6 de noviembre de 2020

AVIADORES ESPAÑOLES EN LA UNIÓN SOVIÉTICA

 Francisco Meroño y Antonio García Cano con uniforme de paseo de las Fuerzas Aéreas Soviéticas.


Por Rafael de Madariaga

 

Introducción

 

Desde al menos 1999 los cronistas aeronáuticos Juan Carlos Salgado, José Miguel Sales Lluch y el que suscribe decidieron resumir los retazos de historias conocidos acerca de los diferentes pilotos, tripulantes y especialistas de aviación que por diferentes rumbos y razones recalaron en Rusia al final de la Guerra Civil Española y participaron en lo que los soviéticos denominaron La Gran Guerra Patria. Han pasado algunos años durante los cuales se añadieron nuevos datos a aquellos resúmenes, al publicarse memorias y biografías de algunos participantes más y también trabajos completos como el de Carlos Lázaro sobre las Promociones de pilotos y observadores en Kirovabad y Jarkov.

 

Un índice pormenorizado de todos los aviadores españoles en la Unión Soviética debería comprender datos de varios grupos distintos entre ellos los siguientes:

 

Grupo de Pilotos enviados a Rusia en septiembre de 1938


  • Cuarta Promoción de Kirovabad que se quedó en la escuela desde abril de 1939 y en la cual figuraban como agregados varios oficiales que acompañaron a los alumnos y que, siendo observadores, habían obtenido la promesa de hacerse pilotos allí.
  • Algunos Niños de Rusia, que llevaban desde el año 1937 en residencias y escuelas, que trataron por todos los medios de hacerse pilotos antes de comenzar la II Guerra Mundial e inmediatamente después de su inicio entre Rusia y Alemania el 21 de junio de 1941.
  • Y luego el contingente más numeroso, ya que entre julio y septiembre de 1939 comenzaron a llegar a Rusia los combatientes de la Aviación de la Republica que habían estado primero en Argelés sur Mer y luego en Gurs, Olorón Saint Marie, cerca del Pirineo francés. Estos últimos constituyeron el núcleo más importante de combatientes en las Fuerzas Aéreas soviéticas durante la guerra mundial. 


Libros y artículos sobre combatientes

 

Los testimonios escritos de algunos de estos combatientes son fundamentales para reconstruir las acciones y hechos de armas en los cuales participaron bien aisladamente, tanto como en pequeños contingentes de tres o cuatro miembros, nunca en proporciones mayores por los argumentos que más adelante se citan.

 

Siguiendo un orden alfabético citaremos a Sol Aparicio Rodríguez que en su libro “Yo combatí en tres mundos” describe las acciones y acontecimientos en los que fue testigo tanto en Marruecos hasta 1926 como en la Guerra Civil española y la II Mundial.

 

Antonio Arias Arias fue autor de “Arde el Cielo”, publicado primero en ruso en Moscú y luego traducido, corregido y editado con la importante aportación de José María Bravo, en el cual relata sus experiencias tanto en la Guerra de España como en Rusia. Este último va a ver editado durante el último semestre de 2006 sus memorias recopiladas por este autor con el nombre de “Póquer de ases: Arias, Bravo, Claudín y Zarauza”, subtitulado “Bravo y los Moscas en la Guerra de España y en la Gran Guerra Patria”.

 

Andrés Fierro dio a conocer hace varios años su libro de memorias “Tarán” en el cual se mezclan relatos veraces de las dos guerras con algunas diatribas y auténticos memoriales de agravios contra algunos amigos y compañeros suyos de muchos años, de forma que el conjunto es bastante lamentable.

 

En cuanto al más prolífico de ellos, Francisco Meroño, es una lástima que mezcle continuamente hechos verídicos con increíbles creaciones noveladas de las que a duras penas se puede extraer la verdad; con lo cual queda muy desvirtuado el contenido real que pueda haber en sus relatos; el mismo confesaba a menudo a sus amigos que “después de tantos años quien se va a enterar”. El penúltimo libro publicado por su hija ya es el colmo de la desfachatez, poniéndole un título que su padre nunca utilizó; pero ya el postrero, donde la Meroño hija se pone los dos apellidos de su padre, resulta muy divertido porque en él aparece un nuevo Paco Meroño, arrepentido de su militancia soviética de tantos años día tras día y anotando justo lo contrario de lo que venía diciendo sobre el régimen en los últimos cuarenta años, para poder sobrevivir. Algunas de sus anécdotas póstumas son, por cierto, muy demostrativas de cómo era el régimen, incluso en su trato con los afines, declarados partidarios del sistema y miembros en muchos casos del PCUS.

 

Los diferentes grupos de aviadores

 

Ya durante el transcurso de los meses finales de la Guerra Civil Española se habían trasladado a la Unión Soviética algunos pequeños grupos de aviadores españoles con la finalidad de realizar cursos de especialización o de mejora de sus conocimientos. El grupo más significativo de pilotos que fue a la URSS antes de finalizar la guerra fue el enviado en septiembre de 1938 encabezado por Leopoldo Morquillas para cursar estudios en la Escuela Superior Táctica de Aviación. Los oficiales eran los Tenientes pilotos Marciano Diez, de Moscas, los Tenientes pilotos, Manuel Orozco, Rómulo Negrín, Román Llorente, de Chatos, al igual que el propio Mayor Morquillas, y los Tenientes pilotos Alfonso García Martínez y Anselmo Sepúlveda, de Katiuskas. A excepción de Negrín, reclamado por su padre desde México al finalizar la guerra, todos los demás se quedaron en la Unión Soviética y participaron en las filas del Ejército Soviético en la II Guerra Mundial. Durante año y medio cursaron sus estudios en la Academia de Lipezk, acabando los cursos en el Otoño de 1939, pasando a ser profesores de vuelo en diversas escuelas durante el primer año de la II Guerra Mundial y pasando a ser jefes de unidades de asalto y de caza posteriormente. También fue en el mismo grupo, José Vela, pero lo pasaron a volar en I–15 en otra escuela.

 

Leopoldo Morquillas había sido ascendido por méritos en combate a Teniente en marzo de 1937, a Capitán en marzo de 1938 y a Comandante el 1 de septiembre de 1938, en el mismo boletín y por las mismas razones que ascendieron también a Mayor (comandante) los aviadores Comas, Duarte y Zarauza.

 

Durante la II Guerra Mundial Morquillas tuvo el cargo de Inspector de Regimientos de Caza con el grado de Teniente Coronel. Falleció en Tula, ya retirado en el mes de diciembre de 1989.

