23 de noviembre de 2020

PIONEROS DE LA AVIACIÓN ESPAÑOLA - JOAQUÍN LÓRIGA TABOADA

 Por Adolfo Roldán Villén



 
Joaquín Lóriga Taboada


Nació: El 23 de septiembre de 1895 en San Martiño de Prado (Pontevedra),

Murió: El 18 de julio de 1927 en Madrid.

Ocupación:

Piloto militar

Ingeniero aeronáutico. 


Era el primogénito del matrimonio formado por el Teniente de Artillería Eliseo Lóriga Parra (conde del Grove, que alcanzó el grado de General), natural de La Coruña, y de Esperanza Taboada Bugallo, natural de Málaga. Nació y fue bautizado en el pazo de Liñares, de San Martiño de Prado, casa solariega de los Taboada. Sus primeros veranos discurrieron entre los salones y jardines de los pazos de Liñares y Cambados. Tal vez fuesen estos días los mejores de su vida. 


Cuando terminó el bachillerato y siguiendo la tradición militar, ingresó en 1912 en la Academia de Artillería de Segovia, donde en octubre de ese mismo año prestó juramento de fidelidad a la bandera. En junio de 1915 fue promovido al empleo de 2º Teniente alumno por haber terminado los tres primeros años de estudios en la citada Academia. Dos años más tarde, el 27 de junio de 1917, se le promovió a 1er Teniente, al finalizar sus estudios en la Academia del Cuerpo. Días más tarde fue destinado al 2° Regimiento de Artillería de Montaña en la plaza de Vitoria.

 

En enero de 1919, fue destinado a la Comandancia de Artillería de Melilla. En este destino tomó, por primera vez, contacto con África y allí, en aquel territorio, participó en las operaciones militares que se estaban librando, encuadrado en una batería de montaña. Comandó el destacamento N° 1 de Drai y con su batería hizo numerosas incursiones y operaciones contra el enemigo. 


Cuando el General Soriano presentó la reorganización del servicio de Aviación, en 1920, una de las propuestas aprobadas fue la convocatoria de una gran promoción de oficiales para realizar el curso de piloto de aeroplano. Lóriga solicitó formar parte de ese grupo y a finales de marzo, marchó a Zaragoza para iniciar su aprendizaje de aviador. Entre el aeródromo de esa ciudad y los de Alcalá de Henares y Guadalajara transcurrió toda su etapa de aprendizaje aeronáutico. 


En septiembre de 1921 ascendió a Capitán y en diciembre obtuvo el título de piloto. En enero marchó a Tetuán, encuadrado en una escuadrilla de aviones “Ansaldo”, con los que realizó diversas misiones de bombardeo sobre Bukabrit, sobre Sidi Also, Beni Aros; vuelos de reconocimiento y caza en las inmediaciones de Larache, y ametrallamiento sobre el enemigo en Benafora, Beni Melul y Azil de Midar.


 

Lóriga, que por disolución de la escuadrilla de Ansaldos, había pasado a mandar la 3ª Escuadrilla del tercer Grupo, estacionado en Sania Ramel (Tetuán), tuvo un papel muy destacado en la primavera de este año. 


En efecto, Abd el Krim había decidido apoderarse del peñón de Vélez de la Gomera. Para ello había comenzado con fuego artillero a bombardear el peñón, al que colocó en una difícil situación. Cuando Abd el Krim decidió el asalto al peñón, se encontró con que el Capitán Lóriga, al frente de su escuadrilla, había atacado las posiciones enemigas haciendo que los rifeños abandonasen la idea de conquistarlo, ya que los aviadores con sus bombardeos habían destruido la mayoría de los cañones y habían producido gran número de bajas. 


El peñón, finalmente, se salvó y pudo ser reforzado por mar, evitando en adelante un suceso similar. Cuatro días más tarde, el 17 de abril de 1929, la escuadrilla Lóriga destrozó la posición de Miskrella, logrando que ésta resistiese hasta ser reforzada y abastecida. 


