25 de agosto de 2022

EL TU-144, EL AVIÓN SUPERSÓNICO SOVIÉTICO QUE SUPERÓ AL MÍTICO CONCORD

 


 

Por Gueorgi Nadezhdin

 

Cuando el 1 de noviembre de 1977 despegó el primer vuelo comercial de un avión supersónico, los pasajeros a bordo no sabían el riesgo que corrían. La historia del Tu-144 es un ejemplo de lo que ocurría en la Guerra Fría, cuando la URSS y Occidente luchaban con todos sus recursos por la supremacía tecnológica, sin importarles el riesgo en que ponían a la población civil ni el precio de los proyectos.

 

Nikita Jrushchov tuvo la idea de construir un avión civil que rompiera la barrera del sonido en 1961, durante un espectáculo aéreo en Moscú. El líder soviético vio en el aire los bombarderos supersónicos Tu-22 y le dijo a Andréi Túpolev, el legendario diseñador aeronáutico soviético, que estaba a su lado: “Andréi Nikoláievich, ¿podrías transportar personas en vez de bombas?”.

 

Resultó que el ingeniero ya había estado trabajando en un nuevo avión que podría llevar a otro nivel a la ciencia y tecnología soviéticas. Para Jrushchov el nuevo avión era una manera de demostrar la superioridad del sistema soviético, así que dio luz verde a los ingenieros.

 

El problema era que Occidente ya estaba trabajando en un nuevo aparato supersónico que se parecía mucho al que Túpolev tenía en la cabeza. Ingenieros británicos y franceses habían unido esfuerzos para crear el Concord, una avión que demostraría la superioridad occidental en el aire. Los soviéticos no podían permitir que eso pasase.

 

Trabajar bajo presión

 

En julio de 1963, cuando la dirección soviética promulgó un decreto que ordenaba a Túpolev a construir y probar su nuevo avión cuanto antes, los ingenieros soviéticos se dieron cuenta de la enorme presión que había sobre ellos.

 

Para Jruschov, lo que estaba en juego era el prestigio del país y el Partido pidió a Túpolev que tuviera listo el avión para finales de 1968.

 

“La presión aumentaba. A medida que se acercaba Año Nuevo, entre los ingenieros, se creó un ambiente lleno de ansiedad. ¿Volará o no?”, recuerda Vladímir Bul, uno de los diseñadores.

 

El avión supersónico soviético Tu-144 de Aeroflot.

 

Todo estaba listo y el pésimo tiempo meteorológico solamente mejoró el 31 de diciembre de 1968, el último día según el límite marcado por el Partido Comunista.

 

“No te olvides de cantar una canción por el camino”, le dijo Túpolev al piloto de pruebas que iba a volar la nueva máquina en unas condiciones meteorológicas que, en otras circunstancias, habrían provocado problemas para realizar el vuelo de prueba. Pero no había tiempo para poder retrasarlo.

 

A pesar del tiempo el primer vuelo fue todo un éxito del que los mandatarios soviéticos hablaron con orgullo en el extranjero. Incluso el director de Pan American Airways se quedó “muy muy impresionado” por el logro soviético y consideró adquirir el avión para el mercado estadounidense.

 

El Concord tuvo su primer vuelo de prueba en marzo de 1969 pero lo que realmente importaba a los mandatarios soviéticos es que fuera varios meses después.

 

El arriesgado vuelo

 

Se realizaron varias pruebas más y finalmente se concluyó que el avión era lo suficientemente seguro como para transportar pasajeros de manera regular.

 

El 1 de noviembre de 1977 Borís Bugáiev, ministro de Aviación, fue al aeropuerto de Domodédovo a presenciar el primer vuelo comercial del avión supersónico Tu-144 con pasajeros a bordo. Bugáiev había sido ministro desde 1970 y un crítico feroz del excesivamente caro proyecto del Tu-144, que para ese momento había perdido ya a su principal defensor, Nikita Jrushchov.

 

En cualquier caso, el avión despegó y aterrizó en Alma-Ata, en el Kazajistán soviético y a una distancia de 3.200 km, tan solo dos horas después. Miembros del Partido y periodistas recibieron a los alegres pasajeros.

 

Aunque ninguno de ellos sabía el peligro por el que acababan de pasar. Resultó que la autonomía de vuelo era 1,5 veces menor de lo que se esperaba.

 

Expertos de la fábrica de Vorónezh durante el ensamblaje del Tu-144.

 

“Los pilotos solían decir que pilotar un Tu-144 era como besar un tigre”, recuerda Vladímir Potiomkin del Ministerio de Aviación Civil de la URSS. Si el aeropuerto de Alma-Atá llega a rechazar por alguna razón el aterrizaje y la única pista de Tashkent se hubiera cerrado por alguna causa, entonces los pilotos se habrían quedado solos con un avión que estaba perdiendo combustible y no tenía donde aterrizar.

 

Un año después, en 1978, los ingenieros soviéticos hicieron una nueva prueba para probar nuevos motores y prolongar la autonomía del aparato. La prueba salió mal y el avión se estrelló provocando la muerte de los dos ingenieros de vuelo que había a bordo. Los líderes soviéticos, que veían lo costoso que era el proyecto, utilizaron este accidente como pretexto para cesar los vuelos comerciales semanales de este avión supersónico.

 

La vida del Concord se prolongó dos décadas más. Aunque ninguna aerolínea podía permitirse pagar los 350 millones que los diseñadores se habían gastado en cada aparato. Así, los 12 aviones se entregaron de manera gratuita a Air France y British Airways.

 

Un desastre ocurrido en el año 2000 fue el tiro de gracia para el Concord. El avión supersónico se estrelló a las afueras de París y murieron los 113 pasajeros que había a bordo.

 

El final de la Guerra Fría acabó con los proyectos demasiado caros que no traían beneficios económicos. El Tu-144, orgullo de la URSS, y el Concord, muestra de la cooperación franco-británica, se retiraron. Se han convertido en piezas de museo y monumentos, testimonio de una época en el que las fricciones políticas impulsaban la tecnología más allá de su desarrollo natural.

 

Fuente: https://es.rbth.com