 

También había sucedido al finalizar la guerra, el 1 de abril de 1939, con la victoria de las fuerzas encabezadas por el General Franco, que algunos grupos de alumnos pilotos de la Republica Española, que estaban realizando el Cuarto Curso o Promoción de pilotos en la Escuela de Kirovabad, ya no pudieron continuar sus cursos normales porque la finalidad de su entrenamiento había desaparecido, con lo cual se cancelaron los cursos, se terminaron apresuradamente y cesó la actividad normal que la escuela había mantenido hasta aquel momento. Algunos de ellos, muy pocos ya eran pilotos en aquel momento. 


Antonio Blanch Rodríguez, Capitán observador de Katiuskas, natural de Tortosa. Al final de la Guerra de España marchó a Kirovabad para hacerse piloto y murió en combate detrás de la retaguardia alemana luchando como guerrillero.

 

 

Grupo de pilotos españoles en 1941 en Sverdlovsk. De izquierda a derecha Pascual, Duarte, Lario, Meroño, Nájera, Rivas y por ultimo Bonilla al que no se ve.

 

El final de la guerra civil sorprendió por tanto al último grupo de cadetes de aviación españoles y personal de tierra entrenándose en la URSS. Por razones obvias, tuvieron que quedarse en el país, uniéndose a la población civil y trabajando en todo tipo de sectores o estudiando en la universidad. Con ellos, aunque repartidos por varias residencias, había cientos de niños y adolescentes refugiados que habían sido evacuados de España durante la guerra. Otros aviadores estaban en Francia en campos de refugiados, especialmente en Gurs, a pocos kilómetros de Olorón Ste Marie, Departamento de los Altos Pirineos, en condiciones no muy diferentes de los campos de concentración alemanes en 1939–1940, así que muchos pidieron refugio en la URSS.

 

Después, el 21 de junio 1941, se vieron envueltos en otra guerra. La mayoría se alistaron en el Ejército Rojo sin pensarlo, pero no fueron enviados inmediatamente al arma que se correspondería con su experiencia militar previa, algo típico de aquel periodo de caos en el régimen estalinista. De ese modo, las habilidades adquiridas en el entrenamiento como pilotos, tripulantes u observadores o personal de tierra de Aviación, se desperdició en operaciones de guerrilla en vez de aprovecharse en unidades de aviación. Algunos de esos pilotos tenían una considerable experiencia de combate de España.


Observador–Navegante de Katiuskas durante la Guerra de España, el Capitán Juan Manuel Caldevilla Cecilia. Fue el último oficial a cargo de la 4ª Promoción de Kirovabad y permaneció en Rusia al terminar la contienda.


José Maria Pascual Santamaría, “Popeye” de la 4ª Promoción de Kirovabad falleció en combate en Stalingrado después de haber derribado una docena de aviones enemigos.


Capitán Anselmo Sepúlveda con uniforme de piloto completo. En Rusia voló en los IL–2 Stormovick y murió en combate en Stalingrado.

 

Ninguna unidad española en las VVS

 

Es bastante difícil dar una idea clara de la participación de los aviadores españoles en la así llamada Gran Guerra Patriótica, pues al estar dispersos en las VVS, nunca fueron concentrados en unidades homogeneizadas por nacionalidad, a diferencia del grupo francés Normandie Niemen en el seno de la VVS o los numerosos escuadrones extranjeros integrados en la RAF.

 

En palabras de Antonio Arias Arias: “Incomprensiblemente, los pilotos españoles fuimos distribuidos en distintas unidades de aviación, en las que cumplimos con nuestro deber internacionalista en la guerra contra la Alemania fascista que había apoyado a Franco… y era culpable de que nosotros fuéramos ahora emigrados políticos. Hubiera sido mucho más lógico organizar una unidad Ebro–Volga de españoles, que, al igual que los franceses en su regimiento Normandie–Niemen, podríamos haber demostrado –mejor que actuando por separado– la elevada calidad de nuestros pilotos”. Hay que tener en cuenta que no todos los españoles hablaban el ruso con fluidez, con la implícita desventaja que esto implicaba.

 

En este proceder que demostraba una cierta desconfianza hacia los aviadores y en general hacia los excombatientes españoles por parte de los rusos se descubren dos aspectos importantes, que se desvelan en cuanto los protagonistas tienen cierta confianza para hablar llanamente. Como primera y nada despreciable, se debe tener en cuenta la fama de indisciplinados a la vez que intrépidos, con iniciativa y un gran valor individual y a la vez demasiado peligrosos como conjunto de los españoles en general y de los excombatientes de la República Española en particular. A este respecto no deja de ser demostrativa y espectacular una anécdota de José María Bravo cuando buscaba junto a Andrés Fierro, ya después de su licenciamiento del año 1948, un lugar en Moscú donde alojarse, cuestión verdaderamente peliaguda en esa época y sometida al típico “jeroglífico” ruso: “si no tienes trabajo en Moscú, no tienes derecho a alojamiento, si no tienes alojamiento no puedes tener un trabajo...etc, etc” y así hasta el infinito. Después de llevar horas en una cola del funcionario que concedía el documento que le permitiría tener derecho a un alojamiento o empadronamiento en la ciudad, el burócrata de turno examinó su petición superficialmente y sin mirarlo le dijo “No sirve, que pase el siguiente”. José María exasperado, cogió el tintero de la mesa y en tono amenazador le dijo “Nada del siguiente, Ud. me tiene que solucionar esto”. Ante aquel tono y aquella decisión el otro reconsideró las razones y cuando ya se avenía a explicaciones le preguntó:

 

—¿De dónde eres, camarada?

—Soy español

—¿Y todos los españoles son como tú?

—Pues más o menos como yo

—¿Y entonces por qué perdísteis la guerra?

—Porque teníamos entre nosotros un montón de gente como tú.

 

Por otro lado, está la nada aclarada pero firme oposición del Partido Comunista Español en Moscú a ese encuadramiento de tipo “nacional” en las filas del Ejército Rojo. No les hacía a los dirigentes del PCE ninguna gracia la posibilidad de que hubiera unidades españolas con sus características, personalidad y mandos propios y esto lo demostraron en el trato muy indiferente hacia los aviadores encuadrados a título individual o en pequeñísimos núcleos en unidades soviéticas de Aviación y tampoco muy destacadas. Quizás en los años de después de la guerra, se estaba perdiendo esa tendencia al ostracismo, cuando llegó el problema de la fuga de Severino Burgueño y el Partido vio de repente el cielo abierto para despacharlos a todos de un solo golpe.

