22 de enero de 2021

PIONEROS DE LA AVIACION ARGENTINA - ING. ALBERTO ROQUE MASCIAS


 

Por Hugo G. di RISIO

 

Esta es la historia del Ingeniero Roque Alejandro Mascías, pionero de la aviación civil y militar de la República Argentina que, a su vez, protagonizó hechos trascendentes de la historia iberoamericana y mundial del arte de volar. Esta, no es una biografía. Su mejor biógrafo fue el Dr. Alberto Méndez Mascías, sobrino nieto quien supo valorar, por un lado, a su tío abuelo preferido, hombre familiero que no pudo tener su propia descendencia y desplegó su amor familiar sobre sus hermanos, sobrinos y nietos. Por otro lado, rescató al hombre de ciencias, aventurero y audaz que realizó las hazañas aéreas necesarias para que la historia aeronáutica mundial siguiera su camino, sembrado de lápidas y pedestales, como lo exige el devenir del tiempo.

 

Esta obra es más bien, una mirada justiciera que se ve urgida por rescatar la imagen de un prohombre de nuestra aviación que hizo más de lo que hubiera podido hacer un mortal por ella, y no dedicó un solo minuto ni esfuerzo a su promoción personal. Su grandeza estuvo en su propia humildad.

 

Alberto R. Mascías, un hombre de su tiempo, bien educado y formado en la Argentina y en Francia. Cultivado en lo mejor del aprecio por la ciencia, la belleza y la cultura, con una posición económica holgada que le hubiera permitido no trabajar jamás, decidió dar rienda suelta a su pasión por el vuelo y al advertir su trascendencia científica, social y humanitaria le dedicó toda su vida hasta agotar sus fuerzas, incluso, postergando sus placeres y relegando el reclamo de sus emociones.

 

Su actitud dedicada se sumó a la amistad y la lealtad incondicionales que supo construir con el otro numen de la aviación tutelar argentina, el Ing. Jorge A. Newbery. Esta sociedad estratégica produjo la difusión de la actividad aeronáutica argentina que se materializó con la creación de la aviación militar en 1912 y la promoción de la aviación civil desde la muerte de Newbery, hasta los últimos días de Mascías.

 

Puede manifestarse sin duda que el Ing. Mascías dedicó más de cincuenta años a la aviación desde que interceptó a Alberto Santos Dumont en Paris, en 1900, para ofrecerle su colaboración desinteresada y manifestarle su interés por la aerostación.

 

Su vida estuvo ligada a las personalidades mundiales que, como él, estaban cambiando el rumbo de la historia: Santos Dumont, Antoine de Saint Exupery, Amado Nervo, Belisario Roldán, Marcelo T. de Alvear, Marcel Paillette...

 

Del mismo modo, frecuentó los lugares del mundo en donde estaba ocurriendo la germinación de las ideas modernas sobre el arte y la ciencia, y la forja de la tecnología como la Ecole Nationale des Ponts et Chaussées (Escuela Nacional de Puentes y Calzadas), Ille de France en Paris, el Campo Aeroestático de Saint-Cloud, ........., todos ellos con la naturalidad con que visitaba los barrios de Belgrano, Nueva Pompeya, el centro de Bs. As., Núñez, Parque Saavedra, San Telmo o San Javier en la provincia de Santa Fé, siendo en todos ellos un vecino destacado y ejemplar.

 

Hombre admirado por los hombres y amado por las mujeres de su época debido a su figura arquetípica caracterizada por su formación y prestancia, su inteligencia, sensibilidad y porque la actividad que desarrollaba con globos aeroestáticos y aviones en los 1900 equivalía a la que desarrollaría hoy un astronauta, entre vuelo y vuelo espacial, difundiendo las ventajas de ver las cosas del mundo desde un punto de vista referencial en el espacio exterior, con la delicadeza de percibir y ponderar las verdades filosóficas de la vida, los primeros principios y las ultimas causas.

 

A la vez, fue modelo de piloto metódico y meticuloso, instructor y mecánico aeronáutico calificado y dedicado, capaz de mutar, tan solo en instantes, sus ropas vuelo o su mameluco de trabajo en el hangar por el traje de etiqueta y enamorar en perfecto idioma francés, a las damas más cultas y refinadas de Buenos Aires y Europa, con la ingenuidad, curiosidad e inocencia del superhombre que baja a la tierra, tan solo para desentrañar el misterio de la vida de los humanos mortales.

La primera promoción de la Escuela Militar de Aviación en 1912. 

Su humildad hizo que, siendo grande como Newbery, casi no se notara ese hecho para la historia ya que, en silencio, continuó y concretó su obra tras la muerte del primero, convirtiéndose en el representante de la Argentina en todos los Congresos Nacionales e Internacionales de Aviación Civil que fueron dando origen a la Organización Internacional de Aviación Civil de la que hoy forma parte la República Argentina, como país miembro.

