19 de marzo de 2019

UN VENEZOLANO EN LA LUFTWAFFE - HEINZ HAMMACHER



Heinz Hammacher

Heinz Hammacher combate para la Luftwaffe

El 29 de abril de 1945, Heinz Hamacher volaba una misión “Stacheldraht”, modismo alemán del escuadrón de caza bombardeo 2/JG11 que significa Alambre de púas; cuando divisó, desde su Focke Wulf FW190 una formación de bombarderos norteamericanos cuatrimotores, a la una y más arriba de los 2500 metros de altitud al Oeste de Barnstorf. De inmediato notificó por radio a la base, la cual autorizó el combate. Hamacher dejó caer su tanque de combustible ventral y fue a la caza.

Ya entrando en rango del enemigo, identificó un platinado Consolidated B24 Liberator que se encontraba de último en la formación la cual se retiraba hacía el oeste de Alemania. Maniobró para mantenerse alineado a la parte trasera del bombardero rezagado que empezaba a disparar incesantemente contra él. Algunas de esas balas comenzaron a sonar metálicamente en las superficies de su FW190, Heinz sintió temor, pero dio respuesta accionando sus cañones justo hacía el defensor de la cola del Liberator aproximándose paralelo al eje del fuselaje de su enorme adversario. Al acercarse más, mientras seguía disparando, notó como la ametralladora posterior del bombardero cesó repentinamente de vomitar su mortal descarga y a la vez dejo de apuntar hacía su Focke Wulf.

- ¡Uno menos! pensó el Owf. Hamacher. No obstante, continúo disparando desesperadamente hasta casi embestir al gigante de cuatro motores y doble timón de cola. Solo cambió de curso cuando sus municiones se agotaron en un silencio repentino, que precedió al ruido de su gran motor radial y la consecuente atención antes de la evitada colisión aérea.

A 150 metros alejándose por el costado derecho del bombardero, Heinz volteó su cabeza para ver como el enorme pájaro plateado se ladeaba hacía la izquierda cayendo sin dejar traza alguna de humo o llamas aparentes. La caída a tierra se hacía más empinada sin que saltasen los tripulantes, siguió observando con preocupación cómo caía el Liberator del cual no se observaban salir paracaídas. Tal vez su bien concentrado fuego de cañones penetró por todo el interior del fuselaje enemigo matando o hiriendo mortalmente a los diez hombres a bordo, lo cual impidió el escape. Para ese instante, el motor de su Focke Wulf comenzó a presentar problemas.

Heinz se percató que la falla de su motor aumentaba, algunas balas del cañonero de cola en el B24 lograron impactar piezas vitales de su radial BMW. El Ofw Hamacher oteó el horizonte buscando donde hacer un rápido aterrizaje, divisando un sembradío cercano; enfiló la nariz de su FW190 hacía el campo cuando de pronto las palas de la hélice se detuvieron en un silencio total, ya no quedaba mucho margen de maniobra sino planear en lo posible hasta tocar tierra.

Otra mala fortuna lo acompaño mientras se desplegaba el tren de aterrizaje. El ángulo de entrada en el que planeaba quedaba perpendicular a las líneas de cosecha del sembradío, esto hizo que, al tocar tierra, cada montículo y depresión del campo se reflejaran dentro de la cabina como si Heinz montara un potro salvaje. Ni el acolchado frontal, ni el cinturón de seguridad, evitaron que golpease su frente repetidamente contra el cobertor blindado sobre el panel de instrumentos. Horas después fue llevado al hospital donde los médicos alemanes colocaron una placa metálica en la fisura que produjo este accidente en su cabeza.

Heinz Josef Hamacher nació en Rhineland, Alemanía, en 1919, el mismo pueblo de Goebbles, el mismísimo director de propaganda de Hitler; de hecho, eran vecinos y la hermana de Heinz era amiga de la hermana del sombrío cojo. Los primeros estudios de Hamacher fueron en Técnica Industrial, luego a los 18 años de edad se enlistó al Servicio Militar especializándose en muchos cursos de la naciente Luftwaffe. Al año siguiente se graduó de Instructor de Vuelo con amplia experiencia en diferentes modelos de aviones germánicos de la década de los 30.

Cuando la II Guerra Mundial comenzó se le asignó inicialmente el reconocimiento costero entre Bélgica, Holanda y Dinamarca en el curioso hidroavión biplano Heinkel He59. Posteriormente voló el famoso Junker Ju87 Stuka, bombardeando Francia en 1940. Durante el verano de ese año, cuando comenzó la Batalla de Inglaterra, se le asignó al II Gruppe del KampGeschwader 6 para el bombardeo nocturno del Reino Unido con su avión favorito el bimotor Ju88.