 

Pero el hecho de que cuatro oficiales de Aviación españoles, de magnífica preparación técnica y con experiencia, se encontraran preparándose para hacerlo o ya haciendo el Curso de Estado Mayor junto a la “flor y nata” de la Aviación Soviética, la famosa “Horda de Oro” en la Escuela Superior de Mónino en 1948, demuestra que algo estaba cambiando justo en ese momento, cuando un subterfugio desgraciado, le dio un estupendo motivo al PCE, para apoyar la despedida masiva de todos los aviadores de las Fuerzas Aéreas rusas. No es extraño que durante los años siguientes algunos persiguieran al culpable por montes y valles. Fue durante años un proscrito, nadie quería pronunciar su nombre, y era relativamente fácil encontrarlo trabajando como taxista en turnos extemporáneos en la ciudad de Madrid.

 

Gracias entre otras fuentes a las memorias de Francisco Meroño en “Aviadores Españoles en la Gran Guerra Patria”, publicadas en español en Moscú, allá por el año 1986, justo al comienzo de la perestroika, así como a numerosos retazos de conversaciones y escritos, hemos podido sintetizar esta modesta contribución. He podido personalmente entrevistar a los pocos supervivientes que he conseguido encontrar y gracias a algunos artículos en AEROPLANO, la publicación anual del IHCA, se va consiguiendo completar la historia personal de cada uno de los combatientes en la URSS.

 

También ha aparecido al menos un artículo en la revista de gran difusión DEFENSA. Se trata de una breve biografía de Juan Lario escrita por Vicente Talón. Ese autor también incluyó un breve capítulo sobre los aviadores vascos que sirvieron en la VVS en uno de los volúmenes de su serie dedicada a la guerra civil en el norte de España.

 

Marciano Díez Marcos, piloto de la 1ª Promoción de Kirovabad, piloto de IL–2.


Teniente piloto Domingo Bonilla piloto de caza en distintos regimientos.

 

Juan Lario Sánchez escribió su libro sobre la Guerra de España con el título de “Habla un aviador de la Republica” en 1973, pero en él solamente trató sobre su experiencia en los años de 1936 a 1939 y su relato termina en Gurs. Pero luego de muchos años escribió la historia sobre su actuación en la Unión Soviética con el mismo título que lleva este trabajo “Aviadores Españoles en la URSS”, que mereció el Tercer Premio “Espejo de España” de la Editorial Planeta y que le fue concedido en febrero de 1976. Su extenso artículo titulado “Republicanos españoles al servicio de la URSS” fue publicado en “Historia y Vida” en 1995.

 

A través de esas publicaciones, ha sido posible encontrar los nombres de 95 pilotos y miembros de tripulaciones, un radiotelegrafista y tres miembros del escalón de tierra, lo que supera las cifras de Meroño. Él dice que hubo más de setenta aviadores españoles luchando con las fuerzas rusas, tanto del ejército como de aviación. Al menos 20 pilotos españoles que volaron con la VVS murieron en acto de servicio. Personalmente creo que son 88 los que volaron, puesto que de las listas que hemos manejado tanto José Miguel Sales como J.C. Salgado y yo mismo había que eliminar a varios, que correspondían a nombres repetidos o inexistentes, apodos y equivocaciones y en cambio añadir algunos otros, y hacer la salvedad de que algunos no combatieron nunca en Aviación en la URSS, aunque habían sido aviadores en España, por ejemplo, Alfredo Fernández Villalón, fusilado en retaguardia alemana como guerrillero. Alguno más con esa misma peripecia no figuraba en la lista, como Félix Allende Santa Cruz, observador de Katiuskas, fallecido en Stalingrado, en tierra, que tampoco voló en la URSS.

 

José Cirujeda Esteve, piloto de Katiuskas en la Guerra de España y luego en diferentes regimientos en Rusia. Ante un Polikarpov U–2, avión polivalente biplano para múltiples funciones.


Con un Spitfire IX de fondo, vemos a los Comandantes de los escuadrones del 348 IAP. De izquierda a derecha Mayor Chaika, subcomandante del regimiento, y los Capitanes Yashenko, Korailich y Juan Lario.

 

La lista completa de combatientes españoles fallecidos en Rusia, que me fue facilitada por Antonio García Cano hace varios años y tiempo antes de fallecer, creo que es lo más completo en cuanto a Fallecidos, y en ella figura el Teniente de carros de combate Rubén Ruiz Ibarruri. Es una omisión explicable, pues intentó ser piloto en la Escuela donde se prepararon los jóvenes “Niños” que luego fueron a la Escuela de Borisoglébsk, no consiguiéndolo. No obstante, fue –aunque con la aureola propagandística que se quiera– uno de los dos españoles que figuran en el monumento a los caídos en Stalingrado, en la colina llamada Mamayev Gurkan, ya que falleció como Teniente Mayor el 1 de septiembre de 1942 por las heridas recibidas en la batalla de Stalingrado. Es el único español nombrado “Héroe de la Unión Soviética”, aunque hubo también otro combatiente aéreo español en Stalingrado que fue Anselmo Sepúlveda García, cuyo nombre no está presente y el que si figura con todo merecimiento es José María Pascual Santamaría “Popeye”.

 

Con el presente esfuerzo se pretende sistematizar y confrontar fuentes publicadas que no están disponibles en inglés. Fuentes que, por lo demás, son contradictorias, no lo olvidemos.

 

Otra vez en guerra

 

El día siguiente al de la invasión de Rusia por parte de Alemania, el 22 de junio de 1941, numerosos voluntarios de diferentes países que vivían en la Unión Soviética, se daban cita en el Estadio Dinamo de Moscú para alistarse como voluntarios. Entre ellos estaban grupos de pilotos y aviadores españoles, que a duras penas habían entendido el Pacto Germano–Soviético Molotof–Ribenttrop de 1939, gestado en contra de todos sus principios de pensamiento estalinista militante.