A mediados de 1922, fue destinado de plantilla al Servicio de Aviación Militar, pues hasta esa fecha estaba agregado. En este mismo año, se le concedieron la Medalla Militar de Marruecos con el pasador “Melilla” y la Medalla de Sufrimientos por la Patria, con indemnización, por los ciento siete días que invirtió en la curación de las heridas que sufrió en mayo de 1921 en un accidente en el aeródromo de Alcalá de Henares. 


En agosto de 1923, el Comandante General de Melilla le concedió por los hechos narrados anteriormente la Medalla Militar individual. En la exposición de los hechos en el decreto de concesión se decía: “Oficial entusiasta y decidido, que ha prestado excelentes servicios en ambas zonas del protectorado [...] Por su acreditada cooperación y dotes de mando al frente de su escuadrilla durante los ataques de convoyes y la operación de Tifaruin de donde regresó con su avión acribillado de impactos, ha merecido el concepto de muy distinguido”. 


Poco tiempo después de estas operaciones fue designado para asistir, al curso específico para obtener el título de ingeniero aeronáutico, en la École Supérieure de l’Aéronautique de París. 


Al comenzar el verano de 1924, un grupo de aviadores españoles, entre los que se encontraba Lóriga, salieron hacia París con la misión de traer a España doce aviones Potez XV, que habían sido adquiridos por el Gobierno para reforzar las unidades que combatían en Marruecos. Lóriga no tuvo ocasión de terminar el viaje a Marruecos, pues en la escala de Madrid recibió la noticia de que había sido destinado al Grupo de Caza de Getafe. Este destino hizo que dejase Marruecos para siempre. Poco le duró este destino, pues a los pocos días le confirieron el mando de la Escuadrilla de Experimentación de aviones ubicada en el madrileño aeródromo de Cuatro Vientos. 


La labor de Lóriga como piloto y como organizador fue incansable, pues ejerció simultáneamente tanto de piloto de pruebas como de profesor de vuelo, en la Escuela de Transformación. Lóriga, considerado ya como uno de los pilotos más hábiles del momento, fue designado para continuar las pruebas que se estaban realizando del autogiro. Así el 9 de diciembre, Lóriga, después de las explicaciones correspondientes del inventor, el ingeniero de caminos Juan de La Cierva, voló por primera vez el autogiro C.6, realizando una extraordinaria exhibición aérea que entusiasmó a La Cierva. La decisión y la confianza de Lóriga había producido en este corto vuelo (ocho minutos) un avance extraordinario en el conocimiento del comportamiento en vuelo del autogiro. Los días siguientes efectuó otros vuelos, pero esta vez, ante observadores oficiales que pudieran certificar el éxito del ensayo. Así se llegó al día 12 de diciembre, memorable fecha en que se realizó el primer viaje del autogiro. 



Voló de Cuatro Vientos a Getafe en ocho minutos y doce segundos a una altura de cien metros. 


Lóriga fue asimismo el encargado de realizar una demostración del nuevo autogiro —fabricado en los talleres de la Aviación Militar en Cuatro Vientos— ante Su Majestad el rey Alfonso XIII, que así cumplía sus deseos de presenciar una demostración de esta aeronave. 


Después de la exhibición, el Rey felicitó calurosamente a Lóriga por el éxito de su demostración.

 

El 20 de julio de 1925, fue comisionado por la dirección de la Aeronáutica para auxiliar a la Cruz Roja Española en el montaje y prueba de los aviones sanitarios que se estaban acondicionando en Sevilla para ser enviados a Marruecos. En diciembre de este mismo año, por su preparación y por el éxito de su gestión al frente de la aviación sanitaria española, el ministro de la Guerra ordenó que marchase a la zona francesa de Marruecos, para estudiar la organización de la Aviación Sanitaria del Ejército francés. 


En el viaje de traer los Potez XV a España, al tomar tierra en Cuatro Vientos en junio de 1924, el jefe de la expedición, el Comandante Carrillo, expresó su ilusión y deseo de “hacer un largo viaje, por lo menos a Oriente, como ya lo han hecho aviadores de otros países”. De no encontrar la muerte, poco tiempo después, probablemente hubiera sido el jefe del raid que se estaba preparando a Filipinas. 