Estas operaciones de noche en Gran Bretaña se hacían en formaciones de más de 50 bombarderos, en bases de pista muy corta recientemente acondicionadas en la Francia ocupada. Todo con la menor cantidad de ayuda lumínica posible, si ocurría un accidente en la pista la extensión de la misma se acortaba. La oscuridad era tal, que solo conocías la presencia de los otros bombarderos por escasa sombras y el ruido de los motores acercándose. La distancia se guardaba de acuerdo al ritmo de despegue y estas pequeñas señas.

Heinz y su tripulación nunca fueron derribados en estas misiones sobre Inglaterra, pero si regresó muchas veces a la base con fisuras en la estructura de su Ju88 debido a fuertes maniobras evasivas al ser señalizado por los reflectores. Generalmente a la salida del espacio aéreo británico los esperaban algunos Hurricane de caza nocturna los cuales evitaban volando muy al ras del mar. En varias ocasiones escucharon algunos de los atacantes golpear las aguas del Canal de la Mancha. Los artilleros nunca disparaban a menos que el atacante lo hiciera primero para no revelar su posición.

Cuando el bombardeo de Inglaterra disminuyó en 1941, se entrenó en el famoso Messerschmitt Bf109. Para ese mismo año hasta 1943 regresó al Ju88, pero esta vez en misiones de caza nocturna con la versión G de este bimotor en el escuadrón 4/NJG3. En dos ocasiones de 1942 reportaron haber derribado bombarderos nocturnos británicos, pero estos no fueron confirmados al Ofw. Hamacher y su operador de radar por la falta de evidencias. Heinz siempre culpó de esto a su radarista ya que sobrepasaba generalmente los blancos, y decía: “eso es porque mi compañero es del sur de Alemania”, los tipos más lentos, como unos gochos teutones.

En la Base aérea de Köenigsberg donde realizaba pruebas de aviones reparados conoció a la Secretaría del General del aeródromo, Úrsula Christopher Petersen. Ella siempre se quejaba de un “idiota” que hacía mucho ruido y piruetas en la base. A mediados de 1942 conoció a ese “idiota” en un café cercano, se casaron en octubre de ese año, teniendo un primer varón que murió al nacer en 1943 y otro más al año siguiente. Casualmente las iniciales del Ju88 que más volaba Heinz eran UH, de Úrsula Hamacher.

La pareja Hamacher, especialmente Úrsula, tuvieron la oportunidad de conocer algunos de los célebres, como Goering. Varias veces vieron a Hitler de visita en la base. Y ases como Hans Joachim Marseille, Erich Hartman y Adolf Galland; al primero Heinz se refería como pésimo piloto, aunque excelente puntería; del as de ases, decía que tenía suerte de tener unos rivales endebles, los rusos, y de Galland se expresaban como uno de los sujetos más arrogantes que se pueda conocer.

En una fría y muy oscura noche de 1943, el Ofw Hamacher y su tripulación regresaban de una misión de caza nocturna. La aproximación a pista se hacía con la ayuda de un dúo motorizado en tierra; mientras uno manejaba, el otro iluminaba y daba instrucciones con una lámpara. Al apagarse la linterna el avión debía detenerse. Esa noche el hombre de la luz olvido apagar la misma en un cruce particular de la pista y el Ju88G de Heinz continuó siguiendo la luz hasta golpear con una de las alas una estructura de concreto cercana, lo que ocasionó la pérdida del ala y el colapso del tren de aterrizaje en ese costado, esto dejó el otro extremo del avión apuntando hacia el cielo. Hamacher y el otro tripulante salieron por la abertura ventral del Junker; el radarista, por el contrario, abrió la ventana lateral y escaló el ala levantada, hasta saltar desde la punta lesionándose un pie al caer desde más de tres metros de alto. Otro tripulante del sur de Alemania.

Tomando un moto y justo al salir del aeródromo se encontró en un lodazal que lo hizo caer sobre uno de sus tobillos, lo cual lo mantuvo en tierra mientras se recuperaba más la consecuente reprimenda superior. En esa recuperación y detención disciplinaría se enteró que los aliados habían invadido el continente europeo que en un año ya no estaría bajo el dominio nazi.

Alrededor de noviembre de 1944, a Heinz le fueron asignados vuelos en otro de sus cazas favoritos, el Bf109G Gustav, en misiones de Defensa del Reich. En uno de estos vuelos atacaron a un grupo de P51s que escoltaban bombarderos americanos. Más Mustang aparecieron haciendo la pelea muy desigual para los alemanes, Hamacher realizó todas las maniobras que conocía para evitar ser derribado. Primero fue su compañero de ala que al ser tocado mortalmente saltó exitosamente; Heinz buscaba unas nubes como protección cuando en ese instante una larga ráfaga de P51 le seccionó todo el empenaje de cola. Afortunadamente el avión mantenía cierta horizontalidad; cuando se disponía a saltar, el americano siguió disparando para asombro de Heinz logrando impactos adicionales en su motor. Hamacher entro en pánico, terminó de abrir la carlinga y salto al vació abriendo casi de inmediato su paracaídas a gran altitud.

