4 de diciembre de 2022

LA MUJER CUYO INVENTO AYUDÓ A GANAR LA GUERRA

 


 

Por Irena Fischer-Hwang

 

El 4 de junio de 2013, la ciudad de Huntsville, Alabama estaba disfrutando de un hermoso día. Cielos azules, temperaturas suaves. Justo lo que los pronosticadores habían predicho.

 

Pero en las horas posteriores al almuerzo, los meteorólogos comenzaron a ver lo que parecía ser una tormenta eléctrica apareciendo en el radar meteorológico. El “blob”, como se referían al fenómeno, se multiplicó en la pantalla del radar. A las 4 PM, cubría toda la ciudad de Huntsville. Extrañamente, sin embargo, la vista real desde las ventanas de las casas seguía siendo un cielo azul tranquilo.

 

La fuente de la mancha resultó ser no un frente climático monstruo, sino más bien una nube de “chaff” o señuelos de radar, una tecnología militar utilizada por las naciones de todo el mundo hoy en día. Su fuente era el cercano “Redstone Arsenal”, que, al parecer, había decidido que un cálido día de verano sería perfecto para una prueba militar completamente rutinaria.

 

Sin embargo, más sorprendente que el efecto que el “chaff” tiene en los sistemas meteorológicos modernos es el hecho de que el trabajo de la vida de su inventora se vio oscurecido por la bruma de las tradiciones obsoletas de una comunidad científica centrada en los hombres.

 

Quien inventó el “chaff” de radar fue una mujer llamada Joan Curran.

 

Nacida Joan Elizabeth Strothers y criada en Swansea, en la costa de Gales, se matriculó en el Newnham College de la Universidad de Cambridge en 1934. Strothers estudió física con una beca completa y disfrutó remando en el lago cercano en su tiempo libre. Al terminar sus requisitos de grado en 1938, fue al preeminente Laboratorio Cavendish de la Universidad para comenzar un doctorado en física.

 

En el Cavendish, Joan fue asignada a trabajar con un joven llamado Samuel Curran. Durante dos años, Joan se llevaba bien con su nuevo compañero de laboratorio. Pero con el desarrollo de conflictos internacionales en Europa, en 1940 la pareja fue transferida dos veces para trabajar en investigación militar y terminó en Exeter.

 

Allí, los dos desarrollaron fusibles de proximidad para destruir aviones y cohetes enemigos. Allí también, Joan se casó con Sam y tomó su apellido, convirtiéndose en Joan Curran. Poco después de su boda en noviembre, los Curran se transfirieron al Establecimiento de Investigación de Telecomunicaciones (TRE) en el otoño de 1940. Curran se unió a un equipo dirigido por el físico británico y experto en inteligencia militar científica R.V. Jones que estaba desarrollando un método para ocultar aviones de la detección de radar enemigo.

 

La idea, explicó Jones más tarde en su libro “Most Secret War”, era simple. Los detectores de radar miden el reflejo de las ondas de radio de una cierta longitud de onda que rebotan de los objetos entrantes. Como resultado, unas tiras de metal delgadas pueden resonar con las ondas que las impactan y también volver a irradiar esas ondas. Bajo las condiciones adecuadas, las ondas re-radiadas crean la impresión sónica de un objeto muy grande cuando en realidad, no hay ninguno, eso fue lo que pasó en Alabama.

 

Este efecto físico significa que unos pocos cientos de reflectores delgados podrían, en conjunto, reflejar tanta energía como lo haría un avión bombardero británico pesado. Una gran colección de tiras podría ocultar la ubicación exacta de un avión durante una incursión detrás de una gran nube de señal, o incluso llevar al enemigo a creer que estaban observando un ataque importante cuando en realidad, sólo había uno o dos aviones.

 

Para cuando Pearl Harbor fue atacado en 1941, Curran estaba casi un año en minuciosos experimentos sobre el uso de metales para reflejar señales de radar. Ella había intentado un número aparentemente incontable de tamaños y formas, desde cables singulares hasta folletos metálicos del tamaño de papel de cuaderno. Los folletos habían sido una idea particularmente interesante, ya que podían cumplir una doble función como hojas de propaganda con texto impreso en ellos.

 

En 1942, Curran finalmente se decidió por reflectores que tenían unos 25 centímetros de largo y 1.5 centímetros de ancho. Los reflectores eran tiras de papel aluminizadas agrupadas en paquetes de una libra y destinadas a ser expulsadas de la aeronave líder. Cuando se arrojan desde una escuadrilla de bombarderos un paquete cada minuto, podrían producir “el equivalente de radar de una cortina de humo”, según Jones.

 

En 1943, las tiras reflectoras fueron sometidas a una seria prueba militar cuando los Aliados lanzaron la Operación Gomorrah en Hamburgo, Alemania. Esa operación de bombardeo fue una brutal campaña de ataques aéreos incendiarios que duró más de una semana, destruyó la mayor parte de la ciudad y resultó en casi 40.000 muertes de civiles. Pero con índices de sólo 12 pérdidas de aviones de los 791 en el bombardeo de una noche, la campaña fue una gran victoria para los Aliados, en gran parte debido a los reflectores de Curran.

 

Tal vez lo más notable, de los chaff de radar es que se utilizó como parte de una diversión a gran escala y elaborada el 5 de junio de 1944 para evitar que las fuerzas alemanas supieran exactamente dónde comenzaría la invasión aliada a la Europa continental controlada por fuerzas alemanas. Desplegado en la víspera de lo que se conocería como el Día-D, dos lanzamientos de chaff, las Operaciones Taxable y Glimmer, se combinaron con cientos de falsos paracaidistas ficticios para desviar la atención alemana hacia las partes más septentrionales de Francia, y lejos de las playas de Normandía.

 

Curran continuó trabajando en muchas más tecnologías científicas y militares tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos, incluido el Proyecto Manhattan. Ella es recordada como un investigador verdaderamente única y experta, y fue alabada en su obituario por tener “el equivalente científico de los dedos verdes de jardinería (“gardening green fingers”) o la habilidad de hacer crecer las plantas.”

 

Pero a pesar de su impresionante trabajo, el legado de Curran fue oscurecido debido a las costumbres de la época. De hecho, Curran en realidad no poseía un título de grado de Cambridge cuando hizo todo su notable trabajo para ayudar a ganar la guerra. Esto no fue por razones de falta de mérito, que por supuesto lo tenía, había completado todos sus cursos para obtener un título con honores en física, sino sólo porque en ese día y en esa época, las mujeres simplemente no recibían títulos, a pesar de completar todo sus estudios y ser contratadas para continuar sus estudios.

 

Finalmente, en 1987, Curran fue galardonada con un título honorario de Doctora en Derecho por la Universidad de Strathclyde.

 

Joan Elizabeth Curran murió en 1999.

 

Fuente: https://www.exordio.com