelona, TV3; Garay, J. (2008). Mirant al cel. Els bombardeigs de 1938, Barcelona, Massa d’Or; ROJO, A. (2007). Guernica. El bombardeo, Bilbao, Ídem Producción Audiovisual; Arnabat, R. al. (2014). Ruixats de foc, Taragona, URV.
[15] Arnabat, R. e Íñiguez, D. (2013). pp.665-687.
[16] Arnabat, R (Coord.) (2009), pp.27-53.