 

Al mejor estilo de su amigo dilecto y colega Jorge Newbery, desarrolló un abanico de actividades multidisciplinarias tan intenso y profundo a lo largo de su vida que no podemos menos que reconocer en él, a un héroe desconocido, rescatar su figura y elevar sus recuerdos en homenajes, estatuas y retratos en todos los ámbitos que promovió y puso en marcha como la Fuerza Aérea Argentina, el Aero Club Argentino, el Club del progreso, la Colonia Agrícola Mascías en San Javier, Provincia de Santa Fé, la Federación Aeronáutica Internacional...

 

Deportista, ingeniero en puentes y calzadas, piloto de aeróstato, piloto de avión, empresario agropecuario, bailarín de tango aficionado, admirador de las manifestaciones de las artes en todas sus formas…



El Ingeniero Mascías con los alumnos Subteniente Origone y Teniente de Fragata Escola poco antes del primer vuelo de instrucción en el globo Eduardo Newbery.

 

Su grado de compromiso con el desarrollo de a aviación argentina fue tan profundo que a la muerte de Newbery, fue Mascías quien tomó la responsabilidad de concretar las proezas faltantes y con el avión de aquél, intentó el cruce de la Cordillera de los Andes salvando su vida milagrosamente y aunque no lo logró, mostró su entrega total, sin mesurar precio ni sacrificio.


La partida del Ingeniero Mascías




En la renovación de las autoridades del Aero Club Argentino vemos a los señores Carlos Alberto Tornquist, ingeniero Alberto R. Mascias, Enrique Lavalle, ingeniero Florencio Martinez de Hoz, ingeniero Ernesto Newbery, Félix Alzaga Unzue, doctor Fernando Gowland, doctor Gonzalo A. García, ingeniero Pedro Vidal Freire, Ramón Herrán, doctor Vicente Quesada Pacheco y doctor Guillermo Schulz que componen la lista triunfante. Caras y Caretas, 5 de marzo de 1921. Ernesto Newbery -hermano de Jorge-, tenía 41 años, y hacia dos que estaba casado con Sara Hueyo Alais. Era ingeniero en electricidad y también se desempeñó como Director del Alumbrado porteño.


Mascías en el avión de Newbery
 

Mil novias estuvieron a punto de capturarlo y aunque él les prodigó el culto a su amor en cada caso, nunca pudo prometerles un futuro feliz ya que en esa época el riesgo de volar podía asegurarle a cualquier piloto que no moriría como anciano en una cama de hospital. Sin embargo, a pesar de haber sobrevivido a varios accidentes de aviación, falleció en 1951, paradójicamente, en una clínica de la Calle Jorge Newbery, a los setenta y cuatro años, rodeado de sus hermanos y sobrinos a los que amó como hijos.

 

Fue, desde el primer hasta el último día, un niño grande que no tuvo la suerte de que una mujer lo disciplinara y lo hiciera dedicar su vida a sí mismo y a su éxito personal. Más bien vivió rodeado y admirado por notables, vengando contra el destino, la muerte de su amigo entrañable, el Ing. Jorge A. Newbery y de muchos otros que no pudieron conocer la edad madura por haber entregado su juventud y su vida a los actos fallidos de la aviación.

 

Junto con Santos Dumont, asumió la reinvidicación de la aviación con fines humanitarios y no bélicos. Debemos considerar que al haber sido testigos del rol que le cupo a la herramienta aérea en la I y la II Guerra Mundial, Mascías no pudo menos que marcar, para la opinión pública, la necesidad de utilizar la aviación para unir a los pueblos y asistir a los necesitados.

 

Ese papel pacifista no halló lugar en un mundo convulsionado por los horrores de la guerra, sin embargo, Mascías lo asumió con valentía y lo dejó claro en cuanto foro nacional e internacional participó. Recordemos que esa imagen belicista de la aviación generadora de muertes fue, entre otras, la causa principal que llevó a Santos Dumont al suicidio.

 

Fue tan amigo de Newbery que nunca le preocupó resaltar su propia figura como lo famoso e importante que era, sino que lo secundó y lo admiró tanto que continuó su obra tras la muerte de éste.

 

Su rol como representante de la aviación argentina en los foros internacionales es más que suficiente para que la ANAC, CADEA o la Fuerza Aérea Argentina lo tengan como símbolo emblemático.

 

Pudiendo quedarse en Europa y disfrutar de su fortuna y sus amistades de los círculos artísticos y culturales que frecuentaba en Paris, volvió a la Argentina y la hizo grande con sus proezas y su trabajo.



 

Al final de sus días, pudo concretar otra iniciativa que se debía a sí mismo para continuar la obra de su padre y nos dejó una Colonia Agrícola que fundó en la localidad de San Javier, provincia de Santa Fé: la Colonia Mascías.

 

Fuente: Revista del Consejo Profesional de la Ingeniera Aeronáutica y Espacial – Espacio Aéreo Número 17 - Año 2015