 

Allí se apuntaron sin citar sus grados conseguidos en la Guerra Civil española, con una adscripción literal como soldados rasos voluntarios y a pesar de que muchos de ellos eran Capitanes, Tenientes y Sargentos pilotos, observadores navegantes o mecánicos de tierra o vuelo. Venían de fábricas o centros industriales donde llevaban trabajando desde 1939. De la Fábrica de Automóviles “Gorki” llegaron Ramón Moretones, Antonio García Cano, Manuel León, Francisco Benito, José Macayá (Damián), Vicente Beltrán, Juan Lario, José Pascual Santamaría, Alfredo Fernández Villalón y Francisco Meroño Pellicer. Por su cuenta llegó solo Fernando Blanco de la Carrera, observador de Katiuskas que procedía de la Academia Agrícola, donde era profesor de Química.

 

Todos ellos se alistaron en las VVS, Fuerzas de Defensa del Pueblo Soviético, lo que sugería que serían probablemente enviados a las guerrillas. Al día siguiente se les unieron Ladislao Duarte Espés, Isidoro Nájera, Domingo Bonilla, Antonio Arias Arias, José Aguinaga, Jesús Rivas Concejo y Ángel Guzmán. En este grupo inicial no figuran varios aviadores notables como Bravo, Zarauza, Fierro y García Otero ya que, afincados en Járkov, Ucrania, protagonizaron una odisea volviendo hacia Moscú y estuvieron durante el primer año de la guerra contra Alemania en unidades y grupos de Guerrilleros.

 

Pilotos españoles ante un avión de caza P–39 Airacobra empleado con profusión por los soviéticos.

 

Experiencia fallida: guerrilleros aéreos

 

El grupo citado, parece ser que iba a recibir instrucción como guerrilleros y así comenzaron su entrenamiento. Pero de repente, en un estilo puramente soviético, pasaron de la concentración de los 18 en un centro de instrucción para guerrilleros a comienzos de julio de 1941, a ser citados el 20 de julio para una misión especial de vuelo supersecreta. Con gran secretismo se reúnen con el encargado del entrenamiento, Capitán Valentín Ivanóvich Jomíakov y en el aeródromo citado comienzan vuelos en Yak–1 y en Yak–7 doblemando. Luego de cuatro días de vuelos continuos los recoge un Douglas y los traslada al otro lado de los Montes Urales, probablemente al aeródromo de Aramil.

 

Allí se han concentrado un valioso número de aviones de origen alemán, entre ellos Messersmichtt ME–108 Taiffun, ME–109, Dornier DO–217, Junkers JU–88, ME–110 que van a ser volados como guerrillas en vuelo, introduciéndose entre las formaciones alemanas, camuflados incluso con sus insignias y distintivos, por los pilotos españoles, a los cuales los rusos consideran expertos en esos aviones. La operación está al mando del Coronel Fiodor Fiodorovich Opadchi como instructor y los primeros vuelos se hacen en la Taiffun para entrenamiento en el material alemán. Los aviones procedían de capturas en los primeros días de la ofensiva, y también aviones cedidos por los propios alemanes durante las amistosas jornadas que siguieron al reparto de Polonia e incluso en años anteriores a la Guerra Civil de España. Algunos podían haberse capturado allí entre 1936 y 1939.

 

En los últimos días de octubre de 1941 se produce un terrible accidente despegando un JU–88 en el cual resulta el Coronel herido y muy graves los aviadores Manuel León, que volaba como primer piloto y José Aguinaga que actuaba como mecánico de abordo. Este último perdió las dos piernas. Se aborta la experiencia en este momento y los aviadores vuelven al área de Moscú pasando al servicio activo en Bikovo, a 30 kilómetros de la capital, con la 1ª Brigada Aérea, en la defensa de la zona. Arias, Beltrán y García Cano volaban en una de las dos únicas escuadrillas, que contaba con un par de MiG–1. Pascual Santamaría, Lario y Meroño estaban en otra, volando en un biplaza, probablemente un Yak–7. Una tercera escuadrilla al mando de Ladislao Duarte estaba formada por Francisco Benito, Fernández Villalón, Bonilla y Blanco, que contaban con un único Polikarpov I–15. Un radiotelegrafista, Ángel Guzmán, se les había unido mientras tanto, al mismo tiempo que los observadores José Macayá (Damián) y Ramón Moretones. La tarea principal era proteger el área de Moscú, especialmente las instalaciones del TsAGI, el Tsentralniy Aerodinamicheski v Gydrodynamicheski Institut (Instituto Central de Aerodinámica e Hidrodinámica), el principal centro de investigación aeronáutica ruso, así como las ciudades de Kashira, Sérjujov, Narofominsk y Bikovo. El grupo “Español” estuvo actuando allí desde el 7 de noviembre de 1941 hasta el 25 de julio de 1942.

 

Un U–2 empleado como avión ambulancia en una remota región de la Rusia oriental.


García Cano con uniforme y gorra de faena.

 

De allí iban a ser enviados a la Escuela de Oficiales Guardafronteras, al norte de Moscú, cuando entraron en contacto con Osipenko. Según José María Bravo, se encontró un día casualmente por la capital con el General Alexander Stepanovich Osipenko, que había conocido en España. Él iba vestido como Capitán de Ingenieros, que es lo que desempeñaba en su misión de guerrilleros–minadores. Le pidió una lista con graduaciones, horas de vuelo, aviones volados y esta vez sí que pudieron ir a la Aviación Soviética, aunque dentro de las PVO, Defensa del Ejercito de Tierra.


Formación de LA–5 como los que volaron los aviadores hispánicos.


Línea de aviones Yak–1 que volaron muchos pilotos españoles en la Gran Guerra Patria
 

Pilotos de caza

 

Uno de los libros más importantes sobre los pilotos de caza soviéticos, publicado en inglés es “Stalin`s Falcons: the Aces of the Red Star”. En su parte final se relacionan diferentes pilotos de caza de varias naciones que volaron en las Fuerzas Aéreas de la Unión Soviética. Entre los pilotos españoles solamente se destaca a Antonio Arias, Vicente Beltrán, Juan Lario, José Luis Larrañaga, José Pascual Santamaría, y Manuel Zarauza Claver. Es indudablemente una distribución caprichosa y se debe sobre todo a falta de datos ya que no se les cita por más o menos derribos, ni por ser “Ases” con más de cinco victorias, ni tampoco por otras razones que unifiquen el criterio de su inserción. Entre esos seis hay alguno que no derribó ningún avión en Rusia como Zarauza, aunque era un “As” indiscutido cuando llegó al Cáucaso en junio de 1942. Y alguno como Larrañaga era apenas un crío, pero derribó cinco aviones antes de morir en combate el dos de mayo de 1943.