El proyecto que Lóriga y Esteve presentaron pretendía demostrar que la Aviación española “se encontraba en condiciones de emular las glorias de la extranjera que la prensa tanto celebraba”. Iniciaron los estudios preliminares para llevar a cabo el viaje, en los primeros días de agosto de 1924 y en octubre de ese mismo año presentaron al general director de la Aeronáutica el “Proyecto de un viaje aéreo Madrid-Manila”. En diciembre del año siguiente fue aprobado el raid. 


El viaje a Filipinas se inició el 5 de abril de 1926, desde Cuatro Vientos. Se bautizó a la patrulla con el nombre de Elcano y los aviones con los de Magallanes, Elcano y Legazpi. Se inició la primera etapa de la travesía mediante la cual, “volando contra el sol”, se intentaba unir España con la capital de la que fuera su colonia más lejana. Gallarza, Esteve y Lóriga llegaron a Argel, final de la primera etapa. En el aeródromo de Maison Blanche de esa capital, fueron recibidos por las autoridades diplomáticas españolas y por la colonia española. Se les ofreció una comida oficial en el Casino español y tuvieron ocasión de realizar una visita turística a la ciudad.

 


Al amanecer del día siguiente iniciaron la segunda etapa con rumbo a Trípoli, donde a su llegada, la ciudad rindió un caluroso recibimiento tanto a los aviadores como a los mecánicos que les acompañaban. La tercera etapa les llevaría a Benghasi, la siguiente a El Cairo y la quinta había de conducirles a Bagdad. En este trayecto, en el desierto de Siria, Lóriga y Gallarza perdieron de vista el avión de Esteve. Días más tarde se enteraron de que Esteve y Calvo habían sido recogidos sanos y salvos por los ingleses. El viaje lo continuaron sin Esteve. Las otras etapas a Bender-Abbas, Karachi, Agra, Calcuta y Bankog se realizaron sin novedad. 



A partir de la capital de Siam (hoy Tailandia) comenzaron los problemas. Al final, a pesar de que los motores empezaron a mostrarse un tanto achacosos, cubrieron la etapa hasta Saigón. En esta ciudad, Lóriga se vio obligado a varios aterrizajes en el mismo aeródromo de salida, para subsanar pequeñas averías, pero al final también llegó a Hanói. Desde esta ciudad se dirigieron a Macao, no a Cantón, como estaba previsto, a causa de la guerra civil que vivía China. 


Aunque Gallarza y Lóriga salieron hacia la colonia portuguesa, sólo llegó Gallarza. Pasaron varios días sin tener noticias de la suerte que había corrido Lóriga. Al final, el cañonero portugués Patria comunicó que, tanto el piloto como su mecánico Pérez estaban a bordo, sanos y salvos, rumbo a Macao, pero sin avión. 


Al no poder recuperarse el avión de Lóriga, decidieron que éste ocupase el puesto del mecánico Arozamena en el avión de Gallarza. Así, Gallarza y Lóriga comenzaron la penúltima etapa de su viaje volando a Aparri en la isla de Luzón. La última etapa hasta Manila fue un apoteósico paseo. A media mañana del día 13 de mayo de 1926, el Legazpi aterrizó en el aeródromo Nichols de Manila. El recibimiento fue triunfal, escalofriante. Fueron literalmente sacados a hombros del aparato, zarandeados, apretujados. 


Así se dio por terminada esa fantástica aventura en la que los aviadores hubieron de cubrir más de 17.000 kilómetros de ruta, a través del Mediterráneo, desierto arábigo, golfo pérsico, Indostán, océano Índico y mar de la China, teniendo que luchar contra toda clase de adversidades; condiciones meteorológicas muy diversas; recorrido sobre zonas desconocidas, gran fatiga y constantes averías de los motores. 