Representación del combate de Hamacher
Representación del combate de Hamacher

Generalmente a más de 7000 metros de altura, para abrir el paracaídas, se espera unos cuantos segundos hasta salir de la zona de combate y los restos de la aeronave. Heinz no lo hizo. El cono se abrió perfectamente, pero oscilaciones pendulares violentas provocadas por los fuertes vientos amenazaban con enredar y colapsar las cuerdas del paracaídas. Sacó su Luger y pensó en suicidarse antes de caer a esa altitud. En esos instantes, algunos cazas enemigos pasaron cerca de él, y vaciló pensando: “estos bastardos me van a rematar”. No sucedió, sino que las estelas de los motores aliados de alguna manera estabilizaron el paracaídas que comenzó a bajar de manera más vertical. Unos metros cerca del suelo, Heinz alcanzó las ramas de un suave pino cubierto de nieve. Al tocar tierra se encontró algo aturdido, pero sano, aunque sin botas. Sin saber dónde estaba, se orientó hacia donde suponía estaba la base y camino descalzó. Al llegar a un pueblo del Reich se sintió seguro, aunque algo congelado.

Comenzando el último año de la guerra y patrullando el congelado Río Oder, Heinz volaba otro Gustav cuando notó una columna de soldados y pertrechos rusos. El paisaje era de un perfecto blanco y el cielo completamente despejado. Voló a baja altura para asegurarse de los uniformes del supuesto enemigo. Sí, eran rusos. Al virar para atacar, la columna, ni se inmuto ante el alemán siguiendo su camino. Descargó una buena metralla y ascendió, al regresar para confirmar los resultados del ataque encontró toda la nieve manchada de rojo. Días y semanas después mantuvo pesadillas del evento, al igual que su derribo del Liberator, la reflexión y consejos de los amigos lo confortaban con la obligación por defender a Alemania.

En mayo de 1945 todo estaba perdido, había incluso bombardeado su propia casa abandonada para que los rusos no la disfrutasen. La casa de sus padres y abuelos, con ellos adentro, resultó destruida por los bombarderos ingleses. Luego de extraviarse su familia en el caos del desmoronamiento del Tercer Reich, huyó a los Alpes hacía el sur; se refugió varias semanas con los montañeses y al acabársele los suministros descendió para rendirse en junio ante una sorprendida patrulla americana en un jeep. Los estadounidenses lo trataron amablemente y fue liberado a los pocos días de averiguar que era un simple militar más no un criminal de guerra.

Al pensar que Úrsula y su único hijo estaban muertos fue a casa de su hermana, donde la puerta fue abierta por su propia esposa con el bebé Hendrick de un año en los brazos.

Unos años después se graduó de Ingeniero Eléctrico y laboró exitosamente para Siemens. En 1955 decidió viajar, lo cual se lo permitió su trabajo al tener una oportunidad en otros países de Europa y particularmente la que más le interesaba era Venezuela, siempre había deseado conocer Sudamérica. En los años subsiguientes viajó a las islas del Caribe y a la Argentina. En los 60 trabajaba con éxito para ITT con viajes muy seguidos a Brasil donde sufrió el primero de cinco accidentes cerebro vasculares menores que el atribuía a las heridas dejadas por el accidente en el FW190 cuando logro su mayor victoria.

De la guerra también le quedó el gesto involuntario de voltear repentinamente la cabeza hacía atrás como buscando el enemigo que acechaba a sus espaldas. No obstante, siguió progresando hasta alcanzar la vicepresidencia de ITT y mudarse a Nueva York en la década de los 70, donde murió el 30 de septiembre de 1972.

Sí alguien que lea esta historia se encuentra por allí y desea visitarlo, su tumba está en New Jersey hacía el George Washington Memorial Park Cemetery (Block I, Lot 103, Section B, Grave #2). Por favor si pueden; llévenle unas flores, tomen también una buena foto de la lápida junto a esas flores que le llevaron y háganmela llegar; se los agradecería mucho.

Nota final

El II Gruppe JG11 donde combatió Heinz Hamacher fue una de las unidades más respetadas de la Luftwaffe durante la SGM. Formado en abril de 1943 en Jever a partir del I./JGI, para el 11 de agosto de 1944 se incrementó a 4 staffeln, el viejo 4/JG11 se convirtió en el 8avo y así sucesivamente. De entre los más destacados comandantes de este escuadrón tenemos al Hauptman Günther Specht, as con 34 victorias aéreas confirmadas, desde mayo del 43 hasta el 15 de abril de 1944; al tercer más grande as de todos los tiempos Mayor Günther Rall, 275 derribos del 19 de Abril de 1944 hasta el 12 de Mayo de ese mismo año; y al famoso Hauptman Walter Krupinski, 197 victorias) seguido de Rall hasta el 12 de Agosto de 1944.

Fuente: https://www.lasegundaguerra.com