El Yak –7 fue uno de los aviones de caza mas apreciados por los españoles, en su versión estándar así como en las derivadas.

 

El mayor as español de la VVS probablemente fue el Teniente Juan Lario Sánchez. Se unió a las Fuerzas Aéreas de la República en 1937, formando parte de la 1ª Promoción de Kirovabad. Había derribado 7 aviones en España volando Chatos Polikarpov I–15, aunque es muy difícil asegurarlo, y derribó otros 27 a título individual y 8 compartidos en la URSS. Sirvió sucesivamente en el 127 IAP3 (Istrebitelnyi Aviatsionnyi Polk, Regimiento de Caza), 108 IAP de la 105 División Aérea Táctica DAT, destinado en Groznyi y después con la 208 DAT4 en Stalingrado bajo el mando de Rokosovs ki. Durante 1943 efectuó servicios en las batallas de Kursk y en Járkov, así como en Kiev en la última parte del año. En 1945 servía en el 348 IAP, volando aviones Spitfire IX al frente de una escuadrilla volando sobre Polonia y Alemania. Actuó durante algún breve tiempo operando desde el aeródromo de Tempelhoff. Al término de la Gran Guerra Patria parece que había volado 886 misiones y tomado parte en 97 combates lo que le permitió reclamar 35 victorias, de las cuales 8 compartidas. Realicé una entrevista a Juan Lario unos meses antes de su fallecimiento. Muchos de los datos que aportaba eran muy válidos y así lo he anotado en otras partes de este trabajo. De todos modos y sintiendo un enorme respeto por Lario, sus 27 victorias en la II G.M. están un tanto en entredicho por dos razones; Una, no están localizados los documentos para probarlo, al igual que para los demás y Dos, como dice Bravo, si hubiera sido así tendría al menos una vez HSU o varias Banderas y distintas Ordenes—de la Bandera Roja me refiero— pero a su favor esta que fue sin duda el que más voló en la II GM, más tipos de aviones y más horas de vuelo. Estaba en poder de numerosas condecoraciones soviéticas tales como una OBR, dos ER, dos GOP y diferentes medallas de campaña.


Luis Lavín con uniforme de paseo, uno de los pilotos más jóvenes entre los españoles que combatieron en Rusia.


Luis Lavín en la actualidad mostrando algunas de sus condecoraciones y recuerdos.
 

El segundo nombre en la lista de ases es el Mayor Manuel Zarauza Claver, con un total de 30 victorias en España y en la URSS ninguna, después de haberse pasado un tiempo con la guerrilla al empezar la guerra. Sirvió con el 961 IAP, donde luego estuvo Bravo y no es probable que hubiera volado en otras unidades. Murió en Bakú el 7 de octubre de 1942 al chocar su avión con el de su punto, el Sargento Shasa Riapishev.

 

El Capitán José María Bravo Fernández–Hermosa y el Teniente Joaquín Díaz Santos sirvieron con la 3ª Escuadrilla del regimiento de caza, 481 IAP, dentro del VIII Cuerpo de Ejército Aéreo. Bravo fue jefe de escuadrilla, y después sirvió con el 485 y el 961 IAP. Había derribado 23 aviones en España, y no derribó aviones enemigos en la URSS durante la II G.M. En noviembre de 1943 el cuartel general de la 130 DA pidió dos pilotos para el regimiento especial de ases. Llamaron a Bravo pero cuando llegó a Moscú lo rechazaron, según parece por ser español. Otros pilotos de su unidad eran el Teniente José Carbonell –que después sirvió en el 962 IAP– y José Pallarés, así como Joaquín Díaz Santos. Volaron en la defensa de la zona especial de defensa de Bakú. Bravo fue el jefe de la escolta realizada entre el Cáucaso y Teherán al Lisunov Li–2 de Stalin en diciembre de 1943. José María mandaba una escuadrilla en este servicio, con aviones Kittyhawk P–40 de origen norteamericano, que no era totalmente la suya, pero del conjunto de pilotos él era el más antiguo y caracterizado. El otro piloto con más experiencia era el Teniente Jafizullin.

 

Bravo comenzó su actuación en junio de 1941 como guerrillero–minador al mando del Coronel Stárinov, veterano jefe de guerrilleros de la guerra de España. Su grupo se retiró desde Járkov hasta Voronez, más de 700 kilómetros, siempre cerca del avance alemán, destruyendo equipos y material enemigo. En él participaban españoles entre los cuales eran aviadores Bravo, Herminio Cano (4ª de Kirovabad), Juan García Otero (Observador de Katiuskas), Andrés Fierro y Francisco Benito.

 

Leopoldo Morquillas Rubio tenía 21 victorias en España, pero se desconoce si tuvo alguna más en la URSS. Fue inspector de escuelas de vuelo y de una gran organización de entrenamiento durante la II G.M.


El Mig–3 fue probado en combate por los primeros pilotos españoles que protegían Moscú desde Bíkovo.

 

El Teniente José María “Popeye” Pascual Santamaría, que había derribado 9 aviones hasta el día de su fallecimiento, parece ser que en la misión en la que fue derribado se anotó tres victorias combatiendo sobre Stalingrado, el 23 de agosto de 1942, situándose en quinto lugar en la particular lista de Pilotos de Caza españoles, “Ases de la aviación de la URSS". Por desgracia no hay constancia de las unidades en las que sirvió, pero se sabe que estuvo con el Teniente Domingo Bonilla en el 788 GuIAP (Regimiento de la Guardia), 102 DC (División de Caza). Pascual Santamaría era de la Segunda Promoción de Kirovabad. Ascendió de Teniente a Teniente Mayor. En la Plaza que está en el centro de la ciudad de Stalingrado, la Mamayev Kurgan, hay un monumento con una lista de nombres en grandes letras de oro donde solamente hay dos nombres españoles: el de José Pascual Santamaría y el de Rubén Ruiz Ibarruri, hijo de Dolores Ibarruri “Pasionaria”. Anselmo Sepúlveda que también fue derribado en Stalingrado no aparece en esa placa. J. M. Pascual Santamaría recibió por su último combate la Orden de Lenin.


Uno de los LA–5 volados por el Teniente Luis Lavín.