Por esta memorable hazaña, los tripulantes de la patrulla Elcano, recibieron la Medalla de Oro de Ultramar, la Medalla de la Liga Internacional de Aviadores y numerosas condecoraciones de los países visitados. 


Lóriga no terminó en Manila su periplo, ya que tuvo que volver a Macao, con su mecánico, para desmontar y embarcar en un vapor para España su Breguet XIX. Piloto y mecánico regresaron a España, desembarcando en Barcelona, desde donde Lóriga se incorporó a su destino en la Escuadrilla de Experimentación de Cuatro Vientos. 


El año 1927 comenzó con buenos augurios para Lóriga. En enero, se le concedió el empleo de Comandante de Artillería por méritos de guerra, en atención a los extraordinarios servicios prestados en las operaciones realizadas en Marruecos. En mayo, dejó la Escuadrilla de Experimentación y pasó a Parques y Automóviles del Servicio de Aeronáutica. 


Por estas fechas, parece que se casó con Josefa Ruiz Berolla, en secreto, dada la oposición de sus padres, al tratarse de una joven sin abolengo ni riqueza. No es posible afirmar ni negar tal noticia, aunque parece extraño que, siendo su padre militar, no se enterase que en mayo se le concedía Real Licencia para contraer matrimonio con dicha joven. Por ello, es lógico pensar que como a todos los hombres famosos, la leyenda siempre le acompañaba. 


Lalín, que siguió con gran interés el viaje a Filipinas, invitó a Lóriga a visitar su tierra natal. En junio de 1927, por fin pudo atender las numerosas peticiones y voló a Galicia para recibir el homenaje que querían ofrecerle sus paisanos. Una escuadrilla de tres aviones inició desde Madrid el viaje a Lalín. Dos de ellos se averiaron y sólo Lóriga, ocupando el avión de su jefe, pudo aterrizar en Lalín, en el improvisado campo del monte del Toxo. En Galicia, tanto en su pueblo como en Santiago de Compostela, La Coruña, Pontevedra y Vigo recibió el homenaje que le brindaron sus conciudadanos. 


Lóriga no dejó de volar; desde Lalín fue al campo de la Junquera (Pontevedra), después a Vigo, donde tomó tierra, después de sobrevolar la ciudad y la bahía, en la playa de Panjón. Esta misma playa fue el escenario del homenaje que los vigueses querían rendir a su paisano. Entre agasajos y fiestas permaneció en Galicia hasta el 4 de julio, en que regresó a Madrid. 


Se incorporó a Cuatro Vientos, donde permaneció hasta el 18 de julio disfrutando de los recuerdos de los días maravillosos pasados en su tierra gallega. Este aciago día, el aviador francés Magnard, que había venido al aeródromo para una demostración de la avioneta francesa Albert, aunque no permitía que nadie volara su aparato, no pudo negarse —dada la fama y la pericia de Lóriga— a que el aviador español lo hiciera. 


A media mañana, Lóriga, a los mandos de la Albert, despegó y, cuando se encontraba a escasa altura, la avioneta, por causas desconocidas, entró en pérdida, y al no poder Lóriga “sacar la barrena”, se estrelló violentamente contra el suelo el piloto murió instantáneamente. 


Años más tarde, en 1933, se erigió en Lalín un monumento, obra de Francisco Asorey, dedicado a su memoria.

 

En el acto de su inauguración, Isidoro Millán dijo: “Dejemos ya que el nombre del invicto y malogrado hijo de Lalín salga de nuestros labios con la grave unción con que se pronuncian las grandes palabras rituales: Joaquín Loriga Taboada [...] Una inteligencia, una voluntad, una energía, una vocación, una maravillosa suma de fuerzas y aptitudes iluminadas e impulsadas por el ardiente deseo de engrandecer y enaltecer a España. Loriga, nuestro Loriga, es digna estrella de esa rutilante constelación de pontevedreses que se han distinguido en las titánicas luchas por la conquista del aire y que le han pagado con su sangre generosa un tributo que la Historia no olvidará jamás”.


 

 Fuente: http://dbe.rah.es