26 de enero de 2022

LA PRIMERA REFRIEGA AÉREA EN LA GUERRA DEL CHACO

 

Por Ramiro Molina Alanes *


En la fotografía: El Teniente 1° Emilio Rocholl de la aviación paraguaya, que resultó con una herida en el entrevero aéreo del 9 de septiembre de 1932. 


Si bien, la historia aeronáutica ha conceptuado como el Primer Combate Aéreo en América a la espectacular lid que se suscitó en los cielos del fortín Saavedra el 4 de diciembre de 1932, donde el Capitán Rafael Pabón derribó una aeronave enemiga; tres meses antes, el 9 de septiembre de 1932, se produjo un contacto balístico entre aviones adversarios, que en términos estrictamente militares no fue un combate aéreo, sino una refriega o una infructuosa persecución, porque el avión paraguayo se dio a la fuga eludiendo el inesperado lance de honor.

 

Sin embargo, pese a la abundante bibliografía especializada de ambos bandos, causa indignación que, a través de algunas publicaciones y el mentado internet, se esté propalando la sandez de que en esa fecha se habría producido “el primer combate aéreo entre un obsoleto Potez 25 paraguayo contra tres Curtiss bolivianos, donde el piloto paraguayo, Emilio Rocholl, logró derribar uno de los Curtiss”[1].

 

En tal virtud, con la premisa de develar quimeras y aclarar históricamente versiones completamente alejadas de la verdad, que distorsionan ingenua e irresponsablemente ese importante hecho, después de una seria, honesta y exhaustiva investigación histórica, basada en fuentes documentales primarias y bibliográficas de uno y otro contendiente, emergió esta esclarecedora nota.

 

Boquerón

 

Este célebre fortín que se ha constituido en el símbolo del heroísmo y la tenacidad del soldado boliviano, fue tomado por nuestras tropas el 31 de julio de 1932, con la cobertura aérea de una escuadrilla de aviones[2].

 

Desde entonces, la aviación boliviana realizaba frecuentes vuelos de exploración, reconocimiento e incluso de hostigamiento a las huestes paraguayas, que en grandes masas convergían hacia Boquerón con la resuelta intención de retomarlo.

 

Los sucesos aéreos

 

De esta manera, el día mismo del inicio de la gran batalla, es decir, el viernes 9 de septiembre de 1932, tres aviones Potez 25 paraguayos fueron sorprendidos en las inmediaciones del fortín por otros tres aparatos Vickers bolivianos.

 

La sorpresa de los aviadores paraguayos fue mayúscula, puesto que inmediatamente descendieron a ras del monte para darse a una precipitada y desordenada fuga; en ese trance, el Mayor Jorge Jordán inició una porfiada persecución sobre el Potez 25 Nº 6 [3], disparándole certeras ráfagas que impactaron en la escurridiza aeronave e incluso en el piloto. La participación de tres aviones adversarios y la herida que recibió uno de sus pilotos, está corroborada por las propias fuentes paraguayas que dicen:

 

“…Los tres aviones ‘Potez’ en apresto en ‘Isla Taguató’ se dirigieron al frente de operaciones en una sucesión de vuelos en cooperación con las armas terrestres. En el cumplimiento de una de esas misiones el ‘Potez’ Nº 5 [sic] pilotado por el Teniente 1º Emilio Rocholl y de observador – artillero el Teniente 1º Román García, aislado de su par el Nº 6 tripulado por el Teniente 1º Trifón Benítez Vera y Teniente 1º Carmelo Peralta, era atacado por una patrulla enemiga de tres aviones, al mando del Mayor Jorge Jordán Mercado - Resulta herido el Teniente 1° Rocholl y la máquina con varios impactos de balas, logra aterrizar no obstante, sin mayores ulterioridades en Isla Poí”[4]

 

Otro aviador paraguayo que participó en Boquerón señala:

 

“ … Eran tres los aviones paraguayos que estaban sobrevolando las proximidades de nuestro fortín en poder del enemigo; pero, fue un Potez 25 tipo colonial, (el Potez 6) tripulado por el ‘benjamín’ entonces de nuestras alas, el Teniente 2º flamante P.A.M. Emilio Rocholl, a quien acompañaba como observador el de igual jerarquía, Román García, el que recibió el ataque. El choque fue espectacular e impresionante, dada la inmensa superioridad de la performance de la máquina de su adversario y por ser el primer combate aéreo que se libraba, precisamente en el primer día de la batalla, el piloto recibió una herida de consideración en el brazo izquierdo, obligándose por ello el observador a tomar la palanca de mando para conducir la máquina de vuelta a su base..”[5] 

 

Por otro lado, el comandante del célebre reducto, Teniente Coronel Manuel Marzana, consigna:

 

“…vuelan sobre el fortín tres aviones pilas; una de las Semack les hace fuego, sensiblemente sin resultado. Vuelan muy alto y siguen en dirección a Yucra. Un cuarto de hora después vuelan perseguidos por tres aviones nuestros. Uno de ellos entabla combate con el enemigo; éste, perseguido, baja hasta los 300 mts.; pero, no podemos hacerle fuego por temor de tocar al nuestro; la máquina nuestra acosa a la enemiga, que tiene que huir vertiginosamente hacia Isla Poí. Quince minutos después los aviones bolivianos se dirigen a su base”[6] 

 

Asimismo, un Sargento boliviano que observó el hecho desde Boquerón, confirma que la refriega aérea fue una acción individual:

 

“… (El Potez adversario) ha sido atacado por uno de nuestros aviones que lo tiene debajo y le va disparando sin interrupción. El aparato paraguayo va perdiendo altura, pasa por las posiciones del reducto de Boquerón casi por encima de los árboles. Nos parece que cayó a poca distancia; pues tomó la dirección de isla Poí, siempre seguido por nuestro avión que después de dar una vuelta por las posiciones bolivianas, se dirige a la base de Arce”[7]. De igual manera, la versión paraguaya está contenida en los siguientes términos:

 

“... Fue sorprendido por un avión de caza enemigo que lo persiguió con tenacidad, siéndole a éste fácil alcanzarlo en virtud de su mayor velocidad y gran maniobrabilidad, en considerable desproporción con nuestra máquina. Acribillándola a balazos, a pesar de la admirable decisión con que se defendieron los nuestros. El resultado fue que, no sabemos por qué circunstancia, el enemigo abandonó su empeño de derribarlo, no obstante haber herido en el antebrazo izquierdo al piloto”.[8]

 

Finalmente, el protagonista principal de este suceso, Mayor Jorge Jordán Mercado, en su diario de campaña consigna elocuentemente:

 

“Acuerdo Orden de la Escuadrilla 53-32 para apoyar a la defensa de Boquerón despegaron a Horas 7:30 Scout 7 con Mayor Jordán, el Scout 8 con Capitán Ernst y el Vespa 6 con Teniente Paravicini y Teniente García. El Vespa 6 dejó 2 bombas de 50 libras y cuatro de 25 libras; el Scout 7 tres bombas de 25 libras y el Scout 8 tres bombas de 25 libras. Avistamos en los alrededores de Boquerón 3 aviones enemigos que no entablaron combate; el Mayor Jordán persiguió un avión enemigo ametrallándolo hasta agotar banda de munición”.

 

La falsedad del derribo

 

Tanto las fuentes paraguayas como bolivianas, descartan fehacientemente el supuesto derribo de un avión boliviano; el mismo Teniente Rocholl, en una entrevista que le realizó el corresponsal en Asunción de “La Nación”, al margen de pavonear que se enfrentó a tres aviones, no hizo referencia en ningún momento al derribo que se le atribuye 80 años después; su versión fue:

 

“…Tras algún tiempo vuelo llegamos por fin Boquerón. El Altímetro señalaba ochocientos metros ese momento. A poco encontrarnos evolucionando cumplimiento nuestra misión divisamos tres Curtiss [sic] bolivianos, cuales lanzáronse sobre nosotros trabando combate; con Teniente García defendiámonos tesoneramente evolucionando forma poder cubrirnos en posible. Un rato más y adversarios volaban aproximadamente cincuenta metros nosotros. Las Ametralladoras funcionaban intermitentemente y en eso sentí tocado brazo izquierdo por una bala. El Teniente, nos muestra la herida, aún conserva el proyectil. Y con toda modestia nos dice es un simple rasguño. Nuestro objetivo había terminado y luego de luchar rato más con los tres bolivianos, emprendimos viaje nuestra base, aunque no sin antes mirar detenidamente cómo iban desarrollándose operaciones....” [9]

 

Esto lo ratifica el propio Director General de la Aviación Paraguaya en los inicios de la Guerra del Chaco, el Mayor Vicente Almandos Almonacid, quien en un comunicado de fecha 12 de septiembre de 1932, señala:

 

“Los Tenientes Rocholl y García se han hecho acreedores a ser condecorados con la medalla de aviación, pues pilotando un avión de observación y bombardeo, llevando doce bombas volaron sobre fortín Boquerón el 9 de los corrientes, siendo atacado por tres aviones bolivianos; Rocholl recibió una herida en un brazo únicamente después de haber dejado caer todas las bombas que llevaba ese aparato consigo y cuando las alas y el fuselaje se encontraban perforadas por treinta tiros”[10].

 

Ya en esa época, la prensa boliviana ridiculizó así la versión paraguaya: “Se ha lanzado al aire, asegurando sin pizca de rubor, que, en el único combate aéreo realizado, un avión paraguayo hizo frente a tres aviones bolivianos, pero se le olvidó añadir en qué consistió ése, que en puridad de verdad en mirar a los adversarios y tomar a la primera ráfaga de ametralladoras de uno de ellos, tomó las de Villadiego, sin volver la vista hasta Asunción” [11] 

 

* El autor es Académico de Número de la Academia Boliviana de Historia Militar. (Artículo publicado en el periódico El Diario el 23 de Octubre de 2012) 


Fuente: https://www.facebook.com/Historiasdebolivia/photos/la-primera-refriega-a%C3%A9rea-en-la-guerra-del-chacopor-ramiro-molina-alanessi-bien-/1848678048686639/



[1] Los fabulistas paraguayos parecen ignorar que los primeros Curtiss llegaron a Bolivia en enero de 1933 y que el piloto evasor, Tte. Emilio Rocholl, fue herido en dicha acción.

[2] Actualidad Aeronáutica No. 123 de octubre de 2007, Pág. 22.

[3] Paradójicamente, esta misma aeronave sería abatida por el Cap. Pabón el 4 de diciembre de 1932.

[4] Cap. P.A.M. Félix Zárate Monges. La Aviación Paraguaya Antes y Después de la Guerra del Chaco. Págs. 75,76

[5] My. PAM Leandro Aponte. La Aviación Paraguaya en la Guerra del Chaco. Pág. 130, 131.

[6] La Gran Batalla, Memorias del Gral. Marzana. Pág. 128.

[7] Antonio Arzabe Reque. Boquerón Pág. 77, 78.

[8] Mayor Leandro Aponte. Obra citada Pág. 197.

[9] La Nación de Buenos Aires de 10 de septiembre de 1932

[10] El Diario, 13 de septiembre de 1932

[11] El Diario, 16 de septiembre de 1932