 

El Capitán Antonio García Cano, que derribó al menos cinco aviones, entre ellos un Ju 88 con su punto Feodorov el 26 de noviembre de 1941 y un He 111, el 12 de octubre de 1942, voló en Kittyhawk y Tomahawk con el 573 IAP, 101 División. Otras fuentes establecen que estaba en el 563 IAP. Francisco Benito también estaba con él. Algunas fuentes indican que estuvieron en el 573 IAP juntos mientras que otras señalan que después sirvieron con el 887 IAP. Antonio García Cano siempre insistía en que tuvo que enviar a Francisco Benito a reentrenamiento, lo que parece implicar algún problema de disciplina o de capacidad técnica de vuelo. De cualquier forma, también señalaba que después de su reentrenamiento, voló en misiones de bombardeo nocturno con aviones ligeros PO–2, que eran los mismos U–2 biplanos reconvertidos, una técnica que los rusos habían refinado en España con los Rasantes R–5.

 

Ladislao Duarte, que había sido jefe de una Escuadrilla de Chatos en la Guerra Civil, fue comandante de un regimiento de caza, según algunas fuentes, y se dice que derribó algunos aviones, pero Antonio Arias Arias dice en sus memorias que era observador con el 740 IAP y después con la 144 División. Esto se debe sin duda a la peculiar estructura de los regimientos rusos de aquella época, donde el Jefe de Observadores y Navegación era el Segundo Jefe del regimiento y piloto también.

 

El Teniente Luis Lavín Lavín y Antonio Lecumberri sirvieron en el 826 IAP al mismo tiempo. Luis Lavín pasó después a la 36 DC y acabó la guerra con el 907 IAP de Operaciones Especiales. Eugenio Prieto Arana, Tomás Suárez, Ramón Cianca Bengoechea, José Antonio Uribe Galdeano, José Luis Larrañaga Muniategui, Isaías Albístegui e Ignacio Aguirregoicoa estuvieron también con Lavín en la misma escuela de vuelo.

 

Este grupo estaba formado inicialmente por ocho muchachos de los llamados “Niños Españoles en Rusia” porque llegaron como chicos muy jóvenes refugiados, de origen vasco casi todos. En el mismo grupo estuvo Rubén Ruiz Ibarruri pero no paso el examen médico para ser piloto y pasó a tierra, falleciendo al frente de una sección de tanques, en torno a Stalingrado.

 

Fueron a la Escuela de Vuelo de Borisoglébsk en la Región de Tambot en el año 1942 finalizando su entrenamiento en el año 1943. Eugenio Prieto Arana sirvió en el 3º IAP, 36 DC o División “Iván Bakéiev”, y Antonio Uribe estaba con él. Uribe murió en combate, derribado por la antiaérea en Kursk. Tenía al menos dos victorias. Es la misma persona que aparece con su nombre incompleto en algunos relatos, como Antonio Uribe. Larrañaga, que sirvió en el 591 IAP y tenía al menos cinco victorias, fue derribado el 2 de mayo de 1943. Ignacio Aguirregoicoa volaba como punto en un combate aéreo en 1944, cuando fue alcanzado y habiendo aterrizado tras las líneas enemigas disparó a los depósitos de combustible de su avión haciéndolo explosionar y falleciendo en la deflagración. Servía en el 964 IAP, 130 DC. Eugenio Prieto tenía cuatro victorias, pero fue derribado a su vez en dos ocasiones. En la segunda, en 1943, fue hecho prisionero y según algunas fuentes fue expulsado del ejército por ese motivo en 1945 tras ser liberado. Ya se sabe que una directiva puesta en práctica por orden de Stalin, consideraba a todos los combatientes hechos prisioneros y supervivientes como traidores por su supuesta “contaminación” en las cárceles enemigas. Lo cierto es que fue licenciado como Capitán en 1948 y regresó a España con posterioridad.


Dos pilotos de los “Niños de la Guerra”, Antonio Uribe y Eugenio Prieto. El primero derribado y fallecido en combate y el segundo con cuatro victorias personales, él mismo fue alcanzado y derribado dos veces.

 

Con respecto a este grupo de ocho aviadores, que serían los más jóvenes de todos los pilotos españoles en Rusia hay que especificar lo siguiente respecto a algunos de ellos:

 

  • Ignacio Aguirregoicoa es el mismo Benito Ignacio Aguirre Goicoa que voló en el 964 IAP de la 130 División, fallecido en combate. La lista de españoles fallecidos lo da como perteneciente últimamente al 159 Regimiento IAP con el empleo de Subteniente y el cargo de Jefe Piloto Mayor, dentro de la 275 División IAPD, desaparecido el 9–3–1944.
  • Eugenio Prieto Arana del mismo grupo de ocho se confunde con Ezequiel Picondo o Pikondo, que no existe, es un nombre supuesto o novelado.
  • José Antonio Uribe Galdeano, de la citada Escuela y luego del 3º Regimiento de Caza de la 36 División, caído en Ucrania, era hermano del Ministro del PCE Vicente Uribe.
  • Un combatiente de nombre Isaías Albistegui, aparece según datos proporcionados recientemente por Luis Lavín, y estuvo en la escuela inicial de vuelo en Moscú, pero no llego a completar los estudios y ya no fue tampoco a Borisoglébsk. Sin embargo, hacia el final de la II G.M. aparece como piloto de planeadores de transporte que aterrizaban detrás de las líneas alemanas.
  • El Teniente Mayor Francisco Meroño Pellicer, el Teniente Vicente Beltrán y el Capitán Fernando Blanco de la Carrera volaron con el 960 IAP, 125 División que se estaba formando en Riedoma, a 20 kilómetros de Tula y a 30 kilómetros del frente, en aquel momento. Meroño estuvo en la 1ª escuadrilla y Beltrán en la 3ª. Inicialmente tuvieron dos I–16 volando desde el aeródromo de Boríkovo y allí probaron un MIG–1 el 20 de septiembre de 1942. El 23 de febrero de 1943 les entregaron nuevos aviones Lavochkin LA–5, entre ellos el número 88 a Meroño y fueron trasladados a Kursk. Meroño fue derribado y herido en Kursk, pasando al hospital en Moscú y siendo destinado posteriormente a una escuela a volar U–2 como instructor. Allí se encontró con pilotos de Yak–7 del 8º Cuerpo de Ejército que eran José Cirujeda, Pedro Muñoz Bermejo, José Gisbert, José Ruiz, Amadeo Trillo, Fernando Buenaño. En el hospital había tenido contacto con José Sánchez Montes, que también paso de los U–2 a Yak–7 en el frente de Voronez y había derribado cuatro aviones enemigos.
 

Fernando Blanco de la Carrera era Licenciado en Química y luego de actuar como observador en Katiuskas en la guerra de España consiguió hacerse piloto junto con la 4ª Promoción en Kirovabad. Desde 1939 a 1941 trabajó en la Academia de Agricultura “Timiriázev”. Fue el aviador que terminó la II G.M. con más elevada graduación, pues era Mayor y 2º Jefe de Regimiento al término de la contienda en Bratislava con los Tenientes José Robineda, Vicente Beltrán y Jacinto Gallegos.

 

Antonio Arias Arias era comandante de la 2ª escuadrilla en el 964 IAP, 130 DA y Manuel Gisbert Talens, José Gómez y Julián Díaz Izquierdo sirvieron con él en dicho escuadrón. Volaban en Hurricane en el frente de Leningrado y después en Tomahawk. Arias sirvió también con el 740 IAP y después como Jefe Observador en el 439 IAP. Gisbert, que también serviría con el 938 IAP, se uniría a Arias y Julián Díaz en el 439 IAP de la 147 DC. En sus memorias dice que lo llamaron con el Teniente Vieselovski al Cuartel General de la 130 División por orden del General Károl. Los mandaron a Moscú para formar parte de alguna unidad especial, pero rechazaron a Arias, porque alegaron que si caía derribado los alemanes podían presentarlo como extranjero en el seno de las VVS. Lo mismo le ocurrió a Bravo.

 

Santos Sevilla Medina, Pedro Muñoz Bermejo y José Luis Larrañaga (el mismo piloto ya mencionado) estuvieron en el 591 IAP. Larrañaga fue derribado en el Kubán probablemente con cinco victorias. Otros pilotos en la zona de Gorki fueron Joaquín Carrillo, Juan Eguiguren Madariaga y Blas Paredes. Eguiguren voló en el 423 IAP y fue desmovilizado como Capitán en 1948.

 

Agustín Morales Escamilla murió en accidente en Isótomo el 28 de agosto de 1943.

 

Isidoro Nájera Montero fue derribado en el Cáucaso en octubre de 1942 sirviendo en la 1ª Aero Brigada. En Gorki volando con Lavochkin LA–5 estuvieron Joaquín Carrillo, Juan Eguiguren y Blas Paredes.

 

Andrés Fierro Menu, José Cirujeda Esteve, José Ruiz, Amadeo Trillo, Manuel Gisbert Talens, Julián Díaz y Francisco Gómez se alistaron en 1943. Fierro y Trillo sirvieron en el 439 IAP. El primero derribó al menos un Ju 88 en un ataque “taran” el 25 de agosto de 1944 y él insiste en sus memorias, así tituladas “Taran”, en que también derribó otro bombardero alemán por el mismo procedimiento. En 1944 era Capitán en el regimiento 439 IAP.

 

Román Llorente Castro, Manuel Orozco, Marciano Díez Marcos, Alfonso García Martínez “Gerásimov”, Anselmo Sepúlveda, Leoncio Velasco, el Teniente Celestino Martínez Fierros, Francisco Gaspar Torres, José Crespillo y otros como Julio Muñoz, Joaquín Carrillo y Antonio Peinado Peñalver, se habían alistado en 1942. Orozco sirvió en el 785 IAP, 36 DA, y después en la 106 DA. José Crespillo, Antonio Peinado Peñalver y Francisco Gaspar Torres volaron con el 17 Regimiento de Reserva, el 887 IAP, de la 208 DA.

 

A la Escuela de Penzá fueron destinados a volar U–2 José Crespillo, Carlos García Ayuso y Francisco Benito. De entre ellos Francisco Gallardo voló también en el 887 IAP de la 208 División Aérea del 2º Cuerpo de Ejército, y algo más tarde paso a volar en aviones de caza. Había sido corneta en Los Alcázares. José Crespillo fue derribado en caza y murió en combate en Kiev, Ucrania, en 1943.

 

Carlos García Ayuso, Francisco García, Basilio Mesa y José Rodríguez volaron en el 17 Regimiento de Reserva.

 

Pilotos de bombardeo

 

El Capitán Sepúlveda volaba en los Pe–2 y fue derribado en Stalingrado en octubre de 1942. Leoncio Velasco, el Capitán Marciano Díez Marcos, Alfonso García “Gerásimov” y Celestino Martínez Fierros volaban en los Il–2 Stormovick. Velasco, Gerásimov y Sepúlveda lo hicieron juntos en el 208 ShAP (Regimiento de Asalto).

 

Celestino Martínez murió al ser derribado su Il–2 en el lago Balatón, Hungría, en 1945. Era natural de Ballota en la zona occidental costera de Asturias y perteneció a la 4ª Promoción de Kirovabad, donde se casó con Clarita Rosén, la interprete más famosa y la chica más hermosa de la Escuela. Celestino participó en numerosos combates con U–2 y a primeros de 1944 paso a los IL–2 Stormovich. Había derribado dos aviones enemigos y falleció en el citado combate en Hungría. Díez Marcos primero sirvió como instructor, pero después pasó al 24 ShAP, de IL–2, siendo desmovilizado como Capitán en 1948. Fernando Blanco de la Carrera voló en la 125 DA y fue subcomandante de un regimiento mandado por el Coronel Akulin.

 

Los Tenientes Francisco Gaspar Torres, Carlos García Ayuso y Francisco Benito volaron en los Polikarpov U–2 al mismo tiempo, igual que José Sánchez Montes, aunque en el caso de este último eran ambulancias U–2. Más tarde Sánchez Montes voló en Yak–7 y derribó al menos cuatro aviones, entre ellos un Ju 87 el 13 de julio de 1943 en el frente de Voronez, en Projorovska.

 

Pilotos de transporte

 

El Capitán Román Llorente Castro antes mencionado voló en aviones civiles de transporte. Peinado fue derribado en Polonia en 1944. Parece que fue muerto durante un bombardeo. Su último destino según la Lista era el 153 Regimiento IASP, 12 División GuIAD, División de la Guardia como Subteniente Piloto.

 

Quizá el caso más inusual entre los pilotos españoles fue el de Isaías Albístegui, quien voló en planeadores de transporte tras las líneas enemigas para abastecer a las fuerzas guerrilleras. Ese extraño empleo debe ser la causa de que no haya forma de ubicarlo en ninguna lista ni grupo conocido.

 

Otro personal

 

Ramón Moretones Senén volaba como observador en bombarderos de largo alcance en 1943, después de haber participado en los vuelos con aviones alemanes en los Urales. Según García Cano, volaba como navegante–observador en la 1ª Brigada de Guarda Fronteras, en un regimiento de bombardeo dotado con aviones B–25. Exactamente lo mismo es aplicable a Damián Macayá Tarré, que también volaba como navegante en bombarderos de largo alcance, fue derribado sobre Königsberg y entregado al gobierno español. Al parecer fue fusilado en Barcelona. Ambos procedían de la 4ª Promoción de Kirovabad.

 

Otros nombres figurados y que no fue posible asociar con una unidad de aviación determinada eran: Andrés Acero, José Luis Barco, Jacinto Gallegos, Jacinto García Baños, José Gisber, Julián Izquierdo, Pedro Muñoz Bermejo, José Robineda, Miguel Roy, Ramón Santos, Tomás Suárez y Adolfo Torres. (Muchos de estos nombres son figurados, aparecidos en la novela “El sol sale a media noche” editada en Moscú en castellano). De los primeros sus nombres reales son Andrés Fierro, José María Bravo y José Díaz Santos.

 

También aviadores eran Pedro Muñoz Bermejo, piloto de SB–2 en la Guerra Civil, José o Manuel Rovineda piloto de bombardeo nocturno con aviones escuela PO–2 y Tomas Suárez, fallecido en Rusia en fecha desconocida.

 

Combatientes en tierra

 

Si es difícil mencionar todos los nombres del personal de tripulaciones, el cuadro es aún más restringido en lo tocante al personal de tierra. De los que se alistaron en la VVS en 1941, sólo se conocen los nombres de Ignacio Aguinaga, mecánico de vuelo y el Teniente mecánico Jesús Rivas Concejo. Unos cuantos aviadores con experiencia, como el propio Jesús Rivas y el piloto Juan Roldán Ramón, lucharon con las fuerzas guerrilleras tras las líneas alemanas, sin volver a volar en un avión a partir de 1941.

 

Roldán murió en Novorosiisk en enero de 1943. La misma suerte corrieron Antonio Blanco, Antonio Blanch, Alfredo Fernández Villalón e Hipólito Nogués. Fernández Villalón fue capturado y fusilado en Jitomir en febrero de 1942. También falleció tras las líneas alemanas actuando valientemente como guerrillero Juan José García Otero, observador de Katiuskas en la Guerra de España.

 

Los aviones que volaron

 

Quizá los tipos de aviones más sorprendentes en los que volaron los pilotos españoles de la VVS fueron el Messerschmitt Me 108, Bf 109, Bf 110, Dornier Do 215 y Junkers Ju 88, algunos de ellos comprados a los alemanes antes de la guerra. Ocurrió en el verano de 1941 en el aeródromo de Aramil en Sverdlovsk, en los Urales. De hecho, eran los primeros aviones en los que volaron al comenzar la guerra, con la finalidad de realizar misiones tras las líneas enemigas, pero el plan no pudo llevarse a la práctica a causa del impetuoso avance alemán hacia Moscú, no sin antes haber sufrido la baja del Ju 88 al despegar en un vuelo de entrenamiento, en el que resultó gravemente herido el mecánico Ignacio José Aguinaga, siendo los otros tripulantes Manuel León Díaz y el Coronel Opadchi. Antonio Arias voló en el Bf–110. En ese momento se abortó la idea. Sin embargo, fue resucitada en 1942 tras la captura de 15 aviones intactos de la Luftwaffe en Osinovka, incluidos Me 109G y Go 145A, con los que realizaron varios vuelos de reconocimiento sobre las posiciones alemanas.

 

Los pilotos de caza volaron en todos los tipos en servicio con la VVS desde el I–153 y sus viejos conocidos de España, los I–16, hasta lo último en Airacobra, Kingcobra, Kittyhawk y Spitfire.

 

Desmovilización

 

Algunos nombres no están atestiguados de forma completa, sólo con uno de los apellidos, y por esa razón es posible que en algunos casos se trate de la misma persona a la que algunos compañeros conocían por un apellido otros por otro. Se dan los nombres completos donde ha sido posible encontrarlos. Se dice que la mayoría de los pilotos de caza españoles por convicción política eran reacios a considerar los éxitos individuales y hablar del número de aviones que derribaron en combate, así que muchas de sus victorias no están registradas a título personal. Aunque de ser cierto parece que no es esta una tradición coherente, pues las victorias en España se anotaban siempre.

Un total de 800 españoles lucharon en las filas del ejército ruso y 185 murieron en acto de servicio. La mayoría de los pilotos españoles fueron desmovilizados en 1948. Algunos regresaron y se establecieron en España desde 1957: Bravo, Lecumberri, Prieto Arana, Albístegui, Arias y Lario, por mencionar algunos. Tras la muerte de Franco, la llegada de la democracia y las convulsiones de la moribunda URSS, algunos más regresaron en los años 80 y 90.


El Monumento a los caídos españoles en Smolensk.

 

BIBLIOGRAFÍA:

—“Arde el Cielo” (Memorias de un Piloto de Caza Participante en la Guerra de España 1936–1939 y en la Gran Guerra Patria de la U.R.S.S 1941–1945). Antonio Arias

Arias. Ediciones Adela Delgado Romero, Silla, Alicante, 1995.

—Aviadores Españoles en la Gran Guerra Patria. Francisco Meroño. Ediciones Progreso, Moscú, 1986.

—Españoles en la Segunda Guerra Mundial (El Frente del Este). Capítulo Seis

–”Españoles en el Ejército Soviético”, contribución de Carlos Flores Pazos. Vandalia,

Madrid, 1999.

—Stalin’s Falcons. Tomás Polák & Christopher Shores. Grub Street, Londres, 1999.

—Juan Lario Sánchez. Un piloto de caza y dos guerras: la española y la mundial. Vicente Talón. DEFENSA nº 233, 1997.

—Memoria de la Guerra de Euzkadi. Vol 4. Los Vascos en la Segunda Guerra Mundial. Vicente Talón. DEFENSA Extra nº 27.

—Los ases republicanos. Leopoldo Morquillas y una tumba en el Cáucaso. Rafael

de Madariaga. AEROPLANO nº 13.

—Figuras de la aviación española: José María Bravo. Rafael de Madariaga. AEROPLANO nº 14.

—Cuadernos de Aviación Histórica, Dossier 3, Carlos Lázaro Ávila, Diario de un piloto de caza en Kirovabad.

 

Fuente: https://publicaciones.defensa